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[ Este denso y excepcional artículo no está en la
Red:
he hecho esta
esforzada copia personal, dado su
interés y trascendencia. El neurofilósofo Georg Northoff
da un repaso a una panoplia
de temas casi irresolubles
a los que continuamente
estamos dando vueltas,
sin demasiada base. A mi
entender, su "neurofilosofía"
y su "neuroética" pueden ir construyendo el esperado
y necesario encuentro
entre ciencia y
conciencia.
Las frases en negrita son de
mi mano.
-- Juan Blanco ]
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Mente y Cerebro nº 35, Marzo-Abril 2009
ENTREVISTA
KANT EN EL LABORATORIO
Para descubrir los secretos de la
conciencia, el libre alberío y el "yo",
Georg Northoff propone una nueva
disciplina: la neurofilosofía.
Algunos investigadores del cerebro confunden los datos
científicos
con conceptos filosóficos
por CARSTEN KÖNNEKER
GEORG NORTHOFF
Nacido en 1963. Doctor en Medicina en 1990 por la universidad de
Múnich.
Doctor en Filosofía en 1992 por la universidad de Bochum.
Habilitación en Psiquiatría en 1998 por la universidad de Magdeburgo.
Habilitación en Filosofía en 1999 por la universidad de Dusseldorf.
De 2000 a 20003 enseña psiquatría en Harvard.
Desde 2004 es profesor de neuropsiquiatría y director del laboratorio de
técnicas de imágenes cerebrales y neurofilosofía en la universidad de
Magdeburgo. Trabaja en resonancia magnética funcional aplicada a la
investigación de las emociones, neurobiología de las enfermedades psiquiátricas,
filosofía analítica de la mente, neurofilosofía y neuroética.
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LA ENTREVISTA
- Profesor Northoff, usted se propone establecer la neurofilosofía como
una especialidad independiente, allende la filosofía y la investigación
cerebral. ¿Para qué?
- Los filósofos analizan conceptos, los neurocientíficos experimentan e
interpretan los resultados. La neurofilosofía combina conceptos
filosóficos -''conciencia'' o ''libertad'', por ejemplo- con datos empíricos de
la investigación cerebral. Es una metodología completamente nueva y, por ello,
una disciplina científica independiente.
- Hay una teoría científica reconocida en física que describe cómo se
llega al conocimiento de la realidad mediante hipótesis. Pero no hay una
"físico-filosofía". ¿cómo deberá ser una neurofilosofía razonable?
- El cerebro es el objeto central de la investigación de los
neurocientíficos y, al mismo tiempo, sede de nuestra percepción y nuestro
conocimiento. Si bien las neurociencias investigan también nuestras funciones
psíquicas superiores -libre albedrío, personalidad, yo, identidad, conciencia-,
se mantienen en la perspectiva de las ciencias naturales. La neoroinvestigación
cognitiva trata de relacionar los qualia -nuestras
vivencias subjetivas- con estructuras neuronales objetivas. La neurofilosofía,
en cambio, conecta la perspectiva objetiva y la subjetiva en lo tocante al
cerebro y lo considera no sólo desde un punto de vista empírico, sino también
epistemológico y ontológico. Ya Schopenhauer indicó la
peculiaridad exclusiva del cerebro como objeto y sujeto de la
ciencia.
- Pero el concepto de ''neurofilosofía'' no aparece explícitamente
hasta 1986, avanzado por Patricia Churchland.
- Esa filósofa canadiense no se limitó a acuñar el término. Dio un matiz
especial al concepto, a fin de apoyar un materialismo radical; en coherencia,
las neurociencias reemplazaban a la filosofía, que ya no tenía derecho a una
existencia independiente. En su enfoque, la neurofilosofía representa sólo
un fenómeno transitorio, antes de terminar por disolverse en las
neurociencias.
- ¿Qué conceptos alternativos hay en su proyecto para la
neurofilosofía?
- El planteamiento neurofenomenológico se propone relacionar nuestra
vivencia subjetiva con mecanismos neuronales determinados, idea que arranca de
la filosofía de Edmund Husserl. A diferencia de Chrurchland, la
fenomenología no excluye la vivencia subjetiva ni la perspectiva de la primera
persona.
