| Asunto: | [generourban] revista Orla DOSSIER : VIOLENCIAS EN AMERICA LATINA | | Fecha: | Martes, 4 de Mayo, 2004 11:50:48 (+0200) | | Autor: | MC LACOSTE <anne @.........net>
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ORLA N° 194
DOSSIER : VIOLENCIAS EN AMERICA LATINA
Presentado y coordinado por Sergio Tamayo,
UAM, Area de Estudios Urbanos (Mexico)
Contacto e-mail : sergiotamayo1@prodigy.net.mx
Leer el texto de su presentacion a continuacion
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Vient de paraître L'Ordinaire Latino-américain n° 194,
"Violencias en América Latina",
vous trouverez ci-après le sommaire et la présentation du numéro.
Prix du numéro: 12 Euros + 3 Euros de frais de port
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L'ORDINAIRE LATINO-AMERICAIN
N° 194
Octobre-Décembre 2003
Violencias en América Latina
Dossier presentado por Sergio TAMAYO,
UAM, Area de Estudios Urbanos (Mexico)
INDICE
3 Presentación: ¿Qué violencias en América Latina?
(Sergio TAMAYO)
7 Santas y justas lides. La guerra y el Dios cristiano en suelo americano
(Rodolfo de ROUX)
33 Lírica chilena de fin de siglo: la «revolución neoliberal»
y su representación poética en la poesía post Neruda
(Sergio MANSILLA)
41 Insécurité et violence dans l'Argentine néo-libérale.
La gestion politique de la peur
(Edgardo MANERO)
73 Apartheid social en la ciudad de la esperanza cero
(Pablo GAYTÁN SANTIAGO)
93 Nettoyage social en Colombie
(Delphine MINOTTI-VU NGOC)
109 Homofobia en América Latina
(Norma MOGROVEJO)
117 Testimonio
Tiempo de guerra ¿tiempo vacío?
(Carolina OCAMPO)
ISSN 0997-0584
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¿Qué violencias en América Latina?
Dossier presentado por Sergio Tamayo
Presentación
En América Latina se viven violencias de otro tipo, distintas a las de la
época de las dictaduras, distintas a las de otras regiones del mundo, pero
igualmente devastadoras. ¿Qué violencias son éstas que desgarran la vida
social de pueblos enteros? Valdría la pena decir que son producto de una
plétora de factores sociales, culturales y estructurales, y que se expresan
de muchas formas. Pensemos algunas: desesperación, angustia y psicosis
producida por los llamados imaginarios maléficos acerca de la violencia
urbana cotidiana, explotada cruelmente por los medios de comunicación; el
creciente número de niños de la calle; las resistencias étnicas en los
ghettos de inmigrantes, desplazados por el terrorismo o la represión
institucional; la «limpieza social», asociada a la «limpieza étnica y
racial»; el enfrentamiento cotidiano a la violencia étnica, al racismo y a
la homofobia; la generalización del crimen, los secuestros a empresarios, y
los secuestros express de ciudadanos comunes a cambio de dinero; el robo
callejero y los asesinatos a mansalva; la violencia generada por procesos
locales, regionales y supranacionales del tráfico de drogas, del tráfico de
niños, del tráfico de órganos, del tráfico de indocumentados; el
surgimiento espontáneo de comportamientos colectivos vinculados al furor,
al pánico, resultado de las cíclicas crisis económicas; la violencia social
que se expresa en la familia y en las relaciones de género y
generacionales: la violencia hacia las mujeres y la violencia
intrafamiliar; la violencia como monopolio institucional, reglamentada y
justificada en la pena capital, la tortura, las injusticias sociales, el
abuso de la policía, la impunidad y la corrupción.
La vida diaria en las ciudades latinoamericanas frustra anhelos, transforma
mentalidades y delinea la cultura, haciendo violentos, y más violentos, a
sus habitantes. La existencia de una mayor fragmentación y desintegración
social se expresa en la desconfianza y en la agresividad. La pobreza y la
pobreza extrema se refleja en la violenta jerarquización y desigualdad de
la sociedad. El terrorismo, por un lado, es resultado de la desaparición de
canales apropiados para hacer política y ejercer la democracia. Pero la
violencia y la no-violencia de los movimientos sociales, por otro lado,
puede ser resultado de la urgencia revolucionaria de algunos que
reivindican cambios normativos, transforma-ciones en los valores ciudadanos
y los derechos humanos. ¿Cómo valorar pues a la violencia?
