|
Ciudades
con rasgos masculinos
Por Marcela
Espíndola | 29.5.2007
¿Cuántas veces alguna de nosotras
tuvo miedo de volver tarde de la Facultad a casa o dejó de ir a una reunión social
porque había que tomarse dos micros y un tren para llegar a destino? ¿Cuántas
veces esa fue la excusa perfecta para que padres o abuelas te desanimaran a
salir? ¿Cuántas veces dejamos de disfrutar de una tarde soleada con amigos
porque llegar con los chicos, el cochecito y el equipo de mate se vuelve casi
una carrera de obstáculos en la ciudad?
Si se contara con
un diseño urbanístico de la Ciudad pensado para las mujeres, los niños y la
integración de las diferencias, la cosa sería distinta.
Precisamente, una
investigación realizada por la Asociación de Mujeres Arquitectas e Ingenieras
(AMAI), titulada “Una mirada de género sobre el Plan Urbano
Ambiental”, demostraba que incluir la perspectiva de género en el
diseño urbano ambiental está muy lejos de poder concretarse, o al menos en la
práctica porque significa incorporar cambios que se adecuen a la relación de
la mujer con el mundo del trabajo y el fuerte impacto en el uso cotidiano de
la ciudad y los múltiples desplazamientos que realiza por la urbe.
Al mismo tiempo,
señalaba “el elevado interés de las mujeres por mejorar el desarrollo y
ordenamiento territorial, empezando por el propio barrio. Desde reforzar la
democracia local hasta optimizar la infraestructura (transporte, iluminación,
limpieza, espacios verdes, baños) y la seguridad.
Actualmente hay
diversos organismos nacionales y regionales que analizan y piensan el
urbanismo desde la integración de las diferencias, con la incorporación de
las necesidades específicas de cada una de las fuerzas productivas de una
sociedad, y que plantea la igualdad de trato entre varones y mujeres.
Uno de los
ejemplos es AMAI, organización dedicada a desarrollar acciones para potenciar
las posibilidades de las mujeres arquitectas e ingenieras en los ámbitos público
y privado y propender al mejoramiento de la calidad de vida, señalando los
peligros de la degradación del entorno, promoviendo planes de desarrollo
urbano sustentable con perspectiva de género. La ONG participa, junto con
otras 180 ONG, del Plan Estratégico de la Ciudad Buenos Aires 2010, mecanismo
de participación ciudadana en el que todos aquellos que forman parte de la
sociedad civil puedan formular recomendaciones para el futuro de la Ciudad.
'La mujer es la
más interesada por mejorar el desarrollo urbano, el ordenamiento territorial
y el medio ambiente. Una mayor participación de las mujeres tiene efectos muy
positivos en el sentido de reforzar la democracia local y la ciudadanía
responsable, ampliar los temas de reflexión que plantean el ambiente y el
urbanismo y mejorar el uso de los recursos locales. Es imperativo no
dilapidar el 50% de los recursos de talento, capacidad y gestión del que
disponen las mujeres' manifestó Martha Alonso Vidal, presidenta de AMAI, y
agregó 'el ámbito espacial urbano sirve de reflejo a las relaciones de poder
existentes desde la cultura y la jerarquía social masculina. En este sentido,
Buenos Aires se ha hecho sin las mujeres y todavía evoluciona prácticamente
sin ellas'.
'La mujer como
ciudadana sufre varias discriminaciones: no participa en el desarrollo de los
grandes proyectos urbano-ambientales; soporta una mayor exclusión en oferta
de empleo; constituye el sector de población relativamente más pobre y sufre
los peores efectos del mal funcionamiento ambiental así como dificultades de
acceso a vivienda y créditos. Por eso creemos que garantizar que las mujeres
puedan ser ciudadanas activas, participar de la toma de decisiones, acceder a
los cargos fundamentales de todos los poderes del gobierno, incidir en las
formulaciones de los planes estratégicos y urbanos; participar en los órganos
de representación de manera equilibrada con los hombres, no es un problema
sólo de mujeres, es un problema de toda la sociedad y sobre todo una cuestión
de respeto a los derechos humanos' sentenció Alonso Vidal.
El contexto actual
de América Latina ofrece ciudades desiguales, fracturadas, violentas, en las
que se han levantado muros (reales o imaginarios) que limitan las
posibilidades de encuentro entre pares, obstaculizando la práctica de una
ciudadanía activa, la cual es condición imprescindible de la democracia. Este
es el diagnóstico del que parten el Fondo de las Naciones Unidas para la
Mujer (UNIFEM) y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) para
desarrollar en la región el Programa 'Ciudades Seguras: Violencia contra las
mujeres y Políticas Públicas'. Dicho programa tiene por objetivo principal
fortalecer el ejercicio de los derechos ciudadanos de las mujeres en América
Latina, reduciendo la violencia pública y privada que se ejerce contra ellas
en las ciudades y será desarrollada en Argentina por CISCSA (Centro de
Intercambio y Servicios Cono Sur Argentina) con sede en Rosario.
