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Faenas mañana, tarde y
noche, el tributo de 83 familias para tener casa propia
Tequio
mazahua en el Centro Histórico
Por más de 40 años
vivieron hacinadas en pequeños cuartos de lámina y cartón
RAUL LLANOS SAMANIEGO


Mujeres mazahuas realizan
tareas de limpieza en el terreno de la calle Mesones, en el centro de la
ciudad, donde construirán viviendas para sus familias Foto: Marco Peláez


Con palas y picos en
mano, las mazahuas empezaron a hacer realidad su sueño de tener una vivienda
propia Foto: Marco Peláez
Codo a codo, decenas
de indÃgenas mazahuas palean cascajo, acarrean arena y grava, cargan
ladrillos y varillas, llevan polines, traen los clavos o el triplay, andan
activas de un lado a otro en el predio de Mesones 138, en el Centro
Histórico.
Esto es parte de la
faena diaria que por la mañana, tarde o noche cumplen los integrantes de las
83 familias de la Organización Mazahua de San Antonio Pueblo Nuevo, que
después de 40 años de vivir en ese lugar lograrán concretar uno de sus más
grandes anhelos: tener su casa propia.
Lo que hasta el año
pasado era un conglomerado de hacinadas casas de lámina, cartón y madera, de
tres por tres metros, poco a poco va tomando forma: viviendas de ladrillo de
60 metros cuadrados, que serán posible gracias a uno de los pocos esquemas de
autoproducción social de vivienda del gobierno de la ciudad.
Josefina Flores
Romualdo, dirigente de esa organización, narra que desde 1963 llegó a vivir a
Mesones 138 junto con un grupo de mazahuas, y con el dominio sólo de su
lengua original, encontraron en el ambulantaje su forma de sobrevivencia. El
tiempo y la necesidad las llevó a aprender no sólo el español, sino también a
saber organizarse.
En 2000 comenzaron a
buscar apoyo de las autoridades capitalinas para expropiar el predio, lo que
se concreta dos años después, por lo que tuvieron que sacar sus ahorros de
mucho tiempo.
"No ganamos mucho
dinero, pero pudimos ir guardando de a 10, de a 20 pesos diarios" de la
venta de chicharrones, elotes, dulces en las calles de Pino Suárez, Mesones,
20 de Noviembre, Regina, San Pablo, según explica Josefina Flores.
La siguiente puerta
que tuvieron que tocar fue la del Instituto de Vivienda del Distrito Federal
(INVI), y en la pasada gestión encabezada por David Cervantes lograron que se
les aprobaran créditos bajo el esquema de autoproducción social de vivienda,
para lo cual se les asignó 162 mil pesos por cada familia.
Las mismas mazahuas
tramitaron licencias y autorizaciones; insistieron en firmas y permisos y se
volvieron casi expertas en esos asuntos de ir y venir a las mismas oficinas
hasta lograr su objetivo.
No contrataron
empresas constructoras privadas, sino que ellas mismos buscaron albañiles que
fueran diestros en estos asuntos, pero que tampoco fueran tan caros, y a
ellos sumaron su propio tiempo y esfuerzo.
Con su proyecto
autorizado -que contempla viviendas de 60 metros cuadrados y hasta un salón
de usos múltiples- comenzaron todos a sumar esfuerzos. Los albañiles por su
lado y ellas a cargar los materiales que a diario les son depositados a la
entrada del predio y que se debe ir acomodando.
"Entre cinco
compañeras cargamos los polines, las varillas y las llevamos hasta el final;
otras compañeras llevan la grava o la tierra; también los esposos nos ayudan
rellenando hoyos o sacando la tierra", expresa la dirigente de esa
organización, la que con eso ha demostrado que es factible y viable impulsar
ese tipo de proyectos de autoconstrucción, que les permitirá tener casas más
grandes y a un menor costo.
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