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EL ESCÉPTICO DIGIT Pedro Lu
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Asunto: =?x-user-defined?Q?EL_ESC=C9PTICO_DIGITAL_-_Edici=F3n_2000_-_N=FAmero_91_?= =?x-user-defined?Q?-_31_de_Diciembre_de_2000?=
Fecha:Domingo, 31 de Diciembre, 2000  19:42:35 (+0100)
Autor:Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>

=====================================================================

                           EL ESCÉPTICO DIGITAL

       Boletín electrónico de Ciencia, Crítica a la Pseudociencia y
Escepticismo
       © 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

    Edición 2000 - Número 91 - 31 de Diciembre de 2000

Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta

=== SUMARIO =========================================================

  - Con los mejores deseos.

  - El 2001 que no fue.

  - El mundo al alcance del dedo.

  - Tras el 2001.

  - La discusión del Milenio.

  - Formas de contar el paso del tiempo.

  - Los Futuros posibles.

  - Lo que pasará entre 2001 y 2100.

  - 2001.

  - Un cambio de milenio olvidado.

  - Hay que globalizar los derechos.

  - Hay que educar para ser personas.

  - Y después, la Luna o Marte.

=== NOTICIAS =========================================================

CON LOS MEJORES DESEOS
Por: Redacción de El Escéptico Digital

Estimados lectores.
¡Ahora sí! Por fin podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que llega
esa especie de oferta dos por uno que representa el cambio de siglo y de
milenio al que, si nada se interpone, vamos a asistir en breves
momentos.

A quienes venimos haciendo este modesto boletín no es que dicha
efemérides,  al pensar en el brinco milenarista al que vamos a asistir,
nos produzca precisamente vértigo. Al fin y al cabo, nuestro pragmatismo
escéptico nos previene de que no se trata mas que de un nuevo salto
numérico, repetido año tras año, en ese calendario que, para bien o para
mal, rige nuestras vidas desde que un incierto día el bueno de Dionisio
el Exiguo decidiera ponerse manos a la obra y trazar un registro que
racionalizase, cristianamente dicho sea de paso, el devenir del tiempo y
por consiguiente de la Historia con mayúsculas.

Queremos aprovechar, no obstante, este último boletín del presente
milenio para transmitir nuestro agradecimiento, con un par de líneas, a
todos aquellos que con su esfuerzo y desinteresada colaboración han
hecho posible que el proyecto emprendido por ARP-SAPC, la madrugada del
pasado 12 de Agosto, del ya casi vencido año 2000, haya conseguido poco
a poco abrirse hueco y afianzarse dentro de las redes de pensamiento
escéptico que afortunadamente aún aportan su gota de racionalidad al
cada día más complejo mundo de los contenidos ubicados en Internet.

Ante todos nosotros esta misma noche, tras el tradicional ritual del
tañido de campanas y carillones remojado en  champán, cava o cualquier
otra bebida espirituosa, se abrirá un nuevo siglo y un nuevo milenio,
¡ahí es nada!, con su complejo universo de probabilidades, esperando a
que seamos capaces primero de descubrirlas y después de darles ulterior
desarrollo.

Quienes gustamos de definirnos como escépticos nunca hemos pretendido
ejercer ni como videntes, augures, hechiceros o nigromantes. No ha sido
jamás esa nuestra opción. Así pues, no seremos nosotros quienes nos
atrevamos a vaticinar o profetizar cual ha de ser el resultado final del
proceso hominizador y humanizador en el que, filogenética y
ontogenéticamente, nos hayamos inmersos quienes ostentamos el privilegio
de pertenecer a la raza humana.

Desde el Escéptico Digital esperamos durante el próximo milenio –somos
así de modestos- poder seguir día a día realizando nuestra humilde labor
de escribas de esa cotidianeidad, cada día más científica y tecnificada,
que nos rodea y marca, sin que muchas veces seamos incluso conscientes
de ello. Deseamos igualmente que el nuevo periodo que se abre ante
nosotros sirva para que la humanidad continúe avanzando en el camino de
la racionalidad que nos confiere el ser poseedores de ese porcentaje del
1% divergente de nuestro simiesco genoma .

Un abrazo escéptico a cuantos día a día, desde cualquier parte del
mundo, tenéis la deferencia de recibirnos con los brazos abiertos y,
como diría nuestro buen y arpío amigo Soler, ¡Salud y escepticismo!…
para todos.

                           ------------------

EL 2001 QUE NO FUE
Por: Javier Armentia

En unos días entramos realmente en el nuevo milenio. Ese año mítico de
2001 que a pesar de todo lo que nos auguró, va a ser mucho más normal,
menos revolucionario... ¿Nos hemos dejado engañar a lo largo de este
siglo?

Vayamos a 1968, cuando se estrena la película que por vez primera
convirtió al año que entra en una fecha mítica. Realizada por Stanley
Kubrick con la colaboración de uno de los principales escritores de
ciencia-ficción del siglo, Arthur C. Clarke. La visión del comienzo del
nuevo milenio que se nos presenta incorpora: viajes a la Luna frecuentes
como; bases lunares en las que nacen niños; una estación espacial, la
número cinco en construcción, con un diámetro de varios centenares de
metros; viajes en lanzadera entre la Tierra y las estaciones espaciales
que son más parecidos a un vuelo intercontinental que a un despegue
espacial; o la capacidad de montar una misión tripulada hasta Saturno...
por no hablar de ordenadores inteligentes que pueden desarrollar
psicopatías asesinas.

Obviamente, no tenemos nada de eso: la Estación Espacial Internacional
apenas si da para tres personas por el momento, y está en su primera
fase de construcción; a la Luna no hemos vuelto desde comienzos de los
70; aunque se hacen casi una decena de lanzamientos espaciales
tripulados al año, por el momento esa experiencia está reservada a un
cuerpo de profesionales muy exclusivo, los astronautas. Por otro lado,
viajes tripulados a otros planetas (lo más probable es que a Marte) no
se realizarán, según los planes, antes de 2020. Y la inteligencia
artificial no prevé máquinas como HAL 9000 en un futuro cercano (aunque
es cierto que existen ordenadores capaces de controlar complejas
instalaciones ). Finalmente, el primer contacto con una civilización
extraterrestre no se ha producido, y de hecho los programas SETI, que
buscan entre las señales de radio que recibimos del cosmos una de origen
no natural, no han dado resultado alguno: el programa “seti@...” de la
Universidad de Berkeley, en el que colaboran desde hace un par de años
dos millones y medio de internautas, sigue en marcha, pero sin resultado
positivo alguno. No hay señales de ET, y puede que nunca las recibamos.

Pero en la predicción de lo que sería el 2001 no solamente se
equivocaron Clarke y Kubrick. En 1968 se fundaba, por Aurelio Peccei y
Alexander King (economista y químico respectivamente), el Club de Roma,
una organización no gubernamental que proponía una reflexión sobre la
situación del ser humano, intentando investigar el futuro. Desde
mediados de los 60 habían comenzado a surgir voces que cuestionaban el
futuro: el ritmo de crecimiento de la población mundial se produce muy
por encima de las capacidades de producción de materiales, alimentos y
energía para soportarlo. Y se comenzaban a comprobar los efectos
devastadores de la actividad desarrollista sobre el medio ambiente. Los
expertos que forman el Club de Roma proponen una reflexión global que
permita dar soluciones. El primer gran informe del Club de Roma ve la
luz en 1972: “Los límites del crecimiento”, basado en la llamada
dinámica de sistemas, modelos teóricos que utilizan diversas variables
para evaluar la previsible evolución de aspectos como la población, los
recursos... El escenario presentado era catastrofista: incluso
incorporando medidas estabilizadoras (nuevas energías, control de la
natalidad) en unos cincuenta o cien años habría una desastre global.

