|
Mostrando mensaje 141
|
|
< Anterior | Siguiente >
|
|
|
| Asunto: | EL ESCÉPTICO DIGITAL - Edición 2001 - Número 39 | | Fecha: | Martes, 1 de Enero, 2002 12:40:38 (+0100) | | Autor: | Pedro Luis Gomez Barrondo <TXINBO @.....es>
|
=====================================================================
EL ESCÉPTICO DIGITAL
Boletín electrónico de Ciencia, Escepticismo y Crítica a la
Pseudociencia
© 2000 ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico
http://www.arp-sapc.org/
Edición 2001 - Número 39 - 31 de Diciembre de 2001
Boletín de acceso gratuito a través de:
http://www.elistas.net/foro/el_esceptico/alta
=== SUMARIO =========================================================
- Otro fin de año, ¿un nuevo comienzo?
Por: Dr. Zenón Sanz
- En el candelabro.
Por: Luis Alfonso Gámez
- Buenas y malas razones para creer.
Por: Richard Dawkins
- El misterio de la Estrella de Belén
Por: Marcos Pérez
- Fantasmas. ¿Y si los otros no existen?
Por: Manuel Díaz Prieto
- Expertos aconsejan ir a la cama cuando se tiene sueño
Por: Javier Sampedro
- El nacimiento de una galaxia
Por: Javier Armentia
- Mitos sobre los orígenes
Por: Robert Carneiro
- Lo que la profetisa Amanda no dijo.
Por: Giordano Bruno.
- Sai Baba: ¿el dios pecador?
Por: Alejandro Agostinelli
- Datación por carbono 14
Por: Félix Ares de Blas
- De la 'Sabana Santa' a la botella
- Doblando cucharas e insultando a la audiencia.
Por: Ricardo Campo Pérez.
- La adicción a Internet no existe
Por: Helena Matute.
- El ovni que no fue
Por: Christian Sanz
- El rosario de la aurora de la razón laica
Por: Francisco Fernández Buey
- El origen de la humanidad
Por: Francisco J. Ayala
- ¿Y si el problema es dios? (1)
Por: Gregorio Morán
- La derrota de la vida (2)
Por: Gregorio Morán
- Habermas, el Islam y la Ciencia
Por: Salah Serour
- Una crisis del Islam
Por: Antonio Elorza
- Ya está bien de dioses
Por: Eduardo Haro Tecglen
- «Un analfabeto científico es un analfabeto a secas»
Por: Francisco Doménech
- Newton vuelve a morir
Por: Saúl Blanco Lanza
- Visionarios de pega
Por: Santiago de Pablo
- Acupuntura para la fibromialgia
Versión en español por: José Manuel Iglesias
- Aquellos primeros cromañones ...
Por: Alvaro Arrizabalaga
- El generador de las neuronas
Por: Tom Clarke
- El árbol del pensamiento
Por: Francisco Mora
=== NOTICIAS =========================================================
OTRO FIN DE AÑO, ¿UN NUEVO COMIENZO?
Por: Dr. Zenón Sanz
Son estas, fechas en las que la gente gusta de sincerarse los unos con
los otros, aunque al día siguiente tanta franqueza le pase cuenta a más
de uno. Por dicho motivo, voy a reconocer que nunca he sentido una
especial tendencia ni al envío de felicitaciones navideñas, orladas de
leyendas más o menos empalagosas, ni a la participación en otras
celebraciones navideñas que no sean las marcadas por mi proverbial
inclinación a ese mal llamado pecado capital de la gula – ¡qué tiempos
aquellos en los que se pecaba con la angula y no con patéticos
sucedáneos de surimi!.
Quizás porque nunca he tenido excesivamente claro qué es lo que todo el
mundo conviene en celebrar de antuvión es por lo que mis días de navidad
solamente se diferencian de los de diario por el agobio de las reuniones
familiares, por el de las presurosas compras navideñas y por el solaz
que cada 31 de diciembre, tras la precipitada ingestión, a ritmo de
carillón, de las doce insoslayables uvas, me aporta la audición del
Sacro Oratorio del Messiah de Handel. Por eso, no sé realmente si hice
bien al aceptar la invitación, que me cursaron los compañeros de “El
Escéptico Digital”, para despedir ante todos ustedes el primer año de
este nuevo milenio que, dicho sea de paso, tantas esperanzas de progreso
ha frustrado de forma harto rastrera. De cualquier modo, una promesa es
una promesa y no quisiera dejar sin mancillar este espacio en blanco,
destinado a los buenos deseos y a los mejores propósitos.
Hoy, a las doce de la noche, muchos de nosotros celebraremos el ritual
correspondiente, destinado a invocar la buena fortuna sobre nuestras
cabezas y a rehuir la mala ventura (que si de paso cae sobre la testa de
quien no nos cae excesivamente bien pues mejor que mejor), con el claro
convencimiento de que lo único mágico que hemos de obtener es la resaca
del día después. Así, mientras unos tragamos apresuradamente esos doce
frutos dorados de la vid (y digo dorados porque, a buen seguro, habrán
sido pagados a precios absolutamente desorbitados) con la tranquilidad
de saber que nos quedan otros 365 días por delante, antes de tener que
enfrentar nuevamente el suplicio, otros harán lo propio con el zumo
achampanado de las susodichas bayas. Habrá quien, por su parte, degluta
unas lentejas estofadas para recibir el año entrante mientras su vecino
abre el ventanal y tira a su través un balde lleno de agua, con la vana
esperanza de que salga así de su casa todo lo malo que el año, de
luengas y blancas barbas, que muere le ha deparado. A buen seguro que
respetables padres de familia y sus no menos honorables esposas
recibirán el año enfundadas sus nalgas en prendas íntimas de casquivano
color carmesí, que harían palidecer, cualquier otro día del año, al más
templado de sus retoños. Correrá el oro de copa en copa de cava (champán
para los más exquisitos) y, un año más, las maletas volverán a dar la
vuelta a las manzanas de algunas de nuestras barriadas, manzanas o
cuadras. Por su parte, nuestros maltratados hermanos argentinos
proseguirán con esa tradición tan suya de dar fuego a sus muñecos de
trapo (a estas horas tengo entendido que Rodríguez Saá ha ardido ya) en
un intento de cambiar el destino que, espero de todo corazón, no sea
baldío.
Y sin embargo, lejos de asombrarme, no puedo alejar de mí la intuición
de que, detrás de tan diversos ritos, no se esconde más que el miedo del
ser humano a enfrentar su propio destino y la incertidumbre que el
devenir le depara. ¿Qué dirían quienes creen sinceramente que el trágala
de las uvas atrae la buena suerte si supiesen que, según las malas
lenguas, dicha costumbre se remonta tan sólo a 1909 y que basa su razón
de ser en el prosaico engaño, urdido por unos avispados productores
españoles, con el fin de eliminar un nada despreciable excedente
frutícola? ¡Ay, si cada españolito se comiese doce uvas se acababa el
problema!, debieron pensar y… ¿qué mejor forma de convencimiento que el
engaño de fin de año en forma de sortilegio para la buena suerte?
Como colofón me gustaría proponer un brindis en loor de un próspero año
nuevo, para todos los seres que poblamos este mal llamado planeta
Tierra, y recuperar de la memoria una cita de Richard Dawkins, que
espero sirva de reflexión. "Toda idea que no este fundamentada en la
razón, ésta contra ella. Y dado que la capacidad de razonar es la
adaptación más importante de nuestra especie, se puede decir que toda
idea irracional es perjudicial para los humanos".
Amigos míos, ¡muchas felicidades para todos! y que el nuevo año 2002
sea, por lo menos en lo referente al desarrollo del pensamiento crítico,
un poco mejor que el que hoy termina.
¡Chin, chin!
------------------
EN EL CANDELABRO
Por: Luis Alfonso Gámez
1. 'THE LANCET' Y EL ALMA.
Los autores de un artículo sobre experiencias cercanas a la muerte (NDE,
por sus siglas inglesas) publicado en la revista 'The Lancet' concluyen
que la mente funciona al margen del cerebro. Una afirmación
extraordinaria que ha hecho las delicias de los de siempre, que se han
puesto a gritar al mundo que la ciencia ha demostrado la existencia del
alma. Lástima que se trate de otra conclusión extraordinaria sin más
base real que la fe de los autores, unos científicos holandeses que
estudiaron los casos de 344 enfermos que fueron reanimados tras sufrir
ataques al corazón. Los autores encontraron que el 18% de los pacientes
decía haber vivido una experiencia cercana a la muerte. Ya saben, esas
historias en las que uno aparentemente abandona su cuerpo, atraviesa un
luminoso túnel, ve la película de su vida en un fugaz instante,
etcétera. Pues bien, el equipo de Pim van Lommel, cardiólogo del
hospital Rijnstate de Arnhem, cree que su trabajo cuestiona el
"asumido, pero nunca probado, concepto de que la conciencia y la memoria
se localizan en el cerebro". Y se preguntan cómo, si no es con la
existencia de algo más, puede experimentarse la conciencia durante los
episodios de muerte clínica, con electroencefalograma plano, como ha
ocurrido con sus pacientes. Buena pregunta si no partiera de un
presupuesto erróneo. En ningún momento de su trabajo, los autores
demuestran que las NDE tengan lugar cuando el electroencefalograma es
plano, tal como Christopher C. French, de la Universidad de Londres,
indica en un comentario adjunto. Naturalmente, 'Mundo Misterioso'
(http://www.mundomisterioso.com/article.php?sid=435) y 'Akasico'
(http://www.akasico.com/paginasasp/Contenidosecciones.asp?ID=1738&Nombre
=)
pasan por alto este inconveniente para mejor vender 'su verdad'. ¿O es
que no se han leído el estudio?
2. Y EL ASTRONAUTA DIJO NO.
Nos cuenta James E. Oberg, ex ingeniero de la NASA, periodista
científico y activo escéptico (http://www.jamesoberg.com), que
recientemente ha recibido un clarificador mensaje de correo electrónico
de Scott Carpenter. El astronauta del proyecto Mercury se ha hartado,
por lo visto, de que los fabricantes de misterios le atribuyan, cada dos
por tres, la siguiente frase: "En ningún momento los astronautas han
estado solos en el espacio, siempre ha habido una constante vigilancia
por los ovnis". Y le dice a Oberg, en un mensaje del pasado 19 de
diciembre, que "la cita es un absoluto disparate y una mentira
descarada. Nunca he pensado eso, nunca he dicho eso, y nunca sucedió
eso".
