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LA ESCUELA DE FRAN Valentin
La escuela de Fran Valentin
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Asunto:[(Foro)filosofos-sfcm] La escuela de Francfort:
Fecha:Jueves, 24 de Julio, 2003  05:29:02 (+0000)
Autor:Valentin Suarez Aguiar <valentin667 @.......com>

Un saludo a todos:

    Quisiera compartir con todos ustedes (o con vosotros) este escrito referente a la escuela de Francfort. Se puede o no estar de acuerdo con la postura de estos señores, pero sin duda fue el pensamiento crítico más importante del siglo pasado en occidente; yo diría que los únicos que dieron a la humanidad una esperanza seria o por lo menos una orientación relativa a los problemas que se vivieron, y tal vez se hayan agudizado, en las últimas décadas.

    Un agradecimiento al maestro Clemente Ochoa de la UAL (Universidad América latina) www.ual.edu.mx plantel Guadalajara, por haberme facilitado el documento ya pasado por el scanner.

   Entiendo las dificultades de leer un escrito sobre el monitor de la computadora, pero con una impresora y una buena dosis de papel se facilitaría su lectura. Por otra parte, supongo que no habrá problema en hacer público un escrito de una universidad francesa; y si existe, no tardarán en hacermelo saber; por lo menos eso espero antes de recibir una demanda de derechos de autor.

    En esta ocasión, dado el tamaño del documento, envío únicamente la introducción como archivo adjunto. De no transferirse el archivo como tal, lo copiaré al mensaje para adjuntarlo como texto.

                           Valentín     

 Tuvo que ser como texto.

 

La Escuela de Francfort

 

 

Introducción

 

¿Qué es la Escuela de Francfort?

 

Este ensayo tiene por objeto responder a la pregunta "¿Qué es la Escuela de Francfort?" Interrogante que puede parecer paradójica ya que comúnmente se reconoce una realidad bautizada con ese nombre de la que se ha hecho historia, consagrado estudios e impartido conferencias. Lo que parece faltar es una interrogación, elemental y fundamental al mismo tiempo, sobre la naturaleza de ese fenómeno ideológico. Se suele comenzar con una referencia a la existencia real de tipo hipostática, aunque con algunas reservas. Así la Escuela es objeto de apreciaciones de orden filosófico, sociológico y político. Empero el enfoque histórico como el partidista parece que omite el cuestionamiento sobre la identidad del fenómeno mismo. Es indudable que lo histórico y el juicio ideológico y político son básicos tanto como lo es el cuestionamiento crítico que establece la posición de un objeto particular.

Interrogarse sobre la identidad de la "Escuela de Francfort" (entre comillas como nominación problemática de una "X") es pues buscar la forma posicional de objetividad que promete ésta como fenómeno histórico. Ello implica poner entre paréntesis metodológico las etiquetas que tradicionalmente se pone a las formas de objetivación conocidas. Nos parece que el error fue haber ubicado a la Escuela, con demasiada premura, dentro de las categorías usuales: "filosofía", "sociología", "política", aun presintiendo que la Escuela de Francfort no es ni una escuela filosófica, ni un discurso sociológico, ni un movimiento político, en el sentido estricto de estos términos.

Mas no se sabría cómo acabar con esta problemática si se le refiriera a tal categoría nominal; algo así como el famoso "multidisciplinario" que resolvería la cuestión. Por el contrario, conviene dejarla abierta de una manera deliberada, practicando una suerte de examen de la época y del fenómeno, para dejar pendiente la ubicación de la Escuela dentro del género determinado. Así se estará en posibilidad de situar, en el sentido estricto su aporte a lo que convencionalmente se designa como "filosofía", "ciencias humanas" o "política".

En realidad, se puede presentir, a través de la originalidad profunda del discurso francfortiano, la orientación de su proyecto: intervenir, no en los campos ya constituidos, sino generar un campo sui generis, adoptado de los campos ya existentes, fragmentos que le confieren su aspecto "barroco", puesto que es a la vez "filosófico", "sociológico" y "político".

Este barroco no debe interpretarse como un eclecticismo, lo que sería inevitable si se descifrara su discurso a través del prisma de los campos existentes. Es sobre la base de esta pretensión fundamental de promover una ubicación objetiva, nueva e irreductible a los lenguajes particulares e independientes, que, según nosotros, debe comprenderse y después juzgar a la Escuela de Francfort. Lo que la define es un lenguaje,  una comprensión que no son inmediatamente tomados de las categorías conocidas. De qué habla la Escuela, cómo habla. He ahí lo que debe aclararse primero. Esto nos permite atravesar sistemáticamente toda la textura temática de los trabajos de la Escuela, sin pretender presentar un balance completo; aunque es cierto que el contenido aparecerá como desplegándose a través de una forma de posición discursiva, y por él mismo, no como un hecho. Al mismo tiempo puede mostrarse lo que tiene de esencial, puesto que la originalidad de la Escuela proviene de su primera posición, lo que hace pensar en su crítica inédita de la historia.

