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Asunto:[fedicaria] Colombine: divorciadora, profesora de Escuela Normal y "Engel"
Fecha:Lunes, 5 de Diciembre, 2005  18:33:06 (+0100)
Autor:Alberto Luis Gomez <luisal @......es>

  
 
  
 
       Queridos compañeros/as, 
 
  
 
            Como es sabido, los intereses de los fedicarianos abarcan campos 
distintos. Justamente por ello, y por si fuera de vuestro interés, os remito 
este par de líneas sobre una reciente biografía. 
 
  
 
            Un abrazo, 
 
  
 
       Alberto 
 
  
 
  
 
       ****** 
 
  
 
NUÑEZ REY, C.: Colombine en la Edad de Plata de la literatura española. 
Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2005, 699 págs. 
 
  
 
  
 
  
 
       Desde hace ya un cierto tiempo, pero con mayor intensidad  en los 
últimos años, los lectores del Boletín de la SEDHE han podido leer reseñas 
en las que se informaba de la aparición de trabajos firmados por C. Muñoz, 
P. Castañeda y S. Mangini. Aunque muy distintas, estas obras, y otras que no 
citamos aquí, tienen en común su preocupación por resaltar el proceso de 
emancipación -tanto en ideas como en prácticas socioculturales- de ciertas 
mujeres que, en muchas ocasiones, fueron primero maestras y luego formadoras 
de futuras profesoras en los correspondientes centros.   
 
En esta misma línea, si bien con una preocupación centrada en su labor como 
escritora y periodista, C. Núñez ha puesto a nuestra disposición una 
interesante y premiada biografía en la que, en cinco grandes bloques, nos 
cuenta las variadas peripecias de la agitada vida de Colombine, es decir, de 
Carmen de Burgos y Seguí (1867-1932). Tras una breve introducción 
contextualizadora, en la primera parte -En el mundo de Almería (1867)- se 
apuntan aspectos relevantes de su entorno vital para resaltar la 
trascendencia de los estudios de magisterio como vía para, entre 1895 y 
1898, salir de un ambiente familiar asfixiante -primero- y, luego, ya en 
1901, obtener por oposición una plaza de maestra en la Escuela Normal de 
Guadalajara. Los lectores de la clásica monografía sobre este centro 
redactada por Mª del Mar del Pozo, M. Segura y A. R. Díez, publicada en 1986 
y que aquí no se cita, intuimos ya que todo lo relativo a la enseñanza 
formal -otra cosa muy distinta es el magisterio de Colombine en el no menos 
significativo campo de la educación informal- interesó únicamente de modo 
secundario a la escritora almeriense.  
 
Esto puede comprobarse en el segundo bloque -En el mundo de Madrid (1901)- 
del libro que nos ocupa, pues fue justamente entre los años 1901 y el inicio 
de "la Gran Guerra" cuando, con el pseudónimo y la labor periodística, se 
inició una nueva época en la que, si bien es verdad que desde 1904 no 
dejaron de aparecer en ella algunas obras pedagógicas en el ámbito de la 
higiene y de las labores, no lo es menos el que estas aportaciones, 
pendientes todavía de un análisis sistemático, quedaron totalmente 
empequeñecidas por otros trabajos -artículos periodísticos, cuentos, 
novelas- con los que nuestra autora se hizo un hueco en la vida literaria 
española. Entre ellos, y de  modo fundamental, resaltan sus impresiones como 
viajera por Europa entre octubre de 1905 y agosto de 1906, becada por el 
Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Justamente en este 
periodo, y como consecuencia del impacto público de sus columnas 
periodísticas, el cambio de gobierno en 1907 y la entrada en el Ministerio 
de Faustino Rodríguez Sampedro, trajo para la divorciadora -pero no 
solamente para ella como puede comprobarse leyendo el sugeridor Epistolario 
de J. Castillejo- algunas dificultades ya que fue trasladada a Toledo, 
ciudad en la que, entre otras cosas, hizo amistad con J. Besteiro y Dolores 
Cebrián. La caída del gobierno de Maura en 1907 y el regreso de sus amigos 
al poder hizo posible su vuelta a Madrid; más tarde, en el mes de febrero de 
1911,  alcanzó una de sus grandes metas obteniendo por concurso una plaza de 
profesora numeraria en la Sección de Letras de la Escuela Normal Central de 
Maestras. Este mismo verano volvió a viajar por Europa publicando en 1912 su 
segundo -el primero, Por Europa, apareció en 1907- gran libro de viajes: 
Cartas sin destinatario.  
 