“Los límites del crecimiento” fue muy contestado, porque utilizaba pocas
variables y sus modelos era excesivamente simplistas y globales. Pero
tuvo la virtud de despertar el interés por la prospectiva. Esto se unió
a las crisis de comienzos de los años 70, políticas, energéticas y
económicas, para poner de moda pensar en el futuro. Y en general las
alternativas propuestas (llevadas a cabo por equipos interdisciplinares
de expertos en nuevas tecnologías, sociólogos y economistas) abusaron de
una hipótesis desarrollista para prever un futuro sostenible.

De ahí surgen las utopías que nos pondrían, casi a fecha de hoy, en un
mundo sorprendente al que realmente no hemos llegado. Analicemos algunos
de sus aspectos fundamentales, comenzando por el asunto de la
superpoblación del mundo. Para el 2001 tendríamos grandes conurbaciones
de cientos de millones de personas en grandes áreas de Europa y Estados
Unidos, pero sobre todo en Japón. Y megápolis en las principales
capitales del tercer mundo. Realmente, los más de 20 millones de
habitantes de México parecen corroborar este escenario, pero el
crecimiento exponencial de las ciudades del mundo desarrollado no se ha
dado. Tampoco el urbanismo ha evolucionado, como se nos prometía,
creando bosques de rascacielos en los que existirían todos los servicios
dentro del mismo edificio: escuelas, centros comerciales, servicios
públicos, cines... Por el contrario, los grandes centros de ocio y
comercio se han ido a menudo fuera de las ciudades buscando terrenos más
baratos. Aunque la densidad de los núcleos urbanos ha aumentado, las
ciudades no se han expandido como se previó. La causa: el encarecimiento
del suelo, la crisis económica, pero sobre todo un radical disminución
en la fertilidad de las mujeres, que ha conducido a un envejecimiento de
la población en países desarrollados, como el nuestro, plantea problemas
asistenciales y sanitarios que no se habían previsto.

Los recursos materiales y energéticos vienen acabándose desde hace medio
siglo. Pero las nuevas energías no han despegado y aunque el 2001 va a
tener muchos más molinos de los que hace unos años se creía, no tenemos
esos gigantescos parques eólicos, ni centrales fotovoltaicas o
maremotrices. La energía nuclear convencional está en recesión en
numerosos países (sobre todo tras la puntilla casi definitiva que supuso
el desastre de Chernobil) y la fusión nuclear no ha pasado de ser una
posibilidad teórica a pesar de los numerosos proyectos de los últimos
decenios. La energía del mundo sigue viniendo de las fuentes no
renovables. Y cada vez a más precio...

Por su parte, la agricultura tampoco ha visto la revolución que se
planteó, sino otra diferente. Se hablaba de nuevas tecnologías que
mejorarían la producción, de la industrialización del campo, de una
mejora en la capacidad de producir por hectárea. La revolución sin
embargo, ha venido de la mano (y estamos sólo comenzando) de la
biotecnología. Pero en el 2001 no tenemos arrozales controlados
cibernéticamente. Y tampoco la pesca se ha convertido en una ganadería
con piscifactorías masivas que proporcionarían proteínas animales a bajo
precio. Seguimos con sistemas recolectores sin crear una esperada
“ganadería marina”.

En definitiva, el 2001 no va a ser ese año paradigmático de cambio que
se soñó. Como cabía, por otra parte esperar. Y entre otras razones,
relacionadas con los ajustes económicos, los cambios políticos y el
nuevo orden mundial, porque suele suceder que los grandes avances se dan
en áreas donde no se había previsto: por ejemplo, la revolución de las
telecomunicaciones propiciada por las redes como Internet, las nuevas
técnicas de manipulación bioquímica que han dado lugar a la nueva era de
la genética y la clonación. Los científicos, no son buenos adivinos.

Predicciones fallidas

Decía el físico Neils Bohr, uno de los padres de la mecánica cuántica
que “hacer predicciones es difícil, pero especialmente si son del
 futuro”. Y esta ley de Bohr se ha demostrado siempre demasiado cierta.
Se suelen citar los ejemplos del físico Lord Kelvin, quien predijo en
1895 que “una máquina más pesada que el aire no puede volar”, o del
presidente de IBM en 1943, Thomas Watson, para quien “hay mercado en el
mundo como para cinco ordenadores como mucho”. La prospectiva, el
intento de aprehender el futuro partiendo de los datos de una realidad
actual, se ha demostrado algo muy complicado.

Finalizamos un siglo que comenzó con la declaración de quien era
director de la Oficina de Patentes de Estados Unidos, Charles Duell:
“todo lo que se puede inventar ha sido ya inventado”. Afortunadamente,
vemos que no es así.

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EL MUNDO AL ALCANCE DEL DEDO
Por: Luis Alfonso Gámez – Bilbao

Ha sido la revolución inesperada de este fin de siglo. Nació, a finales
de los años 60, como un proyecto del Departamento de Defensa de Estados
Unidos; a partir de 1983, empezaron a interconectarse universidades y
centros de investigación y hace justo diez años, el día de Navidad de
1990, se puso en marcha el primer servidor público en el acelerador de
partículas del CERN, en Suiza. Pero la explosión demográfica del
ciberespacio es algo mucho más reciente. En 1995, había 20 millones de
internautas; actualmente, hay 370 millones de personas “enredadas”, en
mayor o menor medida. Y el número aumenta día a día.

Internet ha desembarcado en nuestras vidas sin que nos haya dado tiempo
a darnos cuenta. En menos de un lustro, ha pasado de ser algo
desconocido -de lo que hablaban únicamente los “iniciados”- a
convertirse en una realidad omnipresente. Basta comparar por ejemplo,
las referencias a la Red en la publicidad de hace un par de años con las
de hoy en día para darse cuenta de la rápida implantación social de esta
nueva realidad. El automóvil y la televisión tardaron décadas en
alcanzar un número de usuarios comparable al de la telaraña informática
mundial.

Sin límites

Pero, si Internet se ha impuesto por algo, es precisamente por lo
contrario que le achacan sus críticos más feroces: no aísla a la gente,
sino que hace posible la comunicación sin límites entre aquellos que
disponen de un ordenador y una conexión telefónica. Es un modo de
relación diferente, nuevo; pero, a fin de cuentas, un modo de relación
humana. Mandar cartas al instante, hablar con amigos situados en las
antípodas por el coste de una llamada local, escuchar emisiones de radio
realizadas a miles de kilómetros, tener acceso a una inmensa fuente de
información, comprar cualquier cosa desde casa... Todo eso y mucho más,
al alcance de un “clic”. Algo no previsto ni en las ensoñaciones más
fantásticas.

La Red, sin embargo, tiene defectos. Van desde la vigencia en España de
un monopolio telefónico de facto y la desafortunada política
“liberalizadora” de las telecomunicaciones del Gobierno hasta el riesgo
de intromisiones en la intimidad, pasando por la dificultad de encontrar
lo que uno quiere en un quiosco virtual donde lo que merece la pena
queda muchas veces aplastado por montañas de basura. Cabe pensar que las
grandes corporaciones, que ven en este mundo de “bits” ante todo un
mercado, se afanarán en resolver algunos de los problemas de Internet,
aunque a su vez crearán otros a los que los usuarios tendrán que hacer
frente.

