Entrevista a Joan Fontrodona, profesor de ética del IESE
"Si el único objetivo es 'crear valor', acabamos dejando navegar a petroleros
como el Prestige"
Carles M. Canals
Expansión Dir – Empresas
Después de los últimos escándalos empresariales, se ha puesto de manifiesto
que "la ética es importante. La ética es como el aire para el hombre: uno sólo la
echa de menos cuando falta".
Si resulta que el único objetivo de la empresa es la creación de valor
entendida como maximización del beneficio a toda costa, "nos acabamos encontrando
con contabilidades creativas (Enron), destrucción de documentos (Arthur
Andersen), fusiones con otras compañías para despedir al 10% de la fuerza
laboral, venta de activos estratégicos, dejar navegar barcos petroleros con un
solo casco en vez de con dos porque sale más barato (Prestige), llevarse la
fábrica a países del tercer mundo exclusivamente porque la mano de obra es más
barata..."
Así se expresa Joan Fontrodona, profesor de Ética Empresarial del IESE. En un
mundo de economía capitalista, de mercado, "se nos ha vendido la idea de que el
fin primordial de la empresa es crear valor para el accionista. Esto quiere decir
que la primera responsabilidad del gestor es asegurar al accionista un beneficio
creciente, y cada vez a más corto plazo porque donde se demuestra el valor es en
el precio de la acción en bolsa: la cotización siempre ha de subir".
Pero del mismo modo que los humanos necesitamos comer para sobrevivir "y no
por eso decimos que nuestro objetivo es comer, el hecho de que la empresa
necesite beneficio para seguir adelante no significa que sea su único
objetivo".
Hoy se considera que "la empresa tiene más objetivos: proporcionar un producto
o servicio de calidad y bueno para la sociedad; crear puestos de trabajo estables
y en adecuadas condiciones de salario, seguridad, higiene y formación; cuidar el
medio ambiente; cumplir con sus compromisos con la administración local y sus
proveedores...y dar beneficios. Hay quien lo explica diciendo que la empresa ha
de comportarse como un buen ciudadano: la sociedad no se conforma con que la
empresa sólo cree valor, sino que se piden más cosas".
Esto quiere decir que "hoy el ejecutivo lo tiene más complicado que antes,
porque tiene más objetivos y ha de buscar un equilibrio entre ellos. La actual
visión de la empresa hace más compleja la toma de decisiones. Pero si el gestor
sigue mirando las cosas con el canuto del beneficio como único objetivo, se acaba
enfrentando a la sociedad: es mejor que cambie de óptica antes, que se adelante y
sea proactivo".
La contradicción es que, "una vez que se ha demostrado que la ética es
importante para la continuidad de la empresa a largo plazo, en Europa no se
adopta una actitud proactiva. En parte eso responde a la visión latina,
mediterránea, de que la ética forma parte de los valores personales y que las
empresas, como organizaciones, no pueden planteársela". En cambio, en Estados
Unidos, como la ética ha entrado por vía normativa, hay un acuerdo general en que
haya códigos que regulen las cuestiones éticas. El origen filosófico es el
empirismo inglés, que es el que llegó a Estados Unidos con los peregrinos: se
dieron cuenta de que necesitaban organizar la convivencia con un marco legal que
se dieron a sí mismos. "En cambio, en el mundo latino consideramos que cuantas
menos leyes haya, mejor; y cuando se ponen leyes, buscamos la forma de
saltárnosla".
En Estados Unidos, las empresas establecen pautas y mecanismos para educar en
la ética y respetar las quejas de los clientes. "La parte negativa es que, muchas
veces, las empresas se han conformado con incorporar un código de conducta o
crear un departamento de ética, pero no lo han vivido realmente, no lo han
aplicado en el día a día". En Europa ha pasado al revés, según Joan Fontrodona:
"tienen más tradición los valores y creencias que las normas. Se creía que la
introducción de la ética no tenía por qué hacerse mediante mecanismos formales,
sino mediante el ejemplo: contratando gente con ciertos valores. Se pensaba: si
contratamos gente buena, actuará bien, y eso es suficiente. El contrapunto es que
hemos quedado en peor situación que en Estados Unidos: como no tenemos ni
siquiera códigos, es más fácil no vivir la ética". Además, por mucho que se fiche
a gente con principios buenos, éstos tienen que hacer negocios con personas y
empresas que quizá no tienen esos valores; o los ejecutivos (como todos) tienen
momentos de debilidad, o han de trabajar con países donde están vigentes otro
tipo de comportamientos. "Estoy de acuerdo en que la ética es, sobre todo, una
cuestión personal. Pero como las empresas tienen importancia en las personas que
trabajan en ellas, lo mismo que damos importancia a la formación profesional y
técnica de los colaboradores, también hemos de dársela a la formación ética,
sobre todo cuando decimos que la ética es lo más importante de la empresa".
