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Asunto:[Espejo] Brevisimo Diccionario Marin de la Docena - J
Fecha: 27 de Octubre, 2008  04:29:05 (+0200)
Autor:webmaster <webmaster @.................com>

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Sábado 18 de Octubre del 2008
Espejo

Brevísimo Diccionario Marín de la Docena - J
Por Héctor Marín Segura

J

Jeremías. No cabe que el evangelio, es el anuncio de las buenas
nuevas de Dios para los hombres. Dios, infinitamente
misericordioso, promete perdón y salvación a través de
Jesucristo. A lo largo de la Biblia nos encontramos
constantemente con historias de perdón y de esperanza. Sin
embargo, la Biblia también tiene palabras de advertencia para la
humanidad en caso de no arrepentirse y hacer las cosas conforme
a Su voluntad. Jeremías, en ese sentido, es uno de los
portavoces, de los profetas, encargados de llevar la Palabra de
Dios. Jeremías, sin embargo es un profeta que lleva palabra de
condena, de castigo a quienes no se arrepienten y siguen
egoístamente haciendo su propia voluntad. Me gusta la figura de
Jeremías, porque se puede decir que es un profeta políticamente
incorrecto. Su mensaje para los poderosos de su época no era -
como lo hacen casi todos los predicadores modernos- indulgente y
facilón. Jeremías hablaba Palabra de Dios de una manera dura que
si persistían en sus errores, vendría un castigo. No es que me
gusten los discursos condenatorios y amenazantes, pero el
discurso de Jeremías deja constancia de que si bien nuestro Dios
es un Dios de recompensas, de premios y de hermosas promesas, es
también un Dios que airado, es tremendo. El Dios de la Biblia es
paciente, generoso, aguanta casi todo, pero en ese "casi" es
clarísimo: "30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que
conmigo no recoge, desparrama" (Mateo 12:30). Dios no acepta
términos medios y ahí es donde, si no se está de su lado, hay
entonces que ponerse verdaderamente a temblar porque los
castigos eternos son el castigo a una vida descarriada del
camino del Dios Viviente. Jeremías da ese tipo de mensajes y más
nos valiera escucharlos, porque si hay algo de lo que no tenemos
certeza, es cuándo nos vamos a morir. Los cristianos sabemos
cuál es nuestro destino, y a quienes no tienen a Cristo, una
cosa segura también les espera, según la Biblia: La condenación
y el infierno. ¿Dónde te gustaría estar en la eternidad?

Jesús. Todo un varón, un valiente, admirable por donde quiera
que se le vea, Jesús es la representación del amor de Dios
encarnado. Jesús representa el sacrificio, el dar todo a cambio
de nada, es el Dios que está en lo más alto que viene a un
inmundo y pestilente pesebre a darle libertad a la humanidad.
Sobre Jesús se han escrito libros, se han hecho cualquier
cantidad de películas y a final de cuentas nos damos cuenta que
Jesús no es un personaje histórico del pasado sino que sigue
siendo el mismo hombre influyente, con un pensamiento claro y
preciso sobre cuál era su misión en el tiempo que estuvo en
nuestro mundo. Equivocadamente hay quienes consideran que Jesús
se quedó clavado en aquella terrible cruz, cuando la realidad es
que no sólo no se quedó ahí, sino que venció a la muerte, salió
del sepulcro, esto es que resucitó y por si fuera poco, todavía
estuvo predicando y ministrando durante 40 días antes de
ascender al cielo, de donde esperamos pronto su regreso, para
que ponga fin al desorden que hemos causado en la tierra.
Sabemos que Jesús regresará a gobernar y a hacer justicia, por
lo que anhelamos su llegada, por lo que igual que como dice el
profeta Juan, nosotros también decimos: "Ven, Señor Jesús".

Job. La característica fundamental de Job es la aceptación de la
voluntad de Dios. Job es un ejemplo de fidelidad y perseverancia
ante la adversidad. Las cosas no le pintaban bien, la desdicha
se enseñoreaba de él y Satanás le tentaba para que Job
blasfemara contra Dios. Sin embargo, ante la pérdida de sus
propiedades, de sus hijos y de su salud, ¿qué fue lo que dijo
Job?: "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré
allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová
bendito" (Job 1:21). De Job podemos tomar entonces la enseñanza
personal de que dentro de nuestra problemática, por compleja que
sea, Dios tiene misericordia. Aprendemos también que debemos
tener fe en Dios y que debe ser una fe inquebrantable aun cuando
las adversidades y obstáculos parezcan muy grandes. Pidámosle a
Dios una paciencia y una fe como la de Job.