- ¿Milita usted en esa tradición?
- Sí. Entendiendo bien que relacionar la vivencia subjetiva y los datos
empíricos de la investigación cerebral constituye sólo el principio. Partiendo
de eso, hemos de examinar hipótesis epistemológicas y ontológicas plausibles
sobre la relación entre cerebro y mente, para someterlas a contrastación
experimental.
- ¿Qué planteamientos hay ahora en neurofilosofía?
- El biólogo Max Bennet y el filósofo Peter
Hacker proceden de modo analítico. Han puesto de relieve que los
neurocientíficos acostumbran trabajar con conceptos impuros. Por ejemplo, lo que
el investigador cerebral quiere decir con ''libre albedrío'' o ''conciencia'' no
es siempre ni mucho menos lo que los filósofos entienden por ello. Expresado
crudamente: algunos neuroinvestigadores confunden datos y hechos
empíricos con conceptos filosóficos. Pero las ideas no se dejan
reducir: existe una diferencia tajante entre concepto y hecho. Eso lo han
expuesto con exquisita nitidez Bennet y Hacker.
- ¿Cómo están distribuidas las simpatías en las universidades alemanas
respecto a los tres planteamientos?
- La simpatía acompaña al entorno profesional. Los neurólogos respiran una
atmósfera de hechos y ponen su prioridad en los datos. Los que se dedican alas
ciencias del espíritu, por su parte, están acostumbrados a los conceptos y les
conceden primerísima importancia. Las fronteras entre disciplinas son aquí, con
frecuencia, my rígidas. Sucede que los respectivos representantes apenas se dan
cuenta con qué métodos trabajan en realidad y dónde están sus límites.
- Usted reúne en su persona, casi singular, ambas perspectivas, con su
habilitación tanto en medicina como en filosofía. ¿sería una solución al dilema
una revisión de las carreras: lecciones obligatorias de teoría del conocimeinto
para los biólogos y seminarios obligatorios de laboratorio para los
filósofos?
- Me sumaría a esa propuesta. Contamos ya con unos primeros y tímidos
planteamientos en esa dirección, nuevos planes de estudio que
combinan ambas y cuya enseñanza es organizada mediante dos
facultades: recordemos la Escuela de Mente y Cerebro de la
Universidad Humboldt de Berlín.
EL MODELO DE TRES PASOS DE LA NEUROFILOSOFÍA
- Usted distingue entre neurofilosofía teórica, empírica y práctica.
¿Cuáles son las diferencias?
- La neurofilosofía, entendida como disciplina autónoma que trasciende la
filosofía y las neurociencias, se basa en tres pilares:
La neurofilosofía práctica trata, desde
una doble perspectiva, sobre la relación entre ética y neurociencias. Por una
parte, la neurobiología de la moral investiga experimentalmente los mecanismos
neuronales que subyacen en los conceptos éticos. Por otra parte, la
neuroética se pregunta sobre los problemas éticos que
surgen de los progresos de las neurociencias. Por ejemplo, la identidad personal
en el caso de intervenciones en el cerebro; el incremento de funciones
cognitivas -atención, memoria- en los sanos; o la apliación de ensayos
aleatorios en las personas probandos.
La neurofilosofía empírica, por su lado,
combina conceptos filosóficos (sujeto, libre albedrío, conciencia, identidad,
etc.) con datos empíricos procedentes de la neurobiología. El modo de
integración depende de hipótesis de método, ontológicas y epistemológicas. Aquí
habría que mencionar la polémica en torno a la imagen reduccionista del ser
humano.
Justamente estas hipótesis son lo que estudia la
neurofilosofía teórica, que es como la filosofía de la ciencia
de la investigación neurológica: somete a criba qué teorías y métodos puede
utilizar la neurofilosofía empírica y, cuando alguien formula tal hipótesis
básica, pregunta qué significa tal conjetura para la neurofilosofía
empírica. ¿Qué posición ontológica atribuimos al cerebro en un experimento
determinado? ¿Cabe, en principio, redcuir los procesos mentales
-qualia- a funciones neuronales, sólo porque el investigador lo ha
asumido así a priori?