El porvenir de la Red, como herramienta de conocimiento y motor de la
nueva economía y sociedad global, es inmenso. En un mundo sin barreras
es la gran enemiga de los totalitarismos, al permitir el libre fluir de
las ideas y del saber. El peligro estriba en que este tren de alta
velocidad pase de largo para muchos ciudadanos, en que surja una nueva
clase de parias, los “no conectados”, que con el tiempo se vea marginada
social, económica y culturalmente. Ése es el riego más preocupante del
futuro inmediato del ciberespacio, un peligro al que las instituciones
habrán de hacer frente con políticas realistas. Porque Internet, aunque
algunos no quieran admitirlo, ha llegado para quedarse. Cerrar lo ojos a
esa realidad no es hacerlo al futuro, sino al presente.

                           ------------------

TRAS EL 2001
Por: Miguel Barceló

El cambio de milenio, el auténtico cambio, está a la vuelta de la
esquina, pero ya no produce ninguna controversia, ningún miedo. El siglo
XXI, sin embargo, es uno de los que más ha hecho volar la imaginación de
escritores, científicos y técnicos. El cine ha colaborado de forma
significativa a ello ya que ha permitido ver en technicolor aquellos
mundos que Orwell o Huxley nos relataban. Pero, sin duda, es en el campo
de la ciencia y de la técnica donde se han volcado todas las esperanzas
humanas. Los grandes avances científicos, especialmente los médicos, han
cambiado la vida de una parte, sólo una parte, del mundo. Pero estamos
lejos de muchas de las cosas imaginadas y descritas. Y es que la
realidad no ha hecho nada más que empezar.

E1 siglo XIX, con Mary Shelley, Jules Verne o Herbert G. Wells,
presenció el nacimiento de la ciencia ficción: un intento de imaginar
cómo será vivir en este futuro distinto que nos preparan la ciencia y la
tecnología. Isaac Asimov, bioquímico, divulgador científico y famoso
novelista de ciencia ficción, definía precisamente ese género literario
como «la rama de la literatura que trata de la respuesta humana a los
cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología». Una literatura
nacida precisamente con y para el cambio.

Pero la ciencia ficción es arte y no ciencia. Juego lúdico al fin y al
cabo, no hay que esperar precisión ni certeza absolutas en las
especulaciones futuristas de la ciencia ficción. La mayoría de las
veces, sólo admoniciones y avisos. Una de las novelas más escalofriantes
del siglo XX,”1984” (1949) de George Orwell, describe un oscuro futuro
que, afortunadamente, todavía no ha llegado a materializarse.

El de Orwell no es el único caso de pesimismo en la ciencia ficción que
nos ha advertido, entre otras muchas opciones, del envejecimiento
general de la población del planeta en “La fuga de Logan” (1967) de
William F. Nolan y George Clayton Johnson; del exceso de población en
“Todos sobre Zanzíbar”(1968) de John Brunner; de la polución atmosférica
en “Cronopaisaje” (1980) de Gregory Benford y “Futuro imperfecto” (1981)
del español Domingo Santos; del poder exagerado de la televisión en
“Incordie a Jack Barron” (1969) de Norman Spinrad y en “La décima
víctima” (1966) de Robert Sheckley; de la economía-dual en “Las torres
del olvido” (1987) de George Turner; y de un largo, larguísimo etcétera
que incluye muchísimas versiones de una tercera guerra nuclear y
definitiva que, de nuevo afortunadamente, todavía no hemos hecho
realidad.

Sueño y realidad

Pero, también, la ciencia ficción peca otras veces por exceso de optimis
mo. La carrera espacial es el mejor ejemplo, y un autor como Ben Bova ha
reescrito varias veces las fechas de su novela “Colony” donde describía
colonias en el espacio supuestamente existentes en 2008 (edición de
1978) o en 2028 (re-edición de 1988). También Arthur C. Clarke, en
“2001, una odisea del espacio” (1968), nos habla de una estación
espacial de forma toroidal sacada de anteriores textos de Willy Ley
ilustrados por Chesley Bones-tell (una imagen que también fue utilizada
por Kubrick en su famosa película). La realidad es que la única estación
espacial que hemos tenido hasta hoy es la MIR soviético-rusa de los
últimos 15 años, y ahora disponemos de una incipiente estación espacial
llamada Alpha muy lejana a la que describen Clarke y tantos autores de
ciencia ficción.

Es realmente sorprendente que nadie fuera capaz de prever que, una vez
puesto el humano pie de Armstrong en la Luna, se abandonaría la carrera
espacial tripulada, dejando en mal lugar a una gran parte de la ciencia
ficción que centraba en la exploración del espacio la nueva y definitiva
frontera de la aventura humana. Así son las cosas. También, por suerte o
por desgracia, no tenemos tampoco robots positrónicos como los que
imaginara Isaac Asimov en los años cuarenta, ni un ordenador asesino
como el HAL de Clarke, ni inteligencias artificiales con personalidades
de grandes figuras históricas como Freud o Einstein tal como imagina
Frederik Pohl en ”Pórtico” (1977).

Tenemos casas con seguridad informatizada como en “Viernes” (1982) de
Robert A. Heinlein, pero todavía no hemos llegado al extremo de un mundo
completamente interconectado y accesible desde la sala de estar como
ocurre en “ORA:CLE” (1984) de Kevin O'Donnell. Jr..

Tampoco disponemos de los implantes cerebrales para complementar nuestra
personalidad de “Cuando falla la gravedad” (1987) de George Alec
Effinger, ni parece factible el turbio futuro inmediato del siglo XXI
que ha imaginado la novelística ciberpunk en “Neu-romante” (1984) de
William Gibson o “Islas en la red” (1988) de Bruce Sterling.

Sí, hemos clonado una oveja, pero todavía estamos lejos de ”Un mundo
feliz” (1932) de Aldous Huxley o de los androides de “Sueñan los
androides con ovejas eléctricas” (1968) que imaginara Philip K. Dick
para mayor gloria posterior de Ridley Scott. 0 sea, que la ciencia
ficción predice el futuro de forma precaria. Pero eso no significa que
sea inútil. Leer buena ciencia ficción sigue siendo una actividad
divertida, muy estimulante intelectualmente y, sobre todo, una poderosa
advertencia de cómo podría llegar a ser el futuro si no nos esforzamos
en cambiar las malas tendencias que empiezan a desarrollarse. No es poca
cosa.

Las diez obras del siglo

* Fundación, de Isaac Asimov (1951) / * El hombre demolido, de Aifred
Bester (1952) / * Cántico por Leibowítz, de Walter M. Mitier Jr. (1960)
/ * Dune, de Frank Herbert (1965) / * La mano izquierda de la oscuridad,
de Ursula K. Le Guin (1969) / * Pórtico, de Frederik Pohl (1977) / *
Cronopaisaje, de Gregory Benford (1980) / * El juego de Ender, de Orson
Scott Card (1985) / * Hyperion, de Dan Simmons (1990) / * El libro del
día del juicio Final, de Connie Wilfis (1992)

                           ------------------

El Correo http://www.elcorreodigital.com/

LA DISCUSIÓN DEL MILENIO
Por: Iñigo Gurruchaga – Londres

Aún se debate en nuestros días, como sucedió en numerosas ocasiones en
siglos precedentes, si el calendario cristiano debe basarse en su propia
historia para medir el tiempo o en la moderna aritmética de los ceros

El nuevo milenio cristiano comenzará a las cero horas GMT (Greenwich
Meridian Time u Hora del Meridiano de Greenwich) del 1 de enero de 2001.
Esto es oficial. Porque, desde 1884, existe una hora universal, que
tiene como referencia una línea trazada en el Viejo Observatorio Real de
Greenwich, en el sudeste de Londres, y, porque, desde el año 523, las
cuentas de cada año llevan a esa inevitable conclusión.