3. EL 'MAGUFO' MÁS LISTO.
Una pena que los chicos de 'Magufomedia' (http://www.magufos.f2s.com) no
se hayan planteado dar un premio al charlatán pseudocientífico más
listo. No voy a dudar de que el galardón que otorgan al más bobo de cada
bimestre sea acertado, pero sería de justicia que le dieran otro al más
listillo. Por si se lo plantean, ahí va mi candidata para los últimos
meses de 2001: Luisa Alba. ¿Que por qué? Porque ha demostrado que es
capaz de sacar pasta primero con artículos en favor de un curandero y
después, agárrense, con la denuncia de que es un estafador. En 1997 y
1998, Luisa Alba lanzó al estrellato al cirujano psíquico Andrés
Ballesteros. Aseguraba que operaba sin anestesia y sin dejar cicatriz, y
la 'investigadora' se lo creyó y escribió auténticos panegíricos en
'Enigmas', 'Interviú' y 'Karma.7'. Por si no me creen, ahí va una
muestra: "Andrés es poseedor de unas 'manos de santo'", "para los
médicos que han seguido su trabajo es un 'fenómeno inexplicable'", "es
un cirujano psíquico capaz de realizar las más sorprendentes operaciones
quirúrgicas", "las pruebas y testimonios no ofrecen lugar a dudas de que
estamos ante algo por encima de las leyes que la ciencia oficial
conoce"... Todo esto y mucho más decía Alba en sus artículos de hace
tres años. Bueno, pues ahora, dice lo contrario porque ha averiguado que
los médicos que apoyaban al curandero -los mismos en los que ella se
apoyó para fundamentar la fiabilidad de Ballesteros- no existen y que,
además, muchas curaciones "han quedado en entredicho". Vamos, que lo de
hace tres años fue una investigación de oídas. Queda una pregunta en el
aire: ¿Qué ha llevado a los mismos que apoyan a otros peligrosos
charlatanes a denunciar las prácticas de Andrés Ballesteros, al que
habían hecho una magnífica publicidad en su día?
4. EL 'MAGUFO' MÁS BOBO.
Si los de 'Magufomedia' no han dado aún el premio al pseudocientífico
más bobo a Marco A. Reynoso B., responsable del Club Ovnis de Terra
Networks México, me imagino que es porque pondría el listón muy alto
para las siguientes convocatorias o porque desconocen los méritos de
este individuo.
Yo mismo los ignoraba hasta que el arqueólogo Julio Arrieta, codirector
de la revista 'El Escéptico' (http://www.el-esceptico.org), me dio el
chivatazo. A pesar de que Arrieta es un tipo de fiar, no acabé de
creerme lo que me contaba hasta que lo comprobé por mí mismo. Es difícil
que alguien iguale en incompetencia a este ufólogo que, en 1995, fue
nombrado delegado del MUFON en México "directamente por Walter H.
Andrus", director internacional de esa organización platillista. Una
designación que no demuestra sino el descenso en picado de la ufología
estadounidense. Porque Reynoso es más que un crédulo, es un auténtico
pardillo capaz de tragarse como noticia científica un delirante artículo
sobre el destino final de la 'Mars Polar Lander' a manos de un monstruo
marciano con tentáculos, publicado en la humorística web 'Valientes
Platillos'. Si no tienen problemas cardiacos, lean primero el original
en la siempre recomendable 'Valientes Platillos'
(http://www.geocities.com/Area51/Comet/6574/mpl.htm) y comprueben
después la incapacidad crítica de Reynoso en su propia web
(http://comunidades.infosel.com/ovnis/articulos/NEWSNASA/5146). Sin
duda, tiene un sitio junto a Bruno Cardeñosa, el último vendedor de
misterios premiado por 'Magufomedia'.
5. OTRO PIONERO DE LA UFOLOGÍA QUE DESAPARECE.
Dos meses después de la muerte de Antonio Ribera, el pasado 28 de
diciembre fallecía Manuel Pedrajo, otro de los pioneros de la ufología
española. Como dije en 1993 en el I Congreso Nacional sobre
Pseudociencia, la aportación de Pedrajo a la ufología "ha sido nula". Su
principal mérito radica en que escribió en 1954 'Los platillos volantes
y la evidencia', el primer libro sobre platillos volantes que se publicó
en nuestro país, una obra en la que las naves extraterrestres aparecen
por todas partes, pero la evidencia brilla por su ausencia. Mantenía que
los tripulantes de los ovnis eran marcianos que habían sobrevivido al
deterioro climático de su planeta. El desaparecido ufólogo, un hombre
amable y educado donde los haya, estuvo estrechamente vinculado al
Centro para la Investigación de Objetos Volantes Extraterrestres (CIOVE)
y, desde que esta asociación desapareció, a la Fundación Anomalía
(http://www.anomalia.org/pedrajo.htm), uno de cuyos vicepresidentes,
Julio Arcas, había sido el 'alma mater' del CIOVE.
6. EL FUNDADOR DEL OPUS, SANTIFICADO.
Ahora que Juan Pablo II ha anunciado la próxima canonización de José
María Escrivá de Balaguer, marqués de Peralta y fundador del Opus Dei,
es un buen momento para acercarse a las andanzas del religioso de
Barbastro. Durante los próximos meses, la maquina publicitaria de la
Obra llenará el horizonte de hagiografías de 'El Padre', ante lo cual
sólo cabe recuperar del baúl de los recuerdos los trabajos que ponen al
ultraconservador sacerdote en su sitio. Me limitaré a recomendar tres
alternativas inteligentes al camino abierto en 1928: 'Vida y milagros de
Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei', de Luis Carandell;
'La prodigiosa aventura del Opus Dei. Génesis y desarrollo de la Santa
Mafia', de Jesús Ynfante; y 'Autopista (Cuando un bosque se quema, algo
suyo se quema, señor Conde)', de Jaume Perich.
7. LOS FINANCIADORES DE LA INCULTURA.
La publicidad es la principal vía de financiación de las publicaciones
esotéricas. Al margen de las empresas del sector del misterio
(teleadivinos, vendedores de amuletos, etcétera), hay instituciones y
entidades que financian -mediante la inserción de publicidad- las
revistas paranormales. En diciembre, los anunciantes que han colocado
publicidad en 'Año Cero' (A), 'Más Allá' (M), 'Enigmas' (E) y 'Enigmas
Express' (EE) son:
Instituciones: Patronato de Turismo de Gran Canarias (EE).
ONG: Cruz Roja (EE), Greenpeace (EE).
Editoriales: EDAF (A, M, E Y EE), Ediciones Obelisco (A y M), Grijalbo
(M), Libsa (EE), Oberón (A, E y EE), Robin Book (A y M) y Sirio (A).
Otras: Aula Formació Directa (A y M), Cambridge International University
(E y EE), Canal Satélite Digital (A y M), CCC (A y E), Ceac (M), J&B
(M), Onda Cero (EE), Sogecine (M) y Sara Records (A).
8. FELIZ AÑO NUEVO.
© Copyright Luis Alfonso Gámez, 2001.
Prohibida la reproducción.
------------------
BUENAS Y MALAS RAZONES PARA CREER
Por: Richard Dawkins
Querida Juliet:
Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que
para mi es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos
las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que
parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas
bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos
que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas
estrellas, el Sol?
La respuesta a esas preguntas es "por la evidencia". A veces,
"evidencia" significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una
cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo
suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras
veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El "lucero del alba" parece un
brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que
se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que
aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama
"observación".
Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se
basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente
que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada).
Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en
un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares
de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra
que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero
además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que
apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un
montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en
su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el
asesinato.
Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo
y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una
suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a
continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos
observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el
mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero
que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar al mismo
punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es
que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le
proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se
dice: "Si de verdad tiene el sarampión, debería ver...." y empieza a
repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos
(¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con
los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?).
Sólo entonces se decide a declarar "Diagnóstico que la niña tiene
sarampión". A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como
análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas
con sus ojos, manos y oídos.
La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender
cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo
explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia,
que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en
contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman
"tradición", "autoridad" y "revelación".
Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión,
charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados
en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes,
sijs...El presentador iba con el micrófono de niño en niño,
preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra
exactamente lo que yo entiendo por "tradición". Sus creencias no tenían
nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de
sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna
evidencia. Decían cosas como "los hindúes creemos tal y cual cosa", "los
musulmanes creemos esto y lo otro", "los cristianos creemos otra cosa
diferente".
Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible
que todos tuvieran razón.
Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni
siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me
interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido
sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la
trasmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los
hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo
durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan
casi de la nada: es posible que alguien las inventará en algún momento,
como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han
transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy
antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo
porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la
tradición.
El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una
historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea
original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más
verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.
En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la
Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la
religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la
católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La
religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también
existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que
cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen
cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen
muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto
es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes
tradiciones.
Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María,
la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada
al cielo con su cuerpo físico Otras tradiciones cristianas discrepan,
diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras
religiones no hablan mucho de María, ni la llaman "Reina del cielo",
como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María
fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o
cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la
Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta
unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un
cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso
de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a
tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a
lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición,
más en serió se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes,
se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto
ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la
historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera
vez, seiscientos años después de la muerte de María.
Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para
considerarla de una manera diferente.
Pero antes tengo que hablarte de la otras dos malas razones para creer
una cosa: la autoridad y la revelación.
La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en
ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia
Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente
cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las
ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos
ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos
musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de
un país lejano les dicen que lo hagan.
Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían
que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería
decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con
eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad!
Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo
largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron
ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga
sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes porque creer todo
lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus
seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su
autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería
terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la
sobrepoblación.
Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto
personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien.
Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que
la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin
embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto
podría parecer "autoridad" pero en realidad es mucho mejor que la
autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había
observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia
siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera
los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su
historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.
La tercera mala razón para creer en las cosas se llama "revelación". Si
en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de
María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera
respondido que "se le había revelado". Lo que hizo fue encerrarse en su
habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado,
siempre sólo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas
religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta,
aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa
sensación "revelación". No sólo los Papas aseguran tener revelaciones.
Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las
principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una
buena razón?
Supón que te digo que tu pero ha muerto. Te pondrías muy triste y
probablemente me preguntarías: "¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha
sucedido?" y supón que yo te respondo: "En realidad no sé que Pepe ha
muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la
curiosa sensación de que ha muerto". Te enfadarías conmigo por haberte
asustado, porque sabes que una "sensación" interior no es razón
suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas.
Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta
que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas
distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a
decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un
perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o
que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de
que ha muerto.
A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas,
porque si no, nunca podrás confiar en cosas como "mi mujer me ama". Pero
éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que
alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día
estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van
sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los
sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la
sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la
voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.
A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien
la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más
probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una
firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama,
aunque en realidad la estrellan siquiera las conoce. Esta clase de
personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que
estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.
Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte
ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un
científico puede tener una "corazonada" acerca de una idea que, de
momento, sólo "le parece" acertada. En sí misma. Ésta no es una buena
razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar
algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una
manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones
interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se
apoyan con evidencias.
Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de
una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición
es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por
el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su
especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir
en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para
sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y
estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de... otras
personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida,
como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que
a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un "mar de gente". Lo
mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente
necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno
de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de
aprender. Como el idioma.
Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de
vosotras habla el idioma que le permite hablar en su "mar de gente". El
idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra,
tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas
palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se
transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio "mar
de gente", los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras
muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que
absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de
información tradicional (Recuerda que "información tradicional"
significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y
de padres a hijos). El cerebro del niño tiene que absorber toda esta
información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la
información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la
información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en
vírgenes inmortales.
Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los
niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que
tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso,
tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y
se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les
dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden
evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando
lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la
siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse
una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para
creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.
¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o
varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no
tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino
se transforma en sangre..., ninguna de estas creencias está respaldada
por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen,
posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran
suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.
Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo
que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les
dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y
ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón
y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos
creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los
episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly
rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen
razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente
por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga
Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma
correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada
una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión
afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar
viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda
del Norte.
¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer
nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la
próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para
tus adentros: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer
basándose en evidencias? ¿O es una de esas cosas que la gente cree por
la tradición, autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te
diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle "¿Qué pruebas existen
de ello?" Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses
muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.
Te quiere,
Papá.
[Nota] *Richard Dawkins es biólogo evolutivo. Nació en Nairobi, Kenya,
en 1941 y se educo en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como
investigador en los 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico
Tinbergen, ganador del premio Nobel, y desde entonces su trabajo ha
girado en torno a la evolución del comportamiento. Ha obtenido las
cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y Sidwich del Newham
College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las
universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC
y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el
primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación
Científica en la Universidad de Oxford.
Autor de obras muy leídas como El gen egoísta (1976 & 1989). El fenotipo
extendido (1982), El relojero ciego (1986), River Out of Eden (1995),
Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris (2000) y La
máquina de memes (2000).
La presente carta a Juliet apareció publicada en el libro "Así son las
cosas" de editorial Debate. ISBN 84-8306-0361
------------------
Infoastro http://www.infoastro.com
EL MISTERIO DE LA ESTRELLA DE BELÉN
Por: Marcos Pérez
19 dic 2001 - En estos días navideños, astrofísicos y astrónomos
aficionados se apresuran a discurrir sobre el posible origen de la
Estrella de Belén. Nosotros no íbamos a ser menos.
La Adoración Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes,
unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su
estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle". (...) después se
pusieron en marcha, y he aquí que la estrella que habían visto en el
Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del
lugar donde estaba el niño.» San Mateo 2, 1-10
Cada año por estas fechas muchos asistentes al Planetario de la Casa de
las Ciencias solicitan que se les muestre la estrella de Belén. La
pregunta es peliaguda, pues a falta de un astro singular al que señalar
con dedo acusador, la respuesta adquiere un tono inevitablemente vago en
el que se mezclan hechos astronómicos e interpretaciones históricas que,
dicho sea de paso, no suelen dejar satisfecho a nadie. Por ello,
partiendo de que la Biblia no es una crónica histórica y de que podemos
reproducir con bastante fidelidad los acontecimientos astronómicos que
rodearon el nacimiento de Jesús, vale la pena profundizar en este
apasionante asunto encarando algunos de los conflictos que surgen cuando
la ciencia arroja su mirada sobre acontecimientos históricos o
mitológicos.
Los protagonistas Según Mateo, Jesús habría nacido al final del reinado
de Herodes, quien según Flavio Josefo consumió sus últimos años entre
severas convulsiones, úlceras diversas, gangrena de sus partes privadas
y, posiblemente, una paranoia que le llevaba a asesinar a todo aquel de
quien sospechaba que ponía en peligro su mandato. Herodes no era muy
querido por su pueblo, que veía con desagrado la progresiva romanización
de Jerusalén. La complacencia del Rey hacia las costumbres del opresor
explica además que aunque la astrología no tuviese demasiado
predicamento entre los judíos, Josefo narre varios episodios de la vida
de Herodes que confirman su fe en la influencia de los astros en los
asuntos humanos. Por otra parte, resulta interesante comprobar que este
historiador no hace referencia alguna a la matanza de los inocentes que,
según Mateo, sucedió a la visita de los Magos.
Para rastrear el origen de los Magos de Oriente debemos remitirnos a los
escritos de Herodoto, otra de las fuentes fundamentales de esta época,
que describe a los Magoi como una casta de sacerdotes zoroástricos
procedentes de Persia que dominaban el arte de la curación y la
astrología. Aunque el poder de los Magoi se encontraba en franca
decadencia, podemos suponer que mantenían intacto su prestigio como
astrólogos, especialmente si tenemos en cuenta que esta práctica era muy
apreciada por los romanos. Hay que destacar que el evangelio de Mateo,
el único que recoge este episodio, no menciona el número ni los nombres
de los Magos que acudieron a la corte de Herodes. Mientras que en las
pinturas de las catacumbas romanas aparecen representados dos o cuatro,
según la Iglesia de Siria eran doce, cantidad que los coptos elevaron
hasta sesenta. En el siglo V el Papa León el Grande fijó oficialmente su
número en tres.
¿Puede predecirse el nacimiento de un rey? Las profecías juegan un
importante papel en las religiones antiguas. Sin embargo, por muy sabios
que fuesen los Magos, lo cierto es que nadie puede predecir el
nacimiento de un rey o cualquier otro acontecimiento guiándose por las
posiciones de los astros en el cielo. La astrología en tiempos de Cristo
todavía conservaba su esencia babilónica basada en la creencia de que
los planetas eran seres divinos capaces de influir en nuestros asuntos.
En aquel tiempo, y a falta de una explicación mejor, esta hipótesis era
tan buena como cualquier otra, pero hoy resulta totalmente inaceptable.
Debemos asumir por tanto que este relato es un recurso literario con el
que Mateo pretende realzar el nacimiento de Cristo. Cabe incluso la
posibilidad de que algún astrólogo calculase retrospectivamente si en
fechas cercanas a dicho nacimiento se había dado alguna situación
astronómica digna de mención, y que esta predicción a posteriori hubiese
sido incorporada por Mateo bajo la forma de la Adoración de los Magos.
La aparente precisión de la predicción se explica por tanto en virtud de
la paradoja del tirador infalible, aquél que dispara contra una pared y
luego dibuja la diana alrededor de los impactos.
Hay otros indicios de que esta parte del relato de Mateo es
esencialmente literario. Por ejemplo, los regalos de los Magos: oro,
incienso y mirra, se corresponden respectivamente con los símbolos
tradicionales del reyes, el dios y el hombre, lo que sin duda parece
fruto de la interpretación cristiana del significado del nacimiento de
Jesús. Así pues, y en definitiva, debemos considerar que lo importante
del relato no es que sea verídico, sino que resulte plausible para un
lector de la época.
Señales en el cielo
Una vez que hemos puesto al descubierto la esencia del misterio de la
Estrella de Belén podemos recrearnos tranquilamente en la exploración de
los fenómenos astronómicos que un astrólogo, quizá relacionado con los
Magoi, podría haber escogido para adornar el nacimiento de Jesús. De
hecho, en las sociedades primitivas la astrología contribuía al estudio
de los movimientos de los astros tanto como podía hacerlo la búsqueda de
un calendario que permitiese organizar las actividades agrícolas. Sin
embargo, esta aportación al conocimiento astronómico cesó cuando los
astrólogos comenzaron a disponer de cartas celestes que les permitían
aproximar las posiciones de los planetas sin necesidad de mirar al
cielo.
Existen multitud de estudios sobre los fenómenos astronómicos que los
astrólogos podían asociar con una señal que anunciaba la llegada de un
rey. Muchos de ellos incorporan sesudas disquisiciones sobre la fecha
real del nacimiento de Jesús, pues la información que dan los evangelios
no permite determinar una fecha exacta. En cualquier caso y a la luz de
lo aquí expuesto, esta incertidumbre es irrelevante y podemos asumir el
margen más amplio con el que trabajan los expertos, lo que nos sitúa
entre los años 12 y 1 a. de C.
Cometas
Los cometas aparecen de forma inesperada, permanecen visibles durante
varios meses y se desvanecen sin dejar rastro. Se trata de cuerpos
helados de pocos kilómetros de diámetro que ocasionalmente se precipitan
desde los confines del Sistema Solar hacia el centro del mismo. En un
principio es fácil confundirlos con cualquiera de los objetos difusos
que abundan en el firmamento como galaxias, nebulosas o cúmulos de
estrellas. Sin embargo, a medida que se acercan a nuestra estrella y
debido a la acción del viento solar despliegan una espectacular cola que
puede alcanzar hasta cuatro veces la distancia entre la Tierra y el Sol.
Afortunadamente los astrónomos chinos nos han legado sus cuidadosos
registros de los cometas visibles en la época del nacimiento de Jesús.
Así, sabemos que entre los años 11 y 4 a. de C pudieron verse hasta tres
cometas, siendo el primero de ellos el famoso Halley que con un período
aproximado de 76 años nos visitó por última vez en 1986. Este cometa se
ha hecho visible en cada una de las treinta visitas que han quedado
registradas desde el año 240 a. de C. Sin embargo, en casi todas las
culturas primitivas los cometas se consideraban portadores de malas
noticias, por lo que es poco probable que los Magos pudieran
relacionarlos con el nacimiento de un rey. A pesar de ello muchas de las
escenas de la adoración, entre ellas el conocido cuadro de Giotto en la
Capilla de la Arena en Padua, presentan la estrella con la forma de un
cometa.
Novas y supernovas
La aparición de una estrella brillante en el firmamento no puede pasar
desapercibida para astrónomos experimentados como sin duda eran los
astrólogos persas y babilonios, o más aún, para los chinos que nos
dejaron los registros más detallados de este tipo de fenómenos. De las
distintas fuentes de la antigua China sólo una menciona una nova en el
período que nos interesa, datada a finales del invierno del año 5 a. de
C. Sin embargo, estos fenómenos son tan espectaculares que la falta de
confirmación por otras fuentes es suficiente para hacernos dudar de su
existencia. Johannes Kepler fue el primero en apuntar la posibilidad de
que la Estrella de Belén respondiese a uno de estos fenómenos, quizás
influenciado por la nova de 1604 que llegó a superar en brillo aparente
al del planeta Júpiter.
En la actualidad sabemos que estos fenómenos no están asociados al
nacimiento de nuevas estrellas, sino que se trata de astros que en las
últimas etapas de su evolución experimentan cataclismos capaces de
incrementar su brillo entre miles y millones de veces. De hecho lo que
los primeros astrónomos denominaban novas pueden responder a dos tipo de
fenómenos distintos. Las novas propiamente dichas se dan en sistemas
binarios en los que una gigante roja transfiere parte de su materia a su
compañera enana blanca hasta que ésta revienta en una gigantesca
explosión termonuclear. Cada año tienen lugar entre diez y quince novas
en nuestra galaxia, pero aunque en este proceso la estrella original
multiplica por mil su brillo aparente, sólo unas pocas pueden verse
desde la Tierra.
