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Asunto:[estargeo] Respuesta a Bunge por parte de Follari
Fecha: 13 de Junio, 2001  16:46:05 (+0200)
Autor:Fernando <fruizpeyre @.......com>

Lo siguiente es una carta publicada por el Diario Los Andes, de Mendoza (13-6),
donde el Prof. de la Fac. de Ciencias Politicas, Roberto Follari, responde ante
declaraciones del filosofo Mario Bunge. Con el envio de este material no me
posiciono en favor ni en contra de ninguna de las dos personas (debido a mi
ignorancia sobre los temas tratados), sino que solo deseo transmitirles un
debate, que me parecio interesante para quien intenta crecer en el campo de la
ciencia...

interesante....

 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 


Mario Bunge: exabruptos e insultos en nombre de la razón 

 
Por Roberto Follari 
----------
Ante lo señalado por Mario Bunge en una entrevista a Los Andes del domingo 10 de
junio, donde alude a previas declaraciones hechas por mí (las cuales fueron
publicadas simultáneamente a su venida, pero realizadas hace varios meses),
quiero manifestar mi molestia y repudio inequívocos. Un autor que dice hablar en
nombre de “la razón” y que pretende para sí el raro privilegio de ser el portavoz
único de “la ciencia”, ha contradicho por completo tales pretensiones, rebajando
el debate conceptual a una serie de exabruptos e insultos indignos ya no sólo de
la discusión intelectual, sino de cualquier convivencia civilizada. Calificativos
como “ignorantes”, “imbéciles”, “charlatanes”, y hasta “bestia” dirigidos hacia
quienes no pensamos como él, dan el perfil de su talante para manejar el disenso
teórico, y de sus “destacables” cualidades personales.

He recibido la solidaridad de diferentes colegas ante esta insólita agresión,
ajena por completo al espíritu con que nos movemos en la comunidad académica
local. Personalmente, juzgo ridícula la pretensión de que quienes no pensamos en
términos parecidos al Sr. Bunge tengamos algo que ver con Hitler: ciertamente,
mis posiciones en pro de derechos humanos y sociales son suficientemente
reconocidas en Mendoza, y no sólo aquí. En cuanto a lo académico, he sido
profesor invitado de posgrado en diversas universidades latinoamericanas, se han
vendido 35.000 ejemplares de mis libros en diversos países, tengo la más alta
calificación académica que reconoce la Universidad argentina, soy consultor de
Coneau, de la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología y de Conicet. Juzgar con
insultos a mi persona es hacerlo a todos estos organismos (y otros similares),
que habrían tenido la falta de preparación para aceptar tal tipo de “ignorantes”.


Creo que es una falta al más elemental respeto el concurrir a la Universidad
Nacional de Cuyo para, a la vez, sugerir no muy veladamente que en ella se
“nombra al frente de las cátedras” a “charlatanes”, como afirma con el más
crudo desconocimiento del régimen de concursos para llegar a cargos efectivos.

No es la primera vez que este Sr. utiliza el agravio más torpe para referirse a
quienes no coinciden con él. Veamos: “El psicoanálisis es parte del
irracionalismo... el irracionalismo siempre existió, siempre hubo bestias,
siempre hubo ignorantes” (en La Nación del 31/03/94, pág. 12). Se trata de una
muestra de absoluta intolerancia, y no por cierto de ejercicio de la razón o del
argumento sistemático. 

Tampoco resulta precisamente una muestra de tacto o de cortesía el hecho de que,
habiendo sido invitado por la Universidad Nacional de Cuyo y siendo un
latinoamericano que vive en el llamado Primer Mundo, afirme que “la universidad
latinoamericana es una fábrica de fracasados”. En todo caso, quienes hemos
elegido vivir aquí y asumir nuestra realidad nacional con sus logros y sus
dramas, no escapamos del destino del conjunto de nuestra Nación, y hemos decidido
hacerlo nuestro. 

No es el caso de Bunge, quien -contrariamente a lo que propagandiza cierta
prensa- no fue expulsado por nadie, y se fue por voluntad propia. Y no en tiempo
de dictaduras. Lo cual hace doblemente molesta la pretensión de indicarnos el
camino señalando que -a diferencia de nuestras universidades, según él- en las de
Estados Unidos “la gente estudia en serio”. 

Y hago apenas una breve aclaración teórica, dado que no puedo polemizar con
personas ajenas a toda disposición al diálogo. En la afirmación de que él es
realista y por tanto no positivista, exhibe una sorprendente confusión
conceptual. Que sea realista no es incompatible con su cerrado empirismo, ese que
cualquiera puede constatar en sus obras. Y además, hay realismos que para nada se
sostienen en la idea de que sólo es válido lo visible, postura bungeana que
declararía acientíficos, por ejemplo, a autores de la talla de Max Weber o
Levi-Strauss. En fin: que decirse “realista” ni quita ni agrega al empirismo del
autor.

La distinción -no singularmente sofisticada- entre realismo y empirismo
positivista la aprendí hace más de 25 años, y como muchos jóvenes de entonces, lo
hice en el polémico texto “Materialismo y empiriocriticismo”: de modo que es
sugestivo que Bunge pretenda que la desconozco. Más elocuente resulta el hecho de
que él trate de asociar férreamente el realismo a una posición como la suya, sin
admitir que hay realismos trascendentales como el de Roy Bashkar, o que se puede
sin incoherencia ser realista ontológico y relativista epistemológico (por
ejemplo, León Olivé). 

El realismo nada agrega en pro de ese observacionalismo de Bunge que reniega de
tal modo de las entidades teóricamente construidas, que en realidad consideraría
un metafísico al mismo Einstein (quien repetía que una teoría es una invención
racional, no el fruto deducido de la mirada sobre el mundo o de la realización de
experimentos. Y que fue un convencido realista, como lo muestra su célebre frase
de que “Dios no juega a los dados”).

No está de más advertir la insólita frescura con que Bunge en su clase de la
Universidad Nacional de Cuyo se permitió de un plumazo y, sin mediar argumento
alguno, desacreditar a Heidegger, Nietzsche y Husserl (los tres en la misma frase
y al unísono), sin duda de los más grandes pensadores que ha dado Occidente en
los siglos XIX y XX. Tan sumario procedimiento se resumió en el calificativo
“oscurantistas”, aplicado indistintamente a todos. ¿Conocerá nuestro autor
las discusiones de Cacciari sobre la relación entre Nietzsche y el Iluminismo?
¿Recordará que Husserl escribió unas monumentales Investigaciones Lógicas? La
indistinción entre autores que son claramente distinguibles, sugiere el
desconocimiento real acerca de sus respectivas obras, parte indisputable del
acervo filosófico contemporáneo. 

Ya para finalizar: las groseras descalificaciones de Bunge confirman su manera
de discutir con quienes no coincidimos con él, la que es por completo ajena a
todo pluralismo y respeto intelectual. He dicho en mi entrevista que se trata de
un hombre capaz, aunque dogmático: él parece estar dispuesto a confirmar
activamente sólo el segundo de estos atributos.




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