Una de las
preguntas que se plantean desde este Programa es ¿cómo resguardar, y no
destruir por la violencia y el temor, los lugares colectivos de encuentro? Y
una de las estrategias que se proponen tiene relación con 'incorporar las
demandas por más inclusión y equidad, más convivencia social, menos temor e
inseguridad'.
CICSA midió la
percepción que tiene la población de Rosario respecto de la
seguridad/inseguridad urbana: el 84,1 por ciento de la población rosarina
manifestaba sentirse insegura, especialmente en las calles del barrio y en
horarios nocturnos. Si resaltamos las mujeres, son las que modifican en mayor
medida que los varones, sus rutinas diarias por razones de inseguridad: el
73,4 por ciento de las mujeres frente a 59,2 de los varones.
En otras palabras,
el impacto de la inseguridad afecta más claramente la vida cotidiana de las
mujeres, quienes adoptan medidas de precaución y evitamiento con el menor uso
del espacio público.
“Las
mujeres denuncian mayor cantidad de agresiones”
Si entendemos que
la violencia urbana comprende las violencias que transcurren en los ámbitos privados
como las que ocurren en el espacio público, la ciudad es uno de los lugares
donde la violencia se expresa cotidianamente.
En este sentido,
es difícil relevar datos estadísticos fiables sobre violencia urbana hacia
las mujeres por no haber datos desagregados por sexo, o sistematizados por el
lugar, esto se agrava por la escasa denuncia que las personas hacen de los
actos de violencia de las que son víctima, o porque muchas veces aparece una
sanción negativa social e institucional que recae sobre ellas, y son
doblemente victimizadas. Sin embargo, las cifras de victimización dan cuenta
que las mujeres denuncian mayor cantidad de agresiones en los espacios
privados en las ciudades.
La violencia
urbana se manifiesta de distintas formas, pero tienen en común el hecho de
que los agresores son en la mayoría de los casos varones, ya sea que la
vivida en el espacio privado (por individuos pertenecientes al círculo
familiar cercano) o la violencia en el espacio público (ejercida por
desconocidos). Los relatos de las mujeres hacen referencia a los delitos
considerados comúnmente como tales (robos, asesinatos, arrebatos) que
adquieren ciertas especificidades cuando la destinataria es una mujer: mayor
violencia física o verbal, posibilidad de abuso sexual o violación; o a las
conductas agresivas de los varones en el espacio público (insinuaciones
sexuales, ser miradas como objeto sexual, chistes y burlas, conductas
invasivas de su espacio corporal, por ejemplo en el transporte público).
Algunos datos
importantes a tener en cuenta:
- El derecho a la
ciudad que ejercen las mujeres se ve obstaculizado por la sensación de
inseguridad y el temor a ser agredidas, lo que impacta en su vida cotidiana,
limitando su movilidad y autonomía para el uso y apropiación de la ciudad,
particularmente en determinados horarios y lugares considerados o vivenciados
peligrosos.
- La peligrosidad
de estos lugares se vincula a sus características físicas (vacíos
urbanos sin mantenimiento, iluminación insuficiente, zonas deterioradas y sin
control social, etc) y a la dinámica social que transcurre o se
expresa en estos espacios (la apropiación por parte de grupos de varones con
conductas agresivas, drogadicción, etc).
- La percepción de
inseguridad se asocia a lugares donde no existen redes sociales
de protección entre vecinos/as: peatonales y zona céntrica, la terminal de
ómnibus y sus alrededores, algunos cruces de calle y en semáforos, algunas
plazas, parques, zonas de playa, puentes y accesos a barrios pobres, entornos
de vías de ferrocarril, ingresos y pasadizos estrechos, sin iluminación, en
asentamiento irregulares, zona portuaria, barrios residenciales cercanos a
barrios pobres, etc.
Para
cuándo el plan urbano ambiental porteño
El Plan Urbano Ambiental
es un instrumento técnico político de gobierno, inicialmente definido desde
sus dimensiones urbanas y ambientales como ”un proceso participativo,
que integra la transformación urbanística, el crecimiento económico, la
equidad social, la preservación de la diversidad cultural y el uso racional
de los recursos ambientales, con el objetivo de mejorar las condiciones de
vida de la población y minimizar la degradación o destrucción de su propia
base ecológica de producción y habitabilidad, sin poner en riesgo la
satisfacción de las futuras generaciones”.
Luego de las
idas y vueltas que duraron más de 10 años entre el Ejecutivo y la
Legislatura porteña, finalmente en febrero de este año se elevó el último
proyecto de Ley para el tratamiento del Plan Urbano Ambiental. Mientras se
aguarda su tratamiento, la Ciudad sigue sin definir una planificación pensada
para el acceso igualitario de hombres y mujeres a los espacios públicos y
privados, quizás porque un plan urbano implica la definición de un proyecto de
ciudad.
|