| Asunto: | [generourban] ChicAs y CHICOS DE LA CALLE: Sobrevivir en el infierno | | Fecha: | Miercoles, 28 de Abril, 2004 08:07:33 (+0200) | | Autor: | Anne Alix le maignan <anne @.........net>
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Lo de chicAs es un añadido mío :-)
Anne
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Clarin, 12 de abril 2004
ChicAs y Chicos de la calle: sobrevivir en el infierno
En América latina, la región de mayor inequidad, se agrava la situación de los
menores que provienen de familias excluidas. Bernardo Kliksberg. ECONOMISTA.
DIRECTOR DE LA INICIATIVA LATINOAMERICANA DE CAPITAL SOCIAL (BID).
Leidy Tabares es una niña de la calle de Medellín cuyo nombre recorrió el
mundo. Sobrevivía vendiendo rosas de mesa en mesa. Fue la figura central de "La
vendedora de rosas", una célebre película colombiana nominada para la Palma de
Oro de Cannes (1998) que documenta la vida de los niños de la calle. Todos los
protagonistas eran como Leidy y su dura vida estremeció al mundo. Su encanto y
actuación le valieron el premio de mejor actriz en tres festivales
internacionales. Por todo ello según informó "El País" de Madrid (25 enero de
2004) recibió sólo 1.000 euros. Un año después esta misma niña tuvo que volver a
la calle a vender rosas. De los 17 niños actuantes en el film, nueve fueron
asesinados. En las principales ciudades del Brasil grupos policiales o
parapoliciales asesinan por día a tres niños de la calle, a quienes muchos
clasifican de "desechables". En Honduras un promedio mensual de 50 niños y
jóvenes menores de 23 años han sido asesinados extrajudicialmente en los últimos
años. En la provincia de Buenos Aires el Ministerio de Seguridad emitió tiempo
atrás una circular a los jefes policiales que tuvo que ser anulada rápidamente
ante el repudio unánime que despertó. Ordenaba "poner a disposición de la
justicia de menores (o sea encarcelar) a los niños desprotegidos en la vía
pública y/o pidiendo limosna". Bruce Harris, director de Casa Alianza —una ONG
con sede en Costa Rica, laureada entre otros con los premios Hilton y Gunnar
Myrdal por defenderlos— los llama "los nuevos parias de la tierra". Estima que
hay 40 millones de niños en América latina viviendo en la calle o trabajando en
ella. Es incuestionable que detrás de todo esto está la necesidad de sobrevivir,
familias quebradas y la exclusión social. En México, Bolivia, Perú y Ecuador
trabajan el 20% de los niños menores de 14 años. En Brasil se estima que hay 2
millones de niños trabajando; en Argentina, 1.500.000; en Centroamérica,
1.300.000. Sus ingresos son misérrimos. Los niños que viven en la calle en
muchas ciudades de América latina duermen en edificios abandonados, debajo de
puentes, en portales, parques, alcantarillas. Trabajan o son explotados como
limpiaparabrisas, tragafuegos, recolectores de basura, mendigos. Su salud y
nutrición son muy precarias y están indocumentados. Son víctimas preferidas del
comercio sexual, que ha ido creciendo. Ejemplos: las recientes denuncias sobre
bandas de esclavitud sexual en la Capital Federal, y el intento de asesinar a
una jueza que está investigando mafias dedicadas a la prostitución infantil en
la provincia de Buenos Aires. También ha crecido el tráfico de niños que son
robados para el mercado sexual o la explotación. Según la ONU, la trata de
personas es uno de los negocios del crimen en mayor expansión, y se ha elevado
fuertemente en países como Colombia, Brasil y República Dominicana. Una película
brasileña laureada, "Estación Central", denuncia una de sus expresiones más
brutales, las bandas de robo de órganos de niños. A todo ello se suma la
utilización de los niños por los grupos de la droga. En estas condiciones, vivir
en la calle es casi vivir en el infierno. Y así lo testimonian recientes
estudios sobre los altos niveles de depresión psíquica, búsqueda de salida a
través de los pegamentos y otras drogas, y finalmente suicidios en esta
población infantil desesperada. Acorralados Detrás de este cuadro, que vulnera
todas las convicciones éticas de nuestras sociedades, cuyas creencias religiosas
y morales reclaman dar afecto y protección a los niños, se hallan el avance de
la pauperización y de las inequidades en la región, y su impacto destructivo
sobre las familias. Estos niños están pagando los costos de políticas
insensibles: la reducción de las coberturas sociales, la caída en la pobreza de
muchas familias que antes pertenecían a la clase media, la polarización social.
Una sociedad que excluye y una familia desarticulada por estos impactos los
empujaron fuera de todas las estructuras. Es muy cómodo llamarlos "niños de la
calle", pareciera que es como si ellos hubieran decidido vivir en ella, y hay
quienes calman su conciencia con esa racionalización. Las investigaciones
indican lo contrario. Están allí porque han sido acorralados, casi expulsados
por la sociedad y abandonados. Se impone buscar salidas a esta situación
éticamente intolerable. Hay quienes muestran el camino. UNICEF ha elevado
continuamente a los gobiernos propuestas concretas, e indicado vías para
financiarlas, entre ellas la reducción del gasto militar. Organizaciones
internacionalmente reconocidas como Casa Alianza y JUCONI (Junto con los niños)
de México han mostrado que mediante programas orgánicos de protección,
educación
y reintegración familiar es posible rescatar a muchos de los niños. En la
Argentina, entre otras instituciones ejemplares, Nuestros Hijos (Ieladeinu), de
la comunidad judía, ha devuelto la dignidad y recuperado en poco tiempo a 300
niños en riesgo grave, y los voluntarios de otra ONG, "Las viejas del Andén",
recorren diariamente las vías férreas y las estaciones de trenes en áreas del
Gran Buenos Aires recogiendo y rehabilitando a los niños que viven en ellas. Se
impone la necesidad de políticas públicas agresivas en este campo crucial, el
fortalecimiento de las organizaciones actuantes y la movilización de la sociedad
civil. La nueva gestión presidencial ha indicado sus intenciones al respecto de
modo muy concreto, al destinar recursos crecientes a lo social (cerca del 80%
del aumento de la recaudación fiscal de los últimos seis meses). Están dadas las
condiciones para enfrentar el problema. Según estimaciones recientes, en la
última década se han triplicado los niños de la calle en la Ciudad de Buenos
Aires. ¿Seguiremos viendo impasibles a los niños arriesgar su salud haciendo
acrobacias en los semáforos, jugando con fuego por unas míseras monedas, o
actuaremos colectivamente para devolverles la esperanza? Diario El Clarín
http://old.clarin.com/diario/2004/04/12/o-01701.htm
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Marie-Christine LACOSTE, CNRS, Information Scientifique
Coordinadora de "RUMBOS"
Lista de Informacion Cientifica y Red de Investigadores
sobre y de America Latina - Ciencias Sociales y Humanas -
Idiomas de la Lista : Espanol, Frances, Ingles, Portugues
Maison de la Recherche, Université de Toulouse-le-Mirail
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Anne Alix le Maignan
Generourban
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