Jonás. Un personaje especial en el texto bíblico, es sin duda
Jonás. Jonás representa al individuo que si bien no es malo, sí
es desobediente y un tanto cuanto egoísta. Jonás es enviado por
Dios para advertir a los ninivitas que se arrepintieran de su
maldad o les esperaba el castigo. Jonás, israelita, decide
desobedecer a Dios esperando que al no predicarles nada, los
ninivitas fueran castigados. Sin embargo, Dios realiza una serie
de acontecimientos que traerán consigo la presencia de Jonás e
Nínive, su predicación al pueblo ninivita y la conversión y
salvación del pueblo. Muchos cristianos de hoy en día son como
Jonás: Tienen el encargo de ir y predicar el evangelio a todas
las criaturas, pero prefieren estar contentos con saber de su
propia salvación. En muchas ocasiones preferirían no hablar de
las promesas de Dios a quienes ellos consideran que no merecen
saberlas. La verdad es que en ese sentido, los cristianos no
estamos para juzgar quién merece o no la salvación, solamente a
Dios corresponde eso. Nosotros somos solamente un instrumento
para que la expansión del conocimiento de la Palabra de Dios se
difunda alrededor de la tierra.

Juan Pueblo. En Espejo Revista Electrónica nos hemos referido en
más de una ocasión a "Juan Pueblo". ¿Y quién es el famoso "Juan
Pueblo"? Juan Pueblo es el ciudadano de a pie, el que pocas
veces alza la voz y sólo sigue los dictados de las cúpulas en el
poder. Juan Pueblo es el policía de la esquina, el empleado de
la tienda, el pordiosero a la salida de la iglesia que lucha
denodadamente el día a día sin más elementos a su alcance que su
talento, habilidades y el favor divino para poder llevar algo a
su casa. Juan Pueblo es noble, pero su nobleza ha sido
confundida y convertida en estupidez por lo que es altamente
influenciable y manipulable. A Juan Pueblo se le ha enseñado a
no pensar, y por lo tanto a conformarse con llevar la vida que
lleva. Juan Pueblo vive constantemente adormecido, inconsciente,
parece estar despierto, pero realmente no tiene mucha fuerza de
voluntad. En esta especie de "vida zombi", Juan Pueblo es fácil
presa de la pornografía, la mala música, el humor elemental y
soez, el vicio del alcohol y las drogas y los mensajes
manipuladores de los medios de condicionamiento de masas. Juan
Pueblo es por tanto voluble e inmaduro. Hoy promete amor eterno
y mañana detesta hasta la muerte a sus benefactores. Juan
Soldado es una de las identidades que Juan Pueblo ha adoptado
como parte de su estrategia para salir adelante en un mundo
competitivo y poco prometedor. Juan Pueblo, mayoritariamente
campesino, deja el azadón y lo cambia por el fusil, no porque
tenga una gran vocación militar, sino porque su necesidad de
llevar dinero a su familia lo obliga a incorporarse a la
milicia, a la que no vacila en traicionar cuando un narco ofrece
"un buen trancazo de lana". Juan Pueblo es tímido, callado, es
también envidioso de la vida de los de arriba y poco amable con
quienes están más abajo que él. En momentos de peligro extremo,
ha sido capaz de unirse hombro con hombro con los de su misma
condición, dando respuesta inmediata a las demandas más
urgentes, incluso adelantándose a la toma de decisiones de su
clase gobernante, la cual ve con miedo, con terror este tipo de
expresiones. Juan Pueblo está adormilado, es aguantador, pero su
paciencia, pese a todo, tiene un límite. Juan Pueblo ya se ha
sublevado en algunas ocasiones, lo único que pide es un poco de
mayor equidad para que las cosas no se salgan de su cauce, la
paciencia de Juan Pueblo está ligada a la paciencia de su
hambre. Juan Pueblo quiere vivir en paz, y despertar a un mundo
con mayor justicia, Juan Pueblo espera y es tiempo de que los
poderosos hagan lo que esté a su alcance para que el despertar
de ese gigante dormido sea placentero. ¿Lo harán? De no hacerlo,
las consecuencias son funestas.

