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Es aberrante, increíble y terrorífico lo que llevan haciendo
durante décadas las grandes multinacionales farmacéuticas -también las químicas,
etc.-. Es prioritario y primordial que la producción de fármacos no esté en
manos privadas, que todos los grandes laboratorios estén en manos del pueblo y
de los gobiernos. Cuando alguien descubre un medicamento barato y eficaz,
enseguida sufre el acoso de la industria farmacéutica para que les venda la
patente. Luego no comercializan el medicamento, ya que al ser barato no les
interesa, y venden el caro fármaco que ellos han creado. Nunca elaboran un
medicamento definitivo que cure una determinada enfermedad, sino que van sacando
cada cierto tiempo nuevas versiones del mismo, pero que sigue sin ser del todo
eficaz -un representante jubilado lo confesaba, y que no había hablado antes por
miedo y para no quedarse sin trabajo-. Casi todos los medicamentos de síntesis
dañan el hígado u otros órganos
y tienen efectos secundarios -la palabra
antibiótico significa: contra la vida, y salvo los que interfieren en la
síntesis de las paredes celulares de las bacterias, el resto afecta
negativamente a las células de un modo u otro, y los conceptos en que se basa la
medicina alopática están errados al pretender combatir agresivamente de forma
química los síntomas en vez de ir a las causas-. Se han encargado, mediante todo
su poder y aparato propagandístico, en demonizar las medicinas alternativas y
naturales, que no siempre están tampoco libres de sospecha, pero son, en mayor
medida, bastante más recomendables. La Salud es un derecho y los medicamentos
eficaces deben ser baratos y al alcance de toda la Humanidad. Lo que llevan
haciendo durante décadas las multinacionales farmacéuticas es un crimen y un
genocidio. A los países africanos les venden medicamentos caducados. Hay
medicamentos para niños que no han sido suficientemente probados.
Para saber
si un fármaco no produce efectos nocivos sería preciso hacer estudios a largo
plazo y realizando seguimientos a pacientes, lo cual supondría unos cuantos años
de investigación y no interesa, porque eso no es rentable. Hay que desligar por
completo los intereses comerciales del tema de la salud. Los representantes de
la industria farmacéutica sobornan habitualmente a los médicos ofreciéndoles
viajes y regalos si recetan los medicamentos de los laboratorios que les pagan.
Todo esto es real, cierto y común. Las grandes multinacionales contaminantes,
las industrias químicas, de transgénicos, farmacéuticas, etc., compran
voluntades, infiltran a personas entre los políticos encargados de tomar ciertas
decisiones, sobornan a periodistas, corrompen a gran cantidad de científicos
para que emitan dictámenes favorables a sus nocivos y letales productos. Nadie
hace nada. Las gentes hacen manifestaciones para apoyar fanáticamente
al
partido mayoritario de derechas o al partido mayoritario de izquierdas,
pero el pueblo no se manifiesta para un tema tan grave como es el de las
prácticas despóticas y carentes de toda ética de las grandes farmacéuticas, etc.
Los transgénicos están siendo otro tema terrorífico y nadie mueve un dedo.
Patentar alimentos es una barbaridad.. Los pesticidas superfuertes y venenosos
que se usan con los transgénicos que los toleran envenenan el suelo y las aguas.
Las múltiples variedades de arroz, trigo, maíz, soja, etc., etc., etc.., etc.,
están en peligro. Los campesinos tienen que pagar cada año si quieren seguir
plantando transgénicos y están obligados a comprar el letal pesticida, etc.,
etc., etc. Los alimentos a nivel mundial pueden estar en manos de unos pocos que
tengan las patentes. Quien tiene los alimentos tiene el poder, quien tiene el
poder sobre la salud tiene el poder... Manipulan, engañan, mienten, usan toda su
máquina jurídica
y propagandística para que los gobiernos cedan. Compran a
políticos, periodistas, científicos, médicos, etc. No tienen escrúpulos. Los
científicos honestos que lo denuncian pierden su trabajo misteriosamente. La
principal amenaza de la Humanidad son las grandes multinacionales de los
transgénicos, de los fármacos, de los pesticidas, de los productos químicos de
limpieza, etc. Las multinacionales han de nacionalizarse, no pueden ser un gran
negocio a costa de la vida y la salud de cientos de millones de personas. Hay
que fomentar los pequeños huertos con abonos naturales, sin pesticidas, sin
transgénicos, para no depender de alimentos del exterior. Un país que no produce
sus propios alimentos está perdido. Cualquier problema de transportes, etc.,
puede resultar catastrófico. Cada pueblo y ciudad debe fomentar los pequeños
huertos. El tema de la alimentación sana y de la salud es algo prioritario que
hay que afrontar ya.
Andrés Knightwood