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Asunto: EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2000 - Número 66 - 08 de Noviembre de 2000
Fecha:Miercoles, 8 de Noviembre, 2000  01:39:42 (+0100)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>

=====================================================================

                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Crítica a la Pseudociencia y
Escepticismo
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

    Edición 2000 - Número 66 - 08 de Noviembre de 2000

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

  - Escépticos, crédulos y críticos.

  - Juan Carlos Izpisúa: "la Biología ha dejado de ser una ciencia de
cocina".

  - La “Royal Society” remite un informe al parlamento británico
favorable a la clonación de embriones con fines terapéuticos.

  - De Pingüinos y caídas o del siempre necesario rigor científico.

  - Vladimir Hachinski: "el propósito no es abolir la muerte, sino
prolongar la vida"  .

  - El extraño control de la geometría en los líquidos.

  - Investigación y endogamia.

  - México: un cocodrilo de 70 millones de años.

  - Nuevo “Premio Carmen y Severo Ochoa” de Biología Molecular para
Jorge Moscat, por sus investigaciones sobre cáncer.

=== NOTICIAS =========================================================

Suplemento Futuro de Página 12 http://www.pagina12.com.ar/

ESCÉPTICOS, CRÉDULOS Y CRÍTICOS
Por: Pablo Capanna

El padre del escepticismo fue el filósofo griego Pirrón de Elis.
La historia fue muy escéptica con él, ya que ignoramos casi todo de su
vida, y lo poco que sabemos es dudoso.

Al igual que los sofistas, los escépticos ejercieron una crítica del
discurso que contribuyó a echar las bases de la Lógica. Pero mientras
aquellos habían pretendido relativizar las creencias tradicionales,
éstos vivían en una época en la cual el relativismo ya era una actitud
bastante corriente, de manera que se propusieron eludir sus
consecuencias indeseables mediante una drástica maniobra.
Si todo era relativo –pensaron–, lo mejor era renunciar a la pretensión
de saber, para evitarse disgustos y vivir sin sobresaltos. Había que
dejar de pensar. Al parecer, Pirrón había traído estas ideas de la
India, donde anduvo siguiendo a las tropas de Alejandro.

Sin proponérselo, los escépticos griegos y sus continuadores, que
controlaron por un tiempo la Academia platónica, nos legaron algunos
términos de la jerga médica. Decían que al no tener certeza de nada, lo
mejor era no hablar (“afasia”) y alejarse de las pasiones (“apatía”)
para alcanzar el equilibrio espiritual (“ataraxia”).

Los nuevos escépticos

No deja de ser curioso que los defensores actuales del pensamiento
científico y la racionalidad hayan terminado reivindicándose como
“escépticos”. El responsable quizás haya sido Robert Merton, quien
definió a la ciencia como “el escepticismo organizado”, tomando el
sentido original de “skepsis”, que significa “examinar”.

No son muchos los que defienden el escepticismo radical, una actitud
extrema que se niega a sí misma y desemboca en el absurdo. Sostener que
cualquier enunciado es dudoso equivale casi a afirmar “lo que estoy
diciendo es falso”. Después de eso, ya no se puede seguir hablando.
El rótulo “escéptico”, hoy asumido por las organizaciones que denuncian
a las seudociencias, no ayuda demasiado a entender qué defienden. Hasta
puede retrotraernos al estéril debate de ciencia vs. religión, tal como
se planteaba en el marco del positivismo.

Por una ironía de la historia, es probable que las seudociencias hayan
proliferado precisamente en el marco de una filosofía como el
positivismo de Comte, que pretendió convertir a la ciencia en un dogma,
para llegar al extremo de desalentar la investigación de temas como el
átomo y de la cosmología. Al decretar que la única forma válida del
conocimiento era la ciencia inductiva, el positivismo clásico logró que
muchas doctrinas esotéricas (desde la teosofía hasta la New Age)
adoptaran un maquillaje “científico”.

Ateos, agnósticos y creyentes pueden compartir una actitud escéptica en
cuestiones de hecho, tales como la efectividad de ciertas terapias, la
vida extraterrestre o la percepción extrasensorial. Pero tenderán a
endurecerse cuando se internen en cuestiones filosóficas. Por eso, sería
preferible rescatar un concepto algo manoseado por los planes de
estudio, para volver a hablar de pensamiento “crítico”.

Creencia y credulidad

Con la posmodernidad, los hitos que demarcaban los campos de la ciencia,
la filosofía y la religión parecen haberse desdibujado. Hay científicos
que hacen filosofía (y hasta ciencia ficción) sin decirlo,
fundamentalistas religiosos que interfieren con la ciencia, charlatanes
que reniegan de la racionalidad para imponer sus dogmas, y figuras
mediáticas que opinan de todo sólo para confundir.
En este estado de cosas, “escépticos” y “creyentes” corren el peligro de
congelarse en posturas fijas y excluyentes, dejando a quienes aspiran a
seguir siendo “críticos” a la intemperie.

Es así como en un reciente libro (Skeptics and True Believers, 1998) el
escéptico Chet Raymo propone un cuestionario destinado a medir el
“índice de credulidad” del lector. Para determinarlo formula preguntas
donde se mezclan, sin discriminar, creencias seudocientíficas con otras
religiosas o filosóficas. El resultado es que el propio autor, que como
Einstein profesa una suerte de panteísmo, no alcanza a calificarse como
un escéptico.
Al fin y al cabo, cuando hablamos de ética o de política todos aceptamos
supuestos difíciles de probar o refutar, aunque sean inevitables cuando
hay que tomar decisiones. Lo mejor que podemos hacer es ponerlos en
claro y negociar el consenso.

De hecho, existen grados de “credulidad”. No es lo mismo interferir con
la ciencia como hacen los fundamentalistas, que dialogar con ella, como
hace la mejor especulación teológica de las grandes religiones
monoteístas. Las posturas “escépticas” o relativistas a ultranza corren
el riesgo de descalificar el diálogo y renunciar a la actitud crítica.
Todos confiamos en que el rigor metodológico y el control académico
garantizan la validez de la información científica que recibimos. La
comunidad de investigadores funciona como un mercado, donde las
propuestas se someten al juicio de los pares.
Pero como el mercado libre y justo es una abstracción, y aquí también
hay maniobras monopólicas (los paradigmas), no faltarán los escépticos
radicales que descreerán tanto de la comunidad científica como de la
racionalidad de sus métodos.