Judío. Vilipendiado, acosado, envidiado. El judío está aquí,
allá y acullá, desde antes, desde siempre. El judío es un
individuo exótico, diferente, y esa diferencia lo hace centro de
leyendas, unas ciertas y otras no tanto. Equivocadamente, se
acusa al judío de haber dado muerte a Jesucristo, cuando no se
considera en muchas ocasiones, que sus primeros seguidores y
discípulos, fueron también judíos que ayudaron a formar lo que
ahora llamamos cristianismo. El judío tiene una extraña
capacidad o facilidad para hacerse de detractores, Martín
Lutero, un héroe y defensor de la fe evangélica, fue uno de
ellos y escribió el libro "Sobre los Judíos y sus Mentiras". Es
decir, el odio al judío no surge con Hitler y "Mi Lucha", ni
siquiera surge con "Los Protocolos de los Sabios de Sión", sino
que viene de tiempos ancestrales casi perdidos en la bruma de la
historia. Si bien el judío es trabajador, un hábil negociador,
hay quienes los tachan de negreros, de malos patrones, de gente
que aprovecha la necesidad de los demás para lucrar, para
someter a los necesitados y maltratarlos. Desafortunadamente esa
fama es bien ganada, pero no porque la mayoría sean así. Como
dice el refrán popular: "Pagan justos por pecadores". Y es que
sin ningún afán de antisemitismo (por cierto los árabes también
son semitas), hay miembros de la comunidad judía, a los que he
visto tratar a sus empleados literal y físicamente con la punta
del pie. Por otra parte, ya entrados en lo del antisemitismo, no
cabe duda que lo ocurrido a los judíos en la Segunda Guerra
Mundial es un hecho por demás abominable. Familias judías
quedaron destrozadas por el simple hecho de pertenecer a un
grupo racial que no era del agrado de los líderes del Tercer
Reich, que dicho sea de paso eligió la estrategia de eliminar
físicamente a quienes consideraba sus enemigos entre los que si
bien destacaban los judíos, también se encontraban los testigos
de Jehová, los gitanos, los comunistas (la mayoría de ellos
alemanes), los homosexuales y cualquier otro individuo o grupo
que no cumpliera con el perfil exigido por el alto mando de la
Alemania nazi. El trauma, entendible después de haber sufrido
cualquier tipo de vejaciones, quedó a flor de piel en el mundo
judío y en sus diferentes comunidades. El trauma a su vez dio
lugar a la intolerancia y al crearse la Liga Antidifamatoria,
importantes grupos de judíos no aceptan el menor atisbo de
crítica, so pena de denunciar al crítico como un antisemita o un
antijudío en potencia. Claro, esto es entendible, pues tras un
sufrimiento como el que vivieron en la Segunda Guerra Mundial,
ya no es posible ver con confianza a nadie. Sin embargo, así
como hay judíos desconfiados y algunos bastante altaneros -por
decir lo menos- los hay afables, gente agradable y abierta.
Incluso, si se pudiera abundar sobre la asimilación de cierto
sector, al menos en la comunidad judía mexicana, caeríamos en la
cuenta de que muchas de las cosas que vemos en las películas y
la idea que manejan muchos ministerios cristianos sobre judíos
que se levantan rezando el Shemá Israel y efectúan sus lavados
rituales y sólo comen alimentos kosher, estaría casi a punto de
venirse abajo cuando vemos a varios judíos reunidos en taquerías
(sí, comiendo tacos de tortilla de maíz al estilo mexicano),
pidiendo salsas bien picosas y a veces hasta de productos nada
kosher como pudieran ser los famosos tacos al pastor, elaborados
con jugosa carne de cerdo calentada al fuego directo. Claro,
existen también las taquerías kosher, donde quienes van, tienen
la certeza de que los alimentos son preparados de acuerdo con
sus normas dietéticas. En fin, que el judío es un individuo
complejo del que definitivamente no se puede hablar a la ligera.
Ni qué decir sobre si se trata de alguien de origen ashkenazim o
sefaradim. Aun cuando en el mundo cristiano, les debemos sin
duda los fundamentos de nuestra fe a los judíos, o mejor dicho,
al judaísmo, el Dios al que adoramos es un Dios israelita, no es
romano ni griego; Jesús, el Dios-hombre en el que creemos que
está la salvación, no nació en una ciudad de la América
prehispánica ni en la antigua Roma, nació en un poblado judío,
educado e instruido según los usos y costumbres judíos. Estas
raíces compartidas muy bien explicadas por Mario Saban en su
libro "Todos Somos Judíos", no nos convierten en parte del
Israel físico. Lo que compartimos con el pueblo judío es un
vínculo espiritual a través de la extensión de un pacto que era
exclusivo y que sin embargo ahora es una realidad para todos los
individuos que confiesen a Jesucristo como su Salvador. Ser
judío no es sólo una cuestión de fe, sino que tiene también un
trasfondo sociológico y étnico. No basta parecer judío o ponerse
una kipá y decir dos que tres palabras en hebreo, ladino o
yiddish, sino que, ente otras razones, según señala Alfred J.
Kolatch en "El Segundo Libro Judío del por qué": "El Talmud4
declara que el hijo nacido de un padre gentil y una madre judía,
es judío. Rashí respalda este criterio. En sustento de esta
norma de que la descendencia materna y no la paterna es la que
cuenta para determinar si el hijo es judío o no, los rabinos se
refieren a Deuteronomio 7:4... ". Agrega más adelante: "Una
segunda razón, más de sentido común, es que la madre puede ser
fácilmente identificada al momento del parto, en tanto que la
identidad del padre no es del todo segura". Me quedo, por eso,
al último, y esto para reflexionar, con las siguientes palabras
del estudioso judío ruso León Pinsker que concluye: "El judío es
para los vivos un muerto; para los nativos un ajeno; para los
sedentarios un vagabundo; para los afincados, un mendigo; para
los pobres, un explotador y un millonario; para los patriotas,
un expatriado; y para todas las clases sociales, un competidos
aborrecido". Quizá escudriñar a fondo estas palabras nos lleve a
comprender a este pueblo milenario, rico en cultura y
tradiciones.

