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Asunto:[fedicaria] Educación para niñas, ilustración del entendimien to e igualdad: una biografía de Josefa Amar y Borbón (1749-1833)
Fecha:Lunes, 18 de Diciembre, 2006  14:19:37 (+0100)
Autor:Alberto Luis Gomez <luisal @......es>

  
 
  
 
            Un saludo cordial, casi navideño. 
 
  
 
            Alberto 
 
  
 
  
 
*********** 
 
  
 
LÓPEZ-CORDÓN CORTEZO, Mª V. (2005): Condición femenina y razón ilustrada. 
Zaragoza: Prensas Universitarias e Instituto Aragonés de la Mujer, 355 pp. 
(ISBN 84-7733-774-8) 
 
  
 
            Hace ya tres años, al publicar en Sarmiento una versión revisada 
y actualizada de las ideas expuestas en un cursillo celebrado en Albarracín 
en el mes de julio de 1999, Antonio Viñao señalaba con gran modestia que al 
hablar del tratamiento dado a la educación en las obras de Josefa Amar y 
Borbón (1749-¿1833?) no descubría ningún Mediterráneo. Pues, en el contexto 
de los recientes cambios historiográficos, y sobre todo de la consolidación 
de la historia de las mujeres como campo de estudio, autoras como Mónica 
Bolufer -de modo genérico y en su libro Mujeres e Ilustración editado en 
1998- o María Victoria López-Cordón -con una cuidada edición crítica en 1994 
del Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790) 
publicada por Cátedra en su prestigiosa colección Feminismos- habían 
roturado previamente y de modo sugeridor el tema objeto de su artículo, 
resaltando desde sus particulares intereses bien reflejados en el título de 
sus investigaciones algunas de sus aportaciones fundamentales. Y, con ello, 
haciendo visible a una estudiosa que, de la mano de Ángeles Galino, una 
mujer que mandaba mucho por aquella época, ya había recibido un fuerte 
espaldarazo al ser la única fémina entre los más de sesenta autores 
incluidos en la famosa antología de textos pedagógicos hispanoamericanos 
publicada en 1968. 
 
La catedrática de Historia Moderna de la Universidad Complutense nos 
presenta una biografía en un libro que podría articularse en dos grandes 
bloques: los nueve capítulos iniciales y un amplio apéndice en el que se 
reproducen quince textos de muy diversa naturaleza. Hay, además, una 
introducción y, por supuesto, un apartado en el que se apuntan las fuentes y 
la bibliografía manejada.  
 
