La estrategia del miedo, ¿beneficia a la empresa?
La Vanguardia – 15 Junio 2003
En la empresa española la falta de comunicación se compensa con las
relaciones humanas. Si se dirige a partir del miedo, la organización tiende a la
mediocridad y a un aumento de la agresividad.
“Las empresas toleran los abusos de ciertos individuos siempre y cuando
generen beneficios y no produzcan demasiados contratiempos. Sin duda, podrían
favorecer el desarrollo de las personas, pero a menudo no hacen más que echarlas
a perder. En un sistema económico competitivo, numerosos dirigentes se mantienen
en su posición únicamente gracias a un sistema de defensa destructivo, se niegan
a considerar el factor humano y utilizan el miedo y la mentira para dirigir."
Hace cuatro años Marie France Irigoyen abría la caja de los truenos con frases
como éstas en su libro "El acoso moral" (Paidós, 1999), que tuvo su continuación
con otra obra dedicada exclusivamente al acoso en la empresa. Desde entonces, se
han multiplicado las denuncias de personas que han "descubierto" que las
acosaban, poniendo a prueba el proceder de los jueces, ya que, según dicen los
expertos, se trata de situaciones complejas y, a veces, difíciles de demostrar.
En realidad, ¿quién no conoce a alguien que tenga quejas al respecto? Algo,
aunque no todo, tiene que ver en ello el cambio habido en el mundo empresarial.
Desde hace años las empresas están sometidas a una doble presión adicional por la
creciente competitividad y las exigencias de los accionistas de más rentabilidad.
Con ello, a los directivos se les ha complicado la vida y una de las tareas más
complejas que se les plantea es la de crear una política de personal que tienda a
solventar la doble presión mencionada y mantenga, al mismo tiempo, "alta la moral
de la tropa", es decir, la motivación.
Esto se logra sólo en algunos casos, mientras en otros, aparecen formas
primarias de conducir la situación; formas que se basan en viejos principios
autoritarios y que colocan al miedo como variable estratégica de la gestión. "Hoy
muchas empresas tienden a aplicar políticas de miedo, porque buscan resultados
inmediatos. Quizás les resulte bien a corto plazo, pero están rompiendo los
vínculos entre el colaborador y la empresa. A medio plazo es malo, porque el
miedo corta la creatividad y la iniciativa", explica Esther Llongueras,
vicepresidente de Llongueras, con 700 empleados en su empresa.
En realidad, generar miedo cuesta poco, porque todos lo llevamos dentro.
Algunos miedos los conocemos, otros no. "La política del miedo es la más primaria
para ejercer el poder. Y, no nos equivoquemos, no hay que recurrir a la amenaza,
basta con no saludar, o con callar en ciertos momentos para generar la tensión
adecuada en el puesto de trabajo. Se utiliza cada vez en más empresas. Lo del
`mobbing´ es una prueba, ¡ah! que sólo funciona si la dirección lo permite. Es
una cadena perversa que no conduce a ninguna parte, porque parece olvidar que el
objetivo de la empresa es a largo plazo", explica Carmen García Ribas, autora de
"Tengo miedo" (Granica, 2003) y profesora de la Escuela Superior de Comercio
Internacional (ESCI), de la UPF de Barcelona.
¿Cuáles son los miedos más habituales entre los trabajadores? "Sin duda,
perder el puesto de trabajo, en primer lugar, y cualquier tipo de rechazo
personal o profesional, junto al fracaso", comenta Antoni Olivella, director
general de Indo, una multinacional española con 1.600 trabajadores. "Entre los
directivos, está, además, el miedo a no lograr el reto planteado y en el
empresario no saber transmitir el mensaje adecuado al equipo humano. No debemos
olvidar que si la organización es grande, la actitud del líder tiene un peso
decisivo", continúa.
Evidentemente, las repercusiones del miedo no son iguales para todos. "En los
trabajadores sometidos a un temor continuado, la repercusión es de índole
psicológica y personal, mientras en el directivo, además, es social y
profesional", apunta Antoni Rovira, gerente de la ESCI. "Pero las consecuencias
siempre son negativas, por ello en la escuela hemos introducido la gestión del
miedo en una asignatura, porque pensamos que es algo fundamental hoy en día en el
management. En España es más fácil que aparezca el miedo, porque todavía tenemos
las estructuras jerárquicas muy piramidales y los sucesivos escalones generan
miedos acumulados", prosigue. Esta situación menos plana de los organigramas
implica mayor responsabilidad para la cúpula. "Cuando el directivo no sabe
gestionar sus miedos genera torpeza en los equipos a sus órdenes. Si se dirige a
partir
del miedo, la organización tiende a la mediocridad y a ser más agresiva. El
miedo tiene muchas vertientes, por lo que el directivo debe tener una gran
capacidad para autogestionarlo, y no siempre es así", apunta García Ribas.
En algunos casos la irracionalidad es notoria. Rovira, por ejemplo, asegura:
"Veo cómo se manifiesta en muchas personas un miedo adicional cuando en el
trabajo están rodeadas de gente que sabe más que ellas y no digamos si están en
un nivel de organigrama inferior. Normalmente, el que tiene miedo de un compañero
o de un subordinado es porque es consciente de que sabe menos que ellos. En el
límite, puede llevar a crear equipos mediocres, con las negativas consecuencias
que acarrea para la empresa".
La carga del miedo personal la llevamos encima y su solución no es fácil. Pero
¿qué se puede hacer en el escenario laboral? La respuesta que dan todos los
consultados apunta al mismo sitio: transparencia y diálogo. "Trabajar con
opacidad genera incertidumbre, por ello nosotros queremos ser transparentes y que
todos los trabajadores conozcan cuáles son nuestros proyectos. Tenemos planes de
conocimiento adicional para que la gente se sienta más cómoda", dice Olivella.
"El miedo hay que gestionarlo, nunca se puede eliminar totalmente y la mejor
forma de hacerlo es implantando normas muy claras. La libertad total, la falta de
reglas, genera otro tipo de miedos", apunta García Ribas.
“Se puede controlar el miedo de forma eficaz, a través de la participación de
la gente en las organizaciones -comenta Antoni Rovira-, pero no debemos olvidar
que la persona refleja en la empresa lo que es en su casa. La carga de ética que
lleva encima en la empresa, mucha o poca, nunca es una casualidad." Y, por
último, Llongueras recuerda que en "las empresas grandes es difícil que no haya
miedo, pero la única solución pasa por el diálogo, mucho diálogo. Y eso vale para
todos los niveles profesionales. Lo básico es que la gente quiera y sienta la
empresa. Nosotros siempre hemos funcionado así y estamos orgullosos".