Juegos. Los ratos de ocio, cada quien trata de llenarlos como
mejor le parece. Hay quien los aprovecha para estudiar algún
curso, quien los utiliza para leer un libro, para dormir, para
"ir a dar la vuelta a la calle", para navegar en Internet y/o
chatear, para ir de visita a la casa de algún familiar o amigo,
para hacer alguna tarea pendiente en la casa, en fin. Cada
quien, tiene su propia concepción sobre el aprovechamiento del
tiempo libre. Entre otras actividades, los juegos han acompañado
a los seres humanos en sus momentos de ocio. Es común en los
cuarteles, cuando los soldados no tienen nada que hacer, verlos
jugando naipes; en las cantinas es muy común ver personas
jugando dominó o cubilete; entre los jóvenes de secundaria y
preparatoria es también común "matar clase" para ir al billar
más cercano y jugar pool o carambola. ¿Por qué jugamos? Se me
ocurre en primer lugar, que jugamos para divertirnos,
necesitamos diversión, el problema es cuando llega el exceso y
el juego se convierte en una adicción. Recientemente, Mario
Vargas Llosa acaba de declarar que "El primer lugar de los
valores, de las prioridades, lo ocupa el entretenimiento.
Divertirse, escapar del aburrimiento es la pasión universal", en
gran parte parece tener razón. Tal parece que la diversión fuera
lo fundamental, y como decíamos, el problema estriba cuando
hacemos del divertimento nuestra razón de ser, en este caso,
cuando el juego domina nuestra vida. No me refiero solamente a
quienes suelen ocupar su vida en los juegos de azar, sino
también de niños -puede haber alguno en nuestra casa- que sólo
tienen en mente resolver el nuevo juego de Halo, Grand Theft
Auto o cualquier otro juego de moda. El juego llega a ser tan
demandante, que el jugador no quiere ni siquiera comer, o lo
hace mientras juega, con consecuencias más que negativas para su
salud física y mental. En este sentido, hay que pensar que el
juego sólo es una parte de la actividad humana, pero no como
diría Vargas Llosa, una pasión universal.

