Un saludo a todos:
Quisiera compartir con todos ustedes (o con vosotros) este escrito
referente a la escuela de Francfort. Se puede o no estar de acuerdo con la
postura de estos señores, pero sin duda fue el pensamiento crítico más importante
del siglo pasado en occidente; yo diría que los únicos que dieron a la humanidad
una esperanza seria o por lo menos una orientación relativa a los problemas que
se vivieron, y tal vez se hayan agudizado, en las últimas décadas.
Un agradecimiento al maestro Clemente Ochoa de la UAL (Universidad América
latina) www.ual.edu.mx plantel Guadalajara, por haberme facilitado el documento
ya pasado por el scanner.
Entiendo las dificultades de leer un escrito sobre el monitor de la
computadora, pero con una impresora y una buena dosis de papel se facilitaría su
lectura. Por otra parte, supongo que no habrá problema en hacer público un
escrito de una universidad francesa; y si existe, no tardarán en hacermelo saber;
por lo menos eso espero antes de recibir una demanda de derechos de autor.
En esta ocasión, dado el tamaño del documento, envío únicamente la
introducción como archivo adjunto. De no transferirse el archivo como tal, lo
copiaré al mensaje para adjuntarlo como texto.
Valentín
Tuvo que ser como texto.
La Escuela de Francfort
Introducción
¿Qué es la Escuela de Francfort?
Este ensayo tiene por objeto responder a la pregunta "¿Qué es la Escuela de
Francfort?" Interrogante que puede parecer paradójica ya que comúnmente se
reconoce una realidad bautizada con ese nombre de la que se ha hecho historia,
consagrado estudios e impartido conferencias. Lo que parece faltar es una
interrogación, elemental y fundamental al mismo tiempo, sobre la naturaleza de
ese fenómeno ideológico. Se suele comenzar con una referencia a la existencia
real de tipo hipostática, aunque con algunas reservas. Así la Escuela es objeto
de apreciaciones de orden filosófico, sociológico y político. Empero el enfoque
histórico como el partidista parece que omite el cuestionamiento sobre la
identidad del fenómeno mismo. Es indudable que lo histórico y el juicio
ideológico y político son básicos tanto como lo es el cuestionamiento crítico que
establece la posición de un objeto particular.
Interrogarse sobre la identidad de la "Escuela de Francfort" (entre comillas
como nominación problemática de una "X") es pues buscar la forma posicional de
objetividad que promete ésta como fenómeno histórico. Ello implica poner entre
paréntesis metodológico las etiquetas que tradicionalmente se pone a las formas
de objetivación conocidas. Nos parece que el error fue haber ubicado a la
Escuela, con demasiada premura, dentro de las categorías usuales: "filosofía",
"sociología", "política", aun presintiendo que la Escuela de Francfort no es ni
una escuela filosófica, ni un discurso sociológico, ni un movimiento político, en
el sentido estricto de estos términos.
Mas no se sabría cómo acabar con esta problemática si se le refiriera a tal
categoría nominal; algo así como el famoso "multidisciplinario" que resolvería la
cuestión. Por el contrario, conviene dejarla abierta de una manera deliberada,
practicando una suerte de examen de la época y del fenómeno, para dejar pendiente
la ubicación de la Escuela dentro del género determinado. Así se estará en
posibilidad de situar, en el sentido estricto su aporte a lo que
convencionalmente se designa como "filosofía", "ciencias humanas" o
"política".
En realidad, se puede presentir, a través de la originalidad profunda del
discurso francfortiano, la orientación de su proyecto: intervenir, no en los
campos ya constituidos, sino generar un campo sui generis, adoptado de los campos
ya existentes, fragmentos que le confieren su aspecto "barroco", puesto que es a
la vez "filosófico", "sociológico" y "político".
Este barroco no debe interpretarse como un eclecticismo, lo que sería
inevitable si se descifrara su discurso a través del prisma de los campos
existentes. Es sobre la base de esta pretensión fundamental de promover una
ubicación objetiva, nueva e irreductible a los lenguajes particulares e
independientes, que, según nosotros, debe comprenderse y después juzgar a la
Escuela de Francfort. Lo que la define es un lenguaje, una comprensión que no
son inmediatamente tomados de las categorías conocidas. De qué habla la Escuela,
cómo habla. He ahí lo que debe aclararse primero. Esto nos permite atravesar
sistemáticamente toda la textura temática de los trabajos de la Escuela, sin
pretender presentar un balance completo; aunque es cierto que el contenido
aparecerá como desplegándose a través de una forma de posición discursiva, y por
él mismo, no como un hecho. Al mismo tiempo puede mostrarse lo que tiene de
esencial, puesto que la originalidad de la Escuela proviene de su primera
posición, lo que hace pensar en su crítica inédita de la historia.
Examinemos pues las respuestas inmediatas a nuestra pregunta.
