Los códigos de ética en las empresas: una tendencia creciente
Ética y negocios quieren dejar de ser incompatibles en la Argentina, y aunque
el contexto económico actual centre la atención en los temas financieros del día
a día, la presencia de los valores y códigos éticos en la vida empresarial es
cada vez más importante, como apuesta a un nuevo tipo de organización para el
futuro.
Así parece demostrarlo una investigación de campo impulsada desde la
Universidad Argentina de la Empresa (UADE), dirigida a las 500 mayores empresas
del país que revela que en nuestro país el 70 % de las compañías poseen algún
tipo de documento relacionado con la ética. La mayoría ha iniciado su elaboración
e implementación durante la década del '90 y han sido revisados y actualizados en
los últimos dos años. A su vez, dentro de las empresas que actualmente no poseen
ningún tipo de documentos escritos, el estudio refleja que el 32% piensan
introducirlo en el corto plazo.
El auge de la ética y, en particular, su
desarrollo en nuestro país, no es casual. Los casos de corrupción que han saltado
a la opinión pública han traído consigo un reclamo de toda la sociedad para que
los valores morales rijan la vida de las instituciones y de las empresas.
Evidentemente en un mundo que ha perdido la confianza, será cada vez más difícil
establecer reglas justas y equitativas que permitan hacer buenos negocios. No
obstante, la trascendencia que la ética está tomando en la actualidad ha llevado,
en concreto, a la proliferación de códigos de conducta dentro de las
organizaciones como un modo de institucionalizar el comportamiento moral.
El código de ética de una empresa expresa el ideario corporativo y los valores
éticos en los que se sustenta la organización. De alguna manera refleja la
responsabilidad que asume como corporación ante la sociedad. Su objetivo es dar a
conocer la personalidad de la empresa, su carácter propio, el proyecto común que
la identifica y, a la vez, la diferencia de las otras empresas. Se puede decir
que es su carta de presentación ante el mercado, la sociedad y sus propios
empleados y accionistas.
Ahora bien, la proliferación de estos documentos no es atribuible a una
idiosincrasia de nuestra cultura ni tampoco ha sido incentivado por políticas
gubernamentales sino, más bien, responde a la influencia de las compañías
multinacionales y de la necesidad de insertarse en un mundo globalizado. La
presión de toda una sociedad que reclama valores éticos ha hecho también que en
la Argentina de hoy, cualquier empresa se plantee que no podrá sobrevivir al
margen de un entorno social que demanda un compromiso con la ética. De hecho, ha
pasado de ser una alternativa más o menos estratégica para convertirse en una
necesidad insoslayable en el mundo de los negocios.
Un buen código contribuye a la transparencia de la empresa que es uno de los
valores fundamentales para su buen funcionamiento y actuación ética. De esta
manera, al generar confianza hacia dentro y hacia fuera de la organización,
redunda indirectamente en la rentabilidad económica de las empresas. En
definitiva, por aquí entra la ética en la cuenta de resultados.
Sin embargo, la sola presencia de un código no basta para mejorar las
conductas éticas dentro de las compañías. Si bien es un paso importante, debe
estar acompañado por otras medidas como por ejemplo, seminarios de capacitación,
auditorías éticas, selección del personal según criterios que incluyan la calidad
ética de las personas, etc. Todo ello pone de manifiesto que, actualmente, la
implementación de los códigos éticos en las empresas ya no es tanto una
estrategia de marketing o una cuestión de imagen institucional como un
instrumento de gestión para mejorar la calidad humana de las empresas.
Todo esto requiere un fuerte compromiso por parte de quienes dirigen las
empresas. En ellos recae no sólo la implementación de los códigos éticos sino
especialmente su efectivo cumplimiento. Detrás de la coherencia con que se toman
las decisiones y de la ejemplaridad con que se transmite, está la clave de la
eficacia de los códigos de conducta y la señal más clara del compromiso con que
se asumen.
Patricia Debeljuh
Dra. en Filosofía (Universidad de Navarra, España);
Profesora Investigadora Depto. Administración y RRHH (UADE, Argentina)
Boletín IARSE nº 10 (18 marzo 2003)
http://www.iarse.org/site/