La tercera parte -La llegada de un nuevo mundo, (1914)- se inicia con un 
balance de la experiencia intelectual y vital de Carmen de Burgos hasta ese 
momento, y sigue con el relato de otros viajes por diversos países europeos 
-nuevamente Suiza, Dinamarca; pensionada por la J. A. E. estuvo también en 
Argentina en 1913- en los que tiene ocasión de comprobar no solamente los 
horrores de la guerra sino, además, su efecto emancipador para la mujer. 
Junto a ello continúa entrevistando como periodista a personajes famosos 
-también del mundo educativo-, publica su biografía sobre M. Larra, asiste 
feliz a la boda -en 1918- de su hija con un galán y, justamente cuando había 
dejado de serlo hacía poco tiempo, difunde en 1919 su militancia en el 
Partido Socialista desde 1910.  
 
En el cuarto bloque -La búsqueda de otros mundos (1919)- irrumpe Portugal en 
su vida afectiva -puesto que "El Ventanal" posibilitó en Estoril el refuerzo 
de su relación amorosa con Ramón Gómez de la Serna iniciada ya en 1909- y en 
la propiamente intelectual, ya que, sobre todo con su producción 
periodística, nuestra activista actuó como enlace entre dos países -España y 
Portugal- tradicionalmente muy alejados. Junto a ello, nos enteramos aquí 
del agravamiento en 1922 de sus viejos problemas coronarios, de su viaje a 
Liérganes para "tomar las aguas" y del terrible lío en el que se vio metida 
por las escandalosas repercusiones de la charla de clausura en un ciclo de 
conferencias higiénicas o sanitarias pronunciada en noviembre de 1923, no 
por ella como estaba previsto, sino por una reciente amiga suya -la canaria 
Mercedes Pinto- quien, con gran valentía y de un modo que ahora diríamos 
políticamente incorrecto, defendió ante el auditorio las ventajas del 
divorcio como medida higiénica.  
 
Finalmente, en la quinta parte -Hacia la República (1928)- se nos narran 
algunos aspectos vitales -separación y divorcio de su hija María,  breve y 
apasionada relación de Ramón con María que, según se cuenta, dejó al primero 
"tergirversado" y destrozada a Colombine- que explicarían un cierto regreso 
de nuestra autora hacia el mundo interior. Si bien enseguida, sobre todo con 
la llegada de la República en 1931,  Carmen de Burgos recuperó sus tareas 
públicas defendiendo viejas causas relacionadas todas ellas -educación, 
derechos cívicos, aborto, antibelicismo, ...- con la lucha por la 
emancipación femenina. Tarea en la que, con matices, había coincidido o 
coincidía con precursoras de la talla de Emilia Pardo Bazán  -fallecida en 
1921- o con otras valiosísimas mujeres como Victoria Kent y Clara Campoamor 
quien, en su famoso libro sobre El voto femenino, no mencionó para nada la 
labor pionera de Carmen de Burgos en una lucha a la que dedicó muchos 
esfuerzos a pesar de que era consciente de su delicada salud. Baste saber a 
este respecto que, justamente cuando, como siempre y al pie del cañón, 
participaba el ocho de octubre de 1932 en una mesa redonda sobre educación 
sexual organizada por  el Círculo Radical Socialista -ella había ingresado 
en 1932 en el Partido Republicano Radical Socialista-, se sintió indispuesta 
y, pese a la asistencia médica, falleció en su domicilio en las primeras 
horas del día siguiente.  
 
La obra se cierra con una sección bibliográfica en la que se incluyen obras 
de y sobre la escritora, así como otros trabajos que han sido utilizados 
para la redacción del libro. Hay también una detallada cronología y un útil 
índice onomástico. 
 