Diremos que la Escuela de Francfort es la corriente que toma cuerpo en
Francfort, a partir de su creación por un decreto del Ministerio de Educación del
3 de febrero de 1923, por el que se llegó a un acuerdo con la "Gesellschaft fur
Sozialforschung" del Institut fur Sozialforschung (Instituto de Investigaciones
Sociales) cuya creación Gerlach había propuesto desde 1922. Son al menos un lugar
y una fecha precisos: en el acta de nacimiento de la Escuela puede leerse:
Francfort, 1923.
El origen del Instituto fue iniciativa de Félix J. Weil, hijo de un negociante
en granos que hizo fortuna en Argentina. Durante el verano de 1922, en Ilmenau
(Turingia) Weil, doctor en ciencias políticas, organizó la "Primera Semana de
Sesiones Marxistas" (Erste Marxistische Arbeitswoche) que contó con la
destacada participación de Lukács, Korsch, Pollock y Wittfogel, quienes habrían
de aclarar las nociones del marxismo "verdadero" o "puro". Ahí nació la idea de
un organismo permanente bajo la forma de un Instituto de Investigación
independiente, el cual se benefició con un donativo de Hermann Weil y con un
contrato del Ministerio de Educación; Instituto cuyo director habría de ser
titular de una cátedra en la Universidad. El Instituto de Investigación Social
(que habría de llamarse "Instituto para el Marxismo", después "Instituto Félix
Weil de Investigación Social") fue creado oficialmente por el decreto ya
mencionado del Ministerio de Educación, sobre la base de un acuerdo con la
"Asociación para la Investigación Social". Abrió las puertas de sus locales, de
manera oficial, el 22 de junio de 1924 (después de una estancia en el Museo
Senckenberg de Ciencias Naturales). El director electo, Kurt Albert Gerlach murió
en octubre de 1923 y fue Carl Grunberg quien desempeñó la función hasta 1930. El
Instituto estaba instalado en el número 17 de la calle Victoria, cerca de la
esquina de Blackenheimer Landstrasse, en el campus universitario de Francfort. Su
primera revista fue Archiv que en 1932 fue sustituido por Zeitschrift.
Por sugerencia de Albert Thomas, director de la Organización Internacional del
Trabajo, desde 1931 se creó un anexo del Instituto en Ginebra, mientras que los
fondos del Instituto se transfirieron a una sociedad instalada en los Países
Bajos. En febrero de 1933, se forma una oficina de 21 miembros en Ginebra, que se
convierte en el centro administrativo del Instituto, que fue clausurado por los
nazis. En forma paralela, otros dos anexos más pequeños se abrieron en París
donde la revista del Instituto continúa apareciendo (ediciones Alcan) y en
Londres, bajo el patrocinio de la Sociological Revue. A partir de septiembre de
1933, la "Escuela de Francfort" deja de ser "francfortiana" ya que su revista se
publica en Francia y su casa matriz está en Suiza. Esta expatriación dura hasta
agosto de 1950, fecha en la cual el Instituto reanuda su trabajo en los locales
del Kuratorium en el Senckenberganlage y en lo que quedaba del Instituto.
Después, en noviembre, en otro edificio, merece de nuevo, con diecisiete años de
interrupción, el calificativo de francfortiana. Mientras tanto, en realidad, el
Instituto se había incorporado a Estados Unidos: sus fondos los había transferido
a ese país en 1941 y el Instituto, por sugerencia de Butler en 1934, se había
unido a la Columbia University (en el 429 West 117th Street, Nueva York).
Inclusive después del regreso a Francfort se conservó la rama neoyorquina del
Instituto.
Tenemos así establecido el nexo de la Escuela con este suceso institucional
preciso que la condiciona: no habría Escuela sin el Instituto. Pero éste no es
más que la ocasión y el apoyo material de un fenómeno que el mismo no agota.
Martín Jay, el gran historiador de la una y el otro hasta 1950, nos
indica establecer la diferencia: "Debe entenderse… que la idea de una "Escuela
específica" no se desarrolló sino hasta después de que el Instituto se vio
forzado a abandonar Francfort". También nos señala que la expresión "Escuela de
Francfort", en sí misma, no se utilizó sino hasta después de su regreso a
Alemania en 1950.
¿Debemos concluir que no se tiene el derecho de hablar de la Escuela de
Francfort stricto sensu sino a partir del regreso del exilio impuesto por la
llegada al poder de los nazis? Naturalmente, la designación retrospectiva de una
identidad como la Escuela no excluye el período en el cual no se le conocía.
Puede decirse que de alguna manera el espíritu propio de la Escuela estuvo
presente desde su fundación, por lo que es imposible separar la historia del
Instituto de la Escuela.
Por el contrario, ese distingo nos parece en realidad una advertencia: en tal
traslape, entre el Instituto y la Escuela, se anuncia ya la dificultad para
identificar el proyecto que investigamos. Si en realidad se pide una etiqueta
para la Escuela, la marca del Instituto la sugiere: Se trata de un Socialforschung. Estamos pues, ante un proyecto sociológico. Pero no
captaríamos el sentido del proyecto si lo asimilamos todo dentro de esta
categoría. La formación de sus miembros, los más importantes, nos lo advierte: se
trata de filósofos, poco sociólogos, entonces, puesto que razonan sobre los
fenómenos sociales pensando en Kant, Hegel y Heidegger. ¿Será pues una mezcla de
géneros?
