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La
Caridad derrota la Violencia
Por JPMarichal, editor del Proyecto SoyMormon.com
Recientemente
un entrañable amigo me escribió para reprocharme el
haber mostrado tanta condescendencia al escribir mi comentario
sobre
Timothy McVeigh. Me hizo ver que el artículo se entendía
como si estuviese de parte de McVeigh. Lamento haberme expresado
de tan mal modo como para haber sido entendido de esta manera, yo
hablaba de no guardar rencor ni emitir juicios incriminatorios
para
no contaminarnos con el abominable pecado de la venganza y la
violencia;
por supuesto que no puedo expresar el menor apoyo hacia lo que
hizo
McVeigh y es por eso que junto con el artículo publiqué
esta aclaración complementaria. Los comentarios en algunos
foros de conversación de Yahoo me convencen de que hay numerosos
miembros que ignoran cuál es la doctrina de la Iglesia sobre
este asunto. Pero aún cuando la disciplina puede y debe aplicarse
hemos sido instruídos a hacerlo siempre en un contexto de
perdón y amor, buscando la salvación del pecador y
no su condena (3 Nefi 27:27).
Es
difícil perdonar, y es difícil no responder a la violencia
con violencia. Sin embargo, las bienaventuranzas son tan ciertas
como el día en que el Señor que las pronunció
en el Sermón del Monte, y las bendiciones de la exaltación
siguen aguardando sólamente a quienes por encima de todo
pueden convertirse en pacificadores y establecer la paz en donde
la violencia reina. Entonces pueden convertirse en dignos
emisarios
del Señor de los Ejércitos, el Principe de Paz.
La
noticia de la muerte del presidente de Estaca Gerardo García
a mano de uno de sus pacientes me hizo recordar un artículo
del élder M. Russell Ballard del Quórum de los Doce.
Traduzco aquí parte de un artículo de Arthur R. Basset,
instructor de grupo de sumos sacerdotes de Orem, Utah, que se
publicó
en el Ensign de Agosto de 1994 y en el cual hace referencia al
artículo
del élder Ballard:
Caridad
en medio de un mundo violento
"Como
seguidores del Señor Jesucristo, podemos hacer algo para
poner freno a los efectos de la violencia en nuestras propias
vidas
y hogares. Podemos evitar hacer juicios injustos acerca de otros;
así evitaremos traer pesar a sus familias al esparcir opiniones
desinformadas y especulación. Segundo, podemos refrenar cualquier
expresión violenta en nosotros mismo y en nuestros hogares.
Y tercero, podemos buscar oportunidades de aliviar el sufrimiento
cuando sea posible -especialmente en los casos de aquellos cuyas
vidas han sido afectadas por violaciones al sexto mandamiento ["No
matarás"].
"Cuando
caemos en el error de juzgar a otros, tendemos a describir al
violador
del sexto mandamiento como un alma perdida. El élder M. Russell
Ballard, del Quórum de los Doce, al escribir sobre el suicidio,
abarcó tópicos que parecen aplicarse también
a otras transgresiones del sexto mandamiento:
""Siento
que juzgar el pecado no es siempre tan sencillo como algunos de
nosotros parecemos creer. El Señor dijo, 'No matarás'.
¿Significa eso que todas las personas que matan serán
condenadas sin importar las circunstancias? La ley civil reconoce
que hay graduaciones en esta materia -desde el homicidio
accidental
e involuntario a la defensa propia, o al asesinato en primer
grado.
Siento que el Señor también reconoce diferencias en
la intencionalidad y en la circunstancia" (Ensign, Oct. 1987,
pp. 78.)
"El
élder Ballard sugiere que los factores mentales, emocionales
o físicos pueden jugar roles en el suicidio que no entendemos.
