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Asunto:[fedicaria] Entrevista a Paulo Freire: Pedagogía de la esperanza
Fecha:Viernes, 29 de Septiembre, 2006  08:44:07 (+0200)
Autor:Alberto Luis Gomez <luisal @......es>

 
	Queridos amigos: 
 
	Al parecer, Paulo Freire cumple años. Y, por ello, nos han enviado 
este documento de interés. 
 
Un abrazo. 
 
Alberto 
 
********* 
  
 
 
	Alberto 
 
 
-----Mensaje original----- 
De: histeducal@... [mailto:histeducal@...] En nombre 
de Pablo Pineau 
Enviado el: miércoles, 20 de septiembre de 2006 17:21 
Para: pedcritica@...; histeducal@... 
Asunto: [histeducal] Re: [estudedu] Entrevista a Paulo Freire 
 
 
  ----- Original Message -----  
  From: Julieta Santos  
  To: estudedu@...  
  Sent: Wednesday, September 20, 2006 11:50 AM 
  Subject: [estudedu] Entrevista a Paulo Freire 
 
 
  Reenvio.  
 
  Saludos, Julieta. 
 
  Para celebrar el cumpleaños de Paulo Freire, les envío esta entrevista 
realizada en marzo de 1993, publicada en el número 2 de la revista América 
Libre. Claudia 
 
    
 
  PEDAGOGÍA DE LA ESPERANZA 
 
  Entrevista a Paulo Freire 
 
  realizada por Claudia Korol  
 
    
 
  Acaba de ser publicado en el Brasil, el libro de Paulo Freire: "Pedagogía 
de la Esperanza. Un reencuentro con la Pedagogía del Oprimido". Paulo Freire 
nació el 19 de septiembre de 1921. En el diálogo con América Libre, 
desarrollado en su casa en Sao Paulo una mañana de marzo de 1993, nos contó 
con entusiasmo sobre los orígenes y contenidos de su nueva obra. Nos 
encontramos allí con un compañero de lucha que mantiene juntos el 
pensamiento polémico y el optimismo intacto, fruto no solo de su compromiso 
con la época y de su opción por los oprimidos, sino también de su reflexión 
sobre la esperanza, a la que define como una "necesidad ontológica". La 
aparición de Pedagogía de la Esperanza, realizada 23 años después de la 
Pedagogía del Oprimido y con mucho agua corrida bajo los puentes, nos 
entusiasmó para producir este encuentro con su autor, miembro del Consejo de 
Redacción de América Libre. 
 
    
 
  Tanto la Pedagogía del Oprimido, como su nuevo libro Pedagogía de la 
Esperanza, expresan importantes polémicas con los tiemos en que fueron 
realizados. ¿Es así? 
 
  Sí, yo creo que ésta es una hipótesis de comprensión de ambos libros. En 
la tentativa de explicarlos, la estructura misma de la Pedagogía de la 
Esperanza a mí me convence. Es exactamente la siguiente: busca demostrar que 
en el fondo, todo lo que usted crea, un libro, un arma o una obra de arte, 
todo siempre emerge de un proceso producido en ciertas tramas, que algunas 
veces no dejan clara la hipótesis de gestación de la obra. Por eso trato en 
la primera parte del libro algunos casos, que yo llamaría historias, que 
experimenté cuando era joven y cuando niño; y que al menos para mí hoy, 
tomando distancia, eran tramas que anunciaban la Pedagogía del Oprimido. Que 
podrían no haber ocurrido, pero que al llegar crearon marcas. Por ejemplo un 
caso que cuento de un malestar que sufrí durante años sin saber sus causas; 
que me sorprendía de repente y me dejaba abatido, desanimado. Al llegar a 
San Pablo pude analizar las causas y entender lo que sucedía; en un proceso 
de concientización individual, que yo explico y distingo de la hipótesis de 
concientización del otro. En ese caso, mi concientización funcionó y me 
liberó. Pero lo que nosotros no podemos esperar es que la concientización 
sola pueda resolver esa liberación, cuando se da en torno a las tramas 
estructurales de la sociedad. Allí ella continúa siendo importante, pero no 
es suficiente. Es preciso que al concientizarme sobre la realidad 
expoliadora, me movilice y organice con otros y luchemos juntos por la 
transformación radical de las estructuras que generan la explotación. Esto 
tiene que ver indiscutiblemente con la Pedagogía del Oprimido. La forma en 
que yo trabajé este libro sobre el otro, la forma en que yo intenté 
comprenderlo, generó a éste. Cuanto más analicé y analicé el proceso en el 
que escribí la Pedagogía del Oprimido, tanto más pude escribir este libro. 
 
