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MENSAJE DE JESÚS DE NAZARET, RECIBIDO A
TRAVÉS DE JOSÉ LUÍS MANZANO GARCÍA, EN TALAVERA
(Toledo).
EL DIA 20 DE JUNIO DE 2007. Mensaje Privado con orden a hacerse público.
EL MAESTRO.- Ave María
Purísima. Paz a tí, hijo mío.
EL MAESTRO.- La voz de mi
sangre es poderosa y llama no inútilmente a grandes y pequeños, a
los pecadores a nueva vida.
"Derramé mi sangre para
reuniros a vosotros, elegidos de mi Corazón, y cada gota
que derramé tiene el poder de multiplicar la
eficacia de mi Redención. La efusión
dolorosa, la feroz violencia de los perseguidores que me
azotaron casi a muerte, están
presentes en esta generación de hombres incrédulos e insensatos".
El hombre olvida todo, solo se acuerda de si mismo. El primero y el último siempre es él. ¡Pobre hombre,
leproso de este siglo!. ¡Pobre
hombre, descarnado!. ¿Qué quiere de Mi?. No debería querer
nada porque no me cree o me cree
poco.
¡No te envanezcas!. Si eres grande, oh, criatura mía,
es porque te hice tal en el centro de la Creación, pero te hice
Yo. Quieres evadirte de ti mismo, ebrio de lujuria y de
soberbia, sin embargo las cosas mas grandes están en tí porque Yo
las he puesto y tú no las ves.
Lo sé, nada te importa hoy que
Yo te recuerde que por tu amor he derramado con inmensos dolores
toda mi Sangre. No lo ves, no quieres verlo. Eres propenso a
celebrar tu grandeza, o al menos la que juzgas como tal.
Pero créeme, me das mucha pena a Mí, que comprendo tus más
pequeños movimientos.
¡Hombre insensato, detente!. Mira lo
que te dice quien te creó: te ofrezco mi Sangre. ¿No dices
nada?. Estás tan ciego que no ves qué Luz se desprende de mi
sacrificio cruento que consumé en el
Calvario. ¿No es nada para tí mi Sangre?.
Y si no es nada,
como neciamente piensas, ¿qué se dirá cuando las sanguijuelas
infernales hayan chupado hasta la última gota de tu sangre, oh,
loco hombre del dos mil?. Tu vida vale mucho, créelo. No la
gastes inútilmente. Tienes una vida que se encamina hacia una
meta.
Si no lo entiendes, ¡pobre de
ti!.
Detente hoy, detente aquí, ante el Cristo sangrante, al
pie de la Cruz. ¡Mírame bien y no apartes de Mí tu mirada!. Ya no
te llamaré con el nombre de loco, si mirándome en la Cruz,
comprendes que ha sido mi amor por tí el
que me ha llevado a la muerte, al derramamiento de toda mi
Sangre. Mi vida acabó por la privación de su alimento vital,
compréndelo.
"Sufrí la
muerte por haber derramado toda mi Sangre, y todo por tí,
criatura mía, por la cual Yo, tu Creador, no
dudé en tomar su misma naturaleza, en
el Verbo encarnado".
Tú también tienes sangre en las venas y pido un
momento tu atención en el hecho de que mi Divina Sangre estuvo
exenta del impulso que proviene del pecado. Tu sangre, en cambio,
ha conocido más o menos el escozor que proviene de la culpa. Mi
Sangre valga por la tuya.
Esta, poco noble por estar mezclada
de culpa, puede ser cambiada por la mía, que créeme, no solo es
noble, sino repleta de frutos y tiene un valor infinito. Este es
el trueque ideal, pero real que Yo ate propongo.
¡Detente,
criatura mía, detente!. Escucha esta voz mía, acepta mi Sangre,
mírame en la Cruz y verás mi rostro todo cubierto, y precisamente de sangre roja. He cubierto mi
rostro con lo rojo de esa sangre para que mi Padre te viese a tí,
a quien Yo representaba, lavado y purificado.
Queda
tranquilo, las costras de sangre que me impiden casi del todo abrir
mis ojos, las he querido para decirte que a través de mi Sangre,
mi mirada no quiere divisar tus fealdades.
Si, he estado en un baño y he merecido para tí lo que
tú no podías nunca merecer. Recuérdalo y apréciame, porque si
te he creado sin trabajo, te he redimido a precio de
sangre, y tú, hombre extraviado, deberías pensar que
no habría hecho lo que he hecho si mi Amor no fuese tan
grande.
Ven, escucha. Ven a Mí, porque debo sumergirte en el
cáliz que contiene mi Sangre Purísima. Ahí, en mi cáliz debes
permanecer cubierto con mi Sangre, porque de ella y en ella
deberás encontrar todo lo que necesitas ahora y siempre. Ven,
vuelve a mi altar, donde un hombre como tú, pero que es más digno
que tú, ofrece el inmenso valor que contiene el cáliz
bendito.
Vuelve a ese altar muchas veces, mas aun mientras te
conceda la vida, porque quiero hacer de tí adorador perfecto y
partícipe de mis inagotables riquezas. Si, ven a Mí, vuelve
siempre a Mí para escuchar la voz de mi Sangre que es bendecida
por el Cielo y por quien en la Tierra me ama.
Vuelve y
escucha. Yo te hablaré de manera suave, muy atractiva y en
mi Sangre encontrarás el porqué de tus porqués, mucha luz y
claridad para iluminarte a tí y a muchos, muchísimos otros, ahora
miserables pero destinados a asumir la herencia de valor infinito
que está contenida en el cáliz santísimo que ves en mi Santo
Altar.
Ven, vuelve y escucha las voces de mi Sangre humana y
divina. Yo te hablaré, pondré en movimiento
tu sangre con el fuego de mi Amor. Estoy aquí, en el altar, vuelve a Mí. Paz a ti,
hijo mío.
Ave María Purísima. Adiós, hijo
mío.
Enseñanzas,
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