En el primer capítulo -"El personaje y sus circunstancias- se expone el 
marco en el que vivió una mujer que, sin lugar a dudas, "merece ser 
rescatada del olvido" (p. 14).  En el segundo -"Una biografía 
interrumpida"-se anotan los rasgos más importantes de su periplo 
existencial: nacimiento en una familia acomodada con gran tradición médica, 
hermanos dedicados a la milicia y a la Iglesia, eruditos preceptores cuyas 
enseñanzas la acostumbraron a "una forma de razonamiento varonil" (p. 49), 
boda a los 23 años con un hombre mucho mayor que ella que moriría tras grave 
enfermedad en 1798, final trágico de su hijo Felipe ... En el tercero -"La 
actividad pública"- se señala el reconocimiento a su temprana labor como 
traductora -el primer volumen de Lampillas apareció en 1782- y autora entre 
1786 y 1790 de tres importantes estudios que le dieron una fama reducida "a 
diez años, la octava parte de una vida larga y silenciosa" (p. 74). En el 
cuarto capítulo -"Traductora y escritora"- se comentan sobre todo los 
aspectos más significativos de sus textos fundamentales: la Memoria  ... 
sobre la admisión de señoras en la Sociedad publicada en 1786 (es decir, el 
Discurso en defensa del talento de las mujeres ...),  la Oración 
gratulatoria ... (1787) y el ya citado Discurso sobre la educación física 
... de 1790; resumiendo: una producción que, como se indica en la página 98, 
no por corta y sólo en parte original, deja de tener su interés. En el 
capítulo quinto -"Los tópicos ilustrados"- se muestra con claridad cómo el 
pensamiento de esta autora ha de leerse sin olvidar la atalaya desde la que 
se mira al  mundo -una posición social elevada- para, de este modo, entender 
con mayor tino su apuesta por una razón que para ella no tenía sexo (p. 102) 
-como herramienta/medio para conseguir la felicidad del ser humano- y por la 
necesidad de controlar los sentimientos; todo ello, claro está, partiendo de 
la defensa de una salud corporal como condición necesaria para alcanzar 
otras metas. En el capítulo séptimo -"Las grandes cuestiones"- se comentan 
asuntos relacionados con una religiosidad que ella entendía como algo 
íntimo; la importancia del espacio doméstico como ámbito educador en el que, 
dentro de esa nueva civilidad, podían enseñarse contenidos y maneras de 
comportarse que mitigasen la propensión al lujo y la excesiva dependencia de 
muchas mujeres de una moda valorada negativamente y convertida ya en un 
fenómeno social (p. 129); la relación matrimonial, enfocada más con la 
cabeza que con el corazón; y la crítica a un nuevo modelo doméstico que, 
dejándola en una ignorancia que era siempre un mal punto de partida tal y 
como se anota en la página 133, pretendía recluir a las mujeres en el hogar. 
En el capítulo séptimo se presentan "Las ideas sobre educación" de esta 
mujer aragonesa, encuadrándolas dentro de una corriente pedagógica optimista 
que la entendía como un importantísimo medio que, gracias a la presencia en 
el currículum de nuevos contenidos para las niñas, abría las inteligencias 
de las personas y, al menos, posibilitaba una cierta transformación social y 
hasta una mayor felicidad particular y general. Dada la trayectoria 
profesional de la colega madrileña no extrañará nada a nuestros lectores que 
señalemos la gran relevancia del contenido de un capítulo, el séptimo 
-"Conciencia de mujer"-, en el que se expone la participación de Josefa Amar 
y Borbón en el debate intelectual conocido como la polémica de los sexos, 
defendiendo una línea que la sitúa claramente como antecedente del feminismo 
de la igualdad; como es sabido, para los representantes de este pensamiento 
ilustrado las diferencias entre hombres y mujeres radican no en su diferente 
naturaleza sino, sobre todo, en el influjo de una sociedad que, entre otras 
cosas debido al diferente acceso a la educación, ha condicionado 
trayectorias muy distintas de hombres y mujeres. En su "primera parte" el 
libro se cierra con un capítulo -"Entre la vindicación y la cautela"- en el 
que se reclama la necesidad de una re-lectura de la obra de Josefa Amar y 
Borbón en la que, sin dejar de lado lo referido a la polémica de los sexos, 
se incluya igualmente, dada su complementariedad, la dimensión ilustrada de 
una mujer cuyo pensamiento, pese a tener afinidades genéricas con el de 
Olimpia de Gougues, Madame de Genlis, Madame de Staël o hasta Mary 
Wollstonecraft -la explosiva autora en 1792 de la Vindicación de los 
Derechos de la mujer-, se mantuvo siempre firme en su defensa de ese 
feminismo de la igualdad alejado de otras posturas que, apelando al mundo de 
los afectos, revindicaron la existencia de una subjetividad femenina 
específica. Como ya apuntamos, en el libro se dedica un apartado a las 
"Fuentes y bibliografía" -manuscritas, hemerográficas e impresas- y se 
incluyen variados apéndices entre los que deseamos destacar el décimo -con 
el Discurso en defensa del talento ... (1786)- y el quinceavo, en donde 
puede consultarse el Prólogo al Discurso de 1790. 
 
  
 
Quienes nos hayan seguido hasta aquí habrán podido comprobar cómo, 
coherentemente con las preocupaciones de Mª Victoria López Cordón, lo 
relacionado con la escuela y el currículum ocupa en este libro una posición 
"subordinada". Pues el análisis de la vida y obra de Josefa Amar y Borbón 
está orientado hacia una cuestión básica que se menciona en el capítulo 
noveno: a saber, aclarar si, en su versión femenina, la Ilustración tuvo 
rasgos específicos; y, entre ellos, la reflexión desapasionada sobre la 
propia condición de mujer (p. 183).  Pese a lo expuesto, y de ello es un 
buen ejemplo el contenido del capítulo que acabamos de citar, no deja de 
reconocerse que lo escrito por la erudita aragonesa sobre educación es una 
aportación fundamental; tesis igualmente compartida por el ya citado colega 
murciano en el apartado final de su artículo pues, aunque reconoce la 
existencia de planteamientos teóricamente más ambiciosos en ilustrados 
franceses o en algunos liberales españoles, lo cierto es que, sobre todo en 
lo relacionado con la educación de las niñas, la traducción práctica de esas 
ideas en Informes o normativas aparecidos aquí en España en 1813, 1814, 
1821, ..., dejó mucho que desear y quedó por detrás de las propuestas más 
ambiciosas de Josefa Amar y Borbón. 
 