  El segundo momento de Pedagogía de la Esperanza es el análisis que hago 
del libro Pedagogía del Oprimido haciéndose, o sea, el libro siendo 
trabajado, siendo escrito. Allí yo hablo un poco de la fase de la oralidad: 
antes que nosotros escribamos, hablamos de lo que vamos a escribir o de lo 
que estamos escribiendo. Éste para mí es un momento importante, sobre todo 
para la gente joven que no tiene experiencia en el esfuerzo de redactar. Yo 
creo que es interesante que los más viejos cuenten su historia, por ejemplo 
que digan como tienen también dificultades para escribir. 
 
  Hay otro momento en Pedagogía de la Esperanza que yo considero importante, 
que es aquel en que intento, sin rabias pero con derecho, conversar con los 
lectores de este libro sobre las críticas que se hicieron en los años 70 a 
la Pedagogía del Oprimido. Es interesante, porque por ejemplo, las críticas 
marxistas eran casi todas mecanicistas. La mayoría de ellas, con 
excepciones, claro, se fundamentaban en una comprensión mecanicista de la 
historia. Eran críticas marxistas y por lo tanto proclamativas de la 
concepción dialéctica; pero eran profundamente no dialécticas. Y algunas de 
ellas eran críticas muy formales. Yo recuerdo una de ellas que decía: 
"Freire es un intelectual indiscutiblemente vivo, interesante, pero no dice 
que la lucha de clases es el motor de la historia". Yo no lo decía porque no 
lo era; porque la lucha de clases es uno de los motores de la historia; pero 
uno no puede esclavizarse a una sola cosa. Ahora, desde el punto de vista 
del tiempo de Marx, eso era correcto, era lo que él estaba observando del 
rumbo histórico. Para mí lo que faltó agregar es que hay otros motores de la 
historia y no solamente la lucha de clases. La lucha de clases continúa 
siendo un motor importante, claro, pero lo que yo digo en este libro y creo 
interesante es que muchos de mis críticos de los años 70, que decían que yo 
no mencionaba la lucha de clases en la Pedagogía del Oprimido (aunque yo 
cité treinta y tantas veces, no el concepto de lucha de clases sino el 
concepto de clases sociales) hoy son pragmáticos y neoliberales. 
 
    
 
  Son los que se hicieron eco de las proclamas sobre el fin de la 
historia... 
 
  Exacto. Hay un montón de gente de izquierda que nos da la impresión que, 
asustados, hoy casi gritan que se han equivocado de dirección. Se 
arrepienten de haber sido de izquierda, y se vuelven felices con la idea del 
fin de la historia y que la lucha de clases terminó. Se dicen posmodernos. 
Yo creo incluso que son posmodernos, pero posmodernos reaccionarios. Porque 
hay una posmodernidad progresista. La posmodernidad progresista es la que 
expresa que ya no estamos demasiado seguros de nuestras certezas. Porque la 
modernidad estuvo muy segura de sus certezas, pues surgió con el desarrollo 
de la ciencia y la tecnología. Marx era un moderno y tenía que serlo. No 
había forma que no lo fuera. Pero para mí la modernidad va más allá de Marx. 
Es eso lo que se precisa decir y no decir que Marx murió, que Marx no 
existe. De ninguna manera, pues Marx está más vivo que muchos de nosotros. 
 
