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| Asunto: | [generourban] Re: [Araca] Re: [generour ban] sexo/género y la RAE | | Fecha: | Lunes, 31 de Mayo, 2004 20:50:50 (+0200) | | Autor: | Chusa Lamarca <desglobaliza @..........info>
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LA R.A.E. Y EL MONOPOLIO DEL GÉNERO. GRAMATICAL
CHUSA LAMARCA LAPUENTE (lingüista)
Por género se entiende una construcción simbólica que alude al conjunto de
atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo y que
convierten la diferencia sexual en desigualdad social. La diferencia de
género no es un rasgo biológico, sino una construcción mental y
sociocultural que se ha elaborado históricamente. Por lo tanto, género no es
equivalente a sexo; el primer término se refiere a una categoría sociológica
y el segundo a una categoría biológica.
La importancia del concepto de género radica en hacer visible el supuesto
ideológico que equipara las diferencias biológicas con la adscripción a
determinados roles sociales. El concepto nació, precisamente, para poner de
manifiesto una relación desigual entre los géneros (mujeres y hombres,
entendidos como sujetos sociales y no como seres biológicos). Así surgieron
los Estudios de Género que cuentan con una corta, pero intensa trayectoria
como disciplina tanto en España como fuera de ella y que, si bien se han
centrado en el papel social que se le ha atribuido y se le atribuye a las
mujeres -dado que partieron del ámbito feminista-, ahora empiezan también a
centrarse en el estudio del papel de los hombres como género.
Afortunadamente, muchos hombres comienzan a estar interesados en desmontar
la visión androcéntrica -por parcial, incompleta e injusta- que ha dominado
todas las disciplinas humanas desde sus inicios hasta nuestros días: desde
la filosofía y la historia, pasando por el arte, la literatura, la política,
el derecho, la sociología, la psicología, la ciencia, etc. y, como no, la
lingüística; y que ha impregnado el pasado y el presente del pensamiento
"objetivo" y "subjetivo" de las personas y de las sociedades.
El lenguaje es una de las máximas expresiones de las ideas y del pensamiento
humano y los conceptos que en él se encierran, sirven para describir,
encuadrar y comprender la realidad y, una vez fijados y establecidos,
también afectan a la manera en que percibimos dicha realidad. En la práctica
y metafóricamente hablando, el lenguaje puede ser masculino, femenino o
neutro, depende de la perspectiva de género que adoptemos a la hora de
hablarlo, limpiarlo, fijarlo y abrillantarlo.
La mayor violencia es el asesinato, pero también lo es silenciar a la mitad
de la humanidad. Si antaño el revuelo feminista obligó a la Real Academia a
revocar determinadas acepciones y a rebajar la testosterona del léxico, lo
importante se ha quedado en los arrabales del concepto sin penetrar su
centro. Lo políticamente correcto parece no haber transcendido el eje del
discurso más allá del "compañeros y compañeras" y de hablar de "género
humano" en lugar de "el hombre", que sospechosamente, la R.A.E. en el Avance
de su vigésima tercera edición se apresura ahora a enmendar, incluyendo por
primera vez en el Diccionario la voz género humano, y definiéndola como
"conjunto de todas las personas", no sea que las feministas vengan ahora con
reclamaciones aduciendo que existen desigualdades entre los dos géneros.
El Pleno de la Real Academia Española, 3 mujeres y 37 hombres, ha elaborado
un informe sobre la expresión violencia de género y una recomendación
dirigida el gobierno para que no la utilice al redactar el "Proyecto de Ley
integral contra la violencia de género". Cabría preguntar a los Sres.
Académicos con cuántas especialistas en el campo académico de los Estudios
de Género cuenta la Comisión de Vocabulario Científico y Técnico de la
R.A.E. o, en su defecto, y como recomienda explícitamente la propia Academia
antes de tomar sus decisiones, con cuántas personas estudiosas y de
reconocida solvencia en el tema, ha consultado antes de afirmar alegremente
que en español no existe tradición de uso de la palabra género nada más que
para referirse a género gramatical o al concepto de género entendido como
"conjunto de seres establecido en función de características comunes" y
"clase o tipo".
