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| Asunto: | [fedicaria] FW: La intervención de La Moncloa en el cese de R. Ortega | | Fecha: | Martes, 9 de Marzo, 2004 20:10:16 (+0100) | | Autor: | JUAN MAINER <jmainer @....es>
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> > -----Mensaje original-----
> > De: Ventura Pons [mailto:rambla@venturapons.com]
> > Enviado el: lunes, 08 de marzo de 2004 23:08
> > Para: CC
> > Asunto: FW: La intervención de La Moncloa en el cesede R. ortega
> >
> > Salgo para Haití"
> >
> > El periodista muerto en Puerto Príncipe había sido cesado en
> > otoño como corresponsal en Nueva York por petición expresa de
> > La Moncloa
> >
> >
> >
> > RAFAEL POCH - 08/03/2004 - 14.51 horas
> >
> > Pekín
> >
> >
> >
> > Ricardo Ortega, el periodista español muerto ayer en Haití,
> > había sido cesado en octubre como corresponsal en Nueva York de
> > "Antena 3", "por una presión expresa de La Moncloa". Esas
> > fueron las palabras de Ricardo en uno de los últimos
> > intercambios de correo que mantuvimos. No fue una frase suelta,
> > era un texto largo, con todo lujo de detalles y lleno de
> > reflexiones amargas.
> >
> >
> >
> > Gracias a los periodistas muertos, el público puede irse
> > enterando de lo que es en realidad ésta profesión, en nuestra
> > democrática y transparente sociedad. Un mundo de censura,
> > autocensura, clientelismo y precariedad laboral. Un medio
> > ambiente mediocre y corrupto, como el de la época de Brezhnev
> > en la URSS. Un universo en el que ascienden los disciplinados y
> > conformistas, con poco margen para el espíritu crítico que
> > surge de la honestidad y de la elemental sensibilidad ante la
> > injusticia.
> >
> >
> >
> > Las crónicas de Ricardo durante la guerra de Irak no habían
> > gustado. Desentonaban con el infame alineamiento del gobierno
> > del PP. Ya le habían llamado la atención en varias ocasiones.
> > En mensajes anteriores me adelantó, que la cosa acabaría
> > estallando. Pero con Ricardo no era fácil. Era listo,
> > inteligente. Sabía cómo maniobrar, practicar el posibilismo,
> > torear a los mediocres censores. Así, lograba seguir diciendo
> > cosas, incluso en una cadena de televisión de la España actual.
> >
> >
> >
> > "Lo que siempre me temí, ya ha llegado", me anunciaba en
> > octubre. No tenía vuelta atrás, porque el cese venía "por una
> > presión expresa de La Moncloa", decía. Pedía consejo. ¿Qué
> > hacer?
> >
> >
> >
> > Con la alegría de quien no se está jugando su propio puesto de
> > trabajo, le propuse el recetario de Don Quijote; poner en
> > evidencia a los censores con escándalo. Lo más importante es no
> > hacerles el juego, llamar a las cosas por su nombre. Llevar la
> > honestidad hasta sus últimos extremos. Será un glorioso
> > desastre para tu carrera, porque te sentirás orgulloso ante tu
> > consciencia.
> >
> >
> >
> > "Pidió una excedencia", leo en las notas que se publican sobre
> > su trayectoria. Aparentemente, todo muy limpio. No fue así.
> > Ricardo calculó friamente sus posibilidades. Le interesaba más
> > no romper con "Antena 3". Con algunos de sus jefes mantenía una
> > excelente relación personal. Se trataba de intentar seguir
> > vendiendo reportajes a esa y otras cadenas en calidad de
> > autónomo... En nuestra correspondencia, Ricardo me pidió
> > absoluta discrección. Ahora ya no hay secreto que valga. No
> > habría citado todo esto, si no fuera por las inexactitudes que
> > rodean su necrológica. ¿Es posible disimular, sin traicionar mi
> > propio y grandilocuente consejo?
> >
> >
> >
> > Lo más dificil es hablar friamente de Ricardo como periodista y
> > persona. Ha sido de lo mejor. Dos anécdotas chechenas. Buscando
> > un lugar para grabar una entradilla en los alrededores de
> > Grozny, con su cámara (Kique o Manolo). Deciden subirse a la
> > terraza de una casa destruida, a unos cien metros del lugar en
> > el que se encuentran. Comienzan a caminar, y, en ese momento,
> > cae un proyectil de artillería que destruye lo que quedaba de
> > la casa y su terraza. Cuestión de pocos minutos. Otra, en los
> > alrededores de Argún, en compañía de guerrilleros en campo
> > abierto. Son detectados por un helicóptero ruso que comienza a
> > ametrallarles. El único accidente del terreno es un riachuelo.