Para entender estas actitudes, evocaremos a dos grandes escépticos. El
primero será Fort, un aficionado que desde los márgenes de la cultura
ejerció una influencia pocas veces reconocida. El otro es Feyerabend, un
filósofo que suele estar presente en cualquier curso de epistemología.
Paradójicamente, sus posiciones serán las más extremistas.

El hombre que creía en los diarios

Charles Hoy Fort (1874-1932) fue un autodidacta que, en medio de la
revolución científica de los años veinte, emprendió una estéril lucha
contra lo que consideraba el “dogmatismo científico” de su tiempo. Los
“escépticos” todavía lo reconocen como uno de los suyos. Pero a pesar de
que su intención era provocar y cuestionar todo, incluso la ciencia, no
pudo evitar convertirse en el más crédulo de los crédulos, dando aliento
a muchas creencias seudocientíficas.

Fort no era el típico chiflado que cree haber descubierto el movimiento
perpetuo, ni tampoco era un ignorante. Tenía un gran sentido del humor y
era capaz de afirmar “No creo en nada de lo que he escrito”. De haber
sido francés, habría fundado algo similar a la Patafísica.

Nació y murió en Albany (Nueva York), y vivió en el Bronx, cuando
todavía era un apacible barrio de inmigrantes judíos e italianos. Fue un
periodista pobre que se pasó la vida hurgando papeles en las bibliotecas
y los archivos de los periódicos. A los veinticinco años, ya se sentía
en condiciones de escribir su autobiografía. Compuso diez novelas y
reunió casi cien mil notas, aunque periódicamente solía quemarlas, cada
vez que caía en la depresión.

Una pequeña herencia que recibió a los cuarenta le permitió publicar
varios libros con los cuales pretendía desmitificar a la ciencia y
revelar los hechos que el “clero científico” escondía: El Libro de los
Malditos (1919), Nuevas tierras (1923), ¡Miren! (1931) y Talentos
salvajes (1932). Entre sus adeptos estuvieron el dramaturgo Theodore
Dreiser, Ben Hetch y Oliver Wendell Holmes. Pero H.G. Wells siempre se
negó a tomarlo en serio.

Fort creía en todo lo que dicen los diarios. Pensaba que las noticias
insólitas que cada tanto aparecen (repollos gigantes, terneros de dos
cabezas, monstruos lacustres, etc.) eran otras tantas pruebas de que los
hombres de ciencia nos estaban ocultando algo. Quería ser más científico
que ellos, y eludió las explicaciones sobrenaturales, hasta cuando se
ocupaba de parapsicología.
En sus recortes, encontraba testimonios de extrañas precipitaciones;
según los diarios, cada tanto caían del cielo cosas como piedras, hachas
de sílex, runas, algas, ranas, peces, hormigas, albúmina o betún.

Cosas que caen

Para explicar estos supuestos fenómenos, a menudo inventados en la calma
del verano por redactores ociosos, comenzó a insinuar hipótesis
delirantes. Allá arriba –escribió– hay una especie de Mar de los
Sargazos surcado por naves espaciales que dejan caer basura por la
borda. Otras veces sugería que el cosmos era un súper-organismo del cual
meteoros ígneos arrancaban jirones de tejido o provocaban hemorragias
cósmicas. Por momentos pensaba que éramos “propiedad” de seres
superiores, o meros “gusanos en un queso cósmico”.

En 1919 Fort dedicó varios capítulos del Libro de los Malditos al
registro de objetos voladores no identificados. Él fue quien popularizó
a los ovnis entre los escritores de ciencia ficción, creando un mito
incontenible.

Luego, se internó en lo paranormal: personas que entraban
espontáneamente en combustión, poltergeists, fantasmas, desapariciones
misteriosas, teleportaciones, monstruos del folklore...
Paradójicamente, no dejó de tener aciertos. El escéptico Martin Gardner,
que lo trató con gran benevolencia en sus libros, se equivocó al
desestimar en 1952 la presencia de restos orgánicos en meteoritos
carbonosos. La investigación, y la propia NASA, que exhibe con orgullo
sus meteoritos “marcianos”, demostró que hasta el crédulo Fort podía
acercarse a la verdad. Lo cual nos recuerda la necesidad de no poner
rótulos prematuros.

Los forteanos

Poco antes de su muerte, el periodista Tiffany Thayer y un grupo de sus
amigos había fundado la Sociedad Forteana. Fort se había opuesto a la
idea, porque temía que la asociación se viera invadida por chiflados
(!).

Para Gardner, la perduración en el tiempo de una institución como la
Sociedad Forteana es un enigma comparable con la creación de los
Irregulares de Baker Street entre los devotos de Sherlock Holmes. Algo
así como una broma que fue más allá de las intenciones provocativas del
autor.
Tras la muerte de Fort, Thayer continuó editando la revista La Duda
hasta el año 1959 y la Sociedad Forteana se extinguió con él. Luego, una
nueva generación de entusiastas la refundaría con el nombre de
Organización Forteana Internacional (INFO). Sus publicaciones Fortean
Times e INFO Journal se han vuelto bastante críticas en los últimos
años. Quizás sea una oportuna reacción ante la proliferación de
doctrinas seudocientíficas que se reclaman como “forteanas”.