El élder Bruce R. McConkie, del Quórum de los Doce
nos dió la siguiente perspectiva:
"Las
personas sujetas a fuertes tensiones pueden perder el control de
sí mismas y llegar a nublarse mentalmente hasta el punto
de no ser más responsables por sus actos. Ellos no serán
condenados por tomar sus propias vidas. Debe también recordarse
que el juicio es del Señor" (Bruce R. McConkie, Mormon
Doctrine, 2d ed. (Salt Lake City: Bookcraft, 1966), p. 771)
"Podría
bien ser que algunas consideraciones de este tipo se apliquen a
los casos de abuso físico y aborto. Nuestra responsabilidad
es ser tan compasivos como sea posible en todos los casos y dejar
el juicio al Señor.
"Debemos
alcanzar a otros en amor de todas las maneras en que podamos
hacerlo.
Algunas veces nuestra respuesta puede limitarse a orar en
beneficio
de aquellos que sufren; a veces esta es la única manera en
que podemos tomar sobre nosotros mismos la carga de otros, "llorar
con los que lloran... y consolar a quienes necesiten de consuelo"
(Mosíah 18:9). Pero donde sea posible, necesitamos trabajar
para restaurar un sentido más alto de la vida y sus propósitos
a aquellos que, en su pesar, se han aislado de la vida" (Arthur
R. Bassett, Thou Shalt Not Kill, Ensign, Aug. 1994,
27)
La
esposa de un presidente de estaca, hasta donde les he conocido,
suele ser alguien con un espíritu fuerte, sensible y sumamente
espiritual. Con frecuencia les es fácil mirar las cosas desde
una perspectiva eterna y valorar entonces la imponente
trascendencia
del convenio que han hecho en el templo, el cual le asegura a
nuestra
querida hermana García que, si persevera hasta el fin, podrá
reencontrarse con el presidente en medio de una gloria y majestad
que aún no conocemos (DyC 131:1-2) para heredar con su familia
todo lo que les ha sido prometido. Pero todos somos seres humanos
y es natural y comprensible que a veces perdamos de vista esta
gloriosa
perspectiva. En esos momentos, quisiera que no le falten a la
hermana
amistades en las que pueda apoyarse, personas que la quieran y le
acepten como es y no sólo por ser la compañera y la
esposa de este gran líder.
A
la vez, espero que haya manos compasivas y amorosas que demuestren
la comprensión superior que brinda el evangelio hacia quienes
han perdido a un hijo, tal vez a un esposo en tan trágico
accidente. Al hacerlo, con el corazón lleno de amor y libre
de condena ("puros de corazón"), tal vez quieran
recordar que el juicio es del Señor (ya que sólo él
conoce el corazón de los hombres), quien poco antes de morir
supo discernir a quienes le despreciaban a los pies de la cruz
diciendo
"perdónalos porque no saben lo que hacen", refiriéndose
por supuesto a quienes en verdad no sabían lo que hacían.
Pero ¿quién de nosotros lo puede saber de manera concreta?
Sólo el Señor es quien puede juzgar tal diferencia,
"mas a vosotros os es requerido perdonar a todos los hombres"
y "amar a vuestro prójimo como a vosotros mismos",
porque "terrible cosa es caer en manos del Dios vivo"
y "como queréis que los hombres hagan con vosotros,
así haced vosotros con ellos".
Que
el amor de Dios, expresado a través de los miembros de la
Iglesia y protegido por convenios eternos, pueda cubrir con su
manto
el terrible dolor que este acontecimiento nos despierta y,
confiando
en nuestras promesas, podamos renovar, restaurar y elevar nuestra
fe. Entonces tal vez entendamos porque el Espíritu Santo
se ha hecho acreedor al nombre de el Consolador. Y también
entenderemos porque el amor es mencionado en Galatas 5:22 como el
primero de los frutos del Espíritu y porqué es explicado
el fruto de la vida en la interpretación del sueño
de Lehí como "el amor de Dios que se derrama ampliamente
sobre el corazón de los hijos de los hombres;" y que
es "por lo tanto más deseable que todas las cosas".
Que
el Consolador pueda ejercer su divina influencia sobre nosotros.
En el nombre de Cristo. Amén.
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quienes quieran agregar sus comentarios, estoy abriendo una nueva
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