POR
UN DESARROLLO URBANO AFORTUNADO[1]
(Propuesta de
decálogo para uso de los gestores del desarrollo urbano)
Jordi Borja[2]
1. Las ciudades tienen calles, no carreteras. La ciudad es un
espacio público
Hacer
ciudad es construir lugares para la gente, para andar y encontrarse. Es hacer
comercios y plazas, restaurantes y cines. En la calle. Las vías solo sirven
secundariamente para los vehículos. Para los públicos primero. Luego nada.
Luego los privados. La ciudad es, ante todo, un conjunto de espacios
públicos rodeados de edificios y de árboles.
2. Las obras se empiezan y se acaban
Las
obras se acaban bien. Los errores tienen responsables y éstos deben pagar por
ellos. El incumplimiento debe ser sancionado y el mal causado castigado. Los
que ganan dinero agrediendo a la ciudad deben ir a la cárcel. Los
gobernantes locales sólo tendrán credibilidad si se imponen a los grupos
económicos que actúan en la impunidad.
3. El desarrollo urbano se materializa en un conjunto de
obras pero sólo construye la ciudad futura si responde a un proyecto global,
conocido, equilibrado y deseado. Puede ser el Plan Estratégico
Hay
que definir centralidades, ejes principales de desarrollo, accesos y elementos
fuertes de los barrios. El desarrollo urbano debe garantizar la movilidad de todos
y por lo tanto desconcentrarla. Pero también la calidad de los entornos. Los ciudadanos
necesitan visualizar la ciudad, ver su barrio, entender sus trayectos e
identificarse con sus centros.
4. Las operaciones de desarrollo urbano son actuaciones integradas
y estratégicas
Cada
operación debe tener su complemento/continuidad de equipamiento, de diseño, de
actuación social y cultural, de mejora ambiental, de seguridad ciudadana, de
generación de empleo. La ciudad no es un conjunto de compartimentos, la política
urbana no puede ser una serie de programas sectoriales. La ciudad es mezcla y la política
urbana una combinación inteligente y sensible.
5. En la ciudad el camino más corto entre dos puntos es el
más hermoso
La
estética urbana hace la ciudad vivible. Cada proyecto debe tener su
justificación arquitectónica, su significado cultural y su percepción
gratificante. Las vías y los espacios públicos inhóspitos son una agresión gratuita
para todos y, sobre todo, para los que más necesitan la ciudad, sectores
populares, mujeres, viejos y niños. La inmensa mayoría.
6. Una ciudad democrática es una ciudad visible, con
referencias físicas y simbólicas que ubiquen a sus gentes
Los
centros
deben ser accesibles y polivalentes, en sus usos urbanos y en sus significados
culturales. Los trayectos más frecuentados transmiten la imagen de la ciudad
a la mayoría si son desagradables las gentes no serán agradables ni con la
ciudad ni con los otros ni con ellos mismos. Los barrios necesitan, todos,
identidad y valor social, deben “monumentalizarse” y construir sus atractivos
propios. Una
política de desarrollo urbano debe encender luces reales y metafóricas en todas
y en cada una de las partes de la ciudad.
7. Construir la ciudad futura es una tarea de todos. Pero no
hay creación sin proyecto y el proyecto debe ser integrado, global
Es
nuestro deber político y profesional crear y hacer accesibles los medios para
que este proyecto incluya las necesidades y los deseos de las mayorías.
Los medios deben
adecuarse a los mecanismos culturales de las gentes: maquetas y exposiciones en
los barrios, multimedias, campañas de explicación y promoción. Los
ciudadanos existen pero muchas veces los que monopolizan el poder y el saber
prefieren ignorarlos.
8. El progreso de la ciudad se mide por el progreso en
cantidad y calidad de sus espacios públicos
Es
prioritario conocerlos: los que existen legal y materialmente y los que pueden
serlo. Hay que conquistar espacios públicos frente a otras autoridades del Estado (cuarteles:
áreas portuarias ferroviarias y aeroportuarias; Ministerios y organismos
autónomos que poseen edificios obsoletos o espacios subutilizados).
Conquistarlos también a los privados, institucionales (como la
Iglesia) o empresariales (fabricas o bloques semiabandonados, tenemos
expectantes de los especuladores). Hay que derribar las murallas que impiden a las
mayorías ver y usar la ciudad.
9. No hay desarrollo urbano positivo sin capacidad de
invención y de previsión
Es
preciso conquistar el subsuelo: para galerías de servicios, para parqueaderos,
para garantizar posibilidades de uso más intensivo de la ciudad. Los puntos de
encuentro de vías y líneas de transporte son elementos privilegiados
del desarrollo urbano: espacios públicos y equipamientos deben dotarlos de
fermentos de centralidad. Hay que inventar centralidades futuras a partir de una
actuación pública fuerte del presente: operaciones administrativas o
culturales, áreas de terciario cualificado, terminales de transportes. La ciudad
del mañana se construye reinventando la ciudad del pasado y diseñando ciudad en
las fronteras de la ciudad actual.
10. La calidad del desarrollo urbano depende de la
socialización de la cultura arquitectónica y de la estética de los espacios
públicos pero también de la penetración de la cultura cívica en los entes
burocráticos y en las corporaciones profesionales, de la integración de las
demandas sociales y de los fantasmas colectivos
Nadie
tiene el monopolio del saber urbano pero todos tienen fragmentos necesarios
para construir la ciudad. No se trata de colocar un fragmento al lado de otro
sino de combinarlos según las posibilidades de cada momento y de cada espacio. Solamente
así construiremos una ciudad con lugares (significativos), en vez de
territorios (administrativos), una ciudad para vivirla en cada momento y en
cada parte y no para sufrirla transitando interminablemente a través de la
congestión y la fealdad.
Nota final:
Para transformar la ciudad hay que conocerla. Las
ciudades se conocen con los pies. Para proponer programas viales y sistemas de
transporte hay que andar la ciudad y mezclarse con sus gentes. El urbanismo no
trabaja en un laboratorio sino en la calle, no se traslada todo el tiempo en
auto sino que salta de un medio a otro, no habla solamente con colegas o
profesionales sino con las diversas gentes que viven la ciudad. Hay que pisar
en algún momento cada barrio y cada obra y entrar en las casas y hablar con su
gente. Transformar
la ciudad supone un estilo de vida.