Examinemos pues las respuestas inmediatas a nuestra pregunta.

Diremos que la Escuela de Francfort es la corriente que toma cuerpo en Francfort, a partir de su creación por un decreto del Ministerio de Educación del 3 de febrero de 1923, por el que se llegó a un acuerdo con la "Gesellschaft fur Sozialforschung" del Institut fur Sozialforschung (Instituto de Investigaciones Sociales) cuya creación Gerlach había propuesto desde 1922. Son al menos un lugar y una fecha precisos: en el acta de nacimiento de la Escuela puede leerse: Francfort, 1923.

El origen del Instituto fue iniciativa de Félix J. Weil, hijo de un negociante en granos que hizo fortuna en Argentina. Durante el verano de 1922, en Ilmenau (Turingia) Weil, doctor en ciencias políticas, organizó la "Primera Semana de Sesiones Marxistas" (Erste Marxistische Arbeitswoche) que contó con la destacada participación de Lukács, Korsch, Pollock y Wittfogel, quienes habrían de aclarar las nociones del marxismo "verdadero" o "puro". Ahí nació la idea de  un organismo permanente bajo la forma de un Instituto de Investigación independiente, el cual se benefició con un donativo de Hermann Weil y con un contrato del Ministerio de Educación; Instituto cuyo director habría de ser titular de una cátedra en la Universidad. El Instituto de Investigación Social (que habría de llamarse "Instituto para el Marxismo", después "Instituto Félix Weil de Investigación Social") fue creado oficialmente por el decreto ya mencionado del Ministerio de Educación, sobre la base de un acuerdo con la "Asociación para la Investigación Social". Abrió las puertas de sus locales, de manera oficial, el 22 de junio de 1924 (después de una estancia en el Museo Senckenberg de Ciencias Naturales). El director electo, Kurt Albert Gerlach murió en octubre de 1923 y fue Carl Grunberg quien desempeñó la función hasta 1930. El Instituto estaba instalado en el número 17 de la calle Victoria, cerca de la esquina de Blackenheimer Landstrasse, en el campus universitario de Francfort. Su primera revista fue Archiv que en 1932 fue sustituido por Zeitschrift.

Por sugerencia de Albert Thomas, director de la Organización Internacional del Trabajo, desde 1931 se creó un anexo del Instituto en Ginebra, mientras que los fondos del Instituto se transfirieron a una sociedad instalada en los Países Bajos. En febrero de 1933, se forma una oficina de 21 miembros en Ginebra, que se convierte en el centro administrativo del Instituto, que fue clausurado por los nazis. En forma paralela, otros dos anexos más pequeños se abrieron en París donde la revista del Instituto continúa apareciendo (ediciones Alcan) y en Londres, bajo el patrocinio de la Sociological Revue. A partir de septiembre de 1933, la "Escuela de Francfort" deja de ser "francfortiana" ya que su revista se publica en Francia y su casa matriz está en Suiza. Esta expatriación dura hasta agosto de 1950, fecha en la cual el Instituto reanuda su trabajo en los locales del Kuratorium en el Senckenberganlage y en lo que quedaba del Instituto. Después, en noviembre, en otro edificio, merece de nuevo, con diecisiete años de interrupción, el calificativo de francfortiana. Mientras tanto, en realidad, el Instituto se había incorporado a Estados Unidos: sus fondos los había transferido a ese país en 1941 y el Instituto, por sugerencia de Butler en 1934, se había unido a la Columbia University (en el 429 West 117th Street, Nueva York). Inclusive después del regreso a Francfort se conservó la rama neoyorquina del Instituto.

Tenemos  así establecido el nexo de la Escuela con este suceso institucional preciso que la condiciona: no habría Escuela sin el Instituto. Pero éste no es más que la ocasión y el apoyo material de un fenómeno que el mismo no agota. Martín Jay, el gran historiador de la una y el otro [1] hasta 1950, nos indica establecer la diferencia: "Debe entenderse… que la idea de una "Escuela específica" no se desarrolló sino hasta después de que el Instituto se vio forzado a abandonar Francfort". También nos señala que la expresión "Escuela de Francfort", en sí misma, no se utilizó sino hasta después de su regreso a Alemania en 1950.

¿Debemos concluir que no se tiene el derecho de hablar de la Escuela de Francfort stricto sensu sino a partir del regreso del exilio impuesto por la llegada al poder de los nazis? Naturalmente, la designación retrospectiva de una identidad como la Escuela no excluye el período en el cual no se le conocía. Puede decirse que de alguna manera el espíritu propio de la Escuela estuvo presente desde su fundación, por lo que es imposible separar la historia del Instituto de la Escuela.