El segundo fenómeno, más raro pero también más espectacular, es el de
las supernovas, grandes estrellas que en las últimas fases de su vida
agotan su combustible nuclear y sufren un desplome gravitatorio que
comprime su núcleo hasta alcanzar densidades difícilmente imaginables.
En su fulminante caída hacia el centro, las capas exteriores de la
estrella se encuentran con el núcleo impenetrable y rebotan en una
monstruosa explosión que puede liberar más energía que la que emiten
juntas todas las estrellas de una galaxia. En la Vía Láctea tiene lugar
una de estas explosiones cada tres decenios, y otras, como la de 1987 en
la Gran Nube de Magallanes, se registran en galaxias vecinas. Aún así
desde el año 1000 sólo seis de estas explosiones han podido observarse a
simple vista.
Conjunciones
Desde que Johannes Kepler lo intentara por primera vez en el siglo XVI,
muchos astrónomos han rastreado las aproximaciones de planetas que
pudieran haber despertado el interés de los astrólogos en las fechas
cercanas al nacimiento de Cristo. Como veremos, cada año se producen
varias conjunciones que cualquiera puede denominar acontecimientos
extraordinarios si se corresponden con la profecía adecuada. Profecía
cuya formulación, por otra parte, suele ser lo suficientemente vaga como
para encajar en muchas situaciones distintas.
Las órbitas de los planetas alrededor del Sol se mantienen prácticamente
en el mismo plano: si redujésemos el diámetro del Sistema Solar al de un
disco de vinilo su grosor sería de unos pocos centímetros. Es por ello
que un observador terrestre siempre encuentra al Sol y los planetas en
una estrecha franja que atraviesa las constelaciones zodiacales. Como
las velocidades orbitales son distintas, cada vez que se produce un
adelantamiento los planetas aparecen juntos en el cielo, a veces tan
juntos que durante unas horas pueden llegar a confundirse con un único
astro mucho más brillante. La espectacularidad de una conjunción depende
de lo mucho que lleguen a aproximarse los planetas. Si tenemos en cuenta
que el ojo humano es capaz de separar puntos brillantes que se
encuentran a más de una décima de grado (el disco lunar ocupa medio
grado), cualquier conjunción en la que la separación sea menor dará
lugar a una temporal fusión de planetas. Desde el año 2 a. de C. se han
producido nada menos que 128 conjunciones de este tipo entre Venus y
Júpiter. Si sumamos las protagonizadas por las parejas Venus-Saturno
(98), Marte –Saturno (35), Marte-Júpiter (57) y Júpiter-Saturno (3) el
número total asciende a 321 , es decir, casi una conjunción espectacular
cada lustro, a las que aún habría que sumar los eclipses y ocultaciones
protagonizadas por la Luna.
Si relajamos nuestras exigencias y contamos las ocasiones en que dos
planetas se juntan con menos de un grado de separación (dos veces el
disco lunar), encontraremos que sólo en 2002 se producirán la friolera
de diecinueve conjunciones, lo que sugiere que estadísticamente, al
menos una vez al año se produce una conjunción notable en cada
constelación del zodíaco. Como se puede ver, la astrología siempre
encontrará en el cielo material suficiente para asociar cualquier evento
terrenal con una situación astronómica que podría pasar por excepcional.
Los astrónomos han llamado la atención sobre tres conjunciones
especialmente relevantes. La primera de ellas tuvo lugar en febrero del
año 7 a. de C., cuando Júpiter y Venus se reunieron muy cerca del Sol,
en la constelación de Pisces.
En Mayo de ese mismo año se produjo otra conjunción que tuvo como
protagonistas a Júpiter y Saturno. La misma situación se reprodujo dos
veces más en los meses de Octubre y Diciembre. Esta triple conjunción es
especialmente significativa porque tuvo lugar en la constelación de
Acuario, todavía cerca de Pisces. Aunque los Peces son un conocido
símbolo de los albores del cristianismo, no tenemos muy claro si en
tiempos de Cristo los astrólogos atribuían al pueblo hebreo alguna
relación con esta constelación.
El estudio de la astrología de la época ha permitido a algunos
investigadores proponer una tercera conjunción que habría tenido lugar
en el año 6 a. de C. La hipótesis se basa en la existencia de unas
monedas de la época en las que aparece representado un carnero bajo una
estrella. Dado que existen indicios de que Aries era el signo zodiacal
más ligado al pueblo judío, las dos ocultaciones de Júpiter por la Luna
en esa constelación han sido consideradas por algunos como el signo
esperado por los Magos del relato.
Bólidos y estrellas fugaces
Las lluvias de estrellas fugaces pueden alcanzar tal intensidad (miles
de meteoros por hora) que en ocasiones han sido confundidas con la
llegada del fin del mundo. Las estrellas fugaces son el resultado de la
entrada en la atmósfera de materia espacial que la Tierra atropella a
medida que recorre su órbita alrededor del Sol. El tamaño típico de
estas partículas oscila entre el de un grano de arena y una pepita de
uva. Al entrar en la atmósfera a gran velocidad estas partículas
calientan las moléculas del aire dejando un rastro incandescente similar
al de un rayo. Las lluvias de estrellas fugaces están asociadas a la
materia procedente de la cola de cometas cuya órbita se cruza con la de
la Tierra. Como dicho cruce se produce siempre alrededor de las mismas
fechas, las lluvias de estrellas fugaces se convierten en fenómenos
relativamente predecibles.
Los bólidos figuran entre espectáculos más sobrecogedores que nos puede
deparar el firmamento. En comparación con las estrellas fugaces, de las
que cada noche podemos observar varias, los bólidos son más raros y
generan estelas luminosas que pueden persistir durante varios minutos.
Sin embargo, como estos fenómenos tienen lugar a unos 100 kilómetros de
altura, sólo son visibles desde aquellos lugares que queden más o menos
bajo de la trayectoria del meteoro.
Entonces, ¿no existió una estrella de Belén? El relato de los Reyes
Magos figura entre las primeras creencias que adquirimos a lo largo de
nuestra vida y además está ligado a la intensa experiencia que supone la
noche de Reyes en la que se materializan nuestros sueños infantiles. Sin
embargo, asumir que el nacimiento de Jesús fue anunciado por una
circunstancia astronómica que figuraba en alguna profecía supone un acto
de fe demasiado exigente. Como hemos visto, el cielo depara suficientes
efemérides extraordinarias como para que cualquier evento terrenal quede
reflejado por un signo en el firmamento. La capacidad humana para
relacionar acontecimientos aparentemente dispares no tiene límites, pero
al mismo tiempo que da pie a todo tipo de creencias infundadas también
juega un papel fundamental en el desarrollo de la ciencia. Al fin y al
cabo, las asociaciones inverosímiles son el alimento fundamental de la
imaginación y la pulsión creativa.
Para más información:
Tras la pista de los Reyes Magos y la Estrella de Belén (Astronomía
Digital). Artículo escrito por Jesús Gerardo Rodríguez Flores, en el que
se realiza un análisis del posible origen astronómico de la Estrella de
Belén. http://www.astro-digital.com/7/reyesmagos.html
[Nota] *Marcos Pérez es Jefe de Sección de la Casa de las Ciencias de La
Coruña.
------------------
La Vanguardia http://www.lavanguardia.es/
FANTASMAS. ¿Y SI LOS OTROS NO EXISTEN?
Por: Manuel Díaz Prieto
El cine siempre ha estado poblado de fantasmas y, últimamente, los ha
vuelto a poner de moda con películas como "Los otros" o "El sexto
sentido". Pero, al margen de modas, los científicos insisten en que no
han encontrado la más mínima prueba de su existencia
Una de las últimas apariciones de un fantasma recogida por la prensa
española se produjo el pasado mes de agosto en el museo de la catedral
de Mondoñedo (Lugo). Una turista peruana sufrió un sofoco en la sala
dedicada a fray Antonio Guevara al ver a dos monjes espectrales cruzando
por el despacho del obispo. Tras recuperarse, Julián López, el joven
guía de 17 años, le explicó a la visionaria que hacía más de 40 años que
en el lugar no habitaban monjes, tras lo cual, "la señora rompió a
llorar y salió a toda prisa del museo".
Un niño que formaba parte de la visita aseguró que también los había
visto. Y una vecina del pueblo, Leonor Justo, no dudó en atribuir las
fantasmagóricas apariciones: "Corresponden a Pardo de Cela y su hijo,
porque dicen que les cortaron la cabeza y que nunca aparecieron los
cadáveres". Leonor Justo no duda de que allí, entre los muros
medievales, "hay algo". No todos piensan igual, el librero Manuel Alvite
niega tal posibilidad: "Para creer tengo que tocar".
¿Qué piensa usted?, ¿cree que realmente existen los fantasmas?
Cualquiera que haga una rápida encuesta en su entorno topará fácilmente
con escalofriantes historias de presencias o señales del más allá, pues
los fantasmas se encuentran confortablemente instalados en nuestras
creencias. No resulta extraño que en su tesis "Investigación sobre
personalidad y creencia en fenómenos paranormales", la psicóloga Lilian
Velasco mostrase que en una población universitaria, el 34% de los
hombres y el 35% de las mujeres han tenido la sensación de que alguna
persona o fuerza está a su alrededor aunque no vean a nadie.
Ya desde sus inicios, el cine ha convertido este filón en todo un
género. Y durante los últimos tiempos, asistimos a un aluvión de filmes
que se hacen eco de este fenómeno. Películas como "El sexto sentido" o
"Los otros" llenan las salas con protagonistas venidos del más allá,
mientras Internet ofrece incontables páginas dedicadas al tema, desde
aquellas que aconsejan cómo fotografiarlos ("no beber alcohol durante la
investigación", recomiendan) hasta las webcam cazafantasmas conectadas
las 24 horas del día en lugares propicios, a la espera de que aparezca
alguno.
Frente a esta exuberancia de fantasmas (término de origen griego que
significa espectro, visión quimérica), resulta paradójica la escasez de
voces escépticas respecto a su existencia. Quizás se deba a lo que ya
apuntó Isaac Asimov en "La mente errabunda": "Muchos científicos vacilan
en atacar los diversos géneros de insensateces que circulan por la
sociedad actual por temor a hacer mal papel y parecer dogmáticos y de
mente cerrada. Por ello, tienden a mantenerse callados frente a las
fantasías astrológicas, los cuentos de hadas de las pirámides, los mitos
como el triángulo de las Bermudas, la manía de los ovnis, las fábulas de
Velikovski, el disparate creacionista y todo lo demás".
Sin embargo, existe una corriente de pensamiento escéptico en el mundo
científico que arranca con Pirrón de Elis, en la Grecia clásica, pero
que se constituye en movimiento cuando, hace tres décadas, el filósofo
Paul Kurtz creó el Comité para la Investigación Científica de lo
Paranormal, del que forman parte el mismo Asimov y Carl Sagan. En España
surgen colectivos similares como Alternativa Racional a las
Pseudociencias (ARP) que, según sus estatutos "impulsan el desarrollo
del pensamiento crítico, la educación científica y el uso de la razón".