Ficciones y creencias

A Fort no le atraía la ciencia ficción, pero su actitud iconoclasta y
sus exploraciones en los márgenes de la ciencia cautivaron a los
escritores del género. Su biógrafo fue Damon Knight, el primer crítico
inteligente que dio la ciencia ficción. Robert Heinlein, el más polémico
de los escritores, fue miembro de la INFO. La credulidad del editor John
W. Campbell hacia las seudociencias también provenía del fortismo, que
Campbell hizo mucho por difundir. Muchos temas de las novelas de Stephen
King (experto en saquear ideas ajenas) se inspiran en las especulaciones
de Fort.
Durante décadas la ciencia ficción popularizó los temas forteanos. Las
generaciones siguientes, familiarizadas con ellos, fueron el mercado
ideal para gente como Von Däniken o Berlitz. A la zaga del escepticismo
forteano, resurgieron viejas creencias esotéricas disfrazadas de ciencia
alternativa. Lo “insólito”, sinónimo de “forteano”, se volvió un género
en sí.

Fort resultó así una suerte de aprendiz de brujo. Su empirismo radical y
su crítica de la ciencia terminaron abriendo las puertas de la
irracionalidad. Es algo parecido a lo que suele ocurrir con muchos
críticos de la práctica democrática que callan cuando irrumpe el
autoritarismo.

Dadaísmo y epistemología

Paul Feyerabend (1924-1994) fue sin duda el niño terrible de la
filosofía de la ciencia; un transgresor oficializado, una suerte de
Charles Fort canonizado en los medios académicos. Aunque tuvo más prensa
que seguidores y discípulos, sus ideas siguen siendo de mención obligada
en cualquier curso.
Nació en Austria, e ingresó a la academia militar cuando ya hacía cuatro
años que su país había sido anexado por Hitler. Ingresó como oficial
voluntario en el ejército nazi y terminó al mando de 3000 hombres en el
frente ruso, donde fue herido en combate por el Ejército Rojo. Como la
herida se produjo en la nalga, las malas lenguas sugieren que estaba
huyendo.

Vuelto a Viena, se propuso llegar a ser cantante de ópera, pero estudió
física, historia y filosofía. Trabajando dos años junto a Popper conoció
a “su mejor amigo”, el epistemólogo Imre Lakatos, quien había sido
funcionario comunista en Hungría. Más tarde, en Berkeley, también
tendría amistad con Thomas Kuhn, lo cual no le impedía descalificar a
ambos.

En los locos años sesenta sorprendió a todo el mundo con un libro
provocativo (Contra el método), que acabó por ser traducido a 16
idiomas. Tenía más notas que texto, y defendía una concepción
“anarquista” del conocimiento, donde las teorías resultaban
“inconmensurables” entre sí, como si fueran mitos o creaciones
literarias. Allí hacía cosas como comparar el estilo de Newton con el de
un manual de sexología, demoler el concepto de objetividad científica, o
citar a Lenin sin decir de quién se trataba. El libro concluía afirmando
que “la elección de una cosmología básica puede ser una cuestión de
gusto”. De su lectura de la historia de la ciencia, resultaba que no
existía el método científico. No digamos un método único, sino siquiera
métodos confiables; tan sólo hay búsquedas exitosas. Pero en la
investigación, como en la lucha libre, “todo vale”.

Más adelante, Feyerabend siguió levantando polvareda cuando propuso que
en las escuelas se permitiera elegir si uno quería estudiar vudú,
astrología o física nuclear; todo era más o menos equivalente. Esta
concepción anarquista de la educación lo llevó, sin conflicto alguno, a
defender el derecho de los fundamentalistas norteamericanos para enseñar
su “ciencia creacionista” en lugar de la teoría de la evolución.

Murió en Ginebra, de un tumor cerebral. Días después, su viuda contó que
en sus últimos tiempos había seguido escrupulosamente las indicaciones
de sus médicos; aparentemente confiaba más en ellos que en la magia o
cualquier otra alternativa. En 1987 había intentado volver a
escandalizar con otro libro, Adiós a la razón, donde llevaba su
relativismo al extremo, negándose a condenar expresamente al nazismo. El
planteo resultaba tanto más hiriente, si se tenía en cuenta quién lo
hacía: un antiguo oficial que había servido en forma voluntaria bajo la
bandera de la esvástica, y había intentado ser miembro de las SS.

Feyerabend defendía su postura argumentando que todas las doctrinas eran
relativamente malas, de manera que le resultaba imposible condenar a una
en particular. Esto suele entenderse como que si “todos somos culpables”
, nadie es responsable de nada.

Auschwitz, decía el filósofo transgresor, es algo que sigue habitando en
nuestras mentes, como lo prueban la discriminación de las minorías, la
carrera armamentista, la educación represiva, la tiranía de los médicos
y muchos etcéteras. De manera que no tenía más sentido condenar al
Holocausto que valorar los méritos de la democracia liberal.

Hace poco, Aldo Rico –que no es epistemólogo y no vacilaría en sacar su
arma si alguien lo llamara escéptico– hizo algunas declaraciones en las
cuales extrañamente pareció coincidir con los argumentos de Feyerabend.

Ante una denuncia concreta de que en su partido existían prostíbulos
donde se explotaba a mujeres reducidas a la esclavitud, Rico retrucó que
los esclavos somos todos los argentinos, explotados por el Fondo
Monetario. El suyo era un non sequitur bastante habitual.

El escepticismo radical abre así la posibilidad de darle una
“justificación” ética a lo injustificable, lo cual demuestra que no es
tan neutro como parece. Pero hasta ahora, el consenso sigue siendo la
metodología más civilizada para garantizar la convivencia. Hay valores
que pueden profundizarse y discutirse, pero no merecen ser objeto del
humor negro.

                           ------------------

El País http://www.elpais.es/

PARA EL BIÓLOGO JUAN CARLOS IZPISÚA: "LA BIOLOGÍA HA DEJADO DE SER UNA
CIENCIA DE COCINA".
Por: Xavier Pujol Gebellí, Barcelona

Juan Carlos Izpisúa Belmonte (Hellín, 1960), investigador de prestigio
internacional (galardonado por los Institutos Nacionales de la Salud con
el premio Bill Clinton al mejor investigador en su campo) y actualmente
enrolado en el Instituto Salk de San Diego (California), tras 15 años en
el extranjero considera volver a España. Después de meses de contactos y
negociaciones, selló el pasado viernes un preacuerdo con el Parque
Científico de Barcelona (PCB) que le traería de vuelta a España en un
plazo de tres años. Para que ello ocurra, entiende fundamental una
"apuesta decidida" del Gobierno por crear grandes centros de excelencia.
Su misión sería dirigir, en el marco de uno de ellos, el futuro
Instituto de Biología del Desarrollo, donde proseguiría una línea
científica de grandes expectativas, la regeneración natural de órganos y
tejidos.