Por el contrario, ese distingo nos parece en realidad una advertencia: en tal traslape, entre el Instituto y la Escuela, se anuncia ya la dificultad para identificar el proyecto que investigamos. Si en realidad se pide una etiqueta para la Escuela, la marca del Instituto la sugiere: Se trata de un Socialforschung. Estamos pues, ante un proyecto sociológico. Pero no captaríamos el sentido del proyecto si lo asimilamos todo dentro de esta categoría. La formación de sus miembros, los más importantes, nos lo advierte: se trata de filósofos, poco sociólogos, entonces, puesto que razonan sobre los fenómenos sociales pensando en Kant, Hegel y Heidegger. ¿Será pues una mezcla de géneros?

La ambigüedad reina durante los primeros años, cuando Grunberg fue director del Instituto. Entonces podría haberse dicho que estaba ante un proyecto sociológico o hasta económico. Pero, con el nombramiento de Max Horkheimer como director del Instituto en 1931, la ambigüedad se disipa por el hecho mismo de que se explica y reivindica como exigencia metodológica bajo el término de filosofía social.

En tal contexto, se puede avanzar una segunda definición de la Escuela de Francfort: en el sentido estricto se trataría de una Escuela de filosofía social nacida de la reorganización del Instituto de Investigación Social, llevada a cabo por Horkheimer en 1931. Ello permite seguramente limitar aún más su proyecto apretando con mayor fuerza la pinza cronológica. A la sociología se le sustituiría un nuevo eje, caracterizado por el término de filosofía social.

¿Pero qué es lo que debe comprenderse exactamente bajo esta expresión? Conviene recordar un hecho primordial de la historia de las ideas en Alemania. A finales del siglo XIX aparece, como consecuencia del desarrollo de las ideas sociales, un campo nuevo, que no agota ni es definido de manera suficiente por la sociología no por la filosofía (en su acepción francesa contemporánea). Se trata de un acercamiento a los confines de la reflexión especulativa y de la observación sociológica, modulada por una reflexión ética en relación con el dominio de la Kulturgeschichte. Desde el "socialismo de cátedra" este enfoque da lugar a una gran cantidad de literatura donde se mezclan la sociología con  reflexiones sobre la civilización y la historia; caudaloso río alimentado por corrientes tan diversas como las ideas sociales, la ética neokantiana o la filosofía de los valores. Citemos a Max Weber, Max Scheler, Léopold von Wiese, Adolph Reinach, Wilhelm Sombart, George Simmel, Karl Jaspers.

Hay aquí seguramente una filiación que ilumina el origen de la Escuela de Francfort: en parte, se hubiera podido identificar un cambio en el proyecto global de filosófia social, al estilo de las tentativas anteriores. Y de hecho, se comprende mejor el estilo del proyecto inicial al resituarlo en relación con esos Moral-Social.Wissenschaften, amalgama de ciencia social, ética, filosofía de la historia y de la cultura, psicología colectiva y economía política.

Pero lo que Impacta en el manifiesto de 1931, con el que Horkheimer presenta la nueva,[2] es el planteamiento crítico de esta nueva filosofía social.

 

"Si la filosofía social  se ubica en el centro del interés filosófico general, no está sin embargo en mejor posición que la mayoría de los esfuerzos filosóficos o que la mayoría de los esfuerzos intelectuales fundamentales contemporáneos. No se le puede encontrar una disposición conceptual, lo suficientemente sólida, o como para pretender imponer un compromiso. Ante la situación científica actual, en la que las funciones tradicionales de las especialidades se ponen en duda y ante el hecho de ignorar aún cómo se proyectarán en el futuro próximo, no parece oportuno intentar hacer definiciones definitivas en el campo de las investigaciones."

Lo que podría tomarse como un consejo superficial para entrar en materia, nos parece anunciar una reconsideración fundamental de la cuestión  de los campos constituidos o sea de lo que llamamos la forma posicional del objeto. Antes el término filosofía social designaba, tradicionalmente, un campo homogéneo seguro de su validez, el mismo término designa, con Horkheimer, un problema fundamental, el de la articulación entre la reflexión filosófica, basada en la exigencia del concepto, y la investigación científica sustentada en datos empíricos. Enunciado este muy general de lo que es el problema central de la teoría del conocimiento, pero que traduce una conciencia crítica por excelencia, como un desvío problemático del discurso del Sollen y del Sein.

Todo ello nos induce  a una tercera definición centrada, esta vez, en la entidad teórica (dejada atrás la dimensión histórica o "escolástica): la sustancia teórica de la Escuela de Francfort tendría en la "Teoría crítica", nombre con el que se le bautizó, un paso teórico original, introducido precisamente por Max Horkheimer, en los años treinta, para designar o por lo menos connotar, esta forma posicional del objeto original, que tratamos con ahínco de concretar.

El manifiesto sería el artículo "Teoría tradicional y Teoría crítica" publicado en 1937 en Zeitschrift für Sozialforschung.