La ambigüedad reina durante los primeros años, cuando Grunberg fue director
del Instituto. Entonces podría haberse dicho que estaba ante un proyecto
sociológico o hasta económico. Pero, con el nombramiento de Max Horkheimer como
director del Instituto en 1931, la ambigüedad se disipa por el hecho mismo de que
se explica y reivindica como exigencia metodológica bajo el término de filosofía
social.
En tal contexto, se puede avanzar una segunda definición de la Escuela de
Francfort: en el sentido estricto se trataría de una Escuela de filosofía social
nacida de la reorganización del Instituto de Investigación Social, llevada a cabo
por Horkheimer en 1931. Ello permite seguramente limitar aún más su proyecto
apretando con mayor fuerza la pinza cronológica. A la sociología se le
sustituiría un nuevo eje, caracterizado por el término de filosofía social.
¿Pero qué es lo que debe comprenderse exactamente bajo esta expresión?
Conviene recordar un hecho primordial de la historia de las ideas en Alemania. A
finales del siglo XIX aparece, como consecuencia del desarrollo de las ideas
sociales, un campo nuevo, que no agota ni es definido de manera suficiente por la
sociología no por la filosofía (en su acepción francesa contemporánea). Se trata
de un acercamiento a los confines de la reflexión especulativa y de la
observación sociológica, modulada por una reflexión ética en relación con el
dominio de la Kulturgeschichte. Desde el "socialismo de cátedra" este enfoque
da lugar a una gran cantidad de literatura donde se mezclan la sociología con
reflexiones sobre la civilización y la historia; caudaloso río alimentado
por corrientes tan diversas como las ideas sociales, la ética neokantiana o la
filosofía de los valores. Citemos a Max Weber, Max Scheler, Léopold von Wiese,
Adolph Reinach, Wilhelm Sombart, George Simmel, Karl Jaspers.
Hay aquí seguramente una filiación que ilumina el origen de la Escuela de
Francfort: en parte, se hubiera podido identificar un cambio en el proyecto
global de filosófia social, al estilo de las tentativas anteriores. Y de hecho,
se comprende mejor el estilo del proyecto inicial al resituarlo en relación con
esos Moral-Social.Wissenschaften, amalgama de ciencia social, ética, filosofía
de la historia y de la cultura, psicología colectiva y economía política.
Pero lo que Impacta en el manifiesto de 1931, con el que Horkheimer presenta
la nueva, es el planteamiento crítico de esta nueva filosofía
social.
"Si la filosofía social se ubica en el centro del interés filosófico
general, no está sin embargo en mejor posición que la mayoría de los esfuerzos
filosóficos o que la mayoría de los esfuerzos intelectuales fundamentales
contemporáneos. No se le puede encontrar una disposición conceptual, lo
suficientemente sólida, o como para pretender imponer un compromiso. Ante la
situación científica actual, en la que las funciones tradicionales de las
especialidades se ponen en duda y ante el hecho de ignorar aún cómo se
proyectarán en el futuro próximo, no parece oportuno intentar hacer definiciones
definitivas en el campo de las investigaciones."
Lo que podría tomarse como un consejo superficial para entrar en materia, nos
parece anunciar una reconsideración fundamental de la cuestión de los campos
constituidos o sea de lo que llamamos la forma posicional del objeto. Antes el
término filosofía social designaba, tradicionalmente, un campo homogéneo seguro
de su validez, el mismo término designa, con Horkheimer, un problema fundamental,
el de la articulación entre la reflexión filosófica, basada en la exigencia del
concepto, y la investigación científica sustentada en datos empíricos. Enunciado
este muy general de lo que es el problema central de la teoría del conocimiento,
pero que traduce una conciencia crítica por excelencia, como un desvío
problemático del discurso del Sollen y del Sein.
Todo ello nos induce a una tercera definición centrada, esta vez, en la
entidad teórica (dejada atrás la dimensión histórica o "escolástica): la
sustancia teórica de la Escuela de Francfort tendría en la "Teoría crítica",
nombre con el que se le bautizó, un paso teórico original, introducido
precisamente por Max Horkheimer, en los años treinta, para designar o por lo
menos connotar, esta forma posicional del objeto original, que tratamos con
ahínco de concretar.
El manifiesto sería el artículo "Teoría tradicional y Teoría crítica"
publicado en 1937 en Zeitschrift für Sozialforschung.
