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Asunto:[Etica-Empresarial] Gestión ética y corto plazo
Fecha:Lunes, 30 de Junio, 2003  20:03:38 (+0200)
Autor:Eneko <enekosj @.....es>

Las empresas, enfermas de 'cortoplacismo'

Carles M. Canals, 02 Junio 2003

 

 

Entrevista a Jaume Llopis, Profesor del IESE y consultor de empresas. Reclama unas nuevas formas de gestión más éticas y menos dependientes del corto plazo.

Un futbolista metido a empresario y profesor. Jaume Llopis (L'Hospitalet del Llobregat, 1942) era jugador de fútbol de primera división en el Elche. Lo dejó porque en aquella ciudad no podía cursar Económicas. Al acabar la carrera hizo el MBA del IESE y empezó un periplo profesional que le llevó a trabajar en trece grupos empresariales: Martínez, Persán, De la Viuda, Cecsa, Moulinex, Sarrió, Solís, Nestlé, Unión-El Fénix...

Durante cinco años fue consejero delegado del grupo familiar catalán Borges, en el que siguió como asesor hasta hace pocos días. Es presidente de la consultora Altair y socio de la firma de fusiones International Investment Group 2IG. Asesora a la compañía JSP de Canarias, al grupo de distribución Chedraui de México y al presidente del conglomerado paraguayo A. J. Vierci. Es profesor de la escuela de negocios IESE y de su homólogo en México, el Ipade. Es autor del libro Dirigiendo. Once factores clave del éxito empresarial.

 

Los ejecutivos de las compañías que están en bolsa se ven forzados a presentar cada vez mejores resultados "porque de eso depende que los inversores sigan confiando en la empresa". Se ha socializado la inversión en bolsa y los fondos de inversión y de pensiones; estas entidades a su vez invierten en empresas grandes. Para evitar que los inversores institucionales retiren sus fondos -lo que además de bajar la cotización supondría que la empresa dispondría de menos recursos para crecer- las empresas tienden a dar cada vez mejores resultados. "Eso hace que sólo piensen en el muy corto plazo, tomen decisiones que hipotecan el largo plazo y utilicen criterios contables cuanto menos discutibles. En el límite, se llega al fraude y, aunque ha habido pocos casos, han hecho mucho daño". En los recientes escándalos "ha habido falta de ética por parte de algunos directivos, analistas y auditores".

Precisamente uno de los puntos positivos de la empresa familiar -grande, pequeña o mediana- es que no está sometida a la presión de los resultados inmediatos "y sus directivos, sean o no propietarios, pueden pensar más en el largo plazo". Aquí el problema es que en ocasiones se confunden los términos y lo que debería discutirse en el seno del consejo de familia, o el órgano equivalente, se discute en el consejo de administración.

En las multinacionales, en general la propiedad de las acciones está muy atomizada, con lo que quienes mandan son los ejecutivos de la sede central del grupo. Éstos imponen al consejo de administración los criterios que vienen de la casa matriz, y los consejeros que no representan a ésta no tienen nada que hacer. Es verdad que además son nombrados por el presidente y tienen una remuneración demasiado elevada. Cuando se plantea un tema a discusión no tienen más remedio que decir: Sí, señor.

Los consejos de administración de las empresas de propiedad pública tampoco funcionan, porque los intereses que prevalecen son políticos, no empresariales. Quienes representan a la Administración la mayoría de las veces no tienen formación suficiente para mejorar el gobierno de la empresa.

Volviendo al síndrome del próximo trimestre, también sucede que los máximos ejecutivos de las compañías cotizadas tienen una tentación próxima: muchas veces su propia remuneración está ligada al comportamiento de los títulos de su empresa en la bolsa, mediante bonos y stock options. Hay que revisar el sistema de remunerar a los altos ejecutivos de las empresas cotizadas vinculado exclusivamente a los resultados trimestrales o al precio de la acción, "porque se ha demostrado que no guarda relación con la rentabilidad". Ha ocurrido como en el fútbol: "lo que se paga se ha desmadrado y hay que volver a la realidad, porque al final se está premiando la mala gestión".

Si la compañía obtiene malos resultados, "despedir al ejecutivo supone pagar unas cifras desorbitadas, por los paracaídas previstos en su contrato". Llopis propone que la remuneración variable tenga en cuenta la rentabilidad real de la empresa. Ha de ser un sistema de premios y castigos ligado a unos objetivos y a los logros individuales del ejecutivo. Hay que ver la marcha de la compañía en su conjunto, a corto y largo plazo. Si el premio depende sólo de la cotización o de los resultados trimestrales, "es una tendencia muy humana retrasar al año siguiente una inversión publicitaria que haría aumentar las ventas".