Resulta, cuando menos sospechoso, que la Academia ignore largos años de
trabajos científicos realizados por mujeres y que, a pesar de reconocer la
existencia del término género en el sentido expuesto en los prolegómenos de
este artículo y de describirlo de forma explícita e inequívoca en su informe
frente al concepto de sexo, concluya con un paradójico: "es obvio que debe
decirse sexo y no género".
Analizar los problemas desde una perspectiva de género no es lo mismo que
analizar los problemas desde una perspectiva de sexo, a no ser que queramos
referirnos a divisiones biológicas atendiendo a determinados atributos
genitales, que incidamos en aspectos eróticos o que tratemos temas
pornográficos. La mención de la Academia a las expresiones sexo fuerte/sexo
débil como única fuente a citar y como única aportación conceptual que
reconoce a la "tradición cultura española" en este tema, es un insulto para
investigadoras, feministas, centros de estudios, cátedras y universidades
que durante los últimos veinte años vienen analizando con rigor estas
cuestiones y han aportado una ingente cantidad de ideas, estudios serios y
publicaciones científicas.
Existen numerosas monografías, publicaciones periódicas y una cuantiosa
"literatura gris" que corrobora la existencia de esa "inexistente" tradición
cultural española. Dejando al margen los miles de artículos, seminarios,
tesis, documentos administrativos, etc. le hubiera bastado a la Academia
consultar el ISBN español (índice de libros publicados en España) donde
solamente, y en referencia al título -no ya al contenido donde las cifras
crecerían exponencialmente-, de 487 libros disponibles, 273 aluden al
concepto de género con la acepción que la Academia niega. Es decir, un
irrisorio e inexistente 56,4%, frente a un 43, 6% que agrupa al resto de las
acepciones que la R.A.E. sí reconoce.
Además, la exigua y vergonzosa documentación que aporta la Academia a la
hora de decantarse por el uso de sexo en lugar de género no sólo supone un
gran desprecio para las mujeres, las investigadoras y otros estudiosos del
tema, sino un grave desprestigio para los lingüistas.
La R.A.E. analiza las diversas expresiones usadas en español para referirse
a los conceptos de: violencia doméstica, violencia de género, violencia
contra las mujeres, etc. limitándose a citar la documentación que aparece en
Internet haciendo uso del buscador Google y la que resulta de CREA (Corpus
de Referencia de Español Actual), base de datos creada por la propia
Academia y que reúne textos completos de libros, publicaciones y otros
ejemplos del lenguaje oral, con el fin de valorar la frecuencia de uso de
términos y expresiones.
Pues bien, lo que analiza la Academia no es la frecuencia de uso del
concepto género, sino de la expresión violencia de género frente a otras
como violencia doméstica que, según Google, aparece en 37.700 documentos
frente a los 100.000 de violencia doméstica. Si acotamos la búsqueda
únicamente a las páginas en español, se reduce la diferencia y aparecen
51.600 casos frente a 80.300, pero hay que tener en cuenta que ambos
términos no son sinónimos.
Sabido es que los buscadores indexan las palabras de forma automática
rastreando la World Wide Web y que Google utiliza un indexador automático
llamado PageRank cuyo algoritmo, muy complejo, no sólo computa las
apariciones de un término, sino que tiene en cuenta la estructura de los
enlaces como indicador del valor de una página web, junto a otros elementos
como una valoración cualitativa que se refleja en una mayor puntuación
dependiendo de la importancia que tenga el sitio web que emita el documento
en cuestión. Si las agencias de prensa difunden por la red una misma noticia
haciéndose eco de las declaraciones de determinado político que ha utilizado
una expresión concreta, dicha expresión aparecerá en cientos de periódicos a
lo largo y ancho de la red, y los buscadores la registrarán como tal cientos
de veces. Es de suponer que los periódicos ocupen un rango de página muy
alto y que, por tanto, la aparición de cierto tipo de expresiones en los
medios de comunicación esté sobrevalorada frente al uso no sólo en otros
medios escritos como libros, artículos, etc; sino también en otras webs con
menor valoración para PageRank. La prueba es que la propia difusión de la
noticia del informe de la R.A.E. ha elevado el número de documentos en los
que aparece la expresión violencia de género de 37.700 a 55.900 en sólo día
y medio.