Por ello, renunciamos antes que nada a un criterio exclusivamente geográfico:
en realidad, la "Escuela" abandonó Francfort al principio de los treinta: no
perdurará más que a través de sus antenas europeas (Ginebra y París en especial)
y estadounidense, antes de reconstituirse alrededor del instituto, después de la
guerra. El valor igualmente relativo del factor cronológico se debe a la
definición de Escuela en stricto sensu por su núcleo teórico. Horkheimer la
caracteriza en oposición a la teoría llamada "tradicional": "conjunto de
proposiciones referentes a un dominio del conocimiento determinado", y como "el
aspecto intelectual del proceso histórico de emancipación". Vemos que esta
definición destruye los tiempos, característico de la "teoría" en el sentido
tradicional, entre conocimiento y transformación histórica. ¿Cómo lo concibe y
realiza una Teoría Crítica? Tal sería la propuesta para la compresión de la
Escuela de Francfort, no como dato, sino como tarea histórica.
En realidad, son la naturaleza, las finalidades de la "Teoría crítica", las
que tratamos de delimitar. Pero tal definición, por ser dinámica y más fiel por
ello a la realidad móvil de la Escuela como proyecto, no es menos problemática.
De hecho, ¿se juzgaría la pertenencia a La Escuela de Francfort por la adhesión y
fidelidad a la "Teoría crítica"? ¿No viene eso a ser un lastre para una entidad
opuesta a un dogma o a una doctrina? O ¿se debe llegar a definir La Escuela de
Francfort como aquel estricto grupo de discípulos que engendró la "Teoría
crítica", con Max Horkheimer?
Todo ello nos conduce a un último criterio definitorio, basado en personas
carismáticas: en ese sentido La Escuela de Francfort se definiría en extenso por
quienes lo reclaman, teniendo en cuenta una plataforma teórica ("Teoría crítica"
y complementos) y/o una identidad histórica (el Instituto y sus dependencias),
y/o un proyecto histórico y político (frente al mundo del siglo XX). Todo ello
implica naturalmente la pregunta, irrisoria e inevitable al mismo tiempo, sobre
la nomenclatura, es decir: ¿a quiénes se debe finalmente incluir dentro de La
Escuela de Francfort, mezclados los diversos criterios anteriores?
a) Partiendo de ese punto, en primer lugar se debe incluir al
fundador, Max Horkheimer, responsable personal de la identidad histórica y
teórica del movimiento.
Max Horkeimer nación en 1895 en Stuttgart y murió en 1973. Hijo de
un instustrial judío, Moritz Horkheimer, destinado él mismo a los negocios, se
inclina antes que nada por la literatura (empieza escribiendo novelas). Entre
1913 y 1914 vive en Bruselas y Londres para aprender francés e inglés con su
amigo Friederich Pollock en cuya compañía estudia en las universidades de Munich,
Friburgo y Francfort. Se orienta hacia la psicología bajo la dirección de Adhemar
Gelb, teórico de la Forma (Gestalttheorie), después hacia la filosofía, al leer
a Schopenhauer, más tarde al cursar un doctorado sobre Kant (Contribución a la
Antinomia de la Facultad del Juzgar Teleológico, 1922) bajo la dirección de Hans
Cornelius, influenciado al principio por empirocriticismo de Avenarius y Mach,
antidogmático, humanista, director durante la guerra de las escuelas de bellas
artes de Munich y autor de un estudio sobre las Leyes Elementales de la
Pintura, por lo demás internacionalista y pacifista. Después, Horkheimer
descubrió a Marx y a Engels. Participante, por intervención de Pollock, en la
creación del Instituto de Investigaciones Sociales. Horkheimer sucede a Grunberg
como director del instituto en 1931 después de convertirse en titular de la
cátedra de "filosofía social" creada por él en 1929. Es para confirmar
universitariamente sus funciones que Horkheimer presenta su estudio sobre Los
principios de la filosofía burguesa de la historia. A partir de entonces el
Instituto tiene su revista, la Zeitschrift fur Sozialforschung. En marzo de
1933, cuando Hitler llega al poder, el Instituto es cerrado por "tendencias
hostiles al Estado" y el cargo de Horkheimer oficialmente revocado. Permanece
entonces en Ginebra donde dirige el anexo ginebrino del Instituto en el exilio
(mientras tanto en 1933, en París, se abren dos anexos pequeños bajo el
padrinazgo de los durkheimianos Bouglé y Halbwachs y de Bergson en Londres). De
1933 a 1940, la Zeitschrift aparece en París con Félix Alcan y es cuando
Horkheimer publica en Zurick bajo el seudómimo de "Heinrich Regius". En mayo de
1934, Horkheimer recibe la propuesta de Butler de instalarse en Nueva York, lo
que hace en julio de ese mismo año. Regresa a Alemania en abril de 1948 y
recupera su cátedra en julio del siguiente año. El Instituto reanuda su trabajo
en agosto de 1950. Horkheimer asciende a decano del departamento de filosofía,
después es rector de la Universidad (1951 a 1953) y recibe el premio Goethe.