- ¿Quiere usted decir que cuando el neuroinvestigador denuncia el libre
albedrío como ''ilusión'', habla desde una toma de partido previa?
- Exacto. Acaso su hipótesis hizo que la vivencia subjetiva se redujese,
por principio, a causas materiales neuronales. Ahora bien, cuando un
conocimiento depende de premisas ontológicas elaboradas de antemano para tal
situación, ¿es conocimiento en realidad?
- Se refiere a Patricia Churchland...
- En la neurofilosofía angloamericana predomina un realismo epistemológico,
que se presupone en la forma de un realismo ingenuo. Se trata
de un apeculiaridad de la tradición del empirismo, doctrina
según la cual todo conocimiento se origina de la experiencia sensible. Pero,
¿podemos conocer las cosas de nuestro entorno tal cual son? ¿Podemos dar
semejante afirmación por sentada? La filosofía alemana se mantiene en la
tradición de Kant, quien parte de que no podemos concocer la
cosa en sí, la cosa tal como es en realidad, es decir, independiente de nuestros
órganos de conocimiento. Tenemos, en cierto modo,. una limitación en nuestra
percepción y en nuestro conocimiento.
- ¿Cómo reciben los filósofos tradicionales, sin una
inclinación especial por la investigación cerebral, su proyecto de
neurofilosofía? ¿Le llueven muchas críticas?
- En parte. Muchos colegas sospechan que hay un fallo en la metodología o
en la temática; que la neurofilosofía aplica el método filosófico a una
región equivocada: en suma, no se pueden combinar los conceptos con los hechos,
pues son categorías distintas. Por tanto, como neurofilósofo debo demostrar
que tal integración es perfectamente posible. Y aquí es dónde incidirá en el
futuro el avance metodológico.
- ¿Y cómo le tratan los investigadores del cerebro y los
biólogos?
- Los científicos, al contrario, se muestran abiertos al proyecto de
neurofilosofía. Pero su resistencia surge después, cuando se relativizan
sus propios resultados o se tratan de resituar en un contexto más amplio.
- ¿En qué medida sirve su trabajo diario como
psiquiatra para el proyecto de neurofilosofía?
- Ahora llevamos a cabo más estudios con pacientes. En el marco de la
neurofilosofía práctica, investigamos sobre la
capacidad de consentimiento. Es un tema muy importante en
psiquiatría: ¿se encuentra un paciente preparado para aceptar un nuevo
tratamiento? ¿Debe tomar esa decisión un pariente, en su lugar? Durante mucho
tiempo, los científicos pensaron que la capacidad de decisión representaba un
problema puramente racional. En ese mismo supuesto se basan asimismo las
actuales escalas que se emplean para evaluar la capacidad de consentimeinto: se
pone a los pacientes tareas exclusivamente cognitivas. Mas ahora sabemos, a
partir de la investigación neuropsicológica de los últimos años, que las
personas apenas toman una decisión puramente racional, sino que las emociones
desempeñan una función importante. Desde esta perspectiva, investigamos la merma
de la capacidad de consentimiento, relacionada quizá con las funciones
emocionales alteradas.
- ¿Cómo procede usted a este respecto?
- Hacemos constar la capacidad de consentimeitno de los pacientes
esquizofrénicos y no esquizofrénicos con el método-cuestionario habitual.
Registramos sus capacidades emocionales: les mostramos imágenes de personas y
les preguntamos si se trata de fotos alegres, neutras o tristes, Después,
analizamos si hay conexiones entre las dos capacidades, examinadas por separado.
La serie de experimentos continúa. Pero si se diesen correlaciones claras -cosa
que revelan nuestros resultados provisionales-, entonces ello tendría
consecuencias para nuestro concepto de la capacidad de consentimiento. A lo
mejor, debríamos cambiar nuestros métodos canónicos de investigación para la
evaluación de dicha capacidad.
- ¿Qué investigaciones desarrolla en el ámbito de la neurofilosofía
empírica?