Por ello, renunciamos antes que nada a un criterio exclusivamente geográfico: en realidad, la "Escuela" abandonó Francfort al principio de los treinta: no perdurará más que a través de sus antenas europeas (Ginebra y París en especial) y estadounidense, antes de reconstituirse alrededor del instituto, después de la guerra. El valor igualmente relativo del factor cronológico se debe a la definición de Escuela en stricto sensu por su núcleo teórico. Horkheimer la caracteriza en oposición a la teoría llamada "tradicional": "conjunto de proposiciones referentes a un dominio del conocimiento determinado", y como "el aspecto intelectual del proceso histórico de emancipación". Vemos que esta definición destruye los tiempos, característico de la "teoría" en el sentido tradicional, entre conocimiento y transformación histórica. ¿Cómo lo concibe y realiza una Teoría Crítica? Tal sería la propuesta para la compresión de la Escuela de Francfort, no como dato, sino como tarea histórica.

En realidad, son la naturaleza, las finalidades de la "Teoría crítica", las que tratamos de delimitar. Pero tal definición, por ser dinámica y más fiel por ello a la realidad móvil de la Escuela como proyecto, no es menos problemática. De hecho, ¿se juzgaría la pertenencia a La Escuela de Francfort por la adhesión y fidelidad a la "Teoría crítica"? ¿No viene eso a ser un lastre para una entidad opuesta a un dogma o a una doctrina? O ¿se debe llegar a definir La Escuela de Francfort como aquel estricto grupo de discípulos que engendró la "Teoría crítica", con Max Horkheimer?

Todo ello nos conduce a un último criterio definitorio, basado en personas carismáticas: en ese sentido La Escuela de Francfort se definiría en extenso por quienes lo reclaman, teniendo en cuenta una plataforma teórica ("Teoría crítica" y complementos) y/o una identidad histórica (el Instituto y sus dependencias), y/o un proyecto histórico y político (frente al mundo del siglo XX). Todo ello implica naturalmente la pregunta, irrisoria e inevitable al mismo tiempo, sobre la nomenclatura, es decir: ¿a quiénes se debe finalmente incluir dentro de La Escuela de Francfort, mezclados los diversos criterios anteriores?

a)     Partiendo de ese punto, en primer lugar se debe incluir al fundador, Max Horkheimer, responsable personal de la identidad histórica y teórica del movimiento.

Max Horkeimer nación en 1895 en Stuttgart y murió en 1973. [3] Hijo de un instustrial judío, Moritz Horkheimer, destinado él mismo a los negocios, se inclina antes que nada por la literatura (empieza escribiendo novelas). Entre 1913 y 1914 vive en Bruselas y Londres para aprender francés e inglés con su amigo Friederich Pollock en cuya compañía estudia en las universidades de Munich, Friburgo y Francfort. Se orienta hacia la psicología bajo la dirección de Adhemar Gelb, teórico de la Forma (Gestalttheorie), después hacia la filosofía, al leer a Schopenhauer, más tarde al cursar un doctorado sobre Kant (Contribución a la Antinomia de la Facultad del Juzgar Teleológico, 1922) bajo la dirección de Hans Cornelius, influenciado al principio por empirocriticismo de Avenarius y Mach, antidogmático, humanista, director durante la guerra de las escuelas de bellas artes de Munich y autor de un estudio sobre las Leyes Elementales de la Pintura, por lo demás internacionalista y pacifista. Después, Horkheimer descubrió a Marx y a Engels. Participante, por intervención de Pollock, en la creación del Instituto de Investigaciones Sociales. Horkheimer sucede a Grunberg como director del instituto en 1931 después de convertirse en titular de la cátedra de "filosofía social" creada por él en 1929. Es para confirmar universitariamente sus funciones  que Horkheimer presenta su estudio sobre Los principios de la filosofía burguesa de la historia. A partir de entonces el Instituto tiene su revista, la Zeitschrift fur Sozialforschung. En marzo de 1933, cuando Hitler llega al poder, el Instituto es cerrado por "tendencias hostiles al Estado" y el cargo de Horkheimer oficialmente revocado. Permanece entonces en Ginebra donde dirige el anexo ginebrino del Instituto en el exilio (mientras tanto en 1933, en París, se abren dos anexos pequeños bajo el padrinazgo de los durkheimianos Bouglé y Halbwachs y de Bergson en Londres). De 1933 a 1940, la Zeitschrift aparece en París con Félix Alcan y es cuando Horkheimer publica en Zurick bajo el seudómimo de "Heinrich Regius". En mayo de 1934, Horkheimer recibe la propuesta de Butler de instalarse en Nueva York, lo que hace en julio de ese mismo año. Regresa a Alemania en abril de 1948 y recupera su cátedra en julio del siguiente año. El Instituto reanuda su trabajo en agosto de 1950. Horkheimer asciende a decano del departamento de filosofía, después es rector de la Universidad (1951 a 1953) y recibe el premio Goethe. Regresa a Estados Unidos en 1954, país del que es ciudadano y miembro de la Universidad de Chicago. Horkheimer termina en 1958 por retirarse a Montagnola, Suiza (en compañía de su inseparable amigo Pollock). Celebridad nacional desde entonces, Horkheimer permanece en contacto con el Instituto de Francfort y su anexo estadounidense. En los años 1967-1970 se reeditan sus libros y se publican balances críticos de su obra y de la Escuela.

b)     Precisamente después del exilio, el trabajo de Horkheimer se asocia al de Theodor Wisengrund-Adorno, al fin investido ya del papel de cofundador-duunvirato, que encarna la alternativa teórica de la Escuela.