Juguetes. Si hay algo en la niñez que en algunos casos se llega
a volver un vicio, es el tener muchos juguetes. No me quejo, en
mi niñez tuve muchos más juguetes de los que podría haberme
esperado. Recuerdo especialmente las navidades en casa de mi tío
abuelo materno, donde no sólo se servía una riquísima cena y la
pasaba a gusto con mis queridos primos, sino que el momento
esperado era la hora de los regalos. Fueron años enteros de
regresar en el pequeño Volkswagen de mi padre lleno de juguetes,
caja y cajas con juegos de química, juegos para iluminar,
figuras de acción, cochecitos, pistas de carreras y demás. Pero
ahí no quedaba la cosa. Ya habiendo escrito mi carta a Santa
Claus, llegaba a acostarme y al día siguiente casi siempre
recibía lo que había pedido. Lo mismo con los Reyes Magos sin
dejar de lado los regalos que me hacían mi tía Toña y mi abuela.
Si hubo juguetes que fueron trascendentales en mi vida, no
dudaría en hacer mención de los Kid Acero, unas figuras de
acción de aproximadamente 30 centímetros a los que se les podía
cambiar la ropa y así convertirlos lo mismo en jugadores de
futbol soccer que de futbol americano, bombero, buzo,
motociclista o beisbolista, entre muchos otros. CIPSA era la
fábrica que los manufacturaba en México, bajo la licencia de la
multinacional Mattel. Con mi amigo Gerardo, los Kid Acero y
otras figuras de plástico rígido como una pequeña colección de
monstruos de la Universal fabricados por Plastimarx o Louis
Marx, que incluían al Jorobado de Notre Dame, la Momia,
Frankenstein, La Criatura de la Laguna Negra y otros, solíamos
jugar a "hacer películas". Si de algo servía tener esos juguetes
y otros como El Hombre Nuclear (este traído de Estados Unidos
por una amiga de mi mamá que se lo vendió), fue que aprendimos a
estimular nuestra imaginación para, a través de los juguetes,
crear historias o situaciones, pues lo mismo "hacíamos
películas", que colocábamos discos en la tornamesa y con los
juguetes en fila, organizábamos maratónicas sesiones en las que
cada uno de ellos era un cantante y concursaban ¡¡ni más ni
menos que en la OTI!! Algo más me tocó vivir, fue la transición
de los juguetes artesanales, de madera o lámina muchos de ellos,
a la popularización del juguete de plástico. Fue también una
época de rabioso marketing en el que se aprovechaba todo para
que los niños consumieran desde el legendario yoyo Duncan hasta
los Kid Acero, los juegos como El Fabuloso Fred y demás. Si algo
tengo que agregar, es que, para colmo, aunque tuve una cantidad
de juguetes que pocas veces he vuelto a ver en el caso de otros
niños, ya que no sólo tuve juguetes de marca o caros, sino
también compraba luchadorcitos de plástico en el Mercado de San
Lucas -y donde se me pusieran en frente-, no quedaba casi nunca
conforme, porque siempre aparecía alguna novedad en el mercado,
lo que me pinta como lo que fui, un niño consumidor compulsivo
de juguetes.

Juicio. Hablar de juicios, y en especial del juicio de Dios,
encara siempre algo tremendo, algo ineludible que en determinado
momento de la vida, sacude a la gran mayoría de las personas. Al
mismo tiempo, muchos que han sido rescatados del pecado por
gracia de Jesucristo, a veces parecen haber olvidado tal
condicionante y someten a duros juicios a quienes aún no han
sido redimidos, lo cual nos invita a reflexionar el no juzgar y
menos a la ligera, las razones por las que las personas obran de
tal o cual manera.