  
 
Quienes hayan leído lo escrito hasta el momento habrán podido comprobar 
nuestro aprecio por el libro de C. Núñez, una persona que ha dedicado muchas 
horas de su vida -su tesis doctoral sobre Colombine se publicó en 1992- a 
rescatar del olvido las ideas de una mujer cuyas obras, junto a las de 
muchos otros, fueron incluidas en las listas de autores prohibidos 
confeccionadas por las autoridades franquistas. Puesto que la complejidad 
del personaje estudiado es enorme, es perfectamente comprensible que la 
biógrafa optase en su momento por analizar con detalle su faceta de 
periodista-escritora, pasando de puntillas  por todo lo relacionado con su 
-¿más bien escasa?- labor docente. Aspecto que, si bien de modo parcial, 
había sido ya analizado desde perspectivas historiográfico-educativas por 
diferentes autores y autoras: desde los redactores de esa monografía sobre 
la Escuela Normal de Guadalajara en 1986 hasta una reciente comunicación 
-"Mujeres y currículum. Carmen de Burgos y María Zambrano"-  presentada en 
el XV Simposio Internacional de Didáctica de las Ciencias Sociales celebrado 
en Alicante en el mes de abril de 2004. Entre una y otra fecha, Carmen de 
Burgos interesó particularmente a P. Ballarín en una comunicación -"Género y 
mediación curricular: ..."- presentada a un Coloquio de la SEDHE celebrado 
en 1996  y en un libro sobre la educación de las mujeres en la España 
contemporánea editado cinco años después por Síntesis. Es del todo evidente 
que en investigaciones por todos conocidas -y manejadas por C. Núñez-, como 
las de G. M. Scanlon  -en 1976, sobre todo al comentar las ideas en torno al 
trabajo femenino  y la posición legal de la mujer-, C. Colmenar Orzaes -en 
1988- y nuevamente P. Ballarín -en 1996 y 2004-, aparecen en distintos 
contextos ideas de Colombine y de otras mujeres que, como Magdalena Fuentes 
Soto, ejercieron la docencia y tuvieron cierta actividad pública. 
 
