Moderación salarial... para los altos directivos
Todo estaba en calma mientras la Bolsa subía. Pero, cuando empezó la cuesta
abajo, el malhumor de los accionistas se ha notado en sus críticas a las elevadas
retribuciones de los directivos que, esas sí, nunca bajan. Por eso en EE.UU.,
Gran Bretaña, Alemania, Francia... se empieza a cuestionar las retribuciones
astronómicas de altos directivos de empresas importantes. En algunos países los
poderes públicos han establecido unos criterios, al menos para garantizar la
transparencia.
Ignacio Aréchaga - 18/06/2003
La irritación de los accionistas está haciendo que las juntas generales sean
conflictivas. En Gran Bretaña, se aplica por primera vez este año una ley que
obliga a las empresas cotizadas en Bolsa a pedir a los accionistas su parecer
sobre la retribución de los directivos. Aunque el voto sea solo consultivo y no
vinculante, es un mal trago quedar desautorizado. Y esto es lo que experimentó el
consejo de administración del grupo farmacéutico GlaxoSmithKline cuando el pasado
19 de mayo los accionistas rechazaron las propuestas del comité de retribuciones.
No era para menos. Entre otras cosas, preveía para el presidente director
general, Jean-Pierre Garnier, una indemnización de 22 millones de libras si
perdía su puesto.
Rebelión en las juntas
Tras este pistoletazo de salida, los emolumentos de los grandes patronos, los
llamados “fat cats” (gatos gordos), están bajo el punto de mira de los
accionistas, de los trabajadores y de la opinión pública. Se les reprocha que, al
mismo tiempo que invocan la necesidad de la contención salarial para la buena
marcha de la economía, sus retribuciones se hayan disparado; que, cuando la
empresa va mal, los directivos despidan a trabajadores pero no prescindan de sus
elevados sueldos; que invoquen el valor del riesgo y de la competencia, mientras
ellos se aseguran contratos blindados en oro contra toda pérdida; que defiendan
las ventajas del mercado, cuando el mercado de los altos directivos es imperfecto
y opaco.
El semanario The Economist –no sospechoso de tendencias socializantes–
sintetizaba así estas críticas en un editorial (24-V-2003): “Hay una fuerte
sensación de que muchos altos directivos están viviendo conforme a unas reglas
muy distintas de las del común de los mortales. Aunque el valor de la mayoría de
las grandes empresas se ha encogido, las retribuciones de los altos directivos
han seguido creciendo; el valor de sus pensiones no se ha colapsado; y han
logrado hacer unos acuerdos despilfarradores para amortiguar su caída en caso de
cese”.
Desmesuradas diferencias retributivas
Aunque las estimaciones varían, todas coinciden en que la retribución de los
altos directivos ha aumentado mucho más rápido que el salario medio. Las
desigualdades más clamorosas se dan en EE.UU.
Según un estudio de Thomas Piketty y Emmanuel Saez, publicado en Quarterly
Journal of Economics 2003, que cita Le Monde (23-V-2003), entre 1970 y 1999
las retribuciones de los cien directivos mejor pagados en EE.UU. se han
multiplicado por 30 en dólares constantes, mientras que el salario medio crecía
entre un 15% y un 20%.
Cuando se habla del alza de los costes salariales se piensa en el sueldo del
trabajador medio, pero cada vez pesan más los costes de los dirigentes. Según
Piketty, en EE.UU. el 1% de los asalariados mejor pagados (1,2 millones de
personas) representaban en 1970 el 7% de la masa salarial; en 2002 suponían ya el
16% de los costes salariales.
Ganancias sin riesgo
Se entiende y se admite que la remuneración variable de los directivos crezca
cuando la empresa tiene buenos resultados. Lo que choca a los accionistas y al
público es que las retribuciones astronómicas de altos directivos se dan también
en empresas que han entrado en grandes pérdidas con algunos de estos gestores. Un
devastador artículo publicado en Fortune (2-IX-2002) calculaba que los
directivos de 25 compañías cuya cotización en Bolsa había perdido un 75% entre
enero de 1999 y mayo de 2002, habían ganado desde 1999, 23.000 millones de
dólares.
Un caso típico es lo que ha sucedido a menudo con las stock options, que en
teoría es un incentivo para que los directivos persigan aumentar el valor de las
acciones de la compañía (1). En la práctica, cuando el valor de las acciones baja
y los directivos no obtienen los beneficios esperados, es frecuente que los
consejos de administración reaccionen fijando otro precio a las opciones para que
los directivos no salgan perdiendo. El motivo aducido es que de lo contrario la
compañía no podría retener a estos directivos.
¿Optimismo bursátil o buena gestión?
Por otra parte, también es discutible que el alza o la baja de la cotización
de las acciones se deba a los méritos de los directivos.
En ciclo de alza bursátil la marea hace subir todas las barcas; y hay otros
tiempos en que las cotizaciones no suben aunque los directivos hayan hecho un
buen trabajo. Por eso habría que buscar otros modos de ligar la retribución y los
resultados.
Koh Boon Hwee, presidente de Singapore Airlines, defendía en un reciente
artículo (International Herald Tribune, 24-I-2003) que “los directivos no
deberían ser premiados a no ser que quedaran por encima de sus competidores; y si
quedan por encima de ellos, deberían ser recompensados independientemente de que
la cotización subiera o bajara”.
Falta de transparencia
Lo curioso de las retribuciones de los altos directivos no radica solo en que
a veces sean desmesuradas, sino también en que a menudo los accionistas no las
conocen. De ahí que los gobiernos estén tendiendo a favorecer una mayor
transparencia.
En Gran Bretaña, en el informe anual de las empresas cotizadas en Bolsa debe
figurar una descripción completa de las remuneraciones de cada uno de los
miembros del consejo de administración. Y, según la última modificación legal,
las retribuciones de los directivos se someten al voto consultivo de los
accionistas.
En EE.UU. esa información –extensa y referida con nombres y apellidos a los
principales directivos– se encuentra en el documento de convocatoria de la
asamblea general de accionistas. Y este año en las juntas se han votado
centenares de resoluciones pidiendo que cambien las prácticas de remuneración de
los directivos (resoluciones que no son vinculantes para el consejo).
Vinculantes o no, estas propuestas reflejan la pérdida de confianza en los
directivos de las grandes empresas. Tras los escándalos que conmovieron Wall
Street, la tradicional admiración por los grandes hombres de empresa ha dado paso
a la desconfianza hacia los directivos que han amasado fortunas mientras sus
empresas iban hacia abajo.
Para recuperar la confianza
Para recuperar el crédito, es preciso revisar esas remuneraciones
escandalosas. Este es el mensaje que han recibido 2.000 directivos de EE.UU. en
una carta firmada por Peter Peterson, presidente de la Comisión para restaurar la
confianza en las empresas privadas, grupo de trabajo creado por el Conference
Board y formado por importantes personajes del mundo de la empresa y de los
fondos de pensiones.
Peterson recuerda que en la última década la remuneración de los consejeros
delegados ha aumentado diez veces más aprisa que el salario medio, e invita a
preguntarse si esto se debe a un aumento de su eficacia. Sugiere que “la
remuneración debe depender de objetivos a largo plazo y de la eficacia interna de
la empresa, y no de su cotización en Bolsa”. Cuando hay unos incentivos en forma
de acciones o de stock options, debe estar ligado al compromiso de “conservar
los títulos a largo plazo”, igual que deben hacer los asalariados en los planes
de pensiones.
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(1) Cfr. servicio 68/00: Manuel López Martínez, “Limitaciones a la retribución
mediante stock options”.
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