    
 
  Usted habla en su último libro de la esperanza como una necesidad 
ontológica... 
 
  Exacto, esa necesidad ontológica que yo veo en la esperanza es la que los 
mecanicistas no entendieron en la Pedagogía del Oprimido. Los mecanicistas 
no podían entenderlo. En primer lugar, esa ontología no es un "a priori" de 
la historia. Esto quiere decir que la naturaleza del hombre y de la mujer, 
la naturaleza de ser humano, no fue donada al ser humano antes de la 
historia. Es gracioso, yo soy cristiano y afirmo eso, pero con eso no tengo 
nada en contra de la trascendentalidad. Al revés, yo me afirmo en esta 
trascendentalidad en cuya relación dialéctica con la mundanidad yo me 
encuentro. Pero digo lo siguiente: la naturaleza humana se va constituyendo 
históricamente. La esperanza corno necesidad ontológica se constituye aquí, 
en el quehacer histórico. Y para mí no es posible, siendo el ser que estamos 
siendo, históricos, por lo tanto, inacabados y envueltos constantemente por 
una necesaria idea del mañana; no es posible experimentar la necesidad del 
mañana sin superar la comprensión del mañana como algo inexorable, que es, 
que hacía y decía el mecanicismo de los marxistas que me criticaban en el 70 
y que hoy se han vuelto pragmáticos y dicen que hay que acabar con esta 
historia del sueño, de la utopía, que sólo ¡Ha creado dificultades! 
 
  Quiero decir, en el momento en que tú admites que el mañana es un dato ya 
dado, que tú marchas hacia él inexorablemente, entonces no hay por que 
hablar de esperanza. La esperanza se instala en ti en el momento en que el 
mañana no es inexorable; puede venir y puede no venir. En otras palabras, el 
mañana tiene que ser hecho por nosotros. Eso es lo que para mí fundamenta la 
esperanza como una necesidad ontológica. Yo estoy esperanzado no porque sea 
impertinente, estoy esperanzado porque estoy en el mundo y con el mundo. No 
puedo dejar de estarlo. 
 
  La Pedagogía de la Esperanza, es necesariamente un libro escrito con amor 
y con rabia. Es el resultado de un gran aprendizaje, parte del cual yo 
relato, entre ellos los viajes por el mundo para discutir la Pedagogía del 
Oprimido. Porque la Pedagogía del Oprimido en cierto momento se independizó 
de mí. Era ella la que me presentaba al mundo, no yo a ella. 
 
    
 
  Usted se refiere en su libro, también, a la existencia de una esperanza 
ingenua... 
 
  Claro, una esperanza ingenua es decir que el mañana que queremos viene de 
cualquier manera. En el fondo la comprensión mecanicista de los marxistas 
distorsionados, implica una esperanza ingenua. Cuando tú piensas que el 
mañana es inexorable, que tiene que venir, tú eres ingenuo. Porque el mañana 
sólo viene si yo lo hago, junto con los otros.  
 
    
 
  Esta posición frente a la esperanza, choca con quienes pregonan el 
escepticismo. 
 
  Exacto, la crítica a la esperanza viene de quienes necesariamente no 
entienden a la historia corno posibilidad. De quienes no aceptan que la 
historia no es algo predeterminado, que la historia es posible, no solamente 
es posible sino que es posibilidad; y que si ella es posibilidad hay que 
realizarla. Esa es la tarea de los sujetos históricos, de los individuos. 
Esa es otra cosa que el marxismo mecanicista negaba y distorsionaba: al 
enfatizar lo social terminaba negando absolutamente la presencia del 
individuo en lo social. Es claro que nosotros reconocemos que lo que hay de 
individual en mí y en ustedes, no es suficiente para explicar lo que estamos 
haciendo, pero es indispensable. 
 