       Con lo apuntado hasta ahora queremos señalar dos cosas: por un lado, 
la existencia de trabajos histórico-educativos sobre Carmen de Burgos desde 
hace casi una década y, sobre todo,  los problemas que plantea -al dejar 
varias cuestiones abiertas- el que, realmente, tanto las historiadoras de la 
educación como C. Núñez hayan obviado la labor realizada por Colombine 
dentro del aula.  Veamos cómo se pasa rapidísimamente sobre este asunto. Ya 
apuntamos que, en 1898, Carmen de Burgos obtuvo en Granada el título de 
Maestra de Primera Enseñanza Superior. Y, poco después -véase la nota 85 en 
la página 76-, justamente en el preámbulo de un programa manuscrito firmado 
en Almería el 20 de julio de 1899, la almeriense señalaba ya la importancia 
de la educación de la mujer dentro de un discurso regeneracionista más 
amplio ya expuesto con rotundidad en 1892 por Emilia Pardo Bazán. Tras su 
traslado de hecho a Madrid a partir de 1901 -recordemos que ella era la 
profesora titular de la Sección de Letras en la Normal de Guadalajara- C. 
Núñez nos señala en la página 131 el inicio en 1904 de la publicación de sus 
primeros trabajos pedagógicos que, lógicamente, estaban relacionados con la 
higiene infantil y con una materia específicamente femenina: las Labores. 
Como es sabido, y gracias a su puesto docente, Carmen de Burgos obtuvo 
financiación del correspondiente Ministerio para hacer visitas profesionales 
en varios países europeos entre 1905 y 1906. Leyendo el contenido de las 
páginas 143-160 de esta biografía uno saca en claro dos cosas: por un lado, 
que, como puede verse por el variopinto contenido de las 55 cartas incluidas 
en su libro Por Europa, la viajera -el turismo moderno no le interesaba tal 
y como puede verse en unos comentarios críticos incluidos en la página 148- 
empleó muy bien el tiempo; y, por el otro, que a pesar de la existencia de 
menciones por aquí y allá las visitas a centros escolares y a otras 
instituciones educativas -¡qué diferencia con los viajes de F. Martí Alpera 
o J. Castillejo!- no le ocuparon muchas horas. Por si fuera poco, y pese a 
que en el libro citado no hay referencias al viaje a Suiza, en la Memoria 
justificativa de su viaje -entregada significativamente con muchísimo 
retraso ya que, como se indica en la página 160, no se incluyó en la Gaceta 
hasta enero de 1910- se describió el sistema educativo de este país.  Según 
va leyendo en torno a este asunto al lector no acaban de cuadrarle del todo 
las cosas -¿estaría realmente allí?- ya que, si bien Carmen de Burgos dijo 
en su última carta haber visitado Suiza, lo cierto es que la periodista 
-dada a contar rápidamente a sus lectores lo que estimaba de interés- no 
llegó siquiera a publicar ese libro sobre "Los Secretos de la Escuela"- del 
que, al parecer y siempre según C. Núñez -véase el contenido de la nota 162, 
página 155-, se habla en la Memoria; además, y al hilo de este asunto, no ha 
de olvidarse que Colombine tampoco se refirió a esta antigua estancia 
cuando, en el verano de 1914, volvió a Basilea y contaba a sus lectores del 
Heraldo la estupenda organización social y educativa de un país en el que 
-así lo narra C. Núñez en la página 356- los niños eran paseados en unos 
cochecitos que tenían hasta toldo y ruedas. El interés de la biógrafa por 
resaltar esta clase de contribuciones hace que en la página 173 se haga una 
rápida e incompleta mención al Real Decreto de 18 de noviembre de 1907 por 
el que se crea la Junta Central de primera enseñanza, ya que en uno de sus 
artículos se exigía a los Maestros y profesores Normales la confección de 
unas Memorias técnicas que habrían de escribirse durante el verano. Como 
resultado de tal obligación C. Núñez expone en la página 173 que Carmen de 
Burgos redactó un cortísimo trabajo sobre el tipo de lecturas preferidas por 
las alumnas de su Escuela Normal que, atendiendo sobre todo a su estilo y 
llamando la atención sobre la novedad que suponía la propuesta de usar en la 
enseñanza femenina lecturas actuales, fue bien calificado por el rectorado. 
Al hilo de los problemas que tuvo en Toledo, y usando como fuente el Diario 
de las Cortes-Senado de diciembre de 1908, los lectores de esta biografía 
podemos constatar en las páginas 205-206 que Carmen de Burgos -que residía 
en Madrid- impartía Historia y Geografía los tres primeros días de la 
semana; más adelante, y  en el contexto de sus enfrentamientos con los 
sectores conservadores toledanos, se nos dice en la página 241 que en el 
verano de 1909 Colombine se quejaba en su columna del Heraldo de los 
contenidos obsoletos que tenían que aprender unas alumnas a las que, además 
y por si fuera poco, se les impedía aprender a razonar. Finalmente -no 
olviden nuestros lectores que hilvanamos únicamente cuestiones referidas el 
ámbito de la enseñanza formal- Carmen de Burgos fue pensionada por la J.A.E. 
en el verano de 1913 para visitar Argentina durante seis meses. De modo muy 
coherente, y como en casos anteriores, la tarea fundamental se centró en la 
impartición de conferencias y en la toma de apuntes con los que elaboraba 
sus crónicas periodísticas. A su vuelta, y en una charla dada en Almería 
-véase la página 344-, Colombine mostraba su aguda mirada criticando la 
arrogancia del mundillo educativo argentino por haber dejado de lado 
propuestas tan interesantes como las defendidas en Argentina por A. Posada y 
R. Altamira. 
 