Pregunta. ¿Va a volver finalmente a España?
Respuesta. Sí me gustaría aunque también estoy muy a gusto donde estoy.
El Instituto Salk es un centro de primer orden. Para volver deberían
darse ciertas condiciones.

P- ¿Cómo las que refleja el preacuerdo firmado la pasada semana con el
PCB?
R- Este preacuerdo es, por ahora, un documento de intenciones. Mi
decisión definitiva, más que basarse en intenciones, depende de
realidades. El PCB es un embrión de lo que podría ser una realidad de
calidad científica en un futuro no muy lejano, al estilo de los centros
de investigación americanos de élite.

P- ¿Su intención de volver podría ser un primer paso para conseguir esa
realidad?
R- Dentro de 10 años las tecnologías de la información (TI), la
biotecnología y la biomedicina van a ser ejes fundamentales en la
economía mundial. Ello implica la necesidad de infraestructuras muy
complejas y de personal muy especializado. Y eso cuesta mucho dinero.
Europa está muy bien en TI, pero muy por detrás en biotecnología. Por
ello, la Unión Europea está dispuesta a generar una red de centros de
excelencia que pueda competir en igualdad de condiciones con Estados
Unidos. España está todavía lejos de Europa. Si bien hay centros buenos,
creo que ninguno está al nivel que se va a exigir. Mi propuesta es que
se apueste por elevar el listón.

P- Elevar el listón implica invertir de verdad.
R- Sin lugar a dudas. Pero cuidado, la vía a seguir no es una inversión
atomizada, al contrario. El impacto que España podría tener en el
entorno científico europeo sería mucho más elevado creando un par de
polos de investigación de calidad que atomizando los recursos.

P- De lo que se deduce que ese nuevo centro podría ser el PCB.
R- La idea de la Universidad de Barcelona o de la Universidad Pompeu
Fabra de crear centros de investigación de alto nivel es encomiable. Los
proyectos, tal y como están planteados, van a constituir la excelencia
científica en Cataluña y yo me atrevería a decir que en España. Pero la
iniciativa que presentamos Joan Massagué y yo mismo es distinta. Lo que
planteamos es, usando los cimientos científicos que se han creado, dar
un salto cualitativo y crear un centro de excelencia a nivel
internacional. De ahí que trasladáramos la idea al Gobierno que es quien
debe decidir sobre la idoneidad del proyecto a nivel nacional.

P- Por tanto, su recomendación es...
R- Que el Gobierno apueste por uno o dos centros de esas
características, que sea competitivo a nivel internacional, y que asuma
su coste inicial operativo. Podría ser en Madrid, aunque deberían
revisarse a fondo determinados aspectos de equipamiento y organización.
Y podría ser en Barcelona porque ahí se dan ahora mismo unas condiciones
sin precedentes en el paisaje científico español. En cuanto a números,
estamos hablando de invertir de 5.000 a 6000 millones de pesetas anuales
durante cuatro o cinco años.

P- ¿Qué implicaría para el Gobierno esa apuesta?
R- Sin lugar a dudas, un salto cualitativo y cuantitativo sin
precedentes en la ciencia española, puesto que no se trata de añadir un
centro más, sino de crear un entorno científico que trascienda a los
nombres. Yo haría énfasis en que más que una implicación para el
Gobierno es una implicación que abarca y se extiende a la sociedad
española en general. La importancia que la investigación básica ha
tenido en la esperanza y calidad de vida es indiscutible: basta citar la
que ha tenido en el desarrollo de las vacunas, quimioterapia o
enfermedades cardiovasculares. Pero más importante aún es la importancia
que va a tener. Estamos en las puertas de una verdadera revolución en
las ciencias de la vida y la biomedicina.

P- ¿Cómo debería organizarse ese entorno científico?
R- Todavía queda mucho por discutir pero, en esencia, sería generar tres
o cuatro institutos de primer nivel, a los cuales se añadiría un
destacamento de la industria y unas infraestructuras generales básicas.
Asimismo, cuatro o cinco grandes plataformas científicas de alta
tecnología y un programa de formación de excelencia predoctoral y otro
de acogida posdoctoral de investigadores españoles en el extranjero.

P- ¿Qué líneas de investigación se potenciarían?
R- La primera en ponerse en marcha, como consta en el preacuerdo, sería
biología del desarrollo; las otras habría que pensarlas de acuerdo con
las grandes tendencias de la biomedicina internacionales.

P- ¿Por qué es tan importante potenciar la biología del desarrollo?
R- Porque, a largo plazo, pretende explicar, por ejemplo, cómo se forma
un corazón o cómo se regeneran los tejidos. Si alguien se corta un dedo,
éste no se regenera. En cambio, a una lagartija le cortas un miembro y
al cabo de un tiempo crece otro. En mi instituto acabamos de descubrir
un gen capaz de inducir la formación de una extremidad. A diferencia de
otros que ya habíamos descubierto, en los vertebrados superiores este
gen sólo es activo en células que mucho después darán lugar a la
extremidad y deja de serlo cuando la extremidad empieza a desarrollarse.
En otros animales como el axolote este gen es activo siempre. La
hipótesis que barajamos es que tener ese gen activo permite al axolote
regenerar un miembro, mientras que en humanos, ratones o pollos se
desactiva muy temprano. Si logramos mantener esos genes on podríamos
inducir la regeneración.

P- Si eso es así debería rescribirse parte de la medicina actual.
R- Ciertamente de confirmarse esta hipótesis las implicaciones
biomédicas serían extraordinarias, no sólo en lo que se refiere a
amputaciones de las extremidades sino también a la regeneración de
cualquier órgano. Si nuestra hipótesis es cierta, en muy poco tiempo es
posible que encontremos otros genes implicados en la regeneración del
hígado, del corazón o de los pulmones.