Por lo que se refiere a las auditorías, es muy positiva la tendencia de separar esta función de la consultoría y también cambiar de firma auditora de vez en cuando. "Si tu cliente te paga mucho dinero al cabo del año, es difícil que no escuches sus sugerencias". A Llopis también le parece acertado que sean los independientes quienes configuren el comité de auditoría del consejo de administración de las empresas.

Otra gran falacia fue hablar en términos de ebidta: el beneficio descontados los intereses, amortizaciones, impuestos y depreciación. "Es un engaño y una excusa que utilizan las empresas que tienen pérdidas" para dar una apariencia de bondad a sus malos resultados. Eso ha sucedido sobre todo en las empresas tecnológicas, que se consideraban una excepción, como si las demás compañías no tuvieran que pagar impuestos o intereses o efectuar amortizaciones. "El ebidta es una trampa que se inventó cuando surgió la gran burbuja tecnológica para ir comprando empresas, incluso a precios desorbitados, apalancándose. Ese término era una excusa, una huida hacia adelanta para crecer desaforadamente. Como mucho yo admito que se hable en términos de cash flow, que es lo que la empresa genera de tesorería".

A juicio de Llopis, también en los últimos años hubo una desaforada carrera hacia las fusiones: "A la hora de la verdad, no hay fusiones: hay compradores y vendedores, vencedores y vencidos, absorbentes y absorbidos". Cuando se produce una fusión, a corto plazo las cotizaciones suben, porque el inversor descuenta que la empresa será más competitiva y rentable en el medio plazo. "Pero en el 70% de las fusiones que se han hecho en el mundo, se ha demostrado que a medio plazo no se ha aportado más valor para el accionista: sólo se han beneficiado los especuladores a corto plazo, y han salido perdiendo las propias empresas, los inversores a largo plazo y los trabajadores", porque ha habido despidos. "Una vez más, se ha partido de la falsa hipótesis de que cuanto más grande es una empresa, más competitiva es, cuando en realidad lo importante es coger un nicho de mercado (geográfico o de producto) y ser el mejor".

Para mejorar los consejos de administración, "hay que dar entrada a miembros independientes de verdad, que no estén vinculados ni a la gestión ni a ningún grupo accionarial". Varios profesores del IESE, como Miguel Ángel Gallo, Felipe Prósper y Llopis, dice este último, han decidido poner condiciones antes de aceptar formar parte de un consejo de administración. "Primero: no queremos que se nos pague demasiado, para tener libertad e independencia para decir lo que pensamos. Que, si nos echan, no se vea afectado nuestro nivel de vida". Eso supone aceptar una remuneración que para cada consejero no suponga más del diez por ciento de sus ingresos totales, lo que podría suponer entre 30.000 y 60.000 euros al año.

También exigimos que los consejeros externos sean evaluados por el presidente al menos una vez al año, para comprobar que se están ganando su sueldo. Además, que se nos envíe al menos con una semana de anticipación todo lo que se vaya a discutir". Con esta medida se trata de evitar que el consejero delegado llegue a una reunión con una propuesta, entregue un informe de cincuenta páginas proponiendo una inversión de seis millones de euros y pida a los consejeros que voten sobre la marcha. "Si tienes tiempo de estudiar el tema, puedes ser crítico y dar una opinión cuidadosa".

No es fácil solucionar el síndrome del próximo trimestre, porque es un pez que se muerde la cola. Pero hay posibles vías para solucionarlo. En primer lugar, "pasar un poco de los analistas y pensar más en el largo plazo", para lo que hay que ganarse la confianza de los inversores. También hay que hacer más eficaces los consejos de administración y las juntas de accionistas. En éstas, "los minoritarios no tiene capacidad de defensa y se ven forzados a la pasividad para hacer oír su voz y su criterio".

Otra cuestión importante es que el consejero independiente tenga la oportunidad de incluir temas en el orden del día: por ejemplo, conocer la remuneración de los directivos de primer nivel, pedir información sobre el resultado de una inversión realizada hace años o sobre el cambio logístico del que se habló en el pasado y del que no se ha vuelto a informar. Es razonable que el consejo se reúna al menos seis veces al año (mejor doce) y que duren un mínimo de tiempo. "Es demasiado frecuente que se convoquen a las doce, el consejero delegado hable durante dos horas, a continuación haya una opípara comida y luego te den las dietas. Lo razonable es que, por ejemplo, empiecen a las diez de la mañana y terminen a las cinco o seis de la tarde, para poder profundizar en los temas", apunta el profesor de la escuela de negocios IESE.

© Expansión


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