    
 
  Cuando usted se refiere a la dialéctica y al valor de lo subjetivo en la 
transformación histórica, se acerca al pensamiento de marxistas dialécticos 
y revolucionarios como el Che. 
 
  Yo tengo una admiración muy profunda por algunos revolucionarios de este 
siglo, que no conocí personalmente. Que afloran constantemente en mí, aunque 
a veces no necesito ni nombrar. Che es uno de ellos. Gramsci es otro, más 
lejano. Che Guevara me tocó y continúa tocándome por una serie de cualidades 
humanas e intelectuales. Como un hombre que peleó, un hombre que luchó, un 
hombre que se expuso como yo nunca me expuse. Un hombre que continúa 
testimoniando un coraje manso, un coraje dignificante. Y como un hombre que 
también pensó, y puso en el papel de una manera muy convincente y bonita las 
reflexiones que hizo sobre la práctica. 
 
  El Gramsci con quien yo intimé es exactamente el Gramsci de la prisión, el 
Gramsci que no podía estar haciendo la práctica que el Che hizo, pero que 
hizo una práctica antes de ir para la prisión y que allí dentro piensa y 
habla de lo que hizo y de lo que podía haber hecho. Otro hombre que me 
impactó mucho y que me continúa impactando es exactamente, yo diría casi, el 
Guevara del Africa, que es Amílcar Cabral. 
 
  Incluso yo supe cuando estuve en Africa, por Guinea Bissau, del momento en 
que los dos se encontraron, Guevara y Amílcar Cabral. No sé si usted sabe 
eso. Amílcar era bajito, y eso no le gustaba. El se encontró con el Che, que 
delante suyo era un gigante. Aunque yo creo que en el fondo eran dos 
gigantes del siglo, enamorados del mundo. Ellos tuvieron las rabias 
necesarias, las rabias que no pueden ser evitadas. Tú no haces historia sin 
rabia. Tú no haces ni un libro sin rabia. Pero tampoco los haces sólo con 
rabia y eso es lo que ellos vivieron muy bien. Ellos hicieron la historia de 
ellos y la historia nuestra de este mundo, con la rabia y el equilibrio 
necesario entre la rabia y el amor. 
 
  Lo que a mí me contaron es que los dos se encontraron, conversaron, 
discutieron, debatieron, y se volvieron grandes amigos. Incluso me contaron 
que en un momento quedaron parados uno delante del otro como si estuvieran 
enamorados. En el fondo era un enamoramiento mediado por la praxis, mediado 
por la historia. Che Guevara, Gramsci antes, Amílcar. Yo no quiero con eso 
reducir la historia de estos años sólo a estos hombres. Porque después 
encontré a otro hombre que fue malvadamente asesinado por la izquierda de su 
país que fue Maurice Bishop, en Grenada. Yo me acuerdo de la reacción de 
Fidel entonces que fue muy fuerte frente a una izquierda incompetente y 
malvada. 
 
    
 
  Usted se ha referido a estos hombres como pedagogos de la revolución. 
 
  Sí. Yo creo que Fidel, Guevara, Amílcar, no son sólo pedagogos 
revolucionarios, sin o pedagogos de la revolución. Hay mucha diferencia, 
porque creo que pedagogo revolucionario yo soy, a pesar de que se decía que 
no tenía nada que ver con eso. Pero otra cosa es ser pedagogo de la 
revolución. 
 
    
 
  ¿Cuáles son los debates actuales y su opinión sobre la experiencia de la 
educación popular en el Tercer Mundo? 
 