Pero no todo el mundo está dispuesto a aceptar lo evidente. El debate
sobre si las grandes celebraciones del Milenio, en la llegada del año
2000, fueron oportunistas, equivocadas o propias de la mera fascinación
por los tres ceros ha seguido su curso, a veces con el espíritu
acalorado que se apoderó de la corte de Luis XIV, según el relato
ofrecido en las cartas de la princesa Palatine, cuñada del rey.
Según la princesa, el doctor Fagon y el abate de Vanbrun, cardenal d'
Estrées, no dieron nunca su brazo a torcer, a pesar de que la opinión
nada menos que del rey, del delfín y del príncipe Conti les decían que
el siglo XVIII comenzaba el primer día de enero del año 1701. La
polémica reapareció un siglo más tarde, poniendo a prueba la paciencia
de los más flemáticos.

En un editorial rebosante de indignado sentido común, el diario inglés
‘The Times’ del 26 de diciembre de 1799, argumentaba su negativa a
fomentar, nunca mejor dicho, la pérdida de tiempo: «Hemos rechazado
todas las cartas y declinado todo debate sobre la cuestión de cuándo
termina el presente siglo, ya que es una de las más absurdas que pueden
ocupar la atención pública», decía ‘The Times’. «El presente
siglo -continuaba- no terminará hasta el 1 de enero de 1801. Es una
discusión tonta, infantil, y sólo muestra las carencias de la mente de
aquellos que mantienen una posición contraria a la que declaramos». Los
lectores de este diario no se dejan intimidar fácilmente por las
pontificaciones de ‘The Times’ de hace un siglo y, en este año, se han
recibido algunas cartas insistentes.

Bonifacio y la aritmética

Las acusaciones eran, como debe ser, de la más extrema gravedad: «Son
ustedes unos matemáticos de la cuenta de la vieja», escribía un lector.
«Unos recalcitrantes tozudos». Y exigía: «Contéstense a esto: ¿Cuántos
años hay entre el uno antes de Cristo y el uno después de Cristo? Y, una
vez que se lo hayan contestado, empiecen a contar mil años desde la raya
que separa el -1 y el +1».
La respuesta es: ninguno. Y no es cuestión de tozudez. Ha llegado el
momento de reivindicar la historia frente a la aritmética bachiller y
ponderar los problemas que el canciller papal Bonifacio tenía para fijar
las fechas de la Pascua por los desfases del calendario anual, solar,
ante un acontecimiento lunar (el Domingo de Resurrección es el primero
tras la primera luna llena después del equinoccio vernal).

Era el año 523 y uno de los hombres más sabios del momento era Dionisius
Exiguus, Dioni El Chico para sus amigos, natural de Escitia, en lo que
hoy es el sudoeste de Rusia. Dionisio se puso a la tarea de recopilar
las tablas de Pascua y, al emprender su trabajo, le pareció también
conveniente acabar con la costumbre de contar los años desde la fecha de
inicio del trono de Diocleciano, que fue perseguidor de cristianos.

Decidió crear una nueva contabilidad anual, desde la fecha de nacimiento
de Jesucristo. Mediante una lectura parcial y equivocada de los
Evangelios o por el oportunismo de hacer que el primer año de sus tablas
coincidiera con el ciclo en el que las fechas de Pascua se repetían
según el calendario Juliano, Dionisio fijó, erradamente, el nacimiento
de Cristo en el 25 de diciembre del 753 AUC.
Lo del 25 de diciembre fue aleatorio porque no hay evidencia suficiente
para confirmar esa u otra fecha. Lo de 753 Ab Urbe Condita es remontarse
en la historia para fijar, más o menos, el año cero de la fundación de
Roma. Y, con esa referencia de medición, inspiró un cambio de
contabilidad, que convirtió al 248 Año Diocleciano en el 532 Año de
Nuestro Señor Jesucristo.

Diez días de más

El cambio del calendario juliano al calendario gregoriano, en 1572,
añadió diez días para corregir el desfase acumulado con el año tropical,
pero no alteró la contabilidad de los años. El primer milenio comenzó el
1 de enero del año 754 desde la fundación de Roma. Y, en la Roma del 754
AUC o en la de Dionisio del siglo VI, no había ceros. El primer milenio
cristiano comenzó, retrospectivamente, el 1 de enero del año I.

El cero es, según Robert Kaplan, autor de una historia reciente sobre
ese número tan singular (‘The Nothing That Is’, La Nada que existe), un
invento sumerio de hace 5.000 años, crecido como una marca separadora
para cambiar la magnitud representada por los números en función de su
colocación. Viajó a Grecia, se sumergió en la oscuridad, reapareció en
el mundo árabe, que lo llevó a la Europa medieval.
Para entonces, Dionisio El Exiguo ya había dado a los cristianos un
calendario que empezaba con el uno. En 1884, una ‘Conferencia
Internacional para el Propósito de Fijar un Meridiano Principal y un Día
Universal’ celebrada en Washington, fijó el meridiano principal en
Greenwich. Es decir, que el nuevo milenio cristiano comienza a las cero
horas GMT del 1 de enero de 2001. Y lo demás son ganas de discutir.

                           ------------------

FORMAS DE CONTAR EL PASO DEL TIEMPO
Por: Iñigo Gurruchaga – Londres

Los inventores de calendarios intentaron corresponder sus registros de
nombres y números con movimientos estacionales, con la astronomía. El
año de nuestro calendario quiere ser una medida del año tropical, que se
puede definir como el tiempo que tarda el Sol en moverse entre dos
puntos fijos, como los solsticios o los equinoccios. El tiempo que
transcurre entre dos lunas nuevas es el mes sinódico.

Los cálculos son complicados y, a lo largo de la historia, hubo
disturbios, cismas y grandes pleitos sobre los ajustes del calendario.
En el año 2001, la Pascua del año juliano -mantenida por la iglesia
ortodoxa rusa- y la del gregoriano- impuesto por bula papal- coinciden.
Una reunión de iglesias acordó hace unos años en Siria homologar los
calendarios. Pero, según los expertos, eso no ocurrirá. El cisma está
demasiado vivo.

En Roma, el calendario era un lío. El año comenzaba el 1 de marzo y
tenía 10 meses, 304 días y, luego, un invierno sin nombres ni números.
Julio César puso orden, en 45 a.C. Llevó a febrero -que era el primer
mes del año-, entre enero y marzo. Meses y días se cuentan así desde
entonces. Con un julio para Julio César. Y, más tarde, con un agosto
para Augustus, que advirtió que la cuenta de los bisiestos estaba mal
hecha.