Theodor Wiesengrund-Adorno nació en 1903 en Francfort, de padre alemán y madre italiana. Gracias a su amigo Siegfried Kracauer, versado en la sociología del conocimiento, desde temprana edad descubre la filosofía de Kant. Además, por vivir dentro de un ambiente de músicos y melómanos, se orienta hacia la estética musical. Su madre, hija de una cantante alemana y de un oficial del ejército francés, de origen corzo, hace una carrera brillante de cantante antes de casarse con un próspero negociante en vinos, judío asimilado. Su hermana era pianista profesional de tal suerte que Theodor, desde joven, aprende a tocar tal instrumento así como composición musical. En enero de 1925 sigue a Alan Berg, a quien había conocido el año anterior, al Festival de Francfort de la Sociedad Alemana Universal, y a Viena, donde toma clases de composición y técnica pianística (con Edouard Steuermann) seducido por la música dodecafónica de Schonberg. Frecuenta los medios de vanguardia y dirige la revista Anbruch. Su estancia en Viena termina en 1928. Regresa a Francfort. En el ínterin, encontró a Horkheimer en 1922 en un seminario sobre Husserl dirigido por Hans Cornelius y siguió cursos con le gestaltista Gelb y presentó, con Conrlenius, una tesis sobre La trascendencia de lo objetado y de la nemática en la fenomenología de Husserl (1924). De regreso en Francfort se pone a redactar, en 1929, su tesis de capacitación sobre Kierkegaard, Construcción de la Estética, presentada en 1931 (y publicada en 1933), lo cual le permite convertirse en Privatdozent. En realidad, no es sino hasta 1938 cuando inicia su membresía oficial en el Instituto de Investigación Social. Adorno no se exilia sino hasta 1937. Pasa la mayor parte del tiempo en Inglaterra, en el Merton College, de Oxford. Después de su éxito en Estados Unidos, Adorno reanuda su estrecha colaboración con Horkheimer la cual culmina, principalmente, con la obra común sobre la Dialéctica de la Aufklarung en 1947.

Es de los primeros que, después de la guerra, regresa a Francfort. Llega a ser director adjunto del Instituto y más tarde, en 1955, codirector. Finalmente, en 1958, con el retiro de Horkheimer, Adorno toma la dirección. Después de su testamento filosófico, la Dialéctica negativa (1966) y de su papel activo en la discusión sobre el positivismo, Adorno desaparece en el verano de 1966, momento en que Suhrkamp inicia la publicación de sus obras completas.

c)      A ese duunvirato deben agregarse los "compañeros de viaje", figuras relacionadas más o menos estrechamente con la Escuela, por haber participado en el desarrollo teórico de sus principios y sus métodos, ya fuera con principios propios, hasta heterogéneos, y con ambiciones diferentes.

Es el caso de Herbert Marcuse, cuyo camino se cruzó con el de la Escuela hasta un punto en que se implica de una manera íntima, sin dejar con ello su proyecto propio de presupuestos teóricos prácticamente heterogéneos. De ahí su estado ambiguo, a la vez inseparable del destino de la Escuela y revelador de su propia identidad.

Herbert Marcuse nació en Berlín en una familia judía asimilada. Fue miembro de la sociedad demócrata de 1917 a 1918 y participó en el Consejo de Soldados durante la revolución berlinesa de 1919. Realizó estudios de filosofía en Berlín y Friburgo donde conoció a Huserl y a Heidegger. Se doctoró con una tesis sobre Künstlerroman (novela de artistas). Después de trabajar en el mundo berlinés de la edición, regresó a Friburgo donde realizó una tesis bajo la dirección de Martín Heidegger, publicada en Francfort con el título de La Ontología de Hegel, la Fundación de una Teoría de la Historicidad. En esta época Marcuse entró en contacto con la Escuela de Francfort, después de que su relación con Heidegger había terminado: por intervención de Husserl, Kurt Riezler lo recomendó con Horkheimer.

Después de participar en la revista Die Gesellschaft de Rudolf Hilferding y en la Philosophische Hefte de Maximilian Beck, participó en la Zeitschrift de Francfort.

