| Asunto: | [enbici] Articulo de opinión en el LEVANTE | | Fecha: | 18 de Diciembre, 2007 13:47:24 (+0100) | | Autor: | Anahí <anahiseri @...com>
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Hoy se publica, en la pagina 2 del LEVANTE, el siguiente artículo:
http://www.levante-emv.com/secciones/noticiaOpinion.jsp?
pRef=3755_5_384154__Opinion-Carril-bici
inserto texto:
EMILI PIERA Junto a decenas de emilios que me hablan de
Carboni (¿quién es?), echan de menos a Quique
(¿era el entrenador?) o lamentan la gestión de Soler (ese sí sé
quién es: convierte el orgullo por los colores, sea lo que sea
tal cosa, en metros cuadrados edificables:
un alquimista al revés), junto a todo eso, digo, me llegan
al correo algunos mensajes de preocupación por la suerte de
la bicicleta en la ciudad y el carril bici en general, y por la
práctica del ciclismo recreativo en el cauce del Turia, en
particular: yo también creo, como usuario, que el carril del
cauce debe ser de algo más sólido (y resistente a las avenidas)
que la tierra y debe estar pintado con un color que lo identifique:
tal vez en vano. Forma parte del inconsciente fallero de la ciudad
el hábito de ocupación de vías de todo tipo para fines distintos
de aquellos para los que fueron trazadas. Últimamente se ha
detectado cierta actividad inquisitorial contra las supuestas
amenazas de la bicicleta. Como si no fueran los coches los que
atropellan, a menudo mortalmente, también a los ciclistas.
Eduardo Mendoza escribió que la bicicleta tiene cosas de
peatón y de vehículo y que esa condición mixta acentúa su
extrañeza para unos y otros. Cierto. Barcelona ha legislado
contra la bicicleta en la acera (ése, no es su sitio). Teniendo en
cuenta nuestra sólida costumbre de renegar de los catalanes
y copiarles en todo, me temo que acabaremos empleando un
arsenal normativo contra la máquina más inteligente que haya
inventado nuestra especie, después de la lavadora.
El sitio de la bicicleta es la calzada. El peatón tiene derecho a
ver en la acera una prolongación atenuada del pasillo de su
hogar. Aquí no existía urbanismo cuando ya habíamos
levantado La Lonja, El Escorial o La Pedrera y había que estudiar la
asignatura en Zurich o Berkeley. La bicicleta arrastra, por su carril,
una pausada y ligera esperanza: como tira el percherón
del carro de la (buena) leche.
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