Las pequeñas compañías acusan el precio de la transparencia
Expansión - y. jover. Valencia – Abril 2003
La aparición de códigos, como Olivencia o Aldama, destinados a favorecer el
buen gobierno de una empresa y a garantizar su transparencia no presentan a
priori ninguna oposición y son bien acogidos por los propios empresarios.
Sin embargo, el talante colaborador de las pequeñas compañías cotizadas se
tuerce cuando estas recomendaciones de carácter voluntario se transforman en
imposición.
El presidente de Compañía Levantina de Edificación y Obras
Públicas (Cleop), Carlos Turró, se encargó ayer de mostrar su descontento ante el
proyecto de ley presentado recientemente por el Gobierno, con el que pretende
plasmar sobre el papel nuevos deberes y responsabilidades de las sociedades y sus
órganos de dirección. Turró participó en la II Jornada sobre Gobierno
Corporativo y Consejos de Administración, que organiza la Fundación de Estudios
Bursátiles y Financieros de Valencia, en colaboración con Bancaja y la Asociación
Valenciana de Empresarios (AVE).
Una de las principales preocupaciones del presidente de Cleop es la merma en
la competitividad que provocará el aumento de exigencias, ya que "un escenario
absolutamente regulador sólo puede conducir a un retraimiento en la toma de
decisiones y un peor resultado en las cuentas".
En esta misma línea se
define Agnés Noguera, secretaria del consejo de la compañía Libertas 7, que
cotiza en la Bolsa de Valencia. En su opinión, "el intervencionismo está
derivando en una estrategia policial de información forzosa y un exceso de
obligaciones que generará un aumento de costes legales y puede incluso llevar a
la exclusión de bolsa de las sociedades cotizadas o no entrada de las que fueran
a hacerlo".
Además, para Turró, las normas que se están imponiendo son de más
fácil cumplimiento para las grandes empresas. Por ello, no considera lógico que
"los principios se apliquen con la misma intensidad y rigor tanto en las
compañías de gran capitalización bursátil como en las demás". El presidente de
Cleop advierte que el control llega a ser incluso más severo en las pequeñas y
medianas sociedades.
Frente a la obligatoriedad de la normativa, tanto Carlos
Turró como Agnés Noguera recomiendan la autorregulación y la toma de decisiones
en torno a valores éticos. Según estos empresarios, las compañías excelentes son
aquellas que se forjan día a día sobre la ética, que les da mayor probabilidad de
mantener su competitividad.
Pero para poder actuar, "esas compañías deben disponer de un amplio grado de
libertad para estructurar la organización y el funcionamiento de sus consejos y
adaptarlos a sus concretas circunstancias".
A estos deseos de un control más
limitado, respondió el secretario del consejo de la CNMV, José María Garrido,
afirmando que aún queda un amplio margen de autorregulación. Sin embargo, "las
sociedades han de saber que estar en bolsa requiere el cumplimiento de unas
obligaciones, y la principal es la transparencia. Además, la tendencia será
exigir cada día más".