Juntas de trabajo. Si hay algo que a lo largo de mi vida laboral
me ha parecido tedioso, sin sentido y con una serie de ideas que
nunca llega a ningún lado, lo son, casi siempre, las mal
llamadas juntas de trabajo. Se convoca a la misma, se lleva una
minuta y en el mejor de los casos hay un orden de asuntos según
la importancia o el criterio del convocante. Las juntas de
trabajo, en las más de las ocasiones, sirven solamente para
medir el nivel de insatisfacción de los empleados. Se habla de
tal y cual política a seguir en la teoría, pero en la práctica
rara vez se encuentra la aplicación. Las juntas de trabajo
sirven en las más de las ocasiones para darnos cuenta del grado
de ignorancia de quienes están al frente de las posiciones donde
se toman decisiones o se ejecutan órdenes. Nos damos cuenta de
los errores de dicción de otros, de algunas de sus manías como
estarse quitando los zapatos, metiéndose el dedo en la nariz o
estarle viendo las piernas a las compañeras de trabajo. Como
pretexto para salir del rutinario trajín, es una verdadera
terapia y mejor cuando viene con café, té y galletitas. Las
juntas de trabajo casi siempre se llevan a cabo en las
rimbombantemente llamadas "salas de juntas", que las más de las
ocasiones no son sino pequeños cuartitos con sillas "ejecutivas"
y una mesa que no encontró utilidad en otra parte de la oficina.
Las juntas de trabajo sirven también para hacer -por parte de
los jefes- veladas amenazas de que si no se cumple al pie de la
letra el objetivo motivo de la junta y se tienen respuestas
inmediatas favorables a la empresa, puede haber despidos, la
junta de notables en cuestión fuerza de tal manera a los
trabajadores, que no sólo no se cumplen por regla general los
objetivos, sino como se dice muy coloquialmente, sale más caro
el remedio que la enfermedad. En suma, raro es estar en una
junta de trabajo donde se tenga noción del tiempo para la misma
y donde el tema a tratar sea abordado satisfactoriamente. La
forma en que trabajan la gran mayoría de las empresas, siempre
fluctuante, es una de tantas formas en que podemos ver el
desorden organizacional que se vive en ellas. Tal desorden
adopta dimensiones institucionales, y de ahí una explicación
para darnos cuenta por qué en América Latina seguimos bien
metidos en lo que se conoce como "tercer mundo.

Justificación. Se dice en México que desde que se inventaron los
pretextos, se acabaron los... En fin. Lo habrás vivido quizá, o
a lo mejor tú eres así. El caso es que hay gente que para todo
tiene una justificación, lo peor es cuando esas personas se
justifican siempre por errores de otros: "Es que por culpa de...
", "es que llovió", "es que hacía mucho calor". Y cualquier otra
serie de pretextos para no asumir su falta de carácter y su
falta de compromiso. ¿Hasta cuándo seguiremos viviendo de las
justificaciones? ¿Hasta cuándo estaremos como niños
justificándonos por los resultados no obtenidos? Cierto, no
todos los factores para conseguir una meta dependen totalmente
de nosotros. A veces no ascendemos en el trabajo por el
favoritismo de nuestros jefes para con otros; a veces, en
efecto, no podemos lograr algo por situaciones accidentales.
Pero no podemos decir que siempre las cosas son así. De
cualquier manera hay que luchar tanto por conseguir nuestras
metas hasta donde sea posible, como también luchar por no
estarnos justificando y aceptar nuestros errores cuando los
cometamos.

Juventud. Dicen algunos: "Juventud, divino tesoro". Al respecto,
creo que cada etapa de la vida tiene su propio valor y la
juventud no tendría precisamente por qué ser un tesoro. La
juventud tiene, sin embargo a su favor, la plenitud de las
fuerzas y sobre todo, el ánimo de los anhelos que perseguir. Es
la época de las metas trazadas y la búsqueda de su conquista. Es
también una época de conocimiento, aprendizaje y de búsqueda, la
curiosidad es uno de sus elementos, lo que permite adentrarse
más en terrenos antes inexplorados por el individuo, lo que
puede resultar para bien o para mal. Si algo también tiene la
juventud, es explosividad, se actúa de forma impulsiva e
inmadura, del joven dependerá que esa inmadurez desaparezca o se
haga más grande. Ser joven trae a veces la sensación de ser
invencible, incansable, por ello no es bueno entregarse al
desenfreno, sino que hay que aprender a tener paciencia y temple
para cometer la menor cantidad de errores y de los cometidos,
aprender y corregirlos en medida de lo posible.

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