- Investigamos con particular intensidad el yo. Los
filósofos acostumbran a interpretar el yo de un modo absolutamente
especulativo. La actual filosofía de la mente suele también ceñirse a la
autoconciencia. Pero cuando hemos de habérnoslas con un paciente psiquiátrico,
entonces el yo se muestra a un nivel mucho más básico. El yo de un depresivo,
por ejemplo, es frágil en el plano emocional y afectivo; los pacientes
experimentan su yo con tintes negativos; en los casos extremos, ni siquiera
como un yo. Así que nos planteamos: ¿afectan las emociones a cómo experimentamos
nuestro yo? Hemos emprendido una investigación apoyada en imágenes: si alguno
tiene emociones negativas, ¿cambia entonces su vivencia subjetiva del
propio yo? ¿Y qué transformaciones se muestran mientras tanto en la
activación de determinadas redes neuronales en el cerebro?
- ¿Y qué ha descubierto?
- Aparentemente, tienen una función decisiva en el origen de nuestra
vivencia preconsciente del yo las estructuras de la línea central subcorticales
y corticales, que muestran en sujetos experimentales sanos y en letargo una
actividad extremadamente elevada; los extímulos externos alteran la actividad de
las mismas. En nuestra opinión, esta intensa actividad en
estado de letargo representa la base del sentimiento
del yo, nuestra vivencia continua del yo, que persioste en ausencia de
estímulos externos. Que yo sea también consciente de mi yo, por otra parte, es
un resultado que trasciende lo expuesto, y en el que desempeña una función
decisiva el córtex lateral prefontral.
- ¿Cómo interpreta usted estos resultados?
- Probablemente el yo, y por tanto el sujeto, sean mucho más
básicos y basales de lo que aceptan muchos filósofos. El sujeto no
sería la instancia más alta, sino la instancia basal. Un yo tal, que debe
definirse sobre la relación entre cerebro y ambiente, posibilita, en primer
lugar, la organización de nuestras funciones cerebrales y, finalmente, de
nuestra experiencia, incluso de la conciencia.
- ¿Qué proyectos de investigación están en marcha en el ámbito de la
neurofilosofía teórica?
- Siguiendo a Kant, me interesa una cuestión: dada
la composición de nuestro cerebro, ¿escapa a mis posibilidades de
conocimiento? Puedo conocer directamente mi entorno, pero no la
actividad de mis propias neuronas; para llegar a ésta solo dispondría, como
mucho, de un método indirecto, mediante la técnica. Ni siquiera el cerebro tiene
sensorium para los estados neuronales; experimentamos sólo
estados mentales. Por eso debe haber fundamentos, quizás en la
codificación de los estímulos ambientales por medio del cerebro. Un campo de
investigación apasionante.
- En el ámbito de la neurofilosofía práctica y la neuroética, ¿cuál es
el problema más urgente?
- La perspectiva de manipular los rendimientos cognitivos -como la atención
o la memoria- por medio de estimulantes. Para tratar con estas nuevas
posibilidades de modo correcto, debemos ser ante todo claros sobre qué somos y
quiénes somos. En este sentido, el desarrollo de una
neuroantropología del hombre es, para mí, parte
de una futura neuroética, sobre cuya base debemos
preguntarnos si estamos preparados para renunciar a los progresos -potenciación
de nuestra memoria, por ejemplo- para preservar la identidad de la
persona.
Los individuos cometerán siempre abusos, como lo muestra la
manipulación de nuestro rendimiento corporal, donde tenemos desde hace mucho
tiempo -incluso en el deporte amateur- un problema social. Es
fácil anticipar que los padres comprometidos, por ejemplo, querrán mejorar
los resultados del aprendizaje de sus hijos para incrementar sus
oportunidades. En una meritocracia eso es probablemente inevitable.
Por eso me interesa una futura neuroantropología: ¿queremos
una sociedad que persiga el predominio del rendimiento y pierda, por ello,
calidad de vida? En Alemania oriental es un problema muy extendido desde la
caída del Muro. Muchos de nuestros pacientes psiquiátricos aquí son personas que
han fracasado en la sociedad capitalista, y sólo necesitan nuestra ayuda.
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GLOSARIO
Epistemología: Teoría del conocimiento. Disciplina
central de la filosofía que investiga los criterios del conocimiento
seguro.
Ontología: Teoría del ser y de las estructuras
fundamentales de la realidad. Formula respuestas a la pregunta sobre la
constitución del mundo.
Qualia:
Contenido subjetivo