Habría que reconocer, para evitar estigmatizaciones, que la violencia no es
un fenómeno privativo de América Latina. Aparece en todos los países,
campos y ciudades del mundo. El conservadurismo y la expansión de la
derecha a nivel mundial han traído consigo ideologías racistas y
excluyentes. Creo que esto ya es un hecho comprendido por todos. En los
Estados Unidos, por ejemplo, se vive una violencia y contra-violencia a
nivel local, producto de la desigualdad social y racial interna, y más
recientemente, debido a los extendidos atentados terroristas. En Europa,
junto al terrorismo globalizado se expresan violencias étnicas entre
culturas locales, y resistencias culturales de inmigrantes que son atraídos
por la nueva modernidad europea. En Medio-Oriente la pobreza, la guerra, y
la violencia hacia las mujeres es parte de su vida cotidiana. En Europa del
este, las nuevas repúblicas autónomas no han cesado de experimentar
violentos enfrentamientos entre múltiples grupos de resistencia y los
nuevos gobiernos institucionalizados. África se desenvuelve incómoda entre
la pobreza extrema y la hambruna, la violencia política y racial, y la
búsqueda de una estabilidad económica y política con un signo
independiente. Tanto en Bali, Indonesia, como en Madrid, España, han
llegado ya los resabios del terrorismo globalizado, que muestran en efecto
la impotencia política de grupos extremistas, pero también la resistencia
desesperada ante el poder omnímodo que los Estados Unidos, junto a sus
aliados, han conseguido sobre el resto del mundo.
Violencia parecería ser así una característica natural del ser humano. Se
definiría como cualquier relación, proceso o condición por el cual un
individuo, un grupo o una institución viola la integridad física, social
y/o psicológica de otra persona o de otro grupo. Es el deterioro extremo de
una situación social, que representa la ausencia de una vía política y
tolerante para la resolución de los conflictos. La fuente de la violencia
es el poder, como dominación, como injerencia de unos para controlar a
otros y subordinar sus propias capacidades y habilidades a las decisiones
de los primeros. La violencia es resultado de la exclusión.
Este fenómeno se ha tornado tema de reflexión histórica y sociológica, pero
se ha reflejado nítidamente en la literatura y el arte. Por tales razones,
L'Ordinaire dedica este número al tema de la violencia en América Latina,
pero no para ofrecer argumentos banales que justifiquen la estigmatización
de esta región, a partir de simplificar las causas, los procesos, y los
impactos de la violencia existente, sino para ubicarla en su justa
dimensión. Hemos querido avanzar hacia una caracterización histórica,
cultural, política y social de las formas en que se ha expresado la
violencia en los países latinoamericanos. Presentamos aquí siete textos
sobre el estado de la cuestión. Dos de ellos tienen un carácter histórico y
global (la guerra justa y la homofobia en América Latina). Los cinco
restantes son análisis que muestran formas distintivas de violencia social
en Chile, Argentina, México, Colombia y Perú.
Rodolfo de Roux aborda la manera como se legitimó cristianamente la guerra,
en el momento «fundacional de eso que hoy llamamos América Latina». Al
tiempo de su redacción, dice de Roux, resonaban tambores de guerra en la
frontera irakí. La historia se repetía una y otra vez, como a lo largo de
los siglos. Los representantes del «eje del Bien» se aprestaban a ajustar
cuentas con «Satán» Hussein, representante del «eje del Mal». La retórica
religiosa de la «guerra justa» volvía a esgrimirse. Y también, como en
innumerables ocasiones del pasado, flotaba la sospecha de que se escondían
motivaciones poco santas, tras las fervorosas profesiones de fe de su
propia causa.
Ofrecemos después dos textos que abordan temporalidades similares, pues
tratan el asunto de la representación de la violencia después del periodo
militar en Chile y Argentina. Pero Sergio Mansilla hace un recuento de la
violencia, en la posguerra de la dictadura, visto desde los poetas
chilenos. La pregunta que le da forma es ¿Cómo representó la poesía del
contragolpe la violencia política y económica de la dictadura, violencia
que, a la postre, ha conducido a una verdadera revolución cultural en el
Chile de fines del siglo XX? La intención no es exponer los rasgos formales
de los textos o las actitudes líricas de poemas concretos, sino mostrar a
través de tales narrativas aquellas representaciones de la historia y los
impases ideológicos y políticos que constituyeron los mundos poéticos de la
pos-dictadura.
Ubicándonos en una temporalidad similar a la de Mansilla, Edgardo Manero se
aproxima a la inseguridad y la violencia en la Argentina neoliberal. Sin
embargo, a diferencia de las referencias poéticas de Mansilla, este
artículo explica con una perspectiva sociológica la forma en que se fue
delineando la nueva política del miedo después de los años ochenta. A pesar
de que la guerra fría había terminado y la dictadura había sido derrotada,
los nuevos problemas de la delincuencia siguieron tratándose, como buena
parte de los problemas sociales, de forma por demás militarizada. Y aunque
el ejército ya no tuvo un papel relevante, lo sustituyó la policía y otras
fuerzas de seguridad siguiendo una cultura autoritaria. La exclusión social
fue combatida con violencia institucional, pues aquella representaba, así
se pensó, un tipo de descomposición del orden público.