Regresa a Estados Unidos en 1954, país del que es ciudadano y miembro de la
Universidad de Chicago. Horkheimer termina en 1958 por retirarse a Montagnola,
Suiza (en compañía de su inseparable amigo Pollock). Celebridad nacional desde
entonces, Horkheimer permanece en contacto con el Instituto de Francfort y su
anexo estadounidense. En los años 1967-1970 se reeditan sus libros y se publican
balances críticos de su obra y de la Escuela.
b) Precisamente después del exilio, el trabajo de Horkheimer se asocia
al de Theodor Wisengrund-Adorno, al fin investido ya del papel de
cofundador-duunvirato, que encarna la alternativa teórica de la Escuela.
Theodor Wiesengrund-Adorno nació en 1903 en Francfort, de padre alemán y madre
italiana. Gracias a su amigo Siegfried Kracauer, versado en la sociología del
conocimiento, desde temprana edad descubre la filosofía de Kant. Además, por
vivir dentro de un ambiente de músicos y melómanos, se orienta hacia la estética
musical. Su madre, hija de una cantante alemana y de un oficial del ejército
francés, de origen corzo, hace una carrera brillante de cantante antes de casarse
con un próspero negociante en vinos, judío asimilado. Su hermana era pianista
profesional de tal suerte que Theodor, desde joven, aprende a tocar tal
instrumento así como composición musical. En enero de 1925 sigue a Alan Berg, a
quien había conocido el año anterior, al Festival de Francfort de la Sociedad
Alemana Universal, y a Viena, donde toma clases de composición y técnica
pianística (con Edouard Steuermann) seducido por la música dodecafónica de
Schonberg. Frecuenta los medios de vanguardia y dirige la revista Anbruch. Su
estancia en Viena termina en 1928. Regresa a Francfort. En el ínterin, encontró a
Horkheimer en 1922 en un seminario sobre Husserl dirigido por Hans Cornelius y
siguió cursos con le gestaltista Gelb y presentó, con Conrlenius, una tesis sobre
La trascendencia de lo objetado y de la nemática en la fenomenología de
Husserl (1924). De regreso en Francfort se pone a redactar, en 1929, su tesis de
capacitación sobre Kierkegaard, Construcción de la Estética, presentada en 1931
(y publicada en 1933), lo cual le permite convertirse en Privatdozent. En
realidad, no es sino hasta 1938 cuando inicia su membresía oficial en el
Instituto de Investigación Social. Adorno no se exilia sino hasta 1937. Pasa la
mayor parte del tiempo en Inglaterra, en el Merton College, de Oxford. Después de
su éxito en Estados Unidos, Adorno reanuda su estrecha colaboración con
Horkheimer la cual culmina, principalmente, con la obra común sobre la
Dialéctica de la Aufklarung en 1947.
Es de los primeros que, después de la guerra, regresa a Francfort. Llega a ser
director adjunto del Instituto y más tarde, en 1955, codirector. Finalmente, en
1958, con el retiro de Horkheimer, Adorno toma la dirección. Después de su
testamento filosófico, la Dialéctica negativa (1966) y de su papel activo en la
discusión sobre el positivismo, Adorno desaparece en el verano de 1966, momento
en que Suhrkamp inicia la publicación de sus obras completas.
c) A ese duunvirato deben agregarse los "compañeros de viaje",
figuras relacionadas más o menos estrechamente con la Escuela, por haber
participado en el desarrollo teórico de sus principios y sus métodos, ya fuera
con principios propios, hasta heterogéneos, y con ambiciones diferentes.
Es el caso de Herbert Marcuse, cuyo camino se cruzó con el de la Escuela hasta
un punto en que se implica de una manera íntima, sin dejar con ello su proyecto
propio de presupuestos teóricos prácticamente heterogéneos. De ahí su estado
ambiguo, a la vez inseparable del destino de la Escuela y revelador de su propia
identidad.
Herbert Marcuse nació en Berlín en una familia judía asimilada. Fue miembro de
la sociedad demócrata de 1917 a 1918 y participó en el Consejo de Soldados
durante la revolución berlinesa de 1919. Realizó estudios de filosofía en Berlín
y Friburgo donde conoció a Huserl y a Heidegger. Se doctoró con una tesis sobre
Künstlerroman (novela de artistas). Después de trabajar en el mundo berlinés
de la edición, regresó a Friburgo donde realizó una tesis bajo la dirección de
Martín Heidegger, publicada en Francfort con el título de La Ontología de Hegel,
la Fundación de una Teoría de la Historicidad. En esta época Marcuse entró en
contacto con la Escuela de Francfort, después de que su relación con Heidegger
había terminado: por intervención de Husserl, Kurt Riezler lo recomendó con
Horkheimer.
Después de participar en la revista Die Gesellschaft de Rudolf Hilferding y
en la Philosophische Hefte de Maximilian Beck, participó en la Zeitschrift de
Francfort.