P- Ese tipo de investigaciones jamás se ha planteado en España.
R- Conceptualmente sí se ha planteado, pero siempre con escasez de
medios. La biología ha dejado de ser una ciencia de cocina, de estar por
casa. Se ha convertido en algo fundamental. Y hay que poner los medios
para estar al nivel que exige.

P- ¿Y cree que alguien va a tomarse esa propuesta en serio?
R- El Ministerio de Ciencia y Tecnología es el ministerio de futuro del
Gobierno español. No sólo del futuro científico sino que me atrevería a
decir del futuro económico de nuestro país. Tanto mi impresión como la
de Massagué es que el equipo que dirige este ministerio tiene el talento
y la visión para materializar ese futuro. Si esta actitud positiva se
lleva a la práctica, yo estaría dispuesto a volver a España y trabajar
en esta idea al 110%.

                           ------------------

LA 'ROYAL SOCIETY' REMITE UN INFORME AL PARLAMENTO BRITÁNICO FAVORABLE A
LA CLONACIÓN DE EMBRIONES CON FINES TERAPÉUTICOS
Europa Press

Una de las entidades científicas británicas más importantes, la 'Royal
Society', se ha pronunciado a favor de la clonación de embriones humanos
con fines terapéuticos a través de un informe que entregó hoy a los
parlamentarios británicos, llamados a pronunciarse en los próximos días
sobre el tema, según párrafos del mencionado informe citados por la
prensa inglesa.

El Gobierno laborista se declaró favorable, el verano pasado, a clonar
tejidos cultivados a partir de células embrionarias con fines
terapéuticos, aunque los parlamentarios pueden votar en conciencia en el
polémico debate.

Así, la 'Royal Society', que reúne a los científicos más reputados del
país, subraya en el documento que ha elaborado que la única alternativa
a la clonación de embriones es la posibilidad de cultivar tejidos
humanos en ratones.

Sin embargo, el informe aclara que "aún se está en los comienzos de la
investigación" en este área, y "cabe la posibilidad de que nunca seamos
capaces de superar todos los obstáculos a fin de usar estas células con
fines terapéuticos", añade el documento.

Si los parlamentarios dieran su apoyo finalmente a este tipo de
investigación, en una fecha aún por fijar, Gran Bretaña se convertiría
en el primer país en autorizar la clonación de embriones humanos que
sería financiada por fondos públicos.

                           ------------------

Boletín Noticiencia http://www.noticiencia.com/

LOS PINGÜINOS ¿SE CAEN DE ESPALDAS?
Por: Jorge Gimenez

Científicos del Reino Unido están dirigiéndose al Atlántico Sur con la
intención de resolver un inusual problema de los pingüinos. Los
investigadores quieren descubrir si existe alguna verdad en la historia
de que los pájaros pueden caer hacia atrás cuando miran a las aeronaves
volando sobre sus cabezas.
Helicópteros navales ingleses ayudarán a probar esta teoría en un
estudio de 400.000 pingüinos reales de las islas Georgias del Sur.

La investigación ha sido impulsada por temores de que los patrones de
crianza de los pingüinos puedan ser interrumpidos por la actividad de
los aviones. El Dr. Richard Stone de la Inspección Antártica Británica
(BAS) conducirá el proyecto de investigación, el cual se basa en abordar
la nave patrullera del hielo HMS Endurance.

Peligro para los huevos

El Dr. Stone cree que esta particular historia de los pingüinos es un
mito, a pesar de que acepta que vuelos de aeronaves ruidosas a baja
altura pueden perturbar a los pingüinos cuando están criando en tierra.
"No hay evidencia que actualmente caigan hacia atrás," dijo a la BBC.
"Saldremos a observar los efectos de la operación de aeronaves sobre  la
población de pingüinos de las islas Georgias del Sur y la idea es volver
con directivas que permitirán a los helicópteros volar de una manera que
tenga un mínimo efecto sobre los pingüinos que hay aquí. "Hasta el
momento, la única evidencia que tenemos de efectos que decrementen la
población es anecdótica. Se sugiere que los pájaros pueden incrementar
sus movimientos cuando los pilotos se ponen a volar a baja altura. Esto
puede hacerlos escapar y puede obviamente poner en peligro sus huevos”.

El equipo del BAS filmará a los pingüinos cuando los helicópteros vuelen
por arriba a diferentes altitudes. Las grabaciones serán luego
analizadas en los cuarteles generales del BAS en Cambridge.

Aclaración aparecida en el diario La Nación http://www.lanacion.com.ar/

LOS PINGÜINOS NO SE CAEN DE ESPALDAS
Por: Gabriela Navarra
Noticia enviada por: Enrique  Márquez

Noticia científica que nació de una broma

Desde aquellos días dramáticos de la guerra, en las islas Malvinas,
entre los kelpers, sobrevive un mito que se volvió popular: que los
pingüinos -que pueblan el archipiélago por miles- siguen a los
helicópteros y aviones con la vista fija durante tanto tiempo que,
cansados sus cuellos de sostener tan incómoda posición, pierden el
equilibrio y caen irremediablemente al suelo de espaldas, revolcándose
sin muchas más esperanzas que alguien se acerque y los ayude a
incorporarse.
Y como no podía ser de otra manera, a partir de esta broma se tejió una
simpática confusión.

En la edición electrónica de ayer de Penguin News, un periódico de las
Malvinas que aparece todos los viernes, se daba cuenta de que los medios
de comunicación británicos -entre ellos, The Sun, The Daily Telegraph y
la mismísima BBC, nada más y nada menos- habían confundido fantasía y
realidad.

A través de una información que recorrió buena parte del mundo, a partir
de los despachos de las agencias de noticias, se aseguraba que un equipo
de científicos ingleses, liderados por el ornitólogo Richard Stone, del
British Antartic Survey (BAS), se trasladaría a las islas Malvinas y
durante cuatro meses, a bordo del rompehielos Endurance, estudiaría el
extraño comportamiento del pingüino rey, que caía de espaldas al
observar helicópteros y aviones...

