El líder suave y tranquilo
Para poder dirigir con éxito, el líder debe vivir un compromiso personal,
poseer capacidad de influencia, utilizar el ejemplo personal, transmitir
credibilidad y tener reputación personal y profesional.
Marzo de 2003
Javier Cantera
Socio director de BLC
Con las lecturas de los últimos libros sobre liderazgo se ha sedimentado una
imagen en mi mente del líder suave y tranquilo, hasta tal punto que algunos
discursos caen en una visión almibarada de la relación de poder en las empresas.
Pero no debemos olvidar que no hay coincidencias sin significados y como bien
apreciaba Carl G. Jung, no hay coincidencia sino sincronización por la aparición
simultánea de ideas sin relación causal alguna entre sí.
Esta sincronización
proviene de ámbitos muy diferentes, frente a los conceptos del jefe
desorganizador del libro de Oren Harari sobre la figura de Colin Powell hasta el
liderazgo resonante de Daniel Goleman y Richard Boyatzis. Una decena de libros
coinciden con una visión del soft power o poder suave, del líder tranquilo,
emocional y empático que quiere este profesional del conocimiento actual del
siglo XXI.
Voy a intentar sintetizar este concepto de líder que desde una visión
de recursos humanos tiene una enorme transcendencia. El directivo suave y
tranquilo trata de persuadir, involucrar, compartir, debatir y al fin y al cabo
convencer desde un compromiso personal.
La base del líder emocional está en su
compromiso personal, de aceptación de sus competencias y en el convencimiento del
valor añadido que puede ofrecer. La primera impresión cuando te encuentras con
este ejecutivo es que no lo dice sino que lo es, tiene asumido su papel desde la
modestia de ser más que desde un planteamiento forzado. Nos encontramos con
líderes de enorme tallado personal que asumen con naturalidad su papel desde una
visión tranquila y sosegadamente ambiciosa.
Después del compromiso personal tenemos que analizar cuatro conceptos que
emergen como pilares del líder suave y tranquilo. El primer concepto se refiere a
la influencia. El directivo debe influir más que mandar. El proceso implica un
enorme trabajo de buenas formas, ya que los empleados no se deslumbran sólo con
el poder de experto. Hace años era normal tener una coincidencia entre la
capacidad de influencia y el nivel del conocimiento, pero hoy en día se debe leer
la influencia como un proceso emocional y personal. La capacidad de influir, de
incitar y de hacer sentir es la naturaleza del ejecutivo actual.
Predicar
con el ejemplo
El segundo pilar de este directivo suave es el ejemplo; nadie puede influir ni
tener posibilidad de ser líder si no asume en su propio trabajo sus
planteamientos. No se puede incitar al trabajo en equipo desde una acción
ejecutiva individual, no se puede plantear códigos éticos de gruesos tomos
realizados por consultores de renombre sin la respuesta honesta diaria del líder.
El ejemplo se constituye en un entorno empresarial como la principal herramienta
de aprendizaje de actitudes, y cómo no, la prueba fundamental de la
verosimilitud. La exigencia empieza por uno mismo igual que el líder comienza con
aplicarse y cumplir sus propias sugerencias. Utilizar ejemplos es la técnica de
comunicación más empleada y el hacer lo que se dice es el principal valedor del
ejecutivo tranquilo.
La credibilidad como tercer pilar del líder consiste en elaborar una imagen
coherente y fruto de la repetición de sus actuaciones. Todos tenemos conductas de
líder pero la consistencia de estas conductas y la generación de expectativas de
actuaciones idóneas a su compromiso identifican a un líder. Ser creíble plantea
mantener posiciones claras y huir de utilidades coyunturales que surgen en la
actividad diaria empresarial. Estas características del directivo creíble implica
una preocupación por la coherencia personal, que conlleva desafiar al orgullo de
tener razón bajo cualquier circunstancia.
El cuarto pilar se refiere al concepto
de la reputación. Entroncar su forma a su nivel de moralidad es la base del
ejecutivo. Tener y fomentar la imagen del líder pasa por visualizarse como un
profesional con una enorme tilde moral y una sintaxis emocional. Este paradigma
del líder suave y tranquilo se asemeja al concepto de sfumato de Leonardo da
Vinci, que concibe la tolerancia emocional, la suavidad cromática como belleza y
la sensación de tranquilidad que nos transmite la Mona Lisa.
El liderazgo es un
proceso de aprendizaje donde las formas imponen el talante, que supera una vez
más al talento directivo.