En 1933 se exilió en Ginebra, luego en París, donde con Adorno y Horkheimer
asumió la dirección de la Zeitschrift fur Sozialforschung. En 1934 llegó a
Estados Unidos e impartió cátedra en Nueva York y Los Ángeles. Después de
participar en los Estudios sobre la Autoridad, en 1936, sus nexos con el
Instituto se relajan al principio de los cuarenta, momento en que aparece Razón
y Revolución (1941) en Londres. Cuando Horkheimer opta por el regreso a
Alemania, Marcuse decide permanecer, hasta 1950, en el Departamento de Estado
para luego regresar a Columbia donde fue Lecturer in Sociology, Senior Fellow en
el Russian Institute. Su obra sobre El Marxismo Soviético (1958) surge de su
colaboración con el Centro de Investigación sobre Rusia en Harvad (1952-1954). En
1954 da clases de política y filosofía en la Universidad de Boston donde en 1965
participa en el programa de investigación sobre la historia de las ideas de
Brandeis. Es durante ese lapso cuando aparecen Eros y la Civilización (1955) y El
hombre Unidimensional (1964) que debían atraerle la celebridad y cuando abandona
Waltham (Massachussets) para impartir clases de ciencias políticas en la
Universidad de San Diego.
En California comienza a convertirse en uno de los partidarios de la Nueva
Izquierda estadounidense. Desde entonces, se manifiesta en los debates de la
Universidad Libre de Berlín Occidental (1967), en el Coloquio de la UNESCO en
1968, en los XXII Encuentros Internacionales de Ginebra en 1969. Curiosamente,
cuando se desliga de la Escuela se reconoce su celebridad y su relación con ésta.
Murió en 1978.
Dentro de esta categoría, si bien bajo modalidades muy diferentes, surge
Walter Benjamín, implicado en forma histórica en el proyecto de La Escuela, a la
que ilustra sin adherirse precisamente.
Walter Benjamín nación en Berlín en 1892, hijo de Emile Benjamín, banquero,
anticuario y comerciante de objetos de arte, emparentado con Heine, y de Paule
Schoensfliess, hija de un gran comerciante judío. Después de conocer a Gustav
Wynecken, quien ejerce sobre él una gran influencia, participa en el "Movimiento
de la Juventud" antiburgués y colabora en la revista El Comienzo. Se inscribe
en la Universidad de Berlín (1912) y en la de Friburgo (1913) y hace un viaje a
París. En Friburgo estudia filosofía y conoce al poeta C.F. Heinle, antes de
regresar a Berlín. En la época de la guerra milita en el movimiento Estudiantes
Libres. Después de intentar reunir los fragmentos dejados por su amigo Heinle,
quien se suicidó, redacta un estudio sobre Holderlin (1914-1915). Se instala en
Suiza en 1917, conoce a Ernst Bloch en Berna y consagra su tesis a un estudio
sobre El Concepto de la Crítica de Arte en el Romanticismo Alemán bajo al
dirección del filósofo Richard Herbertz, para después regresar a Berlín en 1920.
En el verano de 1921, el encuentro con el editor Wesbach le permite publicar sus
Cuadros Parisinos sobre Baudelaire. En 1922 fracasa un proyecto de revista que
debía llamarse Angelus Novus. Benjamín descubre igualmente el marxismo a través
de la lectura de Lukács y el encuentro con Asja Lacis, directora del teatro ruso
quien lo introduce a su círculo de amigos marxistas y lo ayuda a organizar un
viaje a Moscú en 1926-1927 y en 1929 lo presenta con Bertolt Brecht. Gracias a
Hoffmanstahl se publica su estudio crítico sobre las Afinidades Electivas de
Goethe, lo que le vincula con la inteligencia literaria favorable a Stefan Geoge.
Por cierto, no puede obtener su incorporación a la Universidad de Francfort ya
que su trabajo sobre los Orígenes del Drama Barroco Alemán fue considerado
demasiado desconcertante. Tampoco consigue una cátedra en la Universidad de
Jerusalén a pesar de la ayuda de su amigo Gérard Scholem, de tendencia sionista.
Benjamín, quien en Francfort conoció a Horkheimer y Adorno y había trabajado con
el segundo en especial, fue admitido como miembro permanente del Instituto de
Investigaciones Sociales en 1935, cuando el Instituto y él mismo estaban
exiliados en París. Publicando bajo seudónimo, durante mucho tiempo rechaza
abandonar Europa. No logra obtener una visa para Londres a donde quiere ir para
reunirse con su familia y se interna en un campo de trabajadores voluntarios de
Nevers durante tres meses. Al obtener, gracias a Adorno, una visa de emigrante
para Estados Unidos, se integra a un grupo de refugiados que intenta cruzar los
Pirineos para entrar a España pero, amenazado por un alcalde de entregarlo a la
Gestapo, la noche del 26 de septiembre de 1940 se envenena.
No se puede dejar de evocar a Erich Fromm, relacionado estrechamente durante
cierto período a La Escuela, antes de separarse de ella en forma radical.