> > Ricardo se mete en él junto con su cámara. El agua helada les
> > llega a la rodilla y están solos. No hay follaje, son un blanco
> > claro y fácil. El helicóptero, que distingue perfectamente la
> > cámara, maniobra para enfilar de frente la vaguada. Ahora ya no
> > hay cobertura ni error posible. En el momento en que va a
> > empezar a disparar, el helicóptero es derribado por un
> > guerrillero... con un lanzagranadas. Una especie de milagro.
> > "!Allah Akhbar!".
> >
> >
> >
> > Ricardo fue el mejor en Chechenia. Todos vivíamos de él, de sus
> > contactos y relaciones. Conocía a todos los comandantes. Era
> > una persona que inspiraba confianza a aquellos fieros
> > personajes, mitad héroes, mitad hidalgos, mitad bandidos. Era
> > un tipo valiente. Estaba acostumbrado a jugarse la vida por
> > informar.
> >
> >
> >
> > En Afganistán fue el primero en llegar a Talukán, cuando esa
> > capital de provincia fue recuperada por el ejército del
> > fallecido Masud. Ricardo accedió a la ciudad atravesando campos
> > de minas, muy a su pesar. "Cuando me di cuenta, era más
> > peligroso retroceder que continuar". Siempre me salía el mismo
> > comentario: "pero, Ricardo, ¿tú crees que vale la pena tanto
> > riesgo y sacrificio por una televisión tan mediocre?". No era
> > un "guerritas", ni un inconsciente ávido de gloria
> > periodística. Era el oficio.
> >
> >
> >
> > Diecinueve meses antes habíamos entrevistado a Masud cerca de
> > Talukán, en la visita más peligrosa a Afganistán que recuerdo.
> > El 11 de septiembre de 2001, dos horas antes del atentado
> > contra las torres gemelas, Ricardo, que para entonces ya
> > trabajaba en Manhattan, me telefoneó a Moscú. Dos días antes
> > habían matado a Masud en un atentado suicida muy poco afgano y
> > Ricardo estaba "mosca", me dijo. Otra de sus grandes cualidades
> > periodísticas era la intuición. "¿Se estará preparando algo en
> > Afganistán?", se preguntaba. La respuesta la obtuvo aquel mismo
> > día en Nueva York, junto a su oficina.
> >
> >
> >
> > Ricardo Ortega había buscado contactos con la red de Ben Laden
> > en Florida antes del 11-S. En Nueva York hay bastantes taxistas
> > afganos y todo había empezado con una carrera casual por
> > Manhattan con uno de aquellos taxistas, con quien había
> > entablado conversación en ruso sobre Afganistán. El taxista le
> > dio alguna pista y le dejó su teléfono. Ricardo hizo varias
> > llamadas a aquel teléfono antes del 11-S. Luego se enteró de
> > que su nombre figuraba en las listas de sospechosos del FBI,
> > que había indagado sobre su persona ante el CESID a causa de
> > aquellas llamadas.
> >
> >
> >
> > Todo esto me lo explicó en el contexto de una conversación
> > mucho más interesante, general y profunda sobre Estados Unidos,
> > país con el que, naturalmente, estaba fascinado. Una
> > fascinación inteligente, desde el cinismo y escepticismo
> > resultado de nuestra común experiencia moscovita. Nada que ver
> > con las bobadas del "sueño americano" y todo eso.