Pablo Gaytán estudia un tema similar al de Manero, a partir del combate a
la delincuencia urbana, pero su trabajo se ubica en la ciudad de México. En
la gran metrópoli defeña, dice Gaytán, los urbanistas y policías han
cobrado un excesivo protagonismo: «Los primeros dirigen la reestructuración
socioespacial de la ciudad y los segundos se encargan, bajo la cómplice
mirada de políticos y funcionarios, de violar el derecho de libre tránsito
y vigilar la "relajación reprimida" de los consumidores. Con ello la
ilegalidad y el miedo vienen a legitimar la actual política de control
social, o tecnofascismo, sobre las calles, avenidas, paraderos de autobuses
y barrios enteros de la capitalŠ» Gaytán va así delineando las políticas
generales de control social, su ubicación socioespacial y sus efectos sobre
los habitantes de la ciudad, en esa especie de estrategia gubernamental de
«limpieza social».
Y es precisamente el concepto de limpieza social, el que da forma al
artículo de Delphine Minotti sobre Colombia. La autora describe las causas
y las motivaciones que explican esta forma de violencia. Sin embargo, la
colombiana no proviene directamente de las fuerzas institucionales, sino de
ciertos grupos de la misma sociedad civil. Nos muestra cómo la violencia
estructural del país ha generado un tipo de cultura de la violencia que
impregna la vida cotidiana de los colombianos. No podría ser de otra manera
cuando cada año más de 30 mil personas son asesinadas y otras 3 mil son
víctimas de secuestro. Pero ahora, las víctimas de la «limpieza social»
son, no únicamente delincuentes y traficantes de drogas, sino los
«habitantes de la calles»: los llamados niños de la calle, jóvenes
drogadictos, trabajadores sexuales (hombres y mujeres) y enfermos mentales
(discapacitados). Los individuos o grupos sociales que cometen estos
asesinatos reivindican sus acciones ante los medios de comunicación o
dejando un volante sobre los cuerpos inertes de sus víctimas.
Podríamos decir que la justificación de la homofobia se encuentra
precisamente en el imaginario maléfico de la «limpieza social». Y es la
homofobia en América Latina, como una forma ancestral de violencia, el
objeto de análisis de Norma Mogrovejo. Los pocos registros históricos de
esta acción homofóbica, dice la autora, dan cuenta de una persecución
institucionalizada de homosexuales, lesbianas y transgenéricos tanto desde
el Estado como desde la sociedad civil. Algunos países validan aún la
penalización de la homosexualidad. Lesbofobia u homofobia, explica
Mogrovejo, es el miedo irracional y odio a aquellas personas que aman a
alguien de su propio sexo. El rechazo irracional a la homosexualidad ha
tomado diferentes formas e intensidades, llegando en casos extremos a las
agresiones físicas o al exterminio de homosexuales. La homofobia es un
prejuicio comparable al racismo y antisemitismo, de tal forma que podríamos
decir que la «limpieza social» es un acto comparable al aberrante término
de «limpieza étnica o racial».
El Testimonio de Carolina Ocampo nos sumerge en los tiempos de guerra, en
Huancayo, Perú. Es ésta también una violencia que toca todos los
intersticios de la vida social y se vuelve fundamento de la cultura local:
«Hemos tenido que adoptar costumbres nuevas, explica la autora, ser más
cautos, reservados, prudentes. Parecíamos zorros perseguidos, nos
cuidábamos las espaldas unos a otros... Nos fuimos acostumbrando a vivir en
medio de la violencia y nuestras vidas se enfrentaron a ese duro tiempo de
guerra. Por eso, cuando salíamos a la calle, nuestras despedidas semejaban
ser el último adiós, nos deseábamos suerte y cuidado... Todo empezó con un
perro ahorcado que pendía de la rama de un árbol».
Este ejemplar de ORLA es especial en muchos sentidos, porque aborda la
violencia que se ejerce hoy en América Latina desde una perspectiva
histórica, literaria, urbana y sociológica. Guarda una visión regional así
como distintas perspectivas sobre casos particulares, ubicados en diversos
puntos geográficos del continente. Aborda la violencia social y la
institucional, tanto como la violencia individual y colectiva. Establece
las causas, los procesos y los impactos en la sociedad, contextualizando a
la violencia de manera histórica y social. Con este énfasis, la
coordinación del número estuvo al cuidado de Jacques Gilard, quien llevó la
dirección intelectual durante todo el tiempo que duró su preparación; y el
excelente trabajo de edición estuvo a cargo de Stella Buna.
Sergio Tamayo
Universidad Autónoma Metropolitana,
Unidad Azcapotzalco, México
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Stella BUNA
Publications IPEALT
Université de Toulouse-Le Mirail
Pavillon de la Recherche
5 allées Antonio Machado
31058 TOULOUSE Cedex 9
TEL 05 61 50 43 95 - FAX 05 61 50 36 25
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Marie-Christine LACOSTE, CNRS, Information Scientifique
Coordinadora de "RUMBOS"
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