Erich Fromm nació en Francfort en 1900. Fue educado en un ambiente muy
religioso, penetrado de mesianismo. Ligado a mediados de los años veinte al
círculo del Rabí Nobel, contribuye a la creación de Freies Judisches Lehrhaus,
frecuentado por Martín Buber. Después de cursar estudios en las Universidades
de Heidelberg, Francfort y Munich se forma en el Instituto Psicoanalítico de
Berlín. Es analizado por Hanns Sachs y sigue las enseñanzas de Theodor Reik. Fue,
en 1926, uno de los primeros analistas no médicos y escribe en revistas
psicoanalíticas (Zeitschrift für psychoanalytisch pädagogik, Imago). A partir
de 1931, su proyecto es unir los aportes de Freud y de Marx en el marco de una
psicología social. Es entonces que entra en contacto con el Instituto de
Investigación Social y desde 1932 colabora en la Zeitschrift. A partir de 1935,
para decirlo claro, se aleja totalmente del freudismo al participar en los
Estudios sobre la Autoridad. Desde un punto de vista psicológico, escribe su
último artículo para la revista del Instituto en 1937 y cesa toda relación con él
en 1939 antes de afirmar su independencia teórica en El miedo a la Libertad
(1941).
Esos tres casos, por diferentes que sean entre sí, indican la disociación
entre el destino del proyecto histórico al que La Escuela se suscribe y la
adhesión estricta a su núcleo teórico. Es por lo que, aunque encarnando formas
características de "desviación" en relación al núcleo teórico, son inseparables
de ciertas ambiciones y de sus combates, lo que constituye una forma irrecusable,
si bien problemática, de pertenencia.
d) Ello permite diferenciar a estos "compañeros de viaje" de otros
colaboradores del Instituto de Investigaciones Sociales, que serán sin embargo
evocados por haber estado relacionados a sus tareas, en uno u otro aspecto.
Citemos a los principales: Franz Borkenau, Kurt Albert Gerlach, Henyk
Grossmann, Otto Kirchheirmer, Mira Komarovski, Siegfried Kracauer, Leo Lowenthal,
Franz Newmann, Friedrich Pollock, Andries Sternheim, Félix Weil y Karl August
Wittfogel.
e) De igual manera, se debe mencionar una personalidad que, sin formar
parte de la Escuela, está asociada a ella en combates paralelos, lo que impone
una conjunción reveladora y falsa a la vez: es así como en el horizonte
encontramos a Ernest Bloch, quien a partir de su concepción de la utopía asume
las posiciones y temas de la Teoría Crítica, desde otros principios.
f) Se deben agregar, al final, los herederos de la Teoría Crítica.
Aquellos que, sin haber pertenecido a la constelación histórica de los
fundadores, asociados o emparentados, se remiten a la Teoría Crítica. Es el caso
de Jüngen Habermas, cuya hermenéutica se inscribe con una cierta legitimidad
teórica e histórica como francfortiana (cf. infra).
Jüngen Habermas nació en 1920 en Düsseldorf. Después de realizar estudios en
Götingen, Zürich y Bonn, fue profesor extraordinario de filosofía y sociología en
Heidelberg (1961 a 1964) y después en Francia (1964 a 1971). La reflexión de
Habermas comienza a manifestarse a principio de los años sesenta, asegurando así
simbólicamente sobre su presencia en la Escuela de Frankfurt ya que fue asistente
de Adorno en esta ciudad desde 1956. Su primera contribución notable fueron sus
artículos Teoría y Práctica (1963), reeditados en 1971, de los cuales el más
antiguo data de 1960. Ahí destaca la versión corregida de su lección inaugural en
la Universidad de Marburg en diciembre de 1961 consagrada a la Doctrina Clásica
de la Política en sus Relaciones con la Filosofía Social justo treinta años
después de la lección histórica de Horkheimer. Habermas muestra sus armas en
ocasión de la gran "confrontación" alemana sobre las ciencias sociales "la cual
da lugar al Congreso de la Deutche Gesellschaft fur Soziologie realizada en
Tubingen en octubre de 1961. Se distingue muy especialmente en 1963 y 1964 contra
H. Albert, a propósito de la epistemología de Karl Popper. Su proyecto propio se
define en su conferencia inaugural pronunciada el 28 de junio de 1965 en la
Universidad de Francfort, bajo el título de Conocimiento e Interés, contenido
en la recopilación aparecida en 1968 bajo el título de La Técnica y la Ciencia
como Ideologías. El mismo año, publica Conocimiento e Interés, homónimo de la
primera reeditada en 1973.
Habermas comienza inclusive su conferencia sobre los efectos sintomáticos del
tecnicismo y del positivismo, como justificación ideológica. Define un programa
epistemológico, promulgando la ambición fundadora de la Teoría Crítica, al mismo
tiempo que demuestra los efectos metodológicos.