El carácter moderadamente renovador de estas alternativas -no ha de 
olvidarse que, sin dejar de lado a una minoría de mujeres cultivadas, la 
aragonesa escribía pensando en lectores mayoritariamente masculinos que 
controlaban los resortes de poder- se manifiesta con rotundidad en el 
contenido que se incluye en las dos partes de su Discurso de 1790 y del que 
citaremos en este párrafo siguiendo la edición de 1994. En la primera de 
ellas -"De la educación física"-, y de modo coherente con la tradición 
familiar, nos encontramos con un moderno discurso médico-higienista 
encaminado a mejorar una salud corporal puesta al servicio de una escala 
conservadora de valores. En los capítulos sexto, séptimo y octavo de la 
segunda -"De la educación moral"- se proponen para niñas de las clases 
pudientes diferentes asignaturas divididas en grandes grupos: básicas -entre 
otras, una historia "que enseñaba a conocer los hombres y sus diversas 
pasiones" (p. 174-175)-; luego, y ello no dejaba de ser novedoso, se 
defendía el valor formativo de las lenguas clásicas y modernas (sobre todo 
francés, pero también inglés e italiano). Más adelante nos encontramos con 
un elogio de la geografía  por ser "un estudio divertido y útil a toda clase 
de gentes" (p. 182), señalándose cómo podrían utilizarse con mucho fruto 
obras del cartógrafo Tomás López (1730-1802 y, entre otros, hasta los muchos 
tomos del Viaje por España que había publicado Antonio Ponz (1725-1792). 
Junto a lo expuesto, y a modo de importante complemento, se apoyaba 
igualmente la necesidad de adquirir otras "habilidades" que, proporcionadas 
por materias como el dibujo, la música o el  baile, abrían nuevos espacios 
de sociabilidad a quienes las dominasen; en este último caso ello se debía 
al magisterio de unos maestros de baile que tenían gran prestigio -algo que 
puede verse con claridad en muchas de las cartas, recientemente traducidas 
al castellano y editadas en Acantilado, que Lord Chesterfield envió entre 
1750 y 1752 a su hijo Philip que estaba en París finalizando su Grand Tour- 
al enseñar a "manejar el cuerpo con aire" (p. 193). De las labores mujeriles 
se apuntan en el capítulo cuarto dos cosas: por un lado que son útiles e 
instructivas y, por el otro, que este aprendizaje de carácter -digamos- 
instrumental es del todo compatible con otros de naturaleza intelectual.  
 
 La lectura de esta biografía, en la que se echa en falta una mayor 
estructuración formal de los capítulos así como la inclusión de un índice 
onomástico para facilitar la tarea lectora, es de utilidad para entender la 
configuración de un pensamiento que, con las limitaciones propias de la 
época y los condicionamientos personales de la biografiada, pretende que, 
mediante nuevos contenidos y diferentes métodos de trabajo, la escuela 
colabore en la creación de un nuevo tipo de subjetividad femenina. Es verdad 
que, de modo coherente con su formación clasicista, nuestra ilustrada "se 
mantuvo en la equilibrada distancia de quien no busca cambiar el mundo sino 
sólo acomodarse un poco mejor en él" (p. 199). Pero no lo es menos que el 
contenido de sus aportaciones, en algunos casos novedosas tanto en lo 
referido al tema elegido como en lo relacionado con su tratamiento escolar, 
no merecía ese total olvido desde los inicios del siglo XIX. 
Afortunadamente, obras como la que acabamos de comentar, reparan 
parcialmente esa injusticia. Pues, junto a las servidumbres del pensamiento 
de la ilustrada aragonesa, María Victoria López-Cordón no ha dejado de lado 
el análisis de ciertas luces que dejan entrever también la existencia de una 
Josefa Amar y Borbón moderna. 
 
  
 
             
 
  
 
  
 
  
 
  
 
Alberto Luis Gómez 
 
Departamento de Educación 
 
Universidad de Cantabria 
 
Edificio Interfacultativo, despacho 335 
 
Avda. de los Castros, s/n 
 
E-39005 Santander 
 
Tfno. 34 42 201169 
 
Fax    34 42 20 11 70 
 
  
 
 
 
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