Entre los chinos, el calendario cuenta ciclos de 60 años y cada año
tiene un nombre, que resulta de la combinación de un tallo celeste y una
rama terrenal. Estamos, desde nuestro 5 de febrero de 2000, en el año
decimoséptimo del ciclo septuagésimo octavo del calendario tradicional
chino. El año ‘geng-chen’ o año ‘geng’ del dragón. La cuenta se inició
en 2637 antes de Cristo, por el emperador Huangdi.

Lunas y revoluciones

Había calendarios sofisticados entre los mayas y los hay entre los
etíopes, los japoneses, en el mundo persa. En el mundo hindú, según el
calendario ‘saka’, estamos en 1921. Según el calendario bizantino,
estamos en 7508. Y quizás estamos en el mes Brumario del año 208, según
el furtivo calendario que introdujo la Revolución Francesa.

El calendario islámico cuenta los años tomando como origen la Hégira, la
marcha de Mahoma a Medina. Ocurrió el 16 de julio del año 622 de la era
cristiana, según el calendario juliano. El calendario musulmán se basa
en los movimientos de la Luna. Su año es once días más corto que el
nuestro. Éste es el año 1421 del calendario musulmán.

El calendario hebreo combina los movimientos solares y los lunares y,
apropiadamente para un calendario con vocación universal, cuenta los
años desde el primer año de la creación del mundo, que ocurrió
exactamente en 3761 antes de Jesucristo. El tercer milenio cristiano
queda muy atrás con respecto al calendario hebreo, que está en el año
5761.

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El Mundo http://www.elmundo.es/

LOS “FUTUROS POSIBLES”
Por: Arthur C. Clarke

Predijo que el hombre llegaría a la Luna, y acertó. Dijo, totalmente
convencido, que la Tierra estaría rodeada de satélites, y casi le tachan
de loco. Volvió a acertar. Arthur C. Clarke ha sacado brillo, una vez
más, a su particular «bola de cristal» para presentarnos bajo estas
líneas los acontecimientos que podrían cambiar el mundo.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, nadie es capaz de predecir el
futuro. Por tanto, siempre me he negado a ser encasillado en la
categoría de profeta. Prefiero el término extrapolador. Lo que he
intentado hacer, al menos en mis libros de no ficción, ha sido explicar
a grandes rasgos los «futuros posibles», y al mismo tiempo destacar que
ciertos acontecimientos o inventos totalmente imprevistos pueden
convertir cualquier previsión en un absurdo al cabo de muy pocos años.

El ejemplo clásico es la afirmación en los años 40 del entonces director
de IBM de que el mercado mundial de ordenadores sólo daba para la venta
de unas cinco unidades. Tengo un número mayor en mi oficina, y siguen
reproduciéndose como conejos. Sin embargo, no estoy en condiciones de
criticar a Thomas Watson. En mi libro 'Transit of Earth' (1971) vaticiné
que el hombre llegaría a Marte en 1994; ahora podríamos considerarnos
afortunados si lo conseguimos antes del 2010. Por otro lado, cuando
Prelude to Space fue publicado en 1951, me parecía un exceso de
optimismo sugerir que se llevaría a cabo una misión a la Luna en 1978.
Sin embargo, Neil y Buzz se adelantaron casi una década a mis
predicciones.

No obstante, me siento moderadamente orgulloso por el hecho de que los
satélites de comunicaciones han sido situados justo en el lugar que
sugerí en 1945, y que el nombre de Órbita de Clarke es un término de uso
frecuente, posiblemente sólo porque resulta más fácil de pronunciar que
«órbita geoestacionaria». Y el capítulo titulado 'The Century Syndrome',
de mi novela 'The Ghost from the Grand Banks', de 1990, fue quizá la
primera crónica dirigida al público en general sobre el ya resuelto
efecto del año 2.000, en la que describía su causa y la forma de
resolverlo.

Aún así, quisiera curarme en salud en lo que respecta a la cronología
que presento a continuación. Algunos de los acontecimientos que figuran
en ella (particularmente las misiones al espacio) ya han sido
programados y, por consiguiente, se llevarán a cabo en la fecha fijada.
Creo que los demás sucesos podrían ocurrir, aunque espero que algunos de
ellos nunca se hagan realidad.

He resistido la tentación de presentar muchos desastres curiosos y
sumamente probables porque conviene ser optimista ante el futuro. El
optimismo puede contribuir a que las profecías se cumplan.
Consulta todas las predicciones de Clarke del 2001 al 2100.

[Nota] *Arthur C. Clarke, escritor, creador de «2001: una odisea del
espacio», ha publicado más de 600 obras sobre el futuro entre artículos,
relatos y novelas. Ha dado nombre a una la «Órbita Clarke».

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LO QUE PASARÁ ENTRE 2001 Y 2100
Por: Arthur C. Clarke