Los Perfiles Filosóficos y Políticos, de 1971, reagrupan las publicaciones
que remontan a los años de estudio de Habermas (1956) y permiten situar su
trayectoria en el entorno filosófico de esos dos decenios. Es bajo su égida que,
a finales de los años sesenta, los estudiantes alemanes redescubren la Escuela y
su revista, la Zeitschrift fur Sozialforschung. A partir de 1971, Habermas
dirige el Instituto Max-Planck de Investigación que estudia las condiciones de
vida en el mundo científico y técnico, en Starnberg, Bavaria (Max Planck Institut
zur Erforschung der Lebensbedingungen der wisenschaftlich.technischen Welt),
donde durante doce años intentó una integración de sus trabajo en ciencias
sociales con el de las ciencias de la naturaleza, dirigido por el físico Carl
Friedrich Weiszacker. En la primavera de 1981 aparece su Theorie des
Kommunikativen Handelns, obra impresionante por su volumen y por su pretensión
sintetizante. En 1983, Habermas toma posesión de su cátedra en la Universidad
Johann Wofgang Goethe de Francfort lo que marca, simbólicamente, a sesenta años
justos de la fundación del Instituto, un nuevo impulso para la Teoría Crítica,
dentro de otro contexto histórico como el mismo Habermas lo subraya.
La evocación de esta "galaxia" permite ubicar puntos en la investigación que
intentamos desarrollar.
En primer lugar, los cambios en las definiciones nos enseñan dos cosas
complementarias: que sería inútil esperar definir una identidad doctrinal que
sirva de norma a la clasificación de las teorías pues no habría a ese respecto
más que desviaciones; y, por otra parte, la identidad histórica y teórica está lo
suficientemente determinada como para que la Escuela no se reduzca a una
definición ecléctica. Así pues, nuestra investigación unirá la configuración
aparente centrándose en los fundadores, alrededor de la identidad problemática
pero rigurosa de la Teoría Crítica, así como sobre los sucesores que enfrentan
esta exigencia de origen, tomando en cuenta las fronteras de ese campo inicial en
relación a su importancia estratégica.
En segundo lugar, la investigación preliminar nos demanda que abordemos esta
realidad dinámica que es la Escuela de Francfort, como cualquier otra cosa que no
está dada, como un proceso de constitución y de cuestionamiento. Hacer un simple
inventario sería pues, de entrada, falso: es capital seguir el proyecto, conforme
a la idea misma de la "Teoría Crítica" como la construcción de un objeto,
integrando las condiciones de legitimidad en la producción misma de la materia
teórica. Siguiendo ese trabajo en sus procedimientos vivos, se verá desplegado el
aporte propio de la Escuela de Francfort como unidad a través de sus diversas
contribuciones (mientras que en Francia, el peso de algunas personalidades, en
especial Marcuse y Benjamín, más bien ha ocultado el interés por el
conjunto).
Así pues, "La Escuela de Francfort" es la etiqueta que sirve para señalar un
hecho (la creación del Instituto), un proyecto científico (titulado "filosofía
social"), una aportación (bautizada "Teoría Crítica"), en fin, una corriente o
movimiento teórico a la vez continuo y diverso (constituido por individualidades
pensantes). Siendo todo ello, es más que eso: un fenómeno ideológico que produce
curiosamente sus propios criterios de identificación por el proceso en el que fue
concebido; una aventura crítica cuya validez es necesario examinar.
Conforme a la reflexión anterior, parece que nuestra investigación sobre La
Escuela de Francfort debe partir del núcleo teórico que constituye la "Teoría
Crítica", es decir que nuestro inicio será de orden filosófico (primera
parte).
La especificidad de esta "filosofía aplicada" va a desembocar en una crítica
de la dominación, que constituye el aporte político de la Escuela (segunda
parte). El orden lógico muestra el imperativo sociopolítico; imperativo que
requiere también de una filosofía, lo que hace de la instancia filosófica una
consecuencia de la política, como pensamiento de la política que se verifica en
la vertiente social: de ahí su convergencia con el marxismo y el
psicoanálisis.
En fin, ello nos impone regresar al plan en el que se inscribe la filosofía de
la Escuela, así como a la "sociología crítica" que la verifica, o sea a una teoría de la historia (tercera parte) que es también una teoría de la Kultur y cuyo propósito es intervenir en el curso de la práctica.
Este movimiento en tres tiempos debe respetarse para entender la interacción
de las problemáticas comprometidas cada vez que un objeto particular se presenta
a la reflexión de la "Teoría Crítica". Pero el lector preocupado por apresar de
golpe la luz de los hechos sociales con la metodología de la escuela, tiene la
oportunidad placentera de dirigirse directamente a la segunda parte, así como
también quien desee tener una idea de la crítica de la dominación que constituye
el filo político de la Escuela. Lo mismo, quien desee juzgar el aporte estético
puede referirse a la tercera parte, pero le parecerá necesariamente que esas
posiciones destacadas no tienen sentido sino en referencia al núcleo crítico y a
su avance historiosófico; de suerte que de esas posiciones destacadas, es posible
remontarse a los presupuestos lógicos y a las consecuencias históricas. El orden
de las materias se estudia así para hacer posible una circulación en el orden de
las razones, uniendo la plasticidad y la unidad conjugada del "objeto discursivo"
que estudiamos.