> >
> >
> >
> > Ricardo se dio cuenta enseguida de que la política
> > americana -lo que se cuece realmente en los pasillos del poder-
> > es algo tremendamente opaco y secreto, sin apenas nada que ver
> > con lo que ventila la "prensa más libre del mundo". Contra lo
> > que se piensa, los americanos están pésimamente informados
> > sobre su política y sobre el mundo en general. Sus medios de
> > información consumen fundamentalmente el pienso que les ofrece
> > la política informativa de su gobierno, incluidas filtraciones
> > confidenciales o accidentales, que sirven para dirigir la
> > atención hacia las convenientes falsedades. Recordemos los
> > cuentos anteriores; el "expansionismo soviético", la "amenaza
> > china en Asia", el "efecto dominó" y sus fantasías en las
> > portadas de "Time", "Newsweek" y los demás; el inexistente
> > "incidente del Golfo de Tonkin", que sirvió para iniciar la
> > guerra de Vietnam. Todo eso ayuda a situar hoy la "guerra
> > contra el terrorismo", la "amenaza de Corea del Norte", las
> > "armas de destrucción masiva de Saddam", etc, etc. Gracias a
> > esos medios, los ciudadanos de ese país creen, en serio, que
> > Saddam representaba una amenaza de destrucción masiva para
> > Estados Unidos, no para Kuwait, ni para Israel, o Irán, para
> > Estados Unidos, y que estaba vinculado a redes terroristas.
> >
> >
> >
> > "Al lado de esto, lo del Kremlin es un cuento de niños", me
> > dijo Ricardo. Efectivamente, en Moscú, podíamos seguir las
> > líneas maestras de la política rusa a grandes rasgos. Políticos
> > y analistas con información de primera mano eran accesibles.
> > "Nada de eso ocurre aquí, este es un mundo hermético, sin
> > apenas fisuras". Entrevistar a un polítologo retrógrado de
> > tercera categoría, o a un ayudante de senador, es
> > complicadísimo en Washington para un medio español.
> > Intuitivamente, Ricardo se acercaba así a conclusiónes
> > parecidas a las del Profesor disidente, Noam Chomsky, una de
> > las mentes más sanas y preclaras de ese gran país, que está
> > llamando la atención hacia la conversión de Estados Unidos en
> > una especie de estado totalitario, con intelectuales y medios
> > de comunicación bien pagados de vocación orwelliana. Nosotros,
> > en España, seguimos esa estela.
> >
> >
> >
> > Otra consideración interesante sobre Ricardo Ortega es cómo
> > llegó al periodismo. Su trayectoria demuestra que un buen
> > periodista surge de lo más insospechado. Ricardo había
> > estudiado físicas en Moscú y comenzó trabajando como intérprete
> > en la delegación de la agencia Efe. De ahí pasó a hacer algunas
> > fotos y a redactar algunos despachos, hasta que Lourdes García,
> > que entonces llevaba la corresponsalía de "Antena 3" en Moscú,
> > se quedó embarazada de nuestra segunda hija. Como periodista,
> > Ricardo fue resultado de mi hija Elisa, una gloriosa carambola.
> > La mejor consecuencia. Un lujo.
> >
> >
> >
> > La tendencia a elogiar al querido compañero muerto puede
> > parecer irresistible. No lo es al escribir estas líneas tan
> > tristes. La profesión periodística es dura, individualista y
> > competitiva. No suele expresar nuestras mejores cualidades. En
> > ocho años de contacto con Ricardo, no recuerdo un sólo episodio
> > mediocre. Mucha generosidad, nobleza de carácter, muchas risas
> > y mucho ingenio. Sus padres, pueden sentirse orgullosos.
> >
> >
> >
> > Los menos valientes nos sentíamos arropados con Ricardo. Viajar
> > con él hacia la aventura, era una cierta garantía de seguridad.
> > Era un tipo carismático, que inspiraba confianza y seguridad.
> > Lo que le ha ocurrido en Puerto Principe ha sido mala suerte.
> > Sin haber estado allá, se cómo fue su muerte. Conociéndole no
> > tengo ninguna duda acerca de sus últimos momentos antes de ser
> > herido: midió la situación, tomó la mejor decisión posible en
> > aquel instante y a continuación le alcanzaron las balas. Es
> > como cuando un buen conductor tiene un accidente de tráfico.
> > Mala suerte.
> >
> >
> >
> > Su último mensaje me anunciaba, la semana pasada, su próxima
> > visita a Taiwán con motivo de las elecciones. "Me ha tocado un
> > viaje gratis para cubrir las elecciones en una rifa de la ONU",
> > decía. Un viaje organizado y financiado por la "diplomacia de
> > los dólares" de Taipei, ahora que se había quedado sin el
> > sueldo de "Antena 3". Y la última línea, "Salgo para Haití".
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> > ------ Fin del mensaje reenviado
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> > Este mensaje ha sido analizado y protegido por la tecnologia antivirus
> > www.trendmicro.es
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