2001: 1 de enero. Empiezan un nuevo siglo y un nuevo milenio.
La sonda espacial Cassini, que fue lanzada en octubre de 1997 y llegó a
Saturno en julio del 2000, comienza a explorar las lunas y los anillos
de este planeta.
La sonda Galileo, lanzada en octubre de 1989, continúa estudiando
Júpiter y sus lunas. Aumentan las probabilidades de descubrir vida bajo
la capa de hielo que cubre los océanos de Europa.
2003: Se concede un plazo de cinco años a la industria automotriz para
que sustituya los motores de explosión por los nuevos dispositivos
productores de energía.
Se lanza al espacio el robot de la Nasa Mars Surveyor, que transporta el
todoterreno Lander and Rover.
2004: Se admite (por primera vez) la creación de un clon humano.
2005: El Mars Surveyor envía de vuelta a la Tierra las primeras muestras
de Marte.
El Dalai Lama regresa al Tíbet.
2006: Se cierra la última mina de carbón del mundo en la India.
2007: La NASA lanza el telescopio espacial Next Generation (sucesor del
Hubble).
Chandrika Kumaratunga, presidente de Sri Lanka, obtiene el premio Nobel
por restablecer la paz en su país.
2008: 26 de julio. El día que habría cumplido 80 años, Stanley Kubrick,
director de 2001: una odisea del espacio, obtiene un Oscar a título
póstumo por toda su carrera cinematográfica.
2009: La detonación accidental de una bomba atómica siembra la
desolación en una ciudad de Corea del Norte. Tras un breve debate en la
ONU, se destruyen todas las armas nucleares.
2010: Se desarrollan los primeros generadores cuánticos, lo que permite
la explotación de la energía del espacio. Los primeros, disponibles en
modelos fijos y portátiles de hasta sólo un par de kilovatios, pueden
producir electricidad indefinidamente. Las centrales eléctricas
comienzan a cerrar; termina la era de las torres del tendido eléctrico.
A pesar de las protestas contra un Gobierno que hace de Gran Hermano, la
vigilancia electrónica elimina prácticamente a los criminales
profesionales.
2011: Se obtienen imágenes del animal vivo más grande del mundo en la
falla de las islas Marianas: un pulpo de 75 metros. Ese mismo año se
descubren criaturas marinas aún mayores cuando la primera sonda
automatizada perfora el hielo de Europa y saca a la luz una flora y
fauna nunca antes vista.
2013: A bordo de un vuelo patrocinado por Bandar Seri Begawan, un
príncipe de Brunei se convierte en el primer miembro de una familia real
en ir al espacio.
2014: Comienza la construcción del Hotel Hilton Orbital mediante la
reconversión y ensamblaje de los gigantescos tanques de combustible
empleados por la lanzadera espacial, que antes se arrojaban a la Tierra.
2015: Consecuencia inevitable de la creación del generador cuántico, se
consigue el control total de la materia a nivel atómico. Por tanto, el
antiguo sueño de la alquimia se hace realidad a una escala comercial, a
menudo con resultados sorprendentes. Al cabo de unos años, el plomo y el
cobre llegan a costar dos veces más que el oro, pues son metales más
útiles.
2016: Se suprimen todas las monedas. El megavatio hora se convierte en
la unidad de cambio
2017: 16 de diciembre. Sir Arthur Clarke se convierte el día de su 100
cumpleaños en uno de los primeros invitados del Hilton Orbital.
China celebra sus primeras elecciones parlamentarias.
2019: Un meteorito de gran tamaño choca contra la capa de hielo del Polo
Norte. No se registran víctimas mortales pero los maremotos que se
producen como consecuencia del impacto causan daños considerables en las
costas de Groenlandia y de Canadá. Se pone en funcionamiento el Proyecto
Guardián del Espacio, debatido durante muchos años, para detectar y
desviar cometas que presentan riesgo de colisión contra la Tierra.
2020: La inteligencia artificial (IA) alcanza el nivel de los seres
humanos. A partir de este momento habrá dos especies inteligentes en el
planeta Tierra, y una de ellas comienza a desarrollarse mucho más rápido
que la otra, limitada por su constitución biológica. Se lanzan sondas
interestelares provistas de IA a las estrellas más cercanas.
2021: Los primeros seres humanos llegan a Marte y se encuentran con
algunas sorpresas desagradables.
2023: Se clonan dinosaurios a partir de ADN creado por ordenadores. Se
inaugura en Florida el Zoológico Triásico de Walt Disney. A pesar a
algunos lamentables accidentes durante los primeros meses, los perros
guardianes comienzan a ser reemplazados por pequeños raptors.
2024: Se detectan señales infrarrojas provenientes del centro de la Vía
Láctea. Está claro que son producto de una civilización avanzada
tecnológicamente, pero todos los intentos de descifrarlas fracasan.
2025: Las investigaciones neurológicas conducen finalmente a la
comprensión de todos los sentidos, y se hace posible la entrada directa
de estímulos, sin tener que pasar por los ojos, los oídos, la piel y
otros órganos sensoriales. Una consecuencia inevitable del hallazgo es
la creación del braincap (gorro cerebral) , cuyo lejano precursor es el
walkman del siglo XX. Todo el que lleve este casco metálico encajado
sobre el cráneo puede entrar en un mundo nuevo de experiencias, reales o
imaginarias, e incluso fundirse en tiempo real con la mente de otras
personas. Aparte de utilizarse como una diversión o una forma de tener
aventuras virtuales, el braincap es un gran adelanto para los médicos,
quienes lo emplean para experimentar los síntomas de sus pacientes
(adecuadamente atenuados). También revoluciona la abogacía: con el
advenimiento de este artilugio resulta imposible mentir deliberadamente.
Ya que el braincap sólo funciona sobre una cabeza rapada, la producción
de pelucas pasa a ser una de las principales industrias.
2026: Singapur se convierte en el primer país que pone en vigor una ley
que castiga la publicidad engañosa.
2036: China supera a Estados Unidos en Producto Interior Bruto,
convirtiéndose en la mayor economía del mundo.
2040: Se pone a punto el Replicador Universal, basado en
microtecnología: cualquier objeto, por más complejo que sea, puede
crearse si se cuenta con los materiales necesarios y la matriz adecuada.
Se pueden crear literalmente diamantes o platos de gourmet a partir de
tierra. Como consecuencia, comienza la reducción progresiva de la
agricultura y la industria, poniendo fin así a ese invento reciente de
la historia humana: el trabajo. Se produce un auge en el arte, la
industria del ocio y la educación. Se recrean deliberadamente sociedades
de cazadores y recolectores; enormes zonas del planeta, que dejan de
utilizarse para la producción de alimentos, recuperan su estado
original. Los jóvenes pueden satisfacer sus instintos agresivos
empleando arcos y flechas para abatir grandes animales, robots que a
menudo resultan peligrosos.
2045: La vivienda totalmente independiente, móvil y con planta de
reciclaje propia (concebida casi un siglo antes por Buckminster Fuller)
se perfecciona. El carbón necesario para la síntesis de alimento
comienza a extraerse del bióxido de carbono de la atmósfera.
2047: Hong Kong celebra sus 50 años de Región Administrativa Especial
(SAR: Special Administrative Region) con la supresión total de las
barreras y los controles fronterizos que mantenía con el resto de China.
2050: Fuga de Utopía. Aburridos por la vida pacífica y poco emocionante
de esta era, millones de personas deciden someterse a tratamientos de
conservación criogénica para emigrar al futuro en busca de aventuras. Se
establecen enormes hibernáculos en la Antártida y en las regiones de los
polos lunares donde la noche es perpetua.
2051: Comienza la creación de colonias autónomas y robotizadas en la
Luna, donde los ancianos viven más tiempo a causa de la baja fuerza de
gravedad del satélite.
2057: 4 de octubre. Centenario del Sputnik 1. El nacimiento de la era
espacial se celebra no sólo en la Tierra, sino también en la Luna,
Marte, Europa, Ganímedes y Titán, así como en estaciones espaciales
situadas en la órbita de Venus, Neptuno y Plutón.
2061: Vuelve el cometa Halley; los humanos logran descender hasta su
núcleo. El sensacional descubrimiento de formas de vida tanto activas
como en estado latente viene a confirmar la hipótesis de Hoyle y de
Wickramasinghe, planteada hace un siglo, de que hay vida en todas
partes.
2090: Comienza la quema a gran escala de combustible fósil para reponer
el bióxido de carbono que se había extraído de la atmósfera, con ello se
produce el recalentamiento del planeta y se aplaza la próxima era
glacial.
2095: El desarrollo de un verdadero motor espacial, un sistema de
propulsión que reacciona contra la estructura del espacio tiempo,
convierte a los cohetes en artefactos obsoletos y permite alcanzar
velocidades cercanas a la de la luz. Parten los primeros exploradores
humanos a sistemas solares cercanos que resultan prometedores, de
acuerdo a los estudios previos realizados con sondas espaciales.
2100: Comienza la historia...

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El País http://www.elpais.es/

2001
Por: Manuel Vicent

En el principio fue la Acción la que se hizo pensamiento y no el Verbo
el que se hizo carne. Gracias a que hubo un mono curioso cuyo dedo
pulgar hacía de pinza con el resto de la mano este antepasado nuestro
comenzó a jugar con un palo manipulándolo de mil formas durante miles de
años hasta que esta experiencia acabó por insertarle el germen de la
lógica en el fondo del cerebro.
La ciencia universal se inició con este silogismo: "Le pego un garrotazo
a mi enemigo, luego queda eliminado; hago palanca con el palo, luego la
piedra se mueve con más facilidad; así lo haré en adelante". El resto ha
sido una ráfaga de la inteligencia que nos ha llevado hasta la bomba
atómica y la clonación.