       Resumiendo: el legítimo interés de Concepción Núñez -catedrática de 
Lengua y Literatura Españolas en un Instituto madrileño- por analizar la 
figura de Colombine poniendo en el centro de sus preocupaciones sus 
múltiples y significativas aportaciones en el mundo de la prensa -no en 
vano, como se apunta en la página 275, en su afiliación al P.S.O.E. indicó 
como profesión la de periodista a pesar de que era ya profesora numeraria 
desde hacia casi una década- y en el de la literatura, ha originado el 
relegamiento del estudio de su labor como docente de la Sección de Letras en 
varias Escuelas Normales y en otros centros educativos.  Es verdad que este 
aspecto es menos relevante, pero -opinamos- el análisis -bien enmarcado 
usando estudios ya existentes que podrían incluirse en el apartado "Otra 
bibliografía utilizada" incluido al final- posibilitaría la aparición de 
matices que, sin lugar a dudas, enriquecerían nuestra comprensión de Carmen 
de Burgos. Junto a ello, sería muy interesante conocer los programas de las 
asignaturas que impartió para, siquiera de modo indirecto, poder averiguar 
cómo las entendía científica y metodológicamente; algo que, si bien usando a 
modo de fuente esos veintidós "Manuales de uso práctico" dirigidos 
fundamentalmente a un cierto público femenino que se citan al final de la 
bibliografía de Carmen de Burgos, posibilitaría averiguar el grado de 
sintonía entre lo que se dice en esta especie de manuscritos escolares y el 
pensamiento cívico-educativo expuesto por Colombine en sus artículos 
periódicos, conferencias, cuentos y novelas. En esta misma línea, y sin 
dejar de reconocer el interés del apéndice fotográfico incluido en este 
libro -en el que, junto a otras, podemos ver la fotografía de la portada 
realizada hacia 1901 así como la de su hija María con 26 años-, habría sido 
interesante la inclusión al menos parcial de algunas de las Memorias ya 
citadas. Junto a ello, y para hacernos con otras visiones, hubiésemos 
deseado saber algo de las alumnas de Carmen de Burgos y de los recuerdos que 
guardaron de sus enseñanzas. Finalmente, tampoco habría estado nada mal 
tratar de hacerse con una idea sobre la imagen que, al menos como como 
profesional de la enseñanza, tendrían de ella otras profesoras con las que 
compartió tareas en diversos centros desde 1901. 
 
Repasando el texto escrito hemos tomado conciencia de la relativa extensión 
de estas notas y, por ello, conviene acabarlas ya recordando a nuestros 
lectores que con esta biografía hemos podido introducirnos en el complejo 
mundo intelectual y afectivo de una mujer, Carmen de Burgos, a la vez 
poderosa y débil; pero, sobre todo, tanto en el campo de los temas tratados 
en sus obras como -y de un modo especial- en el de sus vivencias personales, 
la antigua normalista nos ha interesado como transgresora y protagonista de 
batallas por alcanzar mayores cotas de conocimiento, libertad, justicia 
social y -muy importante- felicidad personal luchando contra todo tipo de 
prejuicios. Cuenta Concepción Núñez en el capítulo sexto de la segunda parte 
de su libro cómo, comentando a los lectores de la Revista Crítica (noviembre 
de 1908) el programa operístico del Teatro Real, Colombine, seguramente ya 
interesada por Ramón puesto que se conocieron en una tertulia celebrada en 
abril del año citado, apuntaba indirectamente su mundo interior evocando a 
Tristán y a una Isolda que se le aproximaba; junto a ello -y algo se ha 
escrito sobre este nebuloso asunto- mencionaba también el amor imposible 
entre R. Wagner y Matilde Wesendonk que dio lugar a cinco hermosos Lieder 
compuestos por el músico alemán entre 1857 y 1858 a partir de unos poemas de 
ella. Puesto que en este libro se narra que en su primera estancia en 
Nápoles Carmen de Burgos se alojó en una pensión familiar dirigida por una 
antigua institutriz de las hijas de R. Wagner -la señorita Corsani- no 
parece del todo descabellado pensar que, en algún momento de su azarosa 
vida, la apasionadamente enamorada Colombine los haya escuchado. Y, 
justamente por ello, nos planteamos antes de finalizar nuestra labor cuál de 
ellos sería su favorito. Creemos que, durante el largo tiempo que duró su 
relación con Ramón, disfrutaría enormemente con el primero -Der Engel- 
colocando repetidamente la aguja al inicio del gramófono dejándose envolver 
por unas notas musicales, una voz de soprano y, también, por un texto que 
muy bien podría conocer a partir de alguna traducción:  
 
"In der Kindheit frühen Tagen hört' 
 
ich oft von Engeln sagen, 
 
..." 
 
  
 
  
 
Alberto Luis Gómez 
 
Departamento de Educación 
 
Universidad de Cantabria 
 
Edificio Interfacultativo, despacho 335 
 
Avda. de los Castros, s/n 
 
E-39005 Santander 
 
Tfno. 34 42 201169 
 
Fax    34 42 20 11 70 
 
  
 
 
 
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