  Yo he leído a latinoamericanos y he oído a dirigentes africanos 
progresistas que dicen, como expresión del trauma del momento que estamos 
viviendo, que al final de cuentas lo que hoy se necesita es una educación 
popular en el Tercer Mundo, que no sería más de concientización. Por el 
contrario, debería dislocarse para experiencias puramente económicas. Eso 
surge primero en las experiencias de sobrevivencia después del golpe de 
Pinochet. Lo que interesaba en la época era conseguir medios de 
sobrevivencia de los grupos populares, progresistas, que aplastados por el 
golpe de estado precisaban ayuda. Y la ayuda mejor, no sería más la 
discusión alrededor de la realidad sino la sobrevivencia. Financiar 
talleres, fabriquitas de juguetes, grupos de costureras, etc. Yo no estoy en 
contra de eso, pero mucha gente de los llamados pragmáticos plantean que el 
problema de la educación popular en América Latina y en Africa no podría ser 
desarrollado por una pedagogía del "develamiento", de la concientización, 
sino por una pedagogía práctica que trate la formación técnica de los grupos 
populares. Para mí ésta es una dicotomía que nos lleva de nuevo al fracaso. 
No es posible separar la formación técnica, de la comprensión crítica del 
mundo. Marx inclusive definió la cuestión de la educación de la clase 
trabajadora y decía claramente que la burguesía no puede formar a la clase 
trabajadora, a no ser para reproducir a la clase trabajadora como tal. Eso 
es obvio, porque la clase trabajadora se tiene que formar en una perspectiva 
contradictoria y antagónica con la visión de la clase burguesa. Entonces, 
mientras que para la clase burguesa, la clase dominante, la formación de la 
clase trabajadora debe ser técnica y terminar en la técnica, la formación 
progresista de la clase trabajadora abarca la formación técnica 
indiscutiblemente; pero al tocar lo técnico sabe que no está tocando nada 
neutro. La tecnología no es neutra. Entonces, al enseñar, al capacitar, el 
buen obrero no es el que sabe hacer funcionar las máquinas. Es aquel que 
funcionando con las máquinas, reconoce la razón de ser histórica y social de 
la propia máquina. Y reconoce a favor de quien trabaja la máquina en sus 
manos. 
 
  Yo hoy insisto en que la educación popular en este pedazo de historia 
nuestra, debe continuar develadora de lo real; en la búsqueda de la razón de 
ser de los hechos que se producen, no ocultando ni haciendo una pura 
formación de sobrevivencia. 
 
  Algunos dicen que estos ya no son temas de los 90. Pero: ¿cuál es el tema 
de los 90? Lo que continúa profunda y dramáticamente como tema de los 90 es 
el sueño de cambiar radicalmente este mundo. La educación entra allí como 
uno de los elementos de viabilización de los sueños. Entonces en el momento 
en que tú dices que "la educación popular ya fue" es porque tú no crees más 
en la educación. Claro que las tácticas que se precisan en la lucha de la 
gente son históricas. El testimonio es universal, se da siempre en la 
historia. Pero la forma como se da cambia de generación en generación. 
Estratégicamente uno testimonia en favor de nuestra liberación. Ahora, la 
forma en que yo testimonio ese deseo, esa necesidad de transformación del 
mundo es diferente. Yo creo que hoy las tácticas, los métodos, pueden 
variar. Pero lo que para mí no puede variar, lo que no puede dejar de 
existir es la comprensión crítica de la historia. Y eso significa develar 
los hechos. 
 
  La crítica de los pragmáticos se refiere a la politización de la educación 
popular. 
 
  Exacto. Eso también es así. Me sucedió en París, donde yo estaba en una 
reunión de la Unesco, cuando uno de los presentes me dijo: "Es interesante, 
profesor Freire, hace un mes o dos, yo estaba aquí en una reunión 
patrocinada por la Unesco con gente de América Latina y quedé sorprendido 
porque unos educadores latinoamericanos decían que usted no es un educador, 
que usted es más un ideólogo. Por la exigencia con que usted trata 
políticamente las cosas". 
 