Condimento informativo

"Es cierto que el British Antartic Survey y la Armada Real participan de
un proyecto para analizar el nivel de stress de los pingüinos debido a
las acciones humanas. Pero el resto es una broma", dijo a La Nación
desde las islas Malvinas J. Brock, integrante de Falkland Islands News
Network.
"Lo que ocurrió es que un integrante de la tripulación del
Endurance -continuó Brock- comentó el proyecto de estudio a un amigo de
él, que es periodista, e intentó condimentar un poco más la historia
relatándole una vieja broma que se repite en las islas: justamente, que
los pingüinos se caen de espaldas mirando fijamente aviones y
helicópteros... Esto no es verdad: los pingüinos no ven pasada cierta
distancia."

Así las cosas, la confusión recorrió buena parte del mundo. Tanto, que
el mismo director del proyecto inglés de investigación, Richard Stone,
dijo a la prensa internacional que la historia de los pingüinos que
caían de espaldas le parecía sólo "un mito urbano".

Sin embargo, Stone opinó que era muy probable que el vuelo cercano de
aviones y helicópteros distrajera a las aves y alterara tanto sus
patrones de reproducción como de alimentación. "Si se asustan pensando
que los aparatos son posibles predadores -afirmó Stone-, son capaces de
huir del lugar y dejar sus huevos sin protección."

Ruido e impacto ambiental

El viaje de la misión científica es un hecho y ocurrirá pronto, según
confirmó ayer desde Londres a este diario un vocero del British Antartic
Survey desde Londres, aunque no aclaró exactamente cuándo sería.

El grupo, que llegará a bordo del Endurance, no trabajará cerca de las
islas Malvinas sino de la isla Georgia del Sur, donde existe una
población de cerca de 400.000 pingüinos rey. Para probar su reacción,
los científicos, con la colaboración de la Armada Real, sobrevolarán con
helicópteros las colonias de pingüinos a alturas bajas, utilizando
cámaras para filmar y registrar la conducta de la especie.

Una de las preocupaciones del equipo de investigadores será determinar
de qué modo impacta la agresión sonora en las aves, si se tiene en
cuenta que la incipiente industria turística de buscadores de aventuras
crece en la isla Georgia del Sur.

José María Acero, integrante del Departamento de Gestión Ambiental de la
Dirección Nacional del Antártico, indicó que en 1990 ese organismo se
propuso una tarea similar en la base Esperanza, para evaluar el impacto
de actividades humanas sobre la colonia de pingüinos adelia, que se
encuentra al lado de ese puesto militar. "La idea -comentó Acero- fue
determinar hasta qué punto llegaba el impacto, porque si bien los
aviones aterrizaban bastante lejos, sí había sobrevuelo de
helicópteros."
Los investigadores argentinos estudiaron la situación. "Pudo verse
cierta dispersión entre los pichones, que se alejaban de los nidos y se
exponían más a los skúa, un ave depredadora de pichones de pingüino",
dijo.

Luego de la investigación, los expertos argentinos concluyeron que el ir
y venir de pájaros de metal en el aire no había afectado la vida de los
pingüinos adelia, que continuaron reproduciéndose en igual número que
siempre. Pronto se sabrá qué pasa con sus hermanos, los pingüinos rey.

[Nota] *Esta noticia ha sido extraída de "Noticiencia.com"; Boletín
semanal de Ciencia y Tecnología, producido por Aldea Academica
(www.aldeanet.com).

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PARA EL NEURÓLOGO VLADIMIR HACHINSKI: "EL PROPÓSITO NO ES ABOLIR LA
MUERTE, SINO PROLONGAR LA VIDA"
Por: Ignacio Francia – Salamanca

La investigación sobre el envejecimiento del cerebro y su patología
vascular han convertido al profesor ucraniano-canadiense Vladimir
Hachinski, de 59 años, en una autoridad mundial en el campo de la
neurología y neurociencia, por lo que la Universidad de Salamanca lo ha
investido doctor honoris causa bajo el padrinazgo del profesor Julio
Fermoso y del Instituto de Neurociencias. Este humanista, que cultiva la
música (es autor de un estudio junto con Cristóbal Halffter y Alberto
Portera) y la poesía y está reconocido como un hispanista, ha
establecido además la definición de conceptos y criterios clínicos
utilizados universalmente.

Hachinski, profesor en la Universidad de Western, en Ontario (Canadá),
afirma que "estamos a punto de cambiar el cerebro mismo, o estamos
adquiriendo las herramientas con las que cambiarlo", avance que
relaciona con la "cartografía funcional cerebral, que son las técnicas
que permiten ver qué parte del cerebro está activada cuando alguien
piensa, siente o hace algo; así, por primera vez podemos combinar la
capacidad de introspección (qué es lo que pensamos) con la observación
de ese comportamiento y de qué partes del cerebro están involucradas".
Esto permite, por ejemplo, afrontar un diagnóstico temprano de la
enfermedad de Alzheimer.

En el campo del Alzheimer, el profesor Hachinski destaca el paso
significativo que ha sido poder conocer que los factores de riesgo para
el ictus (infarto cerebral) son semejantes a los del Alzheimer. Ahora se
ensaya si el control de los factores de riesgo puede influir en esa
demencia.
"El paso más corto que ahora podemos dar para paliar, prevenir o, al
menos, retrasar el Alzheimer es prevenir el ictus. El hecho de que
probablemente en los enfermos que tienen riesgo de Alzheimer el ictus
puede precipitar esa demencia permite plantear que si prevenimos el
ictus, es posible que una parte de las demencias puedan evitarse o al
menos, postergarse. Creemos que un mecanismo importante común al ictus y
la enfermedad de Alzheimer es la inflamación cerebral. He conocido que
el Instituto de Neurociencias de Salamanca desarrolla una investigación
relevante en torno a ese problema, al igual que mi grupo, y por ello
exploramos la posibilidad de colaborar", dice el neurocientífico, que
considera que éste puede ser uno de los caminos más fructíferos para
identificar fármacos que permitan abordar la demencia.