El mono se hizo sabio mediante un infinito ejercicio de dedos sobre la
materia, pero se tardaría un millón de años a llamar a esto cultura
digital. Internet es hoy el cerebro de la humanidad. Se trata de un
organismo vivo, aunque ya no carbónico, que condensa electrónicamente
todo cuanto el cerebro de las personas vierte en él hasta formar la gran
amalgama de la nueva inteligencia humana. Como sucedió en el inicio de
la cultura también este cerebro universal es excitado sólo con los dedos
sobre un teclado sin que en esta acción intervenga todavía el principio
de causalidad. Ante cualquier dificultad con el ordenador se oye la voz
del maestro pidiendo ayuda: que venga el niño. Y el niño de cinco años
se sienta ante el aparato y comienza a realizar el mismo juego con las
teclas que el primer monosabio ejecutaba con el palo. El niño se limita
a improvisar variados impulsos nerviosos con las yemas sin pensamiento
alguno. Como tiene ya una conciencia nueva que es sólo digital sabe que
el ordenador al final acabará obedeciendo a sus deseos a medida que lo
vaya excitando con los dedos hasta insertar en sus bulbos microscópicos
el principio de causalidad.

El tercer milenio de nuestra era se inicia con este regreso a la acción
de la mano como germen de la inteligencia, solo que el cerebro al que
hay que excitar ya es electrónico y universal. La selva virgen la forma
ahora la Red manipulada por tiernos monos albinos que ya son felices
bajo los modernos cocoteros. La conciencia digital es el último estadio
del espíritu: pensar con los dedos, amar con los dedos, ser juzgado con
los dedos. Y así hasta que el teclado de Internet establezca
definitivamente en el mundo el nuevo pensamiento metálico. Feliz
milenio.

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UN CAMBIO DE MILENIO OLVIDADO
Por Dale Fuchs - Madrid

El siglo XXI llega esta noche sin pena ni gloria, en contraste con los
fastos adelantados del 2000

- Ejem. Perdonen, señores, ha llegado el nuevo milenio.
- ¿Cómo?
¡El tercer milenio empieza esta noche! De verdad. Los científicos lo han
dicho. ¿No se acuerda?
Amalia Aguado bosteza.
«Para mí, entramos en el nuevo milenio con el 2000», dice esta madrileña
de 26 años.

El año pasado por esta fechas la tele nos bombardeaba con noticias y
anuncios sobre el último no sé que del milenio. No podíamos salir de
casa sin encontrar a alguien que iba a festejarlo en Timbuktú o iba a
trabajar durante las fiestas debido al efecto 2000.
Pero ya estamos a la entrada oficialmente reconocida del siglo XXI. Y el
mundo, como Amalia, bosteza.

Parece que la única emoción que gira en torno a la fecha mágica es la
llegada del año profético de la película de Stanley Kubrick, 2001:
Odisea de Espacio.
¿Dónde están las macrofiestas? ¿Las ofertas? ¿Las sectas enloquecidas?
«Es que el año pasado fue tan grande...», se disculpa un organizador de
la fiesta de Fin de Año de Times Square en Nueva York, que volverá a una
promoción más humilde.

En el sector del cava, se ha reventado la burbuja del efecto milenio, y
las ventas ya no son tan efervescentes como en 1999. Los lujosos hoteles
como el Palace en Madrid brindarán por el 2001 como si fuera cualquier
otro Año Nuevo. Y las agencias de viajes tampoco están de promoción.
«El año pasado fue tal fracaso que este año no parecía que fuera una
buena idea decir, 'llega el fin de siglo, venga conmigo'», explica Jesús
Martínez Millán, presidente de la Federación Española de Asociaciones de
Agencias de Viajes. Se refiere a los precios inflados de los hoteles, de
las cenas, y de los paquetes de viajes que, junto con el miedo al caos
del efecto 2000, animaron a mucha gente a quedarse en casa.

Comparado con el despliegue internacional en la fecha equivocada, son
pocos los sitios que tirarán la casa por la ventana. A Coruña, que
inaugura la torre de cristal más alta del mundo, de unos 50 metros, con
un coste aproximado de 100 millones de pesetas. Otras ciudades han
improvisado espectáculos de fuegos artificiales para los fieles
ortodoxos al Calendario Gregoriano.

Pero si usted desea hacer un brindis por el milenio auténtico fuera de
España, le espera Epcot, un satélite de Disneyland. El futurista parque
de atracciones de Florida lleva 15 meses celebrando el acontecimiento.
No lejos de esta resaca eterna se encontrará una gala que se llama el
«Milenio líquido» en Orlando. Según la publicidad, el cava es gratis, y
también la protección policial.
O puede ir a Londres para montar, por fin, en su famosa noria,
construida como parte de la extravagancia del 2000, pero que no llegó a
funcionar a tiempo. O a Brasil, donde 60.000 extranjeros se reunirán con
tres millones de brasileños en el tradicional Reveillon de Río, uno de
los pocos lugares donde la fiesta será más grande que la del milenio
prematuro. Y por último, queda Cuba, que en 1999 se negó oficialmente a
participar en la fiesta de media humanidad. Incluso si Fidel no se
apunta, una ONG internacional, Millennium Society, tiene planificada una
gran juerga en La Habana.

Pero la fiesta más animada se encuentra en la Red, donde puede encontrar
un sinfín de cuentas atrás-.. Y atención los fanáticos de Kubrick: la
empresa Underwater Centre ofrece un crucero por el Océano Indico. El
viaje a bordo del 2001 Odisea Explorador, cómo no, sólo cuesta algo más
de 360.000 pesetas. «¡El año 2001 siempre parecía tan lejano, pero ya
no!», empieza su publicidad. «¿Dónde estará usted? ¿Qué estará
haciendo?».

El problema del cero

¿Por qué empieza el milenio en el año 2001? Por si acaso usted dormía
durante el ardoroso debate del año pasado, le recordamos el problemita
del cero. Aunque 2000 es un número más redondo e impresionante por ser
nuestra primera cita con el dígito 2, aquel año pertenece al siglo XX
por una razón: no se había inventado el cero cuando, en el siglo sexto,
Dionisius Exiguus, a petición del Papa Juan I, empezó a contar los años
desde el nacimiento de Cristo.

Así que, como si contáramos los dedos de la mano, la enumeración de la
era cristiana empieza con uno. Es tan sencillo. Pero el rechazo a esta
idea fue tan fuerte que, el año pasado, 800 científicos e intelectuales
de Hispanoamérica firmaron un manifiesto afirmando que, en efecto, medio
mundo iba a festejar la fecha equivocada. Incluso Arthur C. Clarke,
autor del libro 2001: Odisea del espacio se ha unido a la campaña de
concienciación.

La semana pasada pidió al mundo en un mensaje de Año Nuevo que celebre
«el verdadero inicio» del nuevo milenio el 1 de enero. «La minoría
inteligente de este mundo tendrá el 1 de enero como el comienzo del
siglo XXI y del tercer milenio», dijo Clarke, de origen británico, en un
comunicado divulgado desde su residencia de Colombo, capital de Sri
Lanka. «Aquellos que lo festejaron un año adelantado, también están
invitados a unirse a las celebraciones».

Para más información:
Texto íntegro del Manifiesto 2000
http://manifiesto2000.astrored.org/index-es.html

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HAY QUE GLOBALIZAR LOS DERECHOS
Por: Fernando Savater

Para bien o para mal, la idea que más se repite es la de globalización.
Es un concepto sociopolítico-económico-cultural, y en lo único en lo que
todos estamos de acuerdo es que es imparable por las características de
los medios de comunicación y la velocidad del transporte. Más que
asustarse ante esa realidad, el reto está en que la globalización no
sólo se refiera a las tarjetas de crédito, el tráfico de armas o la
especulación. Queda pendiente la globalización del cuidado de la
infancia y la educación, del respeto a la mujer y al medio ambiente. Se
han globalizado cosas rentables, pero no los derechos y garantías
democráticas. El gran reto a escala planetaria es interiorizar esos
valores, hay que buscar una institución supranacional que aborde la
cuestión. El problema no es qué nos va a pasar, sino qué queremos hacer;
pasará lo que dejemos que pase.