Esta asociación promueve la investigación crítica de las afirmaciones
paranormales y pseudocientíficas desde un punto de vista científico y
racional, divulgando la información sobre los resultados de estas
investigaciones entre la comunidad científica y el público en general.
Carlos J. Álvarez, profesor de Psicología Cognitiva de la Universidad de
La Laguna se muestra así de contundente: "No existe la más mínima
evidencia científica de la existencia de poderes, fuerzas o fenómenos
paranormales o sobrenaturales como los fantasmas o espíritus. La
explicación a este tipo de experiencias anómalas se encuentra más dentro
de nosotros que en el mundo externo".
Para el doctor Álvarez éste sería una de los inconvenientes de tener un
cerebro rápido, eficaz y muy adaptativo. Pues el pensamiento mágico ha
estado presente en toda la historia del ser humano. La creencia en
dioses, demonios, fantasmas y fuerzas del más allá probablemente tenga
su origen en múltiples factores, apunta el psicólogo, tales como la
falta de control sobre las fuerzas de la naturaleza y su dificultad de
predecirlas, la conciencia de la propia muerte, el deseo de comunicarnos
con los desaparecidos y la necesidad de conocer y entender el universo.
"Muchas experiencias paranormales tienen su fundamento en la forma de
funcionar de nuestra percepción, nuestra memoria y nuestros procesos
cognitivos en general, además de en ciertas características de
personalidad. Las ilusiones perceptivas y las alucinaciones son más
comunes de lo que solemos pensar. Nuestra memoria es reconstructiva, con
lo cual una experiencia recordada, con el paso del tiempo, puede ser muy
diferente a como realmente sucedió. Por otro lado, la influencia de
nuestras creencias y expectativas en cómo percibimos el mundo es
innegable, a parte de ser un fenómeno investigado y bien establecido por
la psicología. Si creemos en fantasmas, las posibilidades de ‘ver’ uno
son infinitamente mayores que si no creemos en ellos, sobre todo ante
estímulos ambiguos."
No hay pruebas
Pero a medida que ha ido avanzando la comprensión racional y científica
del cosmos, de la naturaleza y de nosotros mismos, muchas de las
explicaciones sobrenaturales han ido retrocediendo y desapareciendo.
Investigadores de todas las ramas de la ciencia han estudiado y estudian
las afirmaciones del ocultismo desde una perspectiva neutral y escéptica
y sus conclusión es que, en el caso concreto de los fantasmas, no existe
ninguna prueba contundente de que existan. Y respecto a los supuestos
médiums y a la práctica del espiritismo, son muchos los casos de fraudes
y simples trucos de ilusionismo estudiados y documentados desde hace más
de 150 años.
El ingeniero nuclear Ferran Tarrasa, profesor asociado de la UPC, sintió
curiosidad por el estudio de estos fenómenos: "Me llamaba la atención la
escasa base científica sobre la que se sustentaban, pero también su
popularidad. Y las últimas películas no hacen más que abundar en los
típicos lugares comunes del espiritismo que comenzó a mediados del siglo
XIX con las hermanas Fox".
Desde los tiempos más remotos han existido personas que han afirmado
poderse comunicar con los muertos; sin embargo -explica este erudito
ingeniero- el espiritismo moderno se remonta a mediados del siglo
pasado, cuando una serie de ruidos extraños empezaron a manifestarse en
una casa de Hydesville, Nueva York. Corría el año 1848, cuando en el
hogar de las hermanas Fox, de 6 y 8 años, empezaron a escucharse una
serie de ruidos en respuesta a preguntas formuladas en voz alta. Entre
estas preguntas se contaban algunas como: ¿Eres acaso un espíritu? Si es
así da tres golpes. Y se oían tres golpes. Sólo muchos años después las
hermanas Fox confesaron que aquello no era más que un juego infantil y
que el ruido lo producía una de ellas chasqueando los dedos de los pies.
"Durante esta primera época del espiritismo -explica Tarrasa- las
demostraciones de los médiums, las personas que afirmaban comunicarse
con los difuntos, fueron evolucionando y haciéndose cada vez más
complejas, a medida que un cierto sector de la sociedad se sentía cada
vez más atraído hacia estos fenómenos." El repertorio de efectos se
amplió con materializaciones de ectoplasma y de pequeños objetos,
movimiento y levitación de objetos, generación de música procedente del
más allá, aparición de rostros o de manos luminosas que flotaban (se
supone que de los mismísimos difuntos), e incluso, en ocasiones, la
levitación del propio médium. "Bajo estas condiciones tan laxas y
permisivas, ¿quién no podría producir fenómenos maravillosos?", se
pregunta el ingeniero, antes de recordar que el mismísimo Harry Houdinni
dedicó gran parte de sus energías a desenmascarar a un sinnúmero de
médiums, que abusando de la confianza y credulidad de sus clientes
falsificaban todas las supuestas manifestaciones espiritistas. Su
experiencia la resumió en una frase: "Cualquiera puede hablar con los
muertos, lo que pasa es que los muertos no contestan".
Miguel Ángel Sabadell se define cono una fan de las películas de terror,
pero está convencido de que el actual auge de este género se debe a una
moda, como pudo ser la de las catástrofes. Doctor en Física, Sabadell ha
publicado "Hablando con fantasmas" (Temas de Hoy). En esta obra repasa
todo el devenir reciente del espiritismo, desde el inocente juego de las
niñas Fox hasta las ansias de unos por confirmar que existe vida tras la
muerte y de otros por hacer dinero con todo ello. "La investigación
psíquica adolece hoy, como en sus primeras épocas, de problemas
importantes de difícil solución: escasa metodología, nula base teórica,
contradicción con los principios sólidamente asentados en física,
química o biología, ausencia de fenómenos netamente parapsicológicos en
otras ciencias". Males que este físico que había dado clase en la
universidad de Zaragoza antes de dedicarse al asesoramiento científico
achaca no sólo al espiritismo, sino a toda la gama de pseudociencias
imaginables. "No nos interesa la respuesta correcta sino la que nos
reconforta", es su conclusión.
Un científico de reconocido prestigio, Josep Comas Solà (1868-1937), que
fue fundador y director del Observatori Fabra, realizó numerosas
experiencias con la médium Carmen Domínguez a petición de un círculo
espiritista barcelonés, que pretendía de esta forma autorefrendarse,
dado su prestigio. Sus investigaciones las reflejó en la obra "El
espiritismo ante la ciencia", subtitulado "Estudio crítico de la
mediumnidad". Comas Solà no considera que el origen de estos fenómenos
sean los espíritus descarnados, como pretende la doctrina espiritista,
sino algunos fenómenos físicos poco conocidos. "El
espiritismo -escribió- tal como se concibe por sus adeptos, y
considerado en conjunto, no puede de ninguna manera ser hoy aceptado por
la ciencia. En otros términos; está por demostrar que los difuntos,
hayan tenido jamás participación alguna en los hechos bien observados."
Alejandro Amenábar, el conocido director de cine, ha huido de hacer una
interpretación moral de su película, pero nos aproxima a su visión al
relatar la experiencia personal que lo llevó a filmar "Los otros": "La
primera vez que recuerdo haber sentido un escalofrío con el cine fue
realmente en un sueño, que no deja de ser una experiencia
cinematográfica. En él, una presencia de la que sólo oía aullidos
avanzaba por el pasillo de mi casa en dirección al salón, donde yo la
esperaba, acurrucado en el sofá. Yo no tendría más de cinco años y
cuando pienso en ello pienso en el hecho de que mi niñez siempre estuvo
asociada al miedo, miedo a la oscuridad, a las puertas entreabiertas, a
los armarios, y en general, a todo lo que pudiera ocultar a alguien o
algo".
Mientras, en las tascas de Mondoñedo, continúa el debate sobre qué eran
en realidad aquellos dos monjes espectrales, aunque parece que gana
adeptos la creencia popular que verbaliza el agricultor Manolo Feijó:
"Yo no creo en esas cosas, pero estoy seguro de que existen".
------------------
El País http://www.elpais.es/
EXPERTOS ACONSEJAN IR A LA CAMA CUANDO SE TIENE SUEÑO
Por: Javier Sampedro - Madrid
Breve antología de noticias médicas y científicas del año que no han
tenido la menor repercusión (por fortuna)
El teletipo llegó a la Redacción el viernes 2 de febrero de 2001,
exactamente a las dos y media de la tarde: 'Un equipo del British
Antarctic Survey desmiente el mito de que los pingüinos se caigan de
espaldas si un helicóptero les sobrevuela'. Dios mío, pero ¿cómo hemos
podido estar engañados todo este tiempo? Sigamos leyendo: 'Durante cinco
semanas, el equipo estudió el comportamiento de 1.000 pingüinos reales
en la isla de Georgia del Sur, mientras helicópteros de tipo Lynx
volaban sobre sus cabezas. 'Ningún pingüino real se cayó cuando los
helicópteros pasaron', declaró el jefe del equipo, el doctor Richard
Stone'.
No, hoy no es 28 de diciembre. El teletipo, el doctor Richard Stone y su
exhaustivo estudio sobre el mito de los pingüinos que se caen de
espaldas no sólo son reales, sino que ni siquiera tienen nada de
insólito. Las revistas científicas, los boletines médicos y los
servicios de noticias fríen a diario a los medios de comunicación con
sublimes descubrimientos de ese jaez. He aquí una pequeña muestra,
fatigosamente recopilada a lo largo de este año que no acaba nunca.
¡Acertó!
Hacer predicciones suele ser arriesgado, como demostró en célebre
ocasión un hombre del tiempo de la tele franquista, Eugenio Martín
Rubio, cuando dijo aquello de: 'Me juego el bigote a que mañana nieva en
Madrid'. No nevó y adiós bigote. Pero hay una forma simple de convertir
cualquier brumoso augurio, por peregrino sea, en un tiro seguro: ampliar
los plazos. Esta técnica fue utilizada con brillantez por el director
del Centro de Astrobiología del CSIC, Juan Pérez Mercader, al anunciar
durante una conferencia en Ronda (Málaga): 'En el siglo XXI podremos
saber si estamos solos en el Universo o no'. Y luego añadió: 'Habrá
alguna sorpresa'. Eso seguro.
50 ovejas
Con tanto genoma humano y tanta guerra bacteriológica, a todo el mundo
se le ha escapado la verdadera noticia del año, publicada por la revista
Nature: 'El Babraham Institute de Cambridge (Reino Unido) demuestra que
las ovejas no son tan estúpidas como la gente piensa'. El director del
equipo científico, Keith Kendrick, aclaraba más abajo: 'Hemos visto que
las ovejas pueden recordar 50 caras de otras ovejas durante dos años.
Eso quiere decir que tienen una inteligencia razonable, porque si no,
¿para qué quieren un sistema que recuerda caras y no recuerda ninguna
otra cosa?' Buena pregunta, doctor Kendrick. Debe admitirse, desde
luego, que distinguir a 50 ovejas por la cara tiene un mérito
indiscutible, lo que viene a demostrar que los científicos de Cambridge
no son tan estúpidos como creen algunas ovejas.