Hemos de llegar a una situación intermedia entre la de Estados Unidos y
Europa. "Claro que son más importantes los valores que la norma, pero hemos de
asumir la responsabilidad de educar a la gente según los valores que queremos que
se vivan en la empresa". ¿Cómo se hace esto? Cuando una empresa tiene problemas
financieros o con la red de ventas, o ha de redefinir su estrategia, acude a
consultores expertos para que le ayuden. "Con la ética, dice Fontrodona, se
debería hacer lo mismo: buscar a alguien que ayude a la empresa a hacer operativa
la ética en el día a día. Hay herramientas suficientes: declaración de valores,
código de conducta, nombrar un responsable que se ocupe especialmente de estas
cuestiones, establecer cauces de comunicación para que la gente pueda quejarse,
crear una instancia a la que los colaboradores puedan pedir consejo...".
"Muchas decisiones técnicas tienen un componente ético, y con frecuencia las
personas no saben cómo resolver el dilema": un jefe de compras al que un cliente
le pide un 2% del importe para su bolsillo, o que le haga un buen trato; una
persona que ha recibido un regalo de un proveedor y no sabe si se lo puede
quedar; alguien que advierte que están haciendo mobbing a un compañero y no sabe
a quién recurrir; un empleado que considera que una campaña publicitaria de su
empresa no respeta los valores de la misma... "Hay procedimientos para encauzar
estas inquietudes dando seguridad de que no habrá represalias contra quien las
manifieste, sino que sus observaciones serán apreciadas". Con frecuencia, cuando
gente bien pagada está a disgusto en su empresa "no es por cuestiones técnicas
(no saber determinado procedimiento, estar desbordado por la informática) sino
por sus relaciones con el jefe o los compañeros o por el modo de tratar al
cliente, cuestiones que a menudo tienen un trasfondo ético".
También se puede introducir la ética entre los criterios para la evaluación de
desempeño de los profesionales de una empresa. Según Fontrodona: "además de tener
en cuenta parámetros como los objetivos conseguidos, la iniciativa, la buena
relación con los colegas, tratar bien a los subordinados, etc., habría que tener
en cuenta cómo vive los valores definidos por la compañía, si ha habido
situaciones en que ha planteado objeciones a la ética de determinadas
actuaciones, si ha hecho consultas en este sentido...".
LOS PRINCIPALES PROBLEMAS
¿Cuáles son los principales problemas éticos que se plantean hoy en las
empresas españolas? "Primero quiero dejar claro que hay más personas que hacen
las cosas bien que quienes las hacen mal. En segundo lugar, desde fuera es
difícil saber lo que ocurre en una compañía. Ahora bien, dejando de lado lo
esencial que es la veracidad en la información, un tema que hoy preocupa mucho es
la conciliación entre el trabajo y la vida familiar. La gente pasa muchas horas
en el trabajo, quizá demasiadas; hay pocas compañías que se preocupan de
comprobar que sus colaboradores están sólo las horas estipuladas".
Otro tipo de problemas lo plantea "la falta de lealtad con los compromisos que
se adquieren con los colaboradores, los proveedores y los clientes. Ya hemos
hablado de las horas de trabajo de los empleados, pero también hay cuestiones
relacionadas con las vacaciones y la formación debida para asegurar su
empleabilidad". Por lo que se refiere a los proveedores, a veces se advierten
"actitudes que suponen un abuso de poder, como ocurre con grandes superficies,
administraciones y entidades estatales que pagan mal y tarde y empresas que ponen
demasiada presión para conseguir unos precios abusivos. En cuanto a los clientes,
hay empresas que prometen muchos servicios postventa que después no cumplen".
Todo esto afecta a la reputación de la empresa. Como hoy la información corre
muy deprisa y una noticia en contra tiene más impacto que una positiva, las
empresas están preocupadas. ¿No es egoísmo actuar bien movido por la reputación?
"En ocasiones se da demasiadas vueltas a la polémica entre egoísmo y altruismo.
Las organizaciones, lo mismo que las personas, tienen derecho al buen nombre.
Pero el mejor modo de conservarlo es prevenir, es decir, hacer las cosas bien,
tomar decisiones teniendo en cuenta los intereses de los demás".
_______
Nacido en Lloret de Mar en 1963, Joan Fontrodona Felip es Doctor en Filosofía
y Máster en Economía y Dirección de empresas. Actualmente es profesor adjunto de
Ética Empresarial en el IESE. Ha sido profesor visitante de las universidades
Francisco Marroquín (Guatemala), Bentley y Harvard (Estados Unidos). Es coautor
de libros como “La ética que necesita la empresa” (Unión Editorial), “Ética del
márketing” (Unión Editorial), “La ética en los negocios” (Ariel) y “Tras la
euforia: Guía ética para directivos en la nueva economía” (Prentice
Hall-Financial Times). Su obra más recientes es “Pragmatism and Management
Inquiry”. Es secretario de la asociación Ética, Economía y Dirección (www.eticaed.org) e investigador asociado del
Instituto Empresa y Humanismo (www.unav.es/empresayhumanismo).
http://www.iese.edu/faculty/Etica/eindex.html
© Expansión - 16/12/2002