  Posiblemente en los años 70 esa gente me criticaba por no ser marxista. 
Gente de izquierda que hoy se ha vuelto indecisa por lo menos. Yo hoy soy, 
con los cambios que la historia realiza, casi al mismo que el que escribió 
la Pedagogía del Oprimido. Yo reconozco solamente que cuando escribí la 
Pedagogía del Oprimido di saltos grandes de cuando escribí La educación 
corno práctica de la libertad. En La educación corno práctica de la libertad 
yo era algo ingenuo en mi defensa de la subjetividad y de la conciencia. 
Pero creo que fue óptimo que lo haya sido, porque me preparó para adquirir 
una mayor profundidad dialéctica entre objetividad y subjetividad. Yo 
analizo ese desvío subjetivista que cometí en La educación como práctica de 
la libertad. Pero en la Pedagogía del Oprimido yo creo que no; soy el mismo 
que ahora, no cambié. 
 
    
 
  ¿Cómo fundamenta su esperanza ante un capitalismo que se presenta como 
vencedor? 
 
  Yo creo que el capitalismo no dio nada a los pueblos. Puede ser que en 
esto yo sea sectario. Pero como digo en un texto que escribí sobre los 500 
años de la conquista de América, yo no puedo festejar la llegada colonial al 
continente, porque yo festejo la lucha de liberación de los pueblos y no 
puedo festejar la conquista de los pueblos. Yo no festejo al capitalismo y 
creo que lo que el capitalismo ha hecho en América Latina son cosas 
trágicas. Usted toma los índices de asesinatos de niños en este país, 
Brasil; usted toma los índices de niños y niñas fuera de la escuela, que no 
tienen el derecho de entrar en la escuela; usted torna los índices de los 
niños de sectores populares que por la presión de los sindicatos de sus 
padres consiguieron un lugar en la escuela pero que son expulsados 
enseguida. Los técnicos y especialistas hablan de este fenómeno diciendo que 
los chicos "se evaden" de la escuela. Como si los niños hiciesen un Congreso 
y decidiesen que no quieren seguir más en la escuela. 
 
  ¡No! Ellos son expulsados de la escuela. Usted toma los índices de los 
hombres y mujeres que en esta hora del día de hoy murieron de hambre, y de 
los que van a morir de hambre desde ahora hasta las tres de la tarde, de los 
que están enterrados en las periferias de las grandes ciudades. Usted toma 
los índices de maltrato, de desesperanza de los hombres y mujeres de este 
país. Mujeres de 30 años que parecen que tienen 120, deterioradas, 
maltratadas, desdentadas, decepcionadas. Y usted pregunta: ¿quién hizo eso? 
Obviamente que en la campaña en el Brasil ahora se discute esto. Yo creo que 
el presidencialismo tuvo mucho que ver con eso. Yo soy parlamentarista, 
porque no creo que el presi-dencialismo ayude en nada a la democracia en 
este país. Creo que se corresponde con la historia de este país, es una 
respuesta a la tradición autoritaria de la sociedad brasileña. Pero el gran 
responsable por todas esas maldades es el capitalismo. El capitalismo 
desenfrenado, es de una perversidad ontológica de la cual ya no se libera. 
Es más, yo creo que como nunca en la historia, Marx pagaría para vivir en el 
mundo de hoy. Yo creo que nunca hubo un tiempo más propicio para la utopía 
socialista. Pero cuando digo hoy, no es 1993. Mi hoy supera los primeros 
años del milenio que llega. Para mi historia individual, 30 años son una 
cosa terrible, porque yo ya no tengo chance de vivir 30 años. Hay gente que 
vive 110, 120 años, yo creo que no voy a vivir eso. Pero 30 años para el 
país, para América Latina, 30 años para el mundo no son nada. Yo creo que en 
estos 30 años la chance del sueño socialista, democrático, está ahí. El 
capitalismo no puede inventar otro chivo expiatorio como hizo durante todos 
estos años, que era el comunismo. Realmente era una ventaja para ellos 
trabajar con el espantapájaros del stalinismo, era muy fácil. Pero hoy no 
pueden seguir con la guerra fría. 
 