A pesar de los avances, Vladimir Hachinski apunta que el límite
biológico sitúa "el paréntesis de la vida útil probablemente en los 120
años", por lo que "el propósito no es abolir la muerte, sino prolongar
la vida útil", explica. Y añade que "se equivocan quienes afirman que
prevenir y postergar el Alzheimer originará cargar con viejos decrépitos
que costarán un dineral, porque resulta que una persona que muere a los
70 años cuesta mucho más que una que muere a los 90".

Se trata de problemas que no deben encararse aisladamente, sino dentro
de un entorno social, político y ético, por lo que Hachinski considera
primordial "integrar el conocimiento", frente a la desarticulación y
fragmentación de las neurociencias, ya que "conociendo el cerebro,
tenemos la capacidad de intentar modificar el futuro de forma benéfica."

Como aportación a la definición de conceptos, el neurólogo sugirió en
Salamanca que podría denominarse "neurognosis" (cerebro y conocimiento)
la disciplina que incorpore el conocimiento de las otras materias.
Incluso apuntó que "Salamanca es el lugar ideal para comenzar este
proceso, por su tradición humanística universalmente reconocida", unida
"a los avances científicos que ha producido en su rama científica".

"Hablo de algo práctico, porque no sé si el cerebro es desentrañable,
pero sí sé que hay mucho conocimiento aún por adquirir. Será un camino
sin fin, pero moriremos aprendiendo", dijo el profesor Hachinski. "Hemos
aprendido", destacó el científico, "que, en contra de lo que pensábamos
antes, el cerebro sigue creciendo, si no en neuronas, sí en dendritas y
que aún cuando el adulto tiene una lesión cerebral, se ha demostrado
ahora en los humanos que, por lo menos en el hipocampo -que tiene que
ver con la memoria-, se siguen dividiendo neuronas nuevas". Un campo muy
reciente de investigación, que "permite la esperanza de que en un futuro
cercano sea posible ponerle células al cerebro, bien de fuera o bien de
dentro. De dentro sería un proceso natural, pero tendremos que aprender
cómo podemos animar a esas neuronas a ir al lugar al que deben ir y a
establecer conexiones nuevas", precisa Hachinski, fundador y presidente
del Club de Londres de Historia Médica, introductor de las denominadas
unidades de ictus.

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El País http://www.elpais.es/

EL EXTRAÑO CONTROL DE LA GEOMETRÍA EN LOS LÍQUIDOS
Por: M. R. E. - Madrid

El mundo de lo muy pequeño ya no es algo que se escape a la experiencia
diaria; los científicos esculpen habitualmente las superficies de los
sólidos molécula a molécula, o fabrican nanomotores o elementos de
circuitos electrónicos completamente invisibles. Con este panorama, los
comportamientos de gases, líquidos y sólidos a esa escala se convierten
en factores muy importantes. Un investigador español, Carlos Rascón, ha
encontrado, trabajando junto al especialista británico Andrew Parry, que
la geometría de una superficie (su forma), resulta ser decisiva para el
modo en que se produce la adsorción de un líquido en ella.

La adsorción es la capacidad de un sólido de atraer a su superficie
moléculas de gases o soluciones con los que está en contacto. Es la
adsorción la que se manifiesta como condensación capilar en superficies
paralelas (lo que, por ejemplo, hace que las galletas se pongan blandas
poco a poco) o como wetting en superficies planas (cuando un espejo se
empaña, por ejemplo). Lo que han encontrado Rascón y Parry, y han
explicado en la revista Nature (26 de octubre) es que estos dos
fenómenos, básicamente distintos, se producen en función de las
condiciones geométricas existentes.

Experimento mental

Rascón explica que pusieron en marcha un experimento mental, en el cual
una pared sólida se puede convertir en dos paredes paralelas unidas por
la base y estudiaron cómo un fenómeno se convierte en otro al entrar en
contacto la pared convertible con un gas e ir cambiando su geometría.
Los dos científicos se asombraron al comprobar que emergieron nuevos
comportamientos intermedios de adsorción -verdaderos eslabones perdidos
en la física de superficies- que dependen crucialmente de la forma de la
pared. Por ejemplo, al estudiar lo que pasa en una superficie parabólica
vieron que el gas no cambiaba a líquido a pesar del aumento de presión
hasta que se alcanzaba una presión determinada y entonces se situaba el
líquido en el fondo.

Los investigadores ven aplicaciones posibles a este hallazgo en los
sistemas que controlan cantidades muy pequeñas de fluidos, en los chips
electrónicos (que se diseñarían para repeler los líquidos y así evitar
problemas) o como medio de medir la presión parcial de un gas (midiendo
la cantidad de líquido adsorbido.

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INVESTIGACIÓN Y ENDOGAMIA
Por: Alonso Rodríguez Navarro

En los últimos meses, varios artículos han denunciado la endogamia del
profesorado universitario proponiendo, para corregirla, que la
universidad convocante participe lo menos posible en el nombramiento de
las comisiones que juzgan la provisión de plazas. La receta, resultado
de confundir causas y efectos, equivale a la de un antipirético para
curar una grave septicemia.

Lo primero a observar es que la endogamia es un problema complejo y que,
como la fiebre, tiene causas diversas, aunque sólo sea porque el
profesorado universitario responde a varios modelos en su actividad,
preparación e incluso dedicación horaria, bastante ligados a las
titulaciones en las que enseñan. Tomemos como ejemplo de esta
complejidad la parte de la universidad con investigación
internacionalmente competitiva, que está formada por unos 12.000
profesores numerarios. Éstos publican unos 16.000 trabajos anuales en
revistas de alto prestigio (datos de 1997), con un incremento anual del
11% en los diez últimos años (4.500 profesores y 5.500 trabajos en
1987), el doble que el de otros parámetros universitarios. Estos datos
son espectaculares y significan, entre otras cosas, que la formación y
selección del profesorado ha sido excelente. Como ejemplo, un aspirante
típico a profesor en las áreas de Bioquímica y Biología Molecular,
Física Teórica o Química Orgánica, por citar tres áreas, es un
investigador maduro que fue seleccionado varias veces para obtener becas
y contratos de instituciones externas a la universidad, una parte
importante del periodo posdoctoral lo hizo en el extranjero y es autor
de numerosos trabajos en las mejores revistas internacionales.