Sexo (a ser posible)
La principal agencia de noticias francesa nos regalaba en agosto esta
primicia: 'Científicos peruanos constatan que un tubérculo andino podría
aumentar la potencia sexual'. Por desgracia, el doctor Gustavo González,
director del estudio, añadía en el mismo despacho: 'No se ha podido
constatar un efecto eréctil del tubérculo'. Vaya por Dios. Lo que parece
constatarse, siendo así, es un gatillazo andino, que se dice.
Mientras se esclarecen los efectos del tubérculo andino, conviene
recordar que gran parte de la vida sexual de un individuo no depende de
la dieta, sino de las estrellas. Así, por ejemplo, el British Medical
Journal nos informa de que 'los hombres que fueron pequeños al nacer
tienen menos propensión a casarse, según un estudio finlandés'. Ya
saben: nazcan ustedes grandes, que si no les puede dar una propensión a
vestir santos que para qué.
Si todo falla, lo mejor es pasar mucho del sexo. Modelos animales no
faltan. Una agencia nacional nos informaba en junio desde Río de
Janeiro: 'Los ácaros Brevipalpus phoenicis se reproducen generando
individuos exactamente iguales a sí mismos y, además, cuentan apenas con
una copia de cada gen, lo que los convierte en únicos entre los animales
conocidos con más de una molécula'. Animales conocidos con menos de una
molécula no es que abunden, pero esto no le resta ni un ápice de mérito
al sacrificado Brevipalpus. No en vano el autor del trabajo, Andrew
Weeks, señalaba con toda claridad: 'Es una característica mala para el
individuo, pero buena para la especie'.
Tautologías
El día 13 de este mismo mes llegaba el bombazo informativo en las
páginas de la prestigiosa revista médica The Lancet: 'Investigadores del
Hospital Rijnstate de Arnhem (Holanda) constatan que las experiencias
cercanas a la muerte hacen perder el miedo a morir'. Cierto, mis
queridos amigos: las experiencias cercanas a la muerte, sobre todo
cuando concluyen demasiado cerca de la misma, le quitan a uno no sólo el
miedo a morir, sino incluso las ganas de comer.
Otra prestigiosa revista médica, Archives of Internal Medicine, nos
refiere el siguiente experimento rompedor: 'El doctor Reiss mostró a 20
individuos daltónicos, y a otros tantos sujetos control, una serie de
fotografías de muestras de heces, orina o esputos en las que la
presencia de sangre era manifiesta'. Tras analizar los datos, el doctor
Reiss concluyó: 'El daltonismo dificulta el reconocimiento de sangre en
los fluidos corporales'. Parece ser que la ceguera tiene efectos
parecidos, pero los datos no son todavía definitivos.
Consejos para dormir
'Expertos aconsejan ir a la cama cuando se tiene sueño', decía en marzo
una nota de una agencia nacional. Bajo ese titular, dos especialistas de
una universidad madrileña ofrecían a los insomnes estas cinco
recomendaciones:
1. 'No se debe estar despierto en la cama durante periodos prolongados'.
2. 'Las horas que se duermen en la siesta se deben incluir en el tiempo
total de sueño'.
3. 'El número de horas necesarias para dormir no es igual para todas las
personas, ya que en la lactancia se duerme más que en las edades más
avanzadas'. [Y eso sin descontar la siesta].
4. 'El insomnio crónico es el que dura más de un mes'.
5. 'Hay medicamentos, como los estimulantes, que provocan insomnio'.
Con estos consejos, quien no se duerma es que no tiene remedio.
Correlaciones
La inmensa mayoría de las noticias soporíferas -y no sólo en el ámbito
de la ciencia- consisten en correlaciones estadísticas. Ante la
imposibilidad de enumerar todas las que han llegado a esta Redacción
durante el año 2001, citemos dos ejemplos particularmente candorosos:
-'Jugar al bridge refuerza el sistema inmune' (estudio de la Universidad
de California). Este resultado, por cierto, podría explicar que la edad
media del jugador de bridge sea de unos noventa años.
-'La mayoría de los internautas franceses son consumidores de vino'
(estudio encargado por el salón Vinexpo de Burdeos). Ejercicio para el
lector: ¿Qué pasaría si las destilerías de whisky de malta encargaran un
estudio similar en Escocia?
Miscelánea
-'Inventan un champú que hace brillar a los piojos' (New Scientist). ¿No
podían haber inventado uno que los eliminara?
- 'La inactivación del gen XPD a altas temperaturas puede producir caída
del cabello' (Nature Genetics). Ya saben, mantengan activo en verano su
gen XPD.
-'La rudeza y los malos modales abundan en los lugares de trabajo'
(estudio de la Universidad de Michigan). Y más que deberían abundar en
la Universidad de Michigan.
-'El 21% de los extremeños mayores de 65 años no tiene ni un solo
diente' (estudio del Colegio de Odontólogos de Extremadura).
-'Un biólogo recorre 1.237 kilómetros de carretera para estudiar los
atropellos a las aves'. Afortunadamente no siguió conduciendo, o no
hubiera dejado ni una. En fin.
------------------
EL NACIMIENTO DE UNA GALAXIA
Por: Javier Armentia
Cuando los astrónomos observan el espacio, están también observando el
tiempo: la luz de un objeto lejano pasa un buen tiempo viajando hasta
nosotros, y así, esa imagen nos muestra cómo era cuando la luz comenzó
su viaje. Las distancias en el Cosmos son a veces tan descomunales que
el viaje en el tiempo puede ser también enorme.
Pensemos en la Luna, a 380.000 km de la Tierra: su luz tarda poco más de
un segundo en llegarnos. No nos damos cuenta, pero estamos viendo la
Luna tal y como era hace un segundo, algo que se notaba en las
comunicaciones entre los astronautas del Apolo y el centro de control en
la Tierra, una demora de dos segundos (uno para ir y otro para volver)
que se daba entre las preguntas y las respuestas. Pero la Luna está aquí
al lado: el Sol, a 150 millones de km de la Tierra, nos presenta su
imagen tal y como era hace 8 minutos. Cuando vemos a Júpiter, lo estamos
contemplando tal y como era hace más de ocho horas.
Las distancias a las estrellas son, en comparación con las de nuestro
sistema solar, muchísimo mayores. La luz tarda en viajar desde la
estrella más cercana al Sol, Alfa Centauri, más de cuatro años. El
centro de nuestra Galaxia se encuentra a una distancia tal que la luz
emplea unos 27.000 años en recorrerla. Los astrónomos emplean
precisamente el año-luz como una unidad de distancia. Pero lo es también
de tiempo: ahora, vemos el centro de la Vía Láctea tal y como era hace
27.000 años.
Las escalas de tiempo del Universo son normalmente enormes: una estrella
como el Sol puede llegar a vivir 10.000 millones de años. Por eso,
cuando observamos el centro de nuestra Galaxia, aunque han pasado varias
decenas de miles de años, el panorama no habrá cambiado mucho. Y algo
similar sucede cuando observamos galaxias mucho más lejanas, cuya luz ha
estado viajando cientos o incluso miles de millones de años hasta llegar
a nuestros telescopios; el escenario es poco más o menos similar:
conjuntos de estrellas, nubes de gas y polvo...
La Cosmología nos enseña, sin embargo, que el Universo tuvo su comienzo
hace unos 14.000 millones de años. Desde el momento en que el Cosmos se
hizo transparente a la luz, algo que ocurrió en torno al año 500.000
después de ese comienzo (o Big Bang), hay una época, el primer millardo
de años, que suele ser “la Edad Oscura”, porque apenas tenemos
información de lo que sucedió entonces. Después de la Edad Oscura, el
Universo es aproximadamente similar al actual: grandes espacios vacíos
que separan agrupaciones (o cúmulos) de galaxias en las que nacen y
mueren estrellas. Son galaxias enormes, con más de 100.000 millones de
estrellas como el Sol, y tamaños de unos 100.000 años luz de lado a
lado.
Pero esas galaxias tuvieron que nacer antes. Y al formarse, muy
posiblemente, no lo hicieron como un todo, sino que fueron agrupaciones
de elementos más pequeños, protogalaxias con masas de un millón de
soles, y tamaños de unos cientos de años luz, en los que la gravedad
hacía que el gas se comprimiera y formara estrellas. Esos bloques
precursores de las galaxias se irían agrupando posteriormente para dar
lugar a las galaxias modernas.
El problema de una teoría, o un modelo como el que hemos dibujado en el
párrafo anterior es que ha de poderse comprobar, para validar su
utilidad. Y esto no es nada fácil: cuanto más lejos está algo, menos luz
nos llega de él. De hecho, de los objetos más lejanos del Universo sólo
se ha podido observar los más brillantes, los luminosos cuásares y
galaxias con intensa formación estelar que emiten suficiente luz como
para poder ser localizados con los grandes telescopios. Estos objetos,
sin embargo, no son “normales”, precisamente por ser los más
energéticos. Los astrofísicos llevan años intentando encontrar los
objetos menos luminosos que nos den pistas de cómo era lo habitual en
aquellas épocas remotas.
El pasado 5 de octubre, un equipo internacional liderado por el galés
Richard Ellis (del Instituto Tecnológico de California) y el francés
Jean-Paul Kneb (del Observatorio de Midi-Pyrenées) presentaban su
investigación de un objeto que es la primera confirmación de ese
escenario de la formación galáctica en la Edad Oscura. Se trata de una
pequeña agrupación de estrellas jóvenes y brillantes que se encuentra a
unos 13.400 millones de años luz de la Tierra. Si concedemos unos 14.000
millones de años a la edad del Universo, este objeto nos está mandando
luz de cuando nació, hacia el año 600 millones después del Big Bang.
Utilizando los telescopios gemelos Keck I y Keck II, unos ojos para
observar el cielo con 10 metros de diámetro cada uno, enclavados en la
cima de un volcán en la isla de Mauna Kea, en Hawai, los astrofísicos
han podido analizar espectralmente la luz de este objeto, que había sido
descubierto a partir de imágenes obtenidas con el Telescopio Espacial
Hubble, y poder comprobar que se trata de una pequeña protogalaxia, con
una masa de cerca de un millón de soles.
En condiciones normales, esta galaxia en nacimiento no sería observable:
emite muy poca luz y está en los confines del Universo observable. Pero
la casualidad ha jugado a favor de los científicos. Entre ella y
nosotros, a una distancia de 2.000 millones de años luz, hay un cúmulo
de galaxias llamado Abell 2218, una gigantesca agrupación de unos 10.000
objetos cuya gravedad es tan intensa que, conforme a la predicción de la
Teoría General de la Relatividad de Einstein, es capaz de actuar como
una lente, magnificando la luz del objeto que tiene detrás unas 30
veces, y haciendo posible así que lo observemos. La luz cambia su
trayectoria debido a la presencia de campos gravitatorios, y un cúmulo
de galaxias actúa como una verdadera lupa que nos desvela detalles que
tiene detrás. Esta lente ha producido dos imágenes del objeto lejano,
llamadas lacónicamente por los descubridores “a” y “b”, de cuyo análisis
han deducido su masa, su distancia y su juventud. Cabe esperar en el
futuro que similares investigaciones nos permitan comenzar a conocer
mejor cómo se formaron las galaxias en aquella Edad Oscura.