    
 
  ¿Qué posibilidades tienen de modificar esta situación las administraciones 
de estados gobernados en Brasil por la izquierda? 
 
  Es necesario tener una visión avanzada y realista de este tema. Por 
ejemplo, yo fui secretario de educación de San Pablo. Algunos compañeros nos 
criticaban porque decían que nosotros éramos apenas administradores de la 
crisis capitalista. Es un absurdo. El gobierno de Erundina no fue 
administrador de la crisis capitalista. Fue un gobierno progresista, de un 
tiempo capitalista y de un espacio capitalista. Pero es una experiencia 
democrática. Es preciso comprender la experiencia democrática, lo que 
significa el juego democrático en la búsqueda de una mejor constitución de 
un nuevo poder y de un nuevo gobierno. El testimonio que dio el gobierno de 
respeto a la cosa pública, de enfrentar una problemática desfavorable a las 
clases populares, la reorientación de los gastos, dejar de maquillar y 
embellecer lo que ya está bonito e invertir en las áreas proletarias, en las 
áreas populares, yo creo que todo eso es una experiencia que testimonia cómo 
es posible hacer algunos cambios en el sentido de los intereses de las 
clases populares, aún sin alcanzar la radicalidad del cambio. 
 
    
 
  ¿Qué significa su participación en el Consejo de Redacción de América 
Libre? 
 
  Cuando Betto me dio el primer número de la revista, y me habló de la 
utopía de esa revista, yo adherí inmediatamente. Adherí a la revista 
enseguida que él me planteó la posibilidad de que yo fuese incorporado. Está 
claro que esta revista, es una de las posibilidades históricas que tenemos 
hoy. Es la posibilidad de trabajar en favor de la posibilidad. Yo creo que 
ningún hombre, ninguna mujer progresista de este continente, puede negar 
como mínimo, la contribución que cada uno y cada una de nosotros tenga la 
posibilidad de dar. Porque no es sólo un sueño de los que hacen la revista, 
es una necesidad histórica de los que vivimos en este continente. 
 
    
 
  ¿Cuáles son hoy sus sueños más importantes en esta difícil situación de la 
lucha por la libertad de América Latina? 
 
  Yo diría uno sólo que creo que es vital para la gente, y que no es un 
descubrimiento mío. Es un imperativo de la historia, que ha sido el sueño de 
Guevara, que fue el sueño de los Bolívares: un gran esfuerzo en favor de la 
unidad en la diversidad. Porque nosotros no podemos hablar de América Latina 
como una cosa sola, no tiene sentido. Somos diferentes. Estamos llenos de 
diferencias. Brasil es una cosa, México es otra, Argentina es otra, Paraguay 
es otra, Uruguay es otra. Lo que se precisa es que cada una de esas otras 
cosas, tenga en primer lugar, esperanza en sí, confianza en sí, y gusto por 
la lucha. Segundo, que cada una de esas cosas, reconociéndose diferente de 
la otra, descubra los lazos que las unen. Con esta unidad en la diferencia, 
es que seríamos capaces de enfrentar a los que nos dividen para poder 
mandar. Es la única respuesta que los dominados tienen para enfrentar a los 
dominantes: unirse en la diversidad para enfrentar a los unificados que nos 
desunen. Ahora usted sabe que ésa es una cosa difícil de ser hecha, pero yo 
creo que la revista es un intento en favor de eso. Yo sé que ha habido 
otros, pero éste hoy es el intento de unificar en la diferencia. 
 
    
 
  ¿Qué le preguntaría usted a Paulo Freire? 
 
  Yo en lugar de preguntarle, si tuviese que decirle alguna cosa a Paulo 
Freire sería lo siguiente: "continúa soñando. Pero siempre que continúes 
pensando el sueño como de él hablaste en la "Pedagogía de la Esperanza". 
 
    
 
 
 
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