Para relacionar estos datos con la endogamia hay que notar que la
investigación en la universidad es voluntarista, con escaso apoyo
institucional y en ausencia de estructura adecuada para investigar. En
una universidad extranjera que tenga una producción similar a la
expuesta, el número de empleados, muchos de ellos técnicos expertos, es
de 4:1 frente a los docentes, mientras que en España es de 0,5:1. Sin
soporte humano institucional, la investigación en la universidad
española depende enormemente de la especialización de jóvenes
científicos sin empleo fijo. En este contexto, competir
internacionalmente tiene rasgos de milagro, y aunque la selección es muy
dura en los primeros años de la carrera científica de un aspirante a
profesor, la movilidad posterior conlleva un notable riesgo para un
grupo competitivo que es difícil de arrastrar.

Nadie conoce las dificultades de investigar en la universidad española
mejor que los propios actores. Por ello, cuando se juzga una plaza, si
el candidato y el departamento son productivos, el más elemental
análisis de prioridades exige apoyar al departamento que la convoca, y
esta actitud sólo cambiará cuando cambien las condiciones y la
universidad española tenga la misma financiación y atención política que
en otros países desarrollados. Cualquier otra medida no conduce a nada.
Y el disparate de excluir la participación formal del departamento que
tiene la plaza es, además de inútil, quizá inconstitucional.

En la parte de la universidad que no investiga o que no compite, que es
aproximadamente el 70% de la universidad española, la situación es
diferente, pero no más sencilla. En esta parte, aún bastante
heterogénea, lo que abunda es la falta de grupos de calidad capaces de
formar candidatos de calidad, y éste es el problema central, del que la
endogamia es subsidiaria. Y la solución tiene que empezar por invertir
más en estimular a los grupos más competitivos, enviar becarios al
extranjero e importar científicos. También elevando la calidad de las
comisiones que juzgan a los profesores, pero para esto es ingenuo
proponer un sorteo sin proponer antes cómo se elimina a los que no deben
entrar en el sorteo porque nunca debieron ser nombrados profesores de
universidad.

[Nota] *Alonso Rodríguez Navarro es catedrático de la Universidad
Politécnica de Madrid.

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EQUIPO INTERNACIONAL DE PALEONTÓLOGOS DESENTIERRAN UN COCODRILO DE 70
MILLONES DE AÑOS
Por: Pedro Luis Gomez Barrondo

Vaclav Marzovsky, investigador checoslovaco que dirige un equipo de
paleontólogos mexicanos y estadounidenses, desenterró recientemente en
Méjico –Rincón, Colorado- un fósil perteneciente a un bebé de cocodrilo
de 40 cms, cuya  posterior datación mostró una antigüedad superior a los
70 millones de años.

El fósil de cocodrilo encontrado pertenece al período cretácico de la
era mesozoica, y únicamente estaban visibles una parte articulada y
sectores de la columna vertebral del espécimen.

Rosario Gómez Gómez, directora del Departamento de Paleontología de la
Secretaría de Educación del Estado (SEP), anunció que se estudiarán, con
el fin de establecer la edad fisiológica, las espinas neurales y las
vértebras. En palabras de Gómez, “antes de este invalorable hallazgo
sólo se habían encontrado aquí restos aislados de cocodrilos, con la
única excepción de un molde natural de cráneo de este animal, localizado
en marzo de 1998”.

En el Cementerio de los Dinosaurios

Durante cinco horas el personal de la SEP y los paleontólogos Mark
Loewen y Michael Getty, del Museo Natural de Historia de Utah, y León
Cleassens, de la Universidad de Harvard, maniobraron con especial
delicadeza en la extracción del fósil de su lecho. Esta valiosísima
pieza, considerada única en el país, es la más completa encontrada hasta
la fecha en el conocido como Cementerio de los Dinosaurios.

Los restos de este reptil de la época secundaria, convertidos en piedra
y que miden aproximadamente unos 40 centímetros, fueron limpiados a
fondo y recubiertos de yeso con el fin de evitar posibles deterioros
durante su traslado al Departamento de Paleontología del Museo del
Desierto.

Varios directores de museos, diversos expertos en paleontología y
escritores,  hasta un total de 24 investigadores en la materia,
recorrieron el lugar en el que fue hallado, en las lindes del terreno de
“El Barril”, por la carretera a Monclova, como parte del trabajo de
campo programado dentro del Congreso Internacional de Paleontología de
Vertebrados, iniciado en la ciudad de México el 25 de octubre último.
Donald Brinkam, miembro del Museo de Tyrell, Canadá, se sorprendió por
la gran abundancia y diversidad de fósiles que hay en este lugar, entre
otros, de tortugas y de cocodrilos.

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JORGE MOSCAT RECIBE EL 'PREMIO CARMEN Y SEVERO OCHOA' DE BIOLOGÍA
MOLECULAR POR SUS INVESTIGACIONES SOBRE CÁNCER
Europa Press

El profesor de Investigación del Centro de Biología Molecular "Severo
Ochoa", dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC) y de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Jorge Moscat,
recibirá esta tarde el Premio Carmen y Severo Ochoa de Biología
Molecular, dotado con dos millones de pesetas, por sus trabajos de
investigación científica y en especial, por las investigaciones que han
hecho posible el descubrimiento de nuevas dianas terapéuticas contra el
cáncer.

Entre los trabajos que ha destacado el jurado del premio están las
investigaciones de Moscat sobre los mecanismos de transducción de
señales, dependientes de proteína kinasa C1, y su influencia en los
procesos de regulación de la multiplicación celular y la apoptosis.
Para conmemorar la entrega del premio, el profesor de investigación del
CSIC, Juan Carlos Izpisúa Belmonte, pronunciará una conferencia sobre
las Bases Moleculares de la asimetría bilateral durante el desarrollo
embrionario.



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