|
Tanto
por el Estudio como por la Fe
por
Juan Pablo Marichal, editor del Ezine SUD
La
Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días no
enseña a la gente a aislarse del mundo y a permanecer ignorante.
Por el contrario, somos la Iglesia con mayor número de graduados
universitarios en el mundo, y, para impulsar esto aún más,
recientemente el Pte. Gordon B. Hinckley estableció un Fondo
Perpetuo de Educación para ayudar a los miembros de países
en desarrollo a alcanzar este mismo ideal.
El
hecho de que la Iglesia quiera que sus miembros estén siempre
bien capacitados y se pongan metas de educación contínua
es también muestra de que a la Iglesia no le preocupa que
los miembros hagan contrastes y se hagan planteamientos razonables
sobre su fe, como inevitablemente ocurre durante la educación
universitaria, pues la doctrina del evangelio es tan sólida
que resiste todo tipo de planteamientos profundos. Para apoyar a
sus miembros en su búsqueda de respuestas, la Iglesia ha
establecido los Institutos de Religión, un lugar donde los
estudiantes universitarios pueden hacer las preguntas más
profundas y avezadas en tanto que por el estudio y la oración
desarrollan su propia inteligencia.
Lo
miembros de la Iglesia no tienen pretexto para permanecer en la
ignorancia. Brigham Young enunció que donde hay oportunidad
de aprender y no se hace se está cometiendo un pecado. Puesto
que la Biblia promete que 'los mansos heredarán la tierra'
(Mt. 5:5) y que ellos juzgarán al mundo (3 Nefi 27:27), se
espera que nos preparemos para ese día en que seremos 'reyes
y sacerdotes' en el gobierno milenial de Dios sobre la tierra. Y
puesto que buscamos ser como Dios en todas las cosas (1 Jn. 3:2;
Mt. 5:48), el conocimiento es esencial para poder alcanzar un
objetivo
tan elevado y sublime.
En
Apocalipsis 14, el reino de Dios sobre la tierra se compara a un
niño en desarrollo en el vientre de su madre, la Iglesia.
Por el momento se ven como una sola entidad, y decimos que el
reino
es la Iglesia. Pero una vez nacido, 'regirá con vara de hierro
a las naciones', en un tiempo en que esta roca cortada 'no con
mano'
abatirá a los reinos injustos de la tierra (véase
Doctrina de Salvación, tomo I, cap. 14, y págs. 168-173).
Tal vez muchos miembros no hayan considerado que el gobernar
Cristo
la tierra durante el milenio les involucra, y que por eso les ha
hecho tan 'preciosas y grandísimas promesas'. Tal vez no
hayan considerado como pecado y como desprecio a Dios su flojera
de leer y conocer, tal vez les falte ambición por recoger
las promesas. Tal vez no hayan considerado esto como parte de
'hacer
firme su vocación y elección' (2 Pe. 1:10) a fin de
recoger 'la palabra profética más segura' (2 Pe. 1:19),
que nos hace 'participantes de la naturaleza divina' (2 Pe. 1:
3-4),
por lo cual se nos pide agregar a nuestra fe y virtud conocimiento
(2 Pe. 1:5-9). Tal vez no se hayan visto a sí mismos en las
palabras que se le dieron a Abraham sobre los nobles y grandes
(Abraham
3:22-23). Tal vez, al recibir sus bendiciones patriarcales, no
hayan
examinado las bendiciones particulares y distintas que se dieron
a cada una de las tribus de Israel y hayan considerado su herencia
dentro de esas bendiciones (Gn. 49, Dt. 33). En particular, Sión
es la herencia de José y Jerusalén la de Judá,
y "de Sión saldrá la ley y de Jerusalén
la palabra de Jehová". Al considerar estas promesas
no debería causar sorpresa que aún los ancianos que
las han comprendido estén cursando carreras universitarias,
pues ellos no se están preparando solamente para la vida
de este tiempo. Si queremos alcanzar las promesas que el Señor
ha hecho a sus joyas escogidas, ¡hay tanto que aprender!
"Por
tanto, preparaos para la venida del Esposo; salid, salid a
recibirlo"
(DyC 133:19)
El
reino de Dios del que hemos hablado involucra muchas cosas, y no
todas tienen que ver únicamente con la religión. En
realidad, prepararse para el reino de Dios parece involucrar la
lectura de los buenos periódicos, de las enciclopedias y
de toda fuente de cultura y de información, así como
el aprecio de las bellas artes, 'a fin de que estéis preparados
en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar
el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la
que os he comisionado' (analizar DyC 77:78-80), en 'lugares
celestiales
antes de Cristo'. Esta encomienda parece trascender nuestra esfera
de trabajo en estos días en que los hombres saben más
y más y más de menos y menos y menos. Tal parece que
Jesucristo nos manda trascender nuestras propias esferas y
convertirnos
gradualmente de especialistas en generalistas, a fin de que
podamos
comprender todas las cosas, porque 'el cuerpo lleno de luz
comprende
todas las cosas' (DyC 88:67).
El
cuerpo lleno de luz es el que es vivificado no por sangre, sino
por el espíritu, nuestro propio espíritu, constituído
de 'luz y verdad', es decir, de inteligencia (DyC 93:36; véase
Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 72-73). Mientras
más nos allegamos a la fuente de luz, que es Jesucristo,
más luz y verdad se obtiene. Avanzamos de línea en
línea, de renglón en renglón, la inteligencia
allegándose a la inteligencia, hasta lo que las escrituras
llaman 'el resplandor del día perfecto'.
