El compromiso emocional
Amparo Merino / (08-05-2003)
Las empresas no son entes ajenos a la sociedad en la que actúan. Es más, en
tanto integradas por personas, son sociedad, y en tanto inmersas en el entramado
social, son ciudadanos corporativos. Uno de los grupos de interés más importantes
para cualquier organización es el de sus empleados. Elementos como su
cualificación, su experiencia, su entusiasmo y satisfacción en el trabajo o su
sensación de recibir un trato equitativo tienen una incidencia directa en la
capacidad de la empresa para crear valor a largo plazo. En consecuencia, son las
personas y su capital intelectual las que marcan la diferencia. Así, no es de
extrañar que uno de los principales retos a los que se enfrentan las
organizaciones sea su habilidad para atraer talento y, lo que es más importante,
conservarlo. Un ejemplo de esta realidad es el de la cooperativa guipuzcoana de
autocares Irizar, cuyo sistema de trabajo, orientado a la satisfacción de
clientes y trabajadores, ha sido reconocido con diversos premios a la excelencia
empresarial.
En el desarrollo de experiencias como la anterior intervienen las actitudes
hacia la empresa que adoptan los empleados. Es decir, su compromiso emocional,
que se traduce en un sentimiento y orgullo de pertenencia, en la identificación
con la visión y la misión de la organización y en el deseo de continuar en ella.
El compromiso emocional del empleado exige una política laboral que se manifiesta
en medidas como aprendizaje permanente, participación en los beneficios y en las
decisiones, mantenimiento de la empleabilidad, diversidad cultural y de género en
los recursos humanos, igualdad de oportunidades, contratación no discriminatoria,
transparencia en la política de remuneración, equilibrio entre trabajo, familia y
ocio, política de ruptura laboral responsable y seguridad en el trabajo. En esta
línea se pronuncia el Libro Verde de la CE para fomentar la responsabilidad
corporativa hacia los empleados, como parte de la contribución de la empresa a la
mejora de la sociedad.
El comportamiento responsable, tanto en la dimensión laboral como ambiental o
con la comunidad, parte de los valores de la organización que se desprenden de
sus principios éticos. El desempeño y la satisfacción de un empleado serán más
elevados si sus valores están alineados con los de la empresa, y no sólo si
poseen la habilidad, la experiencia y la motivación para desempeñar el trabajo.
Ahora bien, ¿cuáles son los valores más demandados por los trabajadores? Un
reciente estudio elaborado por The Work Foundation para la mejora de la calidad
de vida en el trabajo ha analizado los factores que influyen en la capacidad de
las empresas para atraer y retener el talento. La investigación muestra una
fuerte correlación entre el deseo del empleado de seguir en la empresa y una
percepción positiva de su actitud ética. El estudio agrupó los factores
mencionados en tres categorías: aspectos instrumentales como el salario o la
seguridad; medidas como la formación o la facilidad para compatibilizar la vida
profesional y personal; y la consideración del empleado sobre el comportamiento
de la organización. El 10% de los trabajadores encuestados elegían esta última
variable como el factor más importante en la elección de una empresa en la que
trabajar.
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