En 1933 se exilió en Ginebra, luego en París, donde con Adorno y Horkheimer asumió la dirección de la Zeitschrift fur Sozialforschung. En 1934 llegó a Estados Unidos e impartió cátedra en Nueva York y Los Ángeles. Después de participar en los Estudios sobre la Autoridad, en 1936, sus nexos con el Instituto se relajan al principio de los cuarenta, momento en que aparece Razón y Revolución (1941) en Londres. Cuando Horkheimer opta por el regreso a Alemania, Marcuse decide permanecer, hasta 1950, en el Departamento de Estado para luego regresar a Columbia donde fue Lecturer in Sociology, Senior Fellow en el Russian Institute. Su obra sobre El Marxismo Soviético (1958) surge de su colaboración con el Centro de Investigación sobre Rusia en Harvad (1952-1954). En 1954 da clases de política y filosofía en la Universidad de Boston donde en 1965 participa en el programa de investigación sobre la historia de las ideas de Brandeis. Es durante ese lapso cuando aparecen Eros y la Civilización (1955) y El hombre Unidimensional (1964) que debían atraerle la celebridad y cuando abandona Waltham (Massachussets) para impartir clases de ciencias políticas en la Universidad de San Diego.

En California comienza a convertirse en uno de los partidarios de la Nueva Izquierda estadounidense. Desde entonces, se manifiesta en los debates de la Universidad Libre de Berlín Occidental (1967), en el Coloquio de la UNESCO en 1968, en los XXII Encuentros Internacionales de Ginebra en 1969. Curiosamente, cuando se desliga de la Escuela se reconoce su celebridad y su relación con ésta. Murió en 1978.

 

Dentro de esta categoría, si bien bajo modalidades muy diferentes, surge Walter Benjamín, implicado en forma histórica en el proyecto de La Escuela, a la que ilustra sin adherirse precisamente.

Walter Benjamín nación en Berlín en 1892, hijo de Emile Benjamín, banquero, anticuario y comerciante de objetos de arte, emparentado con Heine, y de Paule Schoensfliess, hija de un gran comerciante judío. Después de conocer a Gustav Wynecken, quien ejerce sobre él una gran influencia, participa en el "Movimiento de la Juventud" antiburgués y colabora en la revista El Comienzo. Se inscribe en la Universidad de Berlín (1912) y en la de Friburgo (1913) y hace un viaje a París. En Friburgo estudia filosofía y conoce al poeta C.F. Heinle, antes de regresar a Berlín. En la época de la guerra milita en el movimiento Estudiantes Libres. Después de intentar reunir los fragmentos dejados por su amigo Heinle, quien se suicidó, redacta un estudio sobre Holderlin (1914-1915). Se instala en Suiza en 1917, conoce a Ernst Bloch en Berna y consagra su tesis a un estudio sobre El Concepto de la Crítica de Arte en el Romanticismo Alemán bajo al dirección del filósofo Richard Herbertz, para después regresar a Berlín en 1920. En el verano de 1921, el encuentro con el editor Wesbach le permite publicar sus Cuadros Parisinos sobre Baudelaire. En 1922 fracasa un proyecto de revista que debía llamarse Angelus Novus. Benjamín descubre igualmente el marxismo a través de la lectura de Lukács y el encuentro con Asja Lacis, directora del teatro ruso quien lo introduce a su círculo de amigos marxistas y lo ayuda a organizar un viaje a Moscú en 1926-1927 y en 1929 lo presenta con Bertolt Brecht. Gracias a Hoffmanstahl se publica su estudio crítico sobre las Afinidades Electivas de Goethe, lo que le vincula con la inteligencia literaria favorable a Stefan Geoge. Por cierto, no puede obtener su incorporación a la Universidad de Francfort ya que su trabajo sobre los Orígenes del Drama Barroco Alemán fue considerado demasiado desconcertante. Tampoco consigue una cátedra en la Universidad de Jerusalén a pesar de la ayuda de su amigo Gérard Scholem, de tendencia sionista. Benjamín, quien en Francfort conoció a Horkheimer y Adorno y había trabajado con el segundo en especial, fue admitido como miembro permanente del Instituto de Investigaciones Sociales en 1935, cuando el Instituto y él mismo estaban exiliados en París. Publicando bajo seudónimo, durante mucho tiempo rechaza abandonar Europa. No logra obtener una visa para Londres a donde quiere ir para reunirse con su familia y se interna en un campo de trabajadores voluntarios de Nevers durante tres meses. Al obtener, gracias a Adorno, una visa de emigrante para Estados Unidos, se integra a un grupo de refugiados que intenta cruzar los Pirineos para entrar a España pero, amenazado por un alcalde de entregarlo a la Gestapo, la noche del 26 de septiembre de 1940 se envenena.

No se puede dejar de evocar a Erich Fromm, relacionado estrechamente durante cierto período a La Escuela, antes de separarse de ella en forma radical.