Cuando
hayamos muerto y estemos en el mundo de los espíritus, nuestra
luz nos distinguirá; y cuando resucitemos, ya sea en el milenio
(la 'mañana' de la primera resurrección) o en preparación
para el juicio, será la inteligencia o luz que hayamos ganado
la que nos hará diferentes y en ventaja unos a otros. Nuestro
cuerpo ya no esconderá esa luz, puesto que ahora será
alimentado por el espíritu, y la inteligencia es la materia
prima de ese espíritu. Resplandecerá, aún como
el sol, o como la luna, o como las estrellas, reflejando su
gloria,
no la gloria que Dios le ha asignado, sino la que nosotros mismos
hemos conseguido. Habrá cuerpos celestiales y cuerpos terrenales,
y una será la gloria de los celestiales y otra la de los
terrenales, y aún los herederos del reino telestial serán
diferentes uno al otro en gloria (1 Cor. 15).
De
modo que, a la vista de Dios, no es 'demasiado tarde' para nadie
que quiera aprender y conseguir un futuro. Si no aprendemos a ser
felices por encima de nuestras circunstancias mientras vivimos en
la tierra, ¿podremos ser felices por encima de nuestras
circunstancias
en aquel mundo eterno? ¿Serán menos difíciles
nuestras circunstancias o sólo habrá cambiado su naturaleza?
¿Cómo lo son para Dios? Y, ¿acaso no es El
felíz? ¿Qué podría tener para prometernos
sino la felicidad? El conocimiento es esencial para alcanzar esta
meta y todos podemos aprender a pesar de nuestra edad, nuestra
pobreza
o cualesquiera de nuestras circunstancias. Además Dios ha
prometido derramar conocimiento sobre los santos, cual no se ha
visto en ninguna dispensación anterior.
No
todo conocimiento es deseable, pues debemos crecer sólo en
la luz y la verdad. José Smith indicó que mientras
más estudiemos la obscuridad menor espacio hay en nuestra
mente para la luz. Se nos ha dado la luz para discernir el bien
del mal (ver Moroni 7). El Pte. Benson recomendó a los santos
que siguieran los consejos que se dieron a John Wesley, una
importante
figura entre los protestantes. De paso, una vez más, el que
podamos aprender de los consejos dados al representante de otras
iglesias indica nuestra disposición permanente para aprender
de todo y de todos. Nuestro himnario es un ejemplo, pues contiene
canciones populares, música de compositores clásicos
de renombre y letras compuestas por figuras protestantes como
Martín
Lutero, en tanto que dichas letras sean compatibles con el
espíritu
de adoración de nuestra Iglesia. Brigham Young dijo: "Si
podéis encontrar una verdad en el cielo, en la tierra o en
el infierno, pertenece a nuestra doctrina. La creemos, es nuestra,
la reclamamos". Así de amplio debe ser nuestro amor
por la verdad.
En
lo particular, amo la verdad mucho más de lo que amo a cualquier
iglesia y si amo a esta Iglesia es porque en ella he encontrado
la verdad. Lo sé porque los misioneros que me enseñaron
me impulsaron a no creerles a ellos, ni a guiarme por mi propia
experiencia y conocimiento, sino a preguntar a Dios, que no puede
equivocarse, y que tiernamente nos responde, si lo que decían
es verdad. Y porque he preguntado a Dios, y porque he obtenido
respuestas,
como las obtienen todos los que se acercan a El sinceramente
(Stgo. 1:5-6), sé que en esta Iglesia se enseña
la verdad, y que Jesucristo mismo la dirige desde lo alto como la
dirigió también en la antigüedad.
Finalmente,
no importa en realidad lo mucho que sepa un hombre si no conoce
a Dios. Es por eso que tenemos que desarrollarnos 'tanto por el
estudio como por la fe', pues sin el poder del Espíritu Santo
es imposible conocer la verdad, en tanto que por el poder del
Espíritu
podremos conocer 'la verdad de todas las cosas' (Moroni 10:5), en
el nombre de Jesucristo. Amén.
Lo
que nos entorpece al adquirir conocimiento
"En
la actualidad, con la abundancia de libros con que contamos, es
señal del hombre educado saber lo que no debe leer... La
madre de John Wesley le aconsejó: 'Evita
- Cualquier
cosa que debilite tu poder para razonar,
- que
entorpezca la ternura de tu conciencia,
- que
obscurezca tu visión de lo divino,
- que
te quite tu deseo por las cosas espirituales...
- que
aumente el poder del cuerpo sobre la mente'.
"El
hecho de que un libro sea viejo no significa automáticamente
que tiene valor. El hecho de que un escritor haya publicado una
gran obra no significa que es preciso que todos sus libros
merezcan
la atención de tu tiempo. No conviertas tu mente en un basurero
para los desperdicios de otras personas. Es más difícil
extirpar de la mente los libros carentes de gusto que se hayan
leído,
que eliminar del cuerpo la comida descompuesta, además de
ser aquello más perjudicial para el alma" (Pte. Ezra
Taft Benson, "In His Steps", 1979 Devotional Speeches
of The Year, Provo, Utah: BYU Press, 1980, pág. 61).
|