Una lente gigantesca
Abell 2218 es un gran cúmulo de galaxias, a dos mil millones de años luz
de nosotros. Se ve (con telescopios) en la dirección de la constelación
del Dragón, y ya desde 1995 se comenzó a estudiar porque las imágenes
obtenidas con el Telescopio Espacial Hubble presentaban una serie de
arcos luminosos que son la evidencia de que está actuando como una lente
gravitatoria. Esto se produce porque es muy masivo (equivalente a diez
mil galaxias como la Vía Láctea) y muy compacto. En las primeras
imágenes de alta resolución del Hubble, se encontraron unos 120 arcos,
correspondientes a galaxias que se encuentran detrás del cúmulo, y cuya
luz es distorsionada por la gravedad.
Tras la última misión de servicio al Telescopio Espacial, en enero de
2000, Abell 2218 fue uno de los primeros objetos en ser observados con
los instrumentos mejorados. Gracias a esta imagen, Ellis y sus
colaboradores pudieron identificar los dos pequeños y débiles arcos de
luz de la protogalaxia, tan débiles que antes no habían sido
reconocidos.
------------------
MITOS SOBRE LOS ORÍGENES
Por: Robert Carneiro
Traducción por: Marcos Mozas
Fuente: National Center for Science Education
En el comienzo hubo un período de Caos, cuando el aire, el agua, y la
materia estaban combinadas en una mezcla sin forma. Sobre ésta flotaba
un Huevo Cósmico, del cual surgió Gaia (la Tierra) y Urano (el Cielo).
Estas deidades crearon la tierra y sus criaturas y el Sol, la Luna, y
las Estrellas. Así es como los Griegos dan cuenta de la creación.
En el comienzo estaba el Pueblo Santo, sobrenatural y sagrado, que vivía
bajo tierra en 12 mundos inferiores. Una gran inundación en el mundo
subterráneo obligó al Pueblo Santo a reptar a la superficie de la
tierra a través de un bejuco hueco, donde crearon el mundo. La Mujer
Cambiante dio a luz a los Héroes Gemelos, llamados "Asesino de
Monstruos" y "Niño de las Aguas" que tuvieron muchas aventuras. El
Pueblo de la Superficie de la Tierra, mortal, fue creado, y el Primer
Hombre y la Primera Mujer fueron formados a partir de mazorcas de maíz
blanco y amarillo. Así es como los Navajos dan cuenta de la creación.
Entre las preguntas más básicas planteadas por los seres humanos están
aquellas sobre los orígenes. ¿Cómo surgió la especie humana? ¿Cómo fue
creada la Tierra? ¿Qué pasa con el Sol? ¿La luna? ¿Las estrellas? ¿Por
qué tenemos noche y día? ¿Por qué muere la gente? A ninguna sociedad
humana le faltan respuestas a esas preguntas. Aunque varían mucho en los
detalles, son, para los pueblos primitivos en conjunto, similares en su
forma básica: la gente y el mundo existen porque fueron traídos a la
existencia por una serie de actos creativos. Mas aún, esta creación es
habitualmente considerada como la obra de seres o fuerzas
sobrenaturales. Los relatos de las formas en que estos agentes
sobrenaturales formaron la tierra y la poblaron son conocidos como mitos
sobre los orígenes.
Hasta el surgimiento de la ciencia moderna, los mitos sobre los orígenes
proporcionaron los únicos tipos de respuestas posibles a tales
preguntas. De este modo, los mitos personificaron el estado y limitación
del pensamiento humano sobre los orígenes durante más del 99% de la
historia humana.
Aunque los mitos sobre los orígenes son usualmente asignados a la esfera
de la religión, contienen un elemento de ciencia: explicación. A pesar
de que pueda haber lecciones morales esparcidas aquí y allá a lo largo
de ellos, los mitos sobre los orígenes son básicamente maneras de
explicar las cosas tal y como son. La Explicación, por tanto, no es
exclusiva de ni comenzó con la ciencia. La Ciencia comparte la
explicación con la mitología. Lo que distingue a la ciencia de la
mitología es la verificación. La ciencia no sólo propone respuestas,
procede a probar esas respuestas, y si las respuestas se prueban
incorrectas, deben ser desechadas o modificadas. La mitología difiere de
esto. Un mito sobre los orígenes ofrece una explicación que debe ser
creída. Aceptación, no verificación, es lo que exige. Los antiguos
Vikingos creían que la aurora boreal (Luces Norteñas) eran reflejos de
luz de los escudos de las doncellas guerreras, las Valkirias; los
astrónomos modernos nos cuentan que son causadas por vientos solares
interactuando con el campo magnético de la tierra y los gases
atmosféricos. Ambas son explicaciones, pero sólo una de esas
explicaciones puede ser verificada.
¿Qué es explicación? En el fondo, equivale a traducir lo desconocido en
lo conocido, lo extraño en lo familiar. ¿Y qué es lo que los seres
humanos conocen mejor? A sí mismos. Saben cómo la gente piensa, siente y
actúa. Y desde una etapa muy temprana de la cultura, la gente ha
proyectado pensamientos y emociones humanas en el mundo exterior,
dotando a objetos y fuerzas de la naturaleza de personalidad humana y
poder sobrehumano. A los seres sobrenaturales impersonados así creados,
se les asignó el rol de proporcionar explicaciones plausibles y
satisfactorias para lo desconocido. De esta forma, nacieron los mitos
sobre los orígenes.
Una palabra más acerca de la explicación. En el corazón de la
explicación yace la causalidad. La idea de causalidad, de nuevo, no
nació con la ciencia moderna, ni de los antiguos Filósofos Griegos. Es
mucho más antigua que eso. De hecho, la causalidad está hondamente
enraizada en el pensamiento humano. Entre los Indios Kuikuru del Brasil
central, por ejemplo, una tribu que he estudiado sobre el terreno, una
causa es rápidamente encontrada cuando sucede algo adverso o inusual.
Así, un hombre atribuyó un dolor de muelas a que alguien había hecho
brujería sobre un pedazo de caña de azúcar que él había masticado. Otro
hombre, cuya huerta de yuca había sido arrasada por pecaríes, determinó
que un enemigo había puesto un dibujo de un pecarí en su huerta para
atraer a esos animales a ella. El patrón de pensamiento causal que
encontré entre los Kuikuru sucede entre los pueblos primitivos en todas
partes. Creo que se puede decir con seguridad, entonces, que la búsqueda
de causas, que es tan importante en la ciencia moderna, es realmente una
herencia legada a la ciencia por nuestros pre-científicos antecesores
de la Edad de Piedra. No obstante, el tipo de causalidad empleado por
los pueblos primitivos es de una clase muy especial. Es una causalidad
personal. Es decir, el agente responsable de una acción generalmente
tiene los atributos de una personalidad humana. La causalidad
Impersonal, un sello de la ciencia moderna, es considerada insuficiente
por los pueblos primitivos.* Las fuerzas impersonales pueden ser la
causa inmediata de algo, pero siempre subyacen bajo causas últimas, que
son generalmente personales en naturaleza. Así, los Kuikuru saben que
fue el viento el que hizo volar el tejado de una casa, pero llevan la
búsqueda de explicaciones un paso más allá y se preguntan, "¿Quién envió
el viento?" Su suposición implícita, que nunca parecen cuestionarse, es
que alguna personalidad, humana o espiritual, tuvo que dirigir la fuerza
natural del viento para producir su efecto. ¿Cómo podría ser de otra
manera? Los miembros de una sociedad pre-alfabetizada posiblemente no
puedan conocer las causas físicas de las tormentas ciclónicas generadas
a gran altura en la atmósfera por complejas fuerzas meteorológicas.
Sin duda, los pueblos primitivos aplican la causalidad a más que meras
cuestiones inmediatas como porqué le duelen a un hombre las muelas o
porqué su tejado voló. También están interesados en cuestiones más
remotas y perdurables. ¿Quién fue el primer hombre? ¿Cómo aprendió la
gente a sembrar? ¿Por qué está marcada la cara de la luna? ¿Qué ocurre
después de la muerte? Durante decenas de miles de años la gente ha
estado fabricando respuestas a esas preguntas, respuestas que se han
encarnado en el vasto conjunto de imaginativos relatos que llamamos
mitos sobre los orígenes. Durante los últimos cientos de años, los
antropólogos han desarrollado un vivo interés en los mitos sobre los
orígenes y han realizado compilaciones y análisis muy amplios sobre
ellos.
Ciertos mitos son casi universales, y su extensa distribución certifica
su gran antigüedad. El mejor ejemplo de esto es el famoso mito del
Diluvio. La historia del Diluvio registrada en la Biblia no fue de
ninguna manera originaria de los antiguos Hebreos, sino que fue derivada
por ellos del anterior poema épico de Gilgamesh de los Babilonios. Pero
la versión Babilonia a su vez se perfiló de un preexistente mito del
Diluvio que sin duda se remonta a miles de años antes. Tan antiguo es
el mito del Diluvio, de hecho, que tuvo la oportunidad de difundirse por
todas partes. De hecho, es conocido por prácticamente todas las
sociedades humanas desde los aborígenes Australianos hasta la Tierra del
Fuego.
No se debe cometer el error de creer, no obstante, que sólo porque un
mito es conocido por todo el mundo, debe necesariamente reflejar un
acontecimiento real. La historia casi-universal de un diluvio no es más
probatoria de que una vez la tierra fue cubierta por una inundación que
la extendida creencia en el mito de la Caída del Cielo es probatoria de
que una vez el cielo se cayó.
Los mitos no son meramente explicaciones, sino que también hacen la
función de asegurar, alentar, e inspirar. Son también creaciones
literarias: epopeyas narrativas, llenas de drama y romance, de novedad e
imaginación, de búsqueda y conflicto. Pero aunque a menudo tienen gran
valor literario, los mitos sobre los orígenes no deben ser considerados
como la obra de unos pocos genios creativos. Son, en cambio, el producto
de innumerables miles de narradores quienes, contando y volviendo a
contar un mito, lo han embellecido aquí, eliminado un personaje allá,
transpuesto dos incidentes, aclarado una parte críptica, dado un mayor
motivo o justificación a una acción, y así sucesivamente. Debido a que
continuamente cambian, no hay una versión "oficial" de un mito. De
hecho, incluso dentro del mismo pueblo se pueden obtener fácilmente
media docena de versiones del mismo mito.