[Nota] *Fernando Savater es catedrático de filosofía en la Universidad
Complutense de Madrid. Fue reconocido por ARP-SAPC con el galardón Mario
Bohoslavsky, que es otorgado anualmente a quienes se distinguen por su
defensa del racionalismo.
Fernando Savater ha dedicado a la divulgación y a la educación buena
parte de su trabajo. Comprometido con la defensa de la libertad y de los
valores democráticos, su último libro es “Preguntas de la vida”.

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HAY QUE EDUCAR PARA SER PERSONAS
Por: Victoria Camps

Hace falta una educación para ser personas porque nos hemos olvidado de
eso. Antes, la familia educaba y la escuela instruía; pero hoy, en las
familias todos trabajan y apenas tienen tiempo, y las escuelas van
desbordadas. La televisión o la política no están por la labor. Así,
esta necesidad de educar para ser personas y encontrar sentido a la vida
pasa de unas manos a otras sin que nadie se responsabilice de cumplir
con el derecho a esa educación integral y la transmisión de valores
cívicos y democráticos. Ésta es la situación que se produce actualmente.

El problema es que, aunque se ve lo que hay que hacer, no sabemos cómo
hacerlo. Ocurre en todas partes, pero en España lo notamos más porque
antes la religión se ocupaba de estos asuntos. Tenemos, pues, necesidad
de encontrar un sentido a la vida, pero no sabemos cómo buscarlo ni a
quién encomendarle la tarea.

El reto principal para el siglo está en que el objetivo de trabajar
mucho, buscar el éxito, tener dinero y consumir se ha demostrado que
parece que no hace felices a los individuos.

¿Cómo conseguir personas más cultas, interesadas tanto por la ciencia
como por las artes? ¿Cómo hacer que los especialistas sean también
generalistas? Éste es el debate que hay que plantear en las humanidades.
Pero hay algo más de fondo: ser capaces de divertirse con algo más que
gastar dinero y redescubrir otros alicientes de la vida para que cada
uno pueda tener recursos gratificantes en su interior.

Hay que inventar, pues, formas nuevas y también motivos nuevos para que
la masificación no rebaje en modo alguno la necesidad de cultura.

[Nota] *Victoria Camps es Catedrática de ética y autora de “Virtudes
públicas”, “Valores de la educación” y “Qué hay que enseñar”. Fue
premiada con el galardón Mario Bohoslavsky, que otorga ARP-Sociedad para
el Avance del Pensamiento Racional a quienes se distinguen por su
defensa del racionalismo.

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Y DESPUÉS, LA LUNA O MARTE
Por: Luis Ruiz de Gopegui

Los proyectos espaciales, especialmente cuando están diseñados para
transportar tripulantes, requieren muchos años de preparación. Las
primeras ideas que terminarían por plasmarse en la Estación Espacial
Internacional (ISS) datan del año 1982, es decir, han requerido casi 20
años. Por esto no debe extrañar que se esté ya pensando en cuál será el
proyecto espacial emblemático que se ponga en marcha una vez que la ISS
se haya terminado de construir y entre en su fase operacional.

Actualmente se están barajando dos ideas alternativas: el primer viaje
de los seres humanos al planeta Marte o regresar a la Luna para
establecer una base permanente allí. Por el momento estas dos
posibilidades están siendo analizadas por los expertos sin que todavía
se haya decidido cuál sería la más recomendable para desarrollar después
de la ISS.

Enviar los primeros hombres a explorar el planeta Marte, aunque esa
exploración fuera sólo testimonial, sería lo que más entusiasmaría a los
partidarios de la exploración espacial. El regreso a la Luna tiene un
menor aliciente para el público que con sus impuestos apoya estos
costosísimos programas, porque seria repetir lo ya hecho, aunque esta
vez sería de forma muy diferente a los tiempos del programa Apolo
(1969-72). Sin embargo, hay muchos que piensan que todavía no ha llegado
el momento de ir a Marte. Las razones son diversas.

En primer lugar, el viaje tripulado a Marte es un proyecto de un sólo
envite (single shot). Requeriría un periodo preparatorio muy largo, tan
largo que, aunque se ha propuesto por la Asociación de Astronautas
recientemente reunida en Madrid, el 6 de mayo del año 2018 –día en que
es más favorable la posición relativa entre Marte y la Tierra- no se
cree posible alcanzar esa fecha por falta de tiempo para los desarrollos
previos necesarios. Luego vendrían tres años de gran actividad -viaje de
ida, exploración restringida del planeta y viaje de regreso- y después
inevitablemente llegaría un vacío muy poco recomendable, porque por
razones exclusivamente de tipo económico nadie piensa en que se pudieran
hacer seis o siete viajes a Marte como se hicieron a la Luna.

Pero no es éste el único inconveniente. El retorno científico que
proporcionaría un viaje tripulado a Marte seria pequeño, dado que para
esas fechas se habrían enviado ya más de medio centenar de sondas no
tripuladas a ese planeta, incluyendo algunas para traer rocas marcianas
a la Tierra, y es poco lo que podrían descubrir los astronautas en Marte
que no hubieran encontrado ya los robots.

Pero quizá la razón más importante para no inclinarse por esta
alternativa es la gran probabilidad de fracaso que, en caso de
producirse, dinamitaría el apoyo popular a los programas espaciales
tripulados. Es muy arriesgado intentar dar el gran salto desde la órbita
terrestre donde se encuentra la ISS, a sólo 400 kilómetros de la Tierra,
hasta el viaje a Marte, que supone del orden de 200 a 250 millones de
kilómetros de recorrido con una nave enormemente compleja por ser
tripulada. Conviene no olvidar que la complejidad de una nave tripulada
se estima que es aproximadamente 1.000 veces superior a la de una sonda
sin tripular. Recuérdese además que de las 30 sondas sin tripular
enviadas hasta ahora al planeta Marte, sólo 11 (37%) han tenido éxito
total.

Ante esta situación, muchas voces autorizadas aconsejan que primero debe
regresarse a la Luna antes de ir a Marte, lo que permitiría volver a
poner al día la tecnología de los vuelos espaciales tripulados a
destinos lejanos que se logró dominar en los tiempos de los Apolos y que
ahora está completamente olvidada.

Desde otro punto de vista, regresar a la Luna para construir allí una
base permanente es mucho más recomendable, porque ofrece un amplio
abanico de objetivos científicos, especialmente en el campo de la
astronomía avanzada. Además es un proyecto de múltiples envites, lo que
es muy conveniente para mantener el necesario apoyo popular. Primero se
construiría una minibase para astronautas y científicos, luego se
ampliaría con la participación de nuevos socios, más adelante se
instalaría un gran radiotelescopio, que poco después podrían ser varios,
luego se montaría una fábrica de agua, más tarde otra de combustible,
hasta algún día llegar a asentarse en la cara oculta de nuestro
satélite.

Personalmente, creo que éste será el gran proyecto espacial tripulado
que emprenderá la Humanidad después de la ISS.

[Nota] *Luis Ruiz de Gopegui fue el responsable de los programas de la
NASA en España entre 1984 y 1994.





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