En una ocasión compre un Nuevo Testamento en un tianguis. Eso dió lugar a que el
comerciante
me preguntara por qué creía que la Biblia era tan importante. Intenté hablar de
la salvación, pero me dijo: "Nadie sabe con certeza esas cosas. Nadie sabe lo que
hay después de la muerte".
Le pregunté entonces si creía en Jesucristo. Me dijo que sí. Le pregunté si
sabía lo que le había sucedido a los tres días de su muerte. "Resucitó",
respondió. "Entonces", concluí, "sí tenemos
quien sepa lo que hay después de la muerte y pueda decírnoslo, por lo menos uno.
Por eso me es tan importante este libro. Yo creo en un Señor vivo y creo que
gracias a él, todos los hombres pueden regresar de la muerte".
Una estrella de oro
En 1969, durante uno de sus discursos, el Pte. Thomas S. Monson recordó a la
madre de un combatiente, muerto en el mar durante la guerra. ¡Estaba tan
orgullosa de la estrella azul que le ayudaba a recordarlo! "La estrella azul se
quitó de su lugar consagrado en la ventana del frente de la casa. Fue reemplazada
por una de oro. Una luz se fue de la vida de Mrs. Patton. Ella se hundió en la
desesperación y profunda oscuridad.
Creo que la mayoría de nosotros hemos tenido alguna vez alguna experiencia como
esta: "Con una oración en mi corazón, me aproximé al familiar camino a la casa de
los Patton, preguntándome qué palabras de consuelo podrían salir de mis labios de
muchacho. La puerta se abrió y Mrs. Patton me abrazó como lo haría con su propio
hijo. El hogar se convirtió en una capilla mientras la afiligida madre y este
inadecuado muchacho se arrodillaban en oración. Levantándonos de nuestras
rodillas, Mrs. Patton contempló mis ojos y habló: 'Tom, yo no pertenezco a
ninguna iglesia, pero tu sí. Dime, ¿vivirá Arthur de nuevo?'. "
¿Qué responderías, hermano? El Pte. Monson dijo que ahora, después de pasados
muchos años de que le hiciero esa pregunta, le gustaría responderla de nuevo,
porque suponía que de hecho se trataba de una pregunta universal. Enseñó: "El
plan de la vida y la explicación de su curso eterno vienen a nosotros del Maestro
del cielo y de la tierra, Jesucristo el Señor. Para entender el significado de
la muerte, debemos apreciar el propósito de la vida".
Lo que fue para tí
Después de hablar un poco sobre el tema, el Pte. Monson se dirigió
a Mrs. Patton como si la viera: "Mrs. Patton, no se torture al
pensar
en su muchacho en las profundidades del Pacífico, pensando cómo
es que los propósitos de Dios pueden cumplirse. Recuerde las
palabras
del salmista: 'Si tomare las alas del alba y habitare en el
extremo
del mar, aún allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra'
(Salmos
139:9-10).
Dios no le ha olvidado, Mrs. Patton. El envió a Su Unigénito Hijo al mundo para
enseñarnos por el ejemplo como deberíamos vivir. Su Hijo murió sobre la cruz para
redimir a toda la humanidad. Sus palabras a la pesarosa Martha y a Sus discípulos
le traen consuelo hoy: 'Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá; y cualquiera que crea en mí no morirá eternamente'
(Jn. 11:25-26). 'En la casa de mi Padre muchas mansiones hay.. Voy, pues, a
preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra
vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también
estéis'.(Jn. 14:2-3).
"Mrs. Patton, los testimonios de Juan el Revelador y de Pablo el Apóstol también
tienen significado para usted. Juan registró: 'Ví a los muertos, pequeños y
grandes, de pie ante Dios; - y el mar entregó a los muertos que había en él'
(Apocalipsis 20:12-13). Pablo declaró: 'Así como en Adán todos mueren, en Cristo
todos serán vivificados' (1 Cor. 15:22).
Podemos saberlo
Jesus le invita, Mrs. Patton, 'Venid a mí, todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar..." (Mt. 11:28) Tal conocimiento le sostendrá en
su dolor. Nunca estará en la trágica situación del incrédulo que, habiendo
perdido a su hijo, se le oyó decir mientras bajaba el ataúd a la madre tierra:
'Adiós, mi hijo. Adiós para siempre'. Más bien, con la cabeza levantada, con el
coraje intacto, y con fe inquebrantable, puede levantar sus ojos al mirar las
olas que rompen gentilmente en la costa del Pacífico azul y susurrar, 'Adiós,
Arthur, mi precioso hijo. Adiós - hasta que nos encontremos de nuevo'.
Mrs. Patton, Dios nuestro Padre se acuerda de usted. A través de la oración
sincera usted puede comunicarse con Él. Él, también, tuvo un Hijo que murió, aún
Jesucristo el Señor. Él que es nuestro abogado con el Padre, el Príncipe de Paz,
nuestro Salvador y Divino Redentor. Un día le veremos cara a cara.
En Su bendito nombre le declaro la verdad solemne y sagrada: Oh, Mrs. Patton,
Arturo vive."
Un poco después de la transmisión de su mensaje, el Presidente Monson recibió
una conmovedara carta de Mrs. Terese Patton, la madre de Arthur, que vivía en
Pomona, California. Entre otras cosas, le dijo, 'No sé cómo agradecerle sus
maravillosas y consoladoras palabras. Dios le bendiga siempre'.
¿Quién es en realidad Mrs. Patton?
Tú y yo, hermano, conocemos a Mrs. Patton. A veces le vemos en la vida de otros,
a veces somos nosotros mismos, que al perder a nuestros seres queridos creemos
que hemos perdido la vida. Que al abrir diariamente las páginas de las Escrituras
y al platicar con Dios en oración podamos recordar a Jesucristo y dejar que las
palabras de los profetas penetren a nuestro corazón. Es mi bendito ruego en el
nombre de Jesucristo, Amén.