Con estas consideraciones generales en mente, examinemos brevemente
ahora los tipos de mitos sobre los orígenes encontrados en el mundo
primitivo.
La creencia de que la tierra era el centro del universo, la cual, hasta
Copérnico, prevaleció por toda Europa, no fue de ninguna manera
exclusiva del pensamiento Occidental. Es sin duda un legado de los
tiempos de la Edad de Piedra. Después de todo, dado que la tierra es el
sitio donde vive la gente y es lo que ellos conocen, y ya que la gente
es la que crea los mitos, ¿por qué no iban a colocar su planeta en el
centro del cosmos? Mas aún, si la tierra es de vital importancia para
ellos – tal como es – ¿porqué no hacer su creación primera en el tiempo
también? De ese modo, en la mitología primitiva, la regla es que la
tierra fue creada primero, y que el sol, la luna, y las estrellas la
siguieron. De hecho, el sol, la luna, y las estrellas son a menudo
personajes mitológicos que vivieron primero en la tierra pero que,
después de una serie de aventuras o desventuras, acabaron en el cielo
para encontrar su sitio de descanso final como cuerpos celestes.
Unas pocas sociedades no tienen mito para dar cuenta del origen del
mundo. Para ellos, el mundo siempre ha existido. Más comúnmente, sin
embargo, se ha considerado que la tierra había sido creada mediante las
acciones de seres sobrenaturales. En raras ocasiones, sin embargo, una
deidad crea el mundo de la nada: generalmente, él o ella tienen algo con
lo que trabajar. Algunos pueblos Polinesios, por ejemplo, creen que el
mar era preexistente, y que la tierra firme fue creada por un dios,
Tane, que se sumergió hasta el fondo y emergió con barro del cual
modelarla. Los dioses Vikingos Odín, Vill y Ve hicieron el mundo del
cuerpo del gigante Ymir, usando su sangre para los océanos, sus huesos
para las montañas, su pelo para los árboles, y así sucesivamente. No es
inusual que varios dioses o héroes culturales estén involucrados en la
creación, cada uno contribuyendo con su porción a la estructura final.
Las creencias acerca del origen de los seres humanos caen dentro de tres
tipos principales: (1) siempre han existido en la tierra, (2) no
existieron siempre, pero fueron creados de alguna manera, y (3) existían
previamente, pero en otro mundo, y han sido de alguna manera traídos a
este.
La primera creencia está ejemplificada por los Yanomami de Venezuela de
los cuales Napoleón Chagnon dice, "Los primeros seres no pueden ser
explicados. Los Yanomami simplemente presumen que el cosmos se originó
con esa gente." Generalmente, sin embargo, hay una creación específica
de la especie humana. El dios Vikingo Odin creó al hombre de madera de
fresno y a la mujer de madera de aliso. Los Machiguenga de Perú creen
que fueron hechos por un dios, Tasorinchi, que los esculpió a partir de
madera de balsa. Los Tlingit de Alaska dicen que el Cuervo creó no sólo
los primeros seres humanos, sino también los primeros animales, así como
el sol, la luna y las estrellas. Y por supuesto, en el relato bíblico,
fue Dios quien creó a los progenitores de la raza humana, modelando a
Adán a partir de arcilla y a Eva de una de sus costillas.
Los Warao del delta del Orinoco, por otra parte, creen que el hombre
primero vivió en un mundo en el cielo donde los únicos animales eran
pájaros. Entonces un día, un cazador disparó a un pájaro con tanta
fuerza que su flecha perforó el suelo del mundo del cielo y continuó
hasta la tierra que estaba abajo. Mirando fijamente a través del agujero
y viendo un rico territorio bajo él, repleto de toda clase de caza, el
cazador ató una larga cuerda de algodón a un árbol y descendió a la
tierra. Allí fue finalmente seguido por sus semejantes, que finalmente
decidieron abandonar el mundo en el cielo y asentarse permanentemente en
la tierra. Los Karaja del Brasil central invierten el proceso. Sus
ancestros, dicen, moraron una vez en un mundo subterráneo hasta que un
día uno de ellos trepó por un agujero del suelo y salió a la superficie
de la tierra, a donde sus compañeros de tribu le siguieron más tarde y
donde eventualmente se establecieron.
Los mitos sobre los orígenes también explican la variedad de vida animal
que cubre el mundo. Makunaima, un héroe cultural de los Carib de la
Guayana, trepó a un gran árbol y con su hacha de piedra cortó pedazos de
corteza que tiró al agua. Uno por uno, se convirtieron en todos los
animales de la selva. Sedna, según los Esquimales, se cortó los dedos,
que se convirtieron en focas, ballenas, morsas, y otros mamíferos
marinos. Con frecuencia, acontecimientos particulares se introducen
dentro del mito de creación de los animales para explicar el tamaño,
forma, color, y hábitos peculiares de cada animal.
En casi todos los mitos primitivos hay una íntima asociación entre
animales y el hombre. Innumerables episodios cuentan acerca de la
transformación de seres humanos en animales, o viceversa. Apareamientos
animal-humano suceden frecuentemente. De hecho, no es atípico que los
animales sean considerados como los precursores de la especie humana --
un tosco presagio, en cierta manera, de la teoría de la evolución
orgánica.
La mitología de una tribu explica no sólo sus propios orígenes sino
también los de otras tribus. No obstante, el origen asignado a un
enemigo muy probablemente sea poco atractivo. Los Saliva de Colombia,
por ejemplo, dicen que sus odiados enemigos Carib surgieron de grandes
gusanos en las vísceras putrefactas de un monstruo con forma de
serpiente muerto por un héroe cultural Saliva. Una creencia común en el
mundo primitivo es que todos los pueblos formaron una vez una sola
tribu, viviendo juntos y hablando la misma lengua. Pero entonces algo
sucedió (entre los Tikuna del alto Amazonas fue comerse dos huevos de
colibrí), y en lo sucesivo la gente empezó a hablar diferentes lenguas,
se dividió en grupos separados, y se dispersó por todo el mundo. Aquí
vemos un claro paralelismo con la historia Bíblica de la Torre de Babel.
Muchos mitos primitivos cuentan de una Era Dorada durante la cual la
vida era fácil y agradable, la discordia era desconocida, las
herramientas trabajaban por sí solas, nadie moría, y cosas por el
estilo. Entonces algo salió mal, y desde entonces, trabajo, adversidad y
muerte han sido el destino de la humanidad. Esta noción de la Caída del
Hombre es análogamente familiar para los lectores de la Biblia.
En contraste a una Era Dorada, hay a menudo una creencia en la noción de
una Simplicidad Primordial. Según este punto de vista, la etapa más
temprana de la raza humana fue una de ignorancia e inocencia de la que
los ensombrecidos fueron rescatados por un dios o héroe cultural. Este
ser mítico les enseño muchas cosas – cómo hacer herramientas, cómo
construir casas, cómo sembrar cultivos, incluso cómo copular
correctamente.
Entre los muchos elementos culturales supuestamente desconocidos para
las primeras gentes estaba el fuego. Sin embargo, en lugar de recibir el
fuego de los dioses, la mayoría de los pueblos primitivos dicen que
tuvieron que robarlo. En un mito que registré entre los Amahuaca del
Perú oriental, el fuego le fue robado al ogro tacaño, Yowashiko, por un
loro que huyó volando con una tea ardiendo en su pico. Enfurecido por el
robo, Yowashiko intentó extinguir las llamas enviando lluvia. Sin
embargo, otros pájaros más grandes extendieron sus alas sobre el loro,
manteniendo de esa manera las llamas encendidas de modo que el fuego
eventualmente se hizo accesible a todo el mundo. Este relato es por
supuesto evocador de la mitología Griega, en la que Prometeo robó el
fuego a los dioses y se lo dio a la humanidad.
Los mitos sobre los orígenes a menudo cuentan de una tierra rudimentaria
con muchos defectos e imperfecciones que, una por una, tuvieron que ser
eliminadas o superadas. Una creencia es que al principio, la noche no
existía y sólo había día. El sol permanecía en el cenit todo el tiempo y
sus rayos caían sin piedad sobre los antecesores. El sueño era casi
imposible, y la gente carecía de la privacidad que sólo la oscuridad
puede proporcionar. Algunas tribus dicen que la noche existía pero que
era la posesión escondida de algún ser mítico, y que antes de que todo
el mundo pudiera cosechar sus beneficios, la noche tuvo que ser
encontrada y liberada. Los Tenetehara del Brasil oriental, por ejemplo,
dicen que la noche pertenecía a una vieja mujer que vivía en las
profundidades de la selva y que la mantenía encerrada en varias vasijas
de arcilla. Le fue finalmente arrebatada y entregada a la tribu por un
héroe nativo llamado Mokwani.
Los Kamayura del Brasil central y muchas otras tribus tienen la creencia
contraria. Sostienen que en el principio sólo había noche. Estaba tan
oscuro, de hecho, que la gente no podía ver para cazar o pescar o
sembrar, y de esa manera se estaban lentamente muriendo de hambre.
Entonces descubrieron que los pájaros poseían el día y decidieron
conseguirlo de ellos. A la postre, tuvieron éxito, y el día fue enviado
a los Kamayura embebido en el brillante plumaje del guacamayo rojo.
Los mitos precedentes no son meramente curiosidades primitivas,
irrelevantes para el punto de vista judeocristiano del origen del mundo.
Muchos de los episodios mitológicos relatados aquí tienen cercanos
paralelismos en la Biblia. Estos paralelismos, además, han sido
reconocidos hace mucho tiempo por estudiosos de religión comparativa
como extremadamente significativos. En su libro, Folk-lore in the Old
Testament (1918), Sir James G. Frazer, el conocido estudioso, analizó
exhaustivamente la literatura antropológica buscando estos paralelismos
y escribió "... He intentado... rastrear alguna de las creencias y
costumbres del antiguo Israel hacia atrás a más tempranas y toscas
etapas del pensamiento y práctica que tienen sus analogías en las
creencias y costumbres de salvajes existentes." Y en su empeño, tuvo
éxito. Hay muy pocas dudas entre los antropólogos y estudiosos Bíblicos
sobre que muchas de las historias de la creación de la Biblia son en
realidad pre-Bíblicas, remontándose en el tiempo miles de años.
A los ojos de la antropología, ninguna cultura tiene una posición
privilegiada. Ninguna es considerada como la única receptora del
conocimiento o benevolencia divinas. Cada una es reconocida como el
producto de dos millones de años o más de un proceso natural de
evolución cultural. Durante esos incontables milenios, cada sociedad
añadió a su propio almacén de mitos sobre los orígenes elementos de la
mitología de tribus cercanas o distantes. El resultado fue que cada
sociedad gradualmente desarrolló una elaborada cosmogonía, la cual,
aunque única en ciertos detalles, sin embargo incorporaba muchas
características que a fin de cuentas provenían de los cuatro rincones de
la tierra.
No fue hasta el advenimiento de la ciencia moderna durante los últimos
pocos siglos que ha aparecido |