Y en cuanto a la documentación extraída de su base de datos CREA, en donde
la Academia se limita a contabilizar los datos en bruto sin el más mínimo
análisis, los propios académicos se sorprenderían si hubieran analizado las
veces que aparece la palabra género no en el sentido de "clase" o "género
gramatical", sino aludiendo al concepto de género como construcción social
asignada a las personas en razón del sexo. Así, si buscamos la palabra
género en relación con las categorías temáticas que la misma RAE establece
para acotar las búsquedas, encontramos significativos y cuantiosos ejemplos
del uso del término género en el sentido que nos ocupa, incluyéndose no sólo
dentro de temas como mujer, desarrollo, empleo, política, educación, etc;
sino también en categorías como ciencias y tecnología. El concepto de género
ha dejado de ser un término técnico y se ha introducido en el lenguaje
común.
La R.A.E. sólo hace referencia a la frecuencia de uso, y deja de lado
aspectos semánticos de gran importancia para categorizar los conceptos que
han de ser fijados y aclarados de una vez por todas para que no puedan
producirse equívocos legales o categoriales. Su propuesta de denominación
"Ley Integral contra la violencia doméstica o por razón de sexo", es
inapropiada y carece de fundamentos lingüísticos.
Si lo que pretendemos es categorizar los tipos de violencia contra las
mujeres para tratar los datos estadísticos para su posterior análisis desde
un punto de vista legal, sociológico, policial, administrativo, científico,
etc. y los que es más importante, para buscar soluciones a un problema real
como el que nos ocupa, debemos tener en cuenta que el término violencia de
género engloba tanto la violencia producida en el ámbito doméstico, como la
que ocurre fuera de él; y que, a su vez, la violencia doméstica no
obligatoriamente se corresponde con el concepto de violencia de género,
puesto que existe también violencia en el ámbito doméstico que no tiene nada
que ver con cuestiones de género, como es la violencia contra los menores,
los mayores, los hombres, etc.
La categorización sería la siguiente:
Por un lado distinguiríamos: A. Violencia de género: 1. en el ámbito
doméstico; 2. fuera del ámbito doméstico (discriminaciones laborales contra
las mujeres, agresiones sexuales, trata de mujeres, etc.). y B. (. otros
tipos de violencia).
Y por otro lado diferenciaríamos: 1. Violencia doméstica: 1.1. contra la
pareja; 1.1.1. contra las mujeres (sólo en este caso, la violencia doméstica
está englobada dentro del grupo A. Violencia de género); 1.1.2. contra los
hombres; 1.2. contra los menores; 1.3. contra los mayores; 1.4. otros; y
2. Violencia fuera del ámbito doméstico (.)
Así pues, si se acepta la propuesta de la Academia que es utilizar en la Ley
la expresión violencia doméstica, caeremos en un limbo semántico que tendrá
repercusiones para el análisis estadístico, legal y conceptual al dejar al
margen la causa real por la que se cometen estos atropellos, puesto que para
dicha categorización, el concepto de género es vital. De lo que estamos
tratando es de la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico por
razones de género y, por lo tanto, la ley debería denominarse: LEY INTEGRAL
CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO (o simplemente Ley
integral contra la violencia de género, si se quiere legislar más allá de
este ámbito).
Y para concluir, ya que en estas fechas tiene lugar la Feria del Libro en
Madrid, recomendaría a los Sres. Académicos que aprovecharan tal oportunidad
y leyeran cualquiera de los 273 títulos recogidos en el ISBN español sobre
género no gramatical, puesto que existen otros géneros, sin género de dudas.
Chusa Lamarca
http://www.hipertexto.info/desglobaliza
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