Erich Fromm nació en Francfort en 1900. Fue educado en un ambiente muy religioso, penetrado de mesianismo. Ligado a mediados de los años veinte al círculo del Rabí Nobel, contribuye a la creación de Freies Judisches Lehrhaus, frecuentado por Martín Buber. Después de cursar estudios en las Universidades de Heidelberg, Francfort y Munich se forma en el Instituto Psicoanalítico de Berlín. Es analizado por Hanns Sachs y sigue las enseñanzas de Theodor Reik. Fue, en 1926, uno de los primeros analistas no médicos y escribe en revistas psicoanalíticas (Zeitschrift für psychoanalytisch pädagogik, Imago). A partir de 1931, su proyecto es unir los aportes de Freud y de Marx en el marco de una psicología social. Es entonces que entra en contacto con el Instituto de Investigación Social y desde 1932 colabora en la Zeitschrift. A partir de 1935, para decirlo claro, se aleja totalmente del freudismo al participar en los Estudios sobre la Autoridad. Desde un punto de vista psicológico, escribe su último artículo para la revista del Instituto en 1937 y cesa toda relación con él en 1939 antes de afirmar su independencia teórica en El miedo a la Libertad (1941).

Esos tres casos, por diferentes que sean entre sí, indican la disociación entre el destino del proyecto histórico al que La Escuela se suscribe y la adhesión estricta a su núcleo teórico. Es por lo que, aunque encarnando formas características de "desviación" en relación al núcleo teórico, son inseparables de ciertas ambiciones y de sus combates, lo que constituye una forma irrecusable, si bien problemática, de pertenencia.

d)     Ello permite diferenciar a estos "compañeros de viaje" de otros colaboradores del Instituto de Investigaciones Sociales, que serán sin embargo evocados por haber estado relacionados a sus tareas, en uno u otro aspecto.

Citemos a los principales: Franz Borkenau, Kurt Albert Gerlach, Henyk Grossmann, Otto Kirchheirmer, Mira Komarovski, Siegfried Kracauer, Leo Lowenthal, Franz Newmann, Friedrich Pollock, Andries Sternheim, Félix Weil y Karl August Wittfogel.

e)     De igual manera, se debe mencionar una personalidad que, sin formar parte de la Escuela, está asociada a ella en combates paralelos, lo que impone una conjunción reveladora y falsa a la vez: es así como en el horizonte encontramos a Ernest Bloch, quien a partir de su concepción de la utopía asume las posiciones y temas de la Teoría Crítica, desde otros principios.

f)        Se deben agregar, al final, los herederos de la Teoría Crítica. Aquellos que, sin haber pertenecido a la constelación histórica de los fundadores, asociados o emparentados, se remiten a la Teoría Crítica. Es el caso de Jüngen Habermas, cuya hermenéutica se inscribe con una cierta legitimidad teórica e histórica como francfortiana (cf. infra).

Jüngen Habermas nació en 1920 en Düsseldorf. Después de realizar estudios en Götingen, Zürich y Bonn, fue profesor extraordinario de filosofía y sociología en Heidelberg (1961 a 1964) y después en Francia (1964 a 1971). La reflexión de Habermas comienza a manifestarse a principio de los años sesenta, asegurando así simbólicamente sobre su presencia en la Escuela de Frankfurt ya que fue asistente de Adorno en esta ciudad desde 1956. Su primera contribución notable fueron sus artículos Teoría y Práctica (1963), reeditados en 1971, de los cuales el más antiguo data de 1960. Ahí destaca la versión corregida de su lección inaugural en la Universidad de Marburg en diciembre de 1961 consagrada a la Doctrina Clásica de la Política en sus Relaciones con la Filosofía Social justo treinta años después de la lección histórica de Horkheimer. Habermas muestra sus armas en ocasión de la gran "confrontación" alemana sobre las ciencias sociales "la cual da lugar al Congreso de la Deutche Gesellschaft fur Soziologie realizada en Tubingen en octubre de 1961. Se distingue muy especialmente en 1963 y 1964 contra H. Albert, a propósito de la epistemología de Karl Popper. Su proyecto propio se define en su conferencia inaugural pronunciada el 28 de junio de 1965 en la Universidad de Francfort, bajo el título de Conocimiento e Interés, contenido en la recopilación aparecida en 1968 bajo el título de La Técnica y la Ciencia como Ideologías. El mismo año, publica Conocimiento e Interés, homónimo de la primera reeditada en 1973.

Habermas comienza inclusive su conferencia sobre los efectos sintomáticos del tecnicismo y del positivismo, como justificación ideológica. Define un programa epistemológico, promulgando la ambición fundadora de la Teoría Crítica, al mismo tiempo que demuestra los efectos metodológicos.

Los Perfiles Filosóficos y Políticos, de 1971, reagrupan las publicaciones que remontan a los años de estudio de Habermas (1956) y permiten situar su trayectoria en el entorno filosófico de esos dos decenios. Es bajo su égida que, a finales de los años sesenta, los estudiantes alemanes redescubren la Escuela y su revista, la Zeitschrift fur Sozialforschung. A partir de 1971, Habermas dirige el Instituto Max-Planck de Investigación que estudia las condiciones de vida en el mundo científico y técnico, en Starnberg, Bavaria (Max Planck Institut zur Erforschung der Lebensbedingungen der wisenschaftlich.technischen Welt), donde durante doce años intentó una integración de sus trabajo en ciencias sociales con el de las ciencias de la naturaleza, dirigido por el físico Carl Friedrich Weiszacker. En la primavera de 1981 aparece su Theorie des Kommunikativen Handelns, obra impresionante por su volumen y por su pretensión sintetizante. En 1983, Habermas toma posesión de su cátedra en la Universidad Johann Wofgang Goethe de Francfort lo que marca, simbólicamente, a sesenta años justos de  la fundación del Instituto, un nuevo impulso para la Teoría Crítica, dentro de otro contexto histórico como el mismo Habermas lo subraya.

La evocación de esta "galaxia" permite ubicar puntos en la investigación que intentamos desarrollar.

En primer lugar, los cambios en las definiciones nos enseñan dos cosas complementarias:  que sería inútil esperar definir una identidad doctrinal que sirva de norma a la clasificación de las teorías pues no habría a ese respecto más que desviaciones; y, por otra parte, la identidad histórica y teórica está lo suficientemente determinada como para que la Escuela no se reduzca a una definición ecléctica. Así pues, nuestra investigación unirá la configuración aparente centrándose en los fundadores, alrededor de la identidad problemática pero rigurosa de la Teoría Crítica, así como sobre los sucesores que enfrentan esta exigencia de origen, tomando en cuenta las fronteras de ese campo inicial en relación a su importancia estratégica.

En segundo lugar, la investigación preliminar nos demanda que abordemos esta realidad dinámica que es la Escuela de Francfort, como cualquier otra cosa que no está dada, como un proceso de constitución y de cuestionamiento. Hacer un simple inventario sería pues, de entrada, falso: es capital seguir el proyecto, conforme a la idea misma de la "Teoría Crítica" como la construcción de un objeto, integrando las condiciones de legitimidad en la producción misma de la materia teórica. Siguiendo ese trabajo en sus procedimientos vivos, se verá desplegado el aporte propio de la Escuela de Francfort como unidad a través de sus diversas contribuciones (mientras que en Francia, el peso de algunas personalidades, en especial Marcuse y Benjamín, más bien ha ocultado el interés por el conjunto).

Así pues, "La Escuela de Francfort" es la etiqueta que sirve para señalar un hecho (la creación del Instituto), un proyecto científico (titulado "filosofía social"), una aportación (bautizada "Teoría Crítica"), en fin, una corriente o movimiento teórico a la vez continuo y diverso (constituido por individualidades pensantes). Siendo todo ello, es más que eso: un fenómeno ideológico que produce curiosamente sus propios criterios de identificación por el proceso en el que fue concebido; una aventura crítica cuya validez es necesario examinar.

Conforme a la reflexión anterior, parece que nuestra investigación sobre La Escuela de Francfort debe partir del núcleo teórico que constituye la "Teoría Crítica", es decir que nuestro inicio será de orden filosófico (primera parte).

La especificidad de esta "filosofía aplicada" va a desembocar en una crítica de la dominación, que constituye el aporte político de la Escuela (segunda parte). El orden lógico muestra el imperativo sociopolítico; imperativo que requiere también de una filosofía, lo que hace de la instancia filosófica una consecuencia de la política, como pensamiento de la política que se verifica en la vertiente social: de ahí su convergencia con el marxismo y el psicoanálisis.

En fin, ello nos impone regresar al plan en el que se inscribe la filosofía de la Escuela, así como a la "sociología crítica" que la verifica, o sea a una teoría de la historia (tercera parte) que es también una teoría de la Kultur y cuyo propósito es intervenir en el curso de la práctica.

Este movimiento en tres tiempos debe respetarse para entender la interacción de las problemáticas comprometidas cada vez que un objeto particular se presenta a la reflexión de la "Teoría Crítica". Pero el lector preocupado por apresar de golpe la luz de los hechos sociales con la metodología de la escuela, tiene la oportunidad placentera de dirigirse directamente a la segunda parte, así como también quien desee tener una idea de la crítica de la dominación que constituye el filo político de la Escuela. Lo mismo, quien desee juzgar el aporte estético puede referirse a la tercera parte, pero le parecerá necesariamente que esas posiciones destacadas no tienen sentido sino en referencia al núcleo crítico y a su avance historiosófico; de suerte que de esas posiciones destacadas, es posible remontarse a los presupuestos lógicos y a las consecuencias históricas. El orden de las materias se estudia así para hacer posible una circulación en el orden de las razones, uniendo la plasticidad y la unidad conjugada del "objeto discursivo" que estudiamos.

 

 



[1] La imaginación Dialéctica (1973: trad. Fr., Payot, 1977.

[2] "La situación actual de la filosofía social y las tarreas de un Instituto de Investigación Social" (cf. el índice bibliográfico, para el conjunto de textos citados a continuación, donde están indicadas las traducciones francesas disponibles).

[3] Lo que sigue no es sólo un recordatorio biográfico. Es una regularización intelectual de la cual el lector puede servirse para modular la construción temática del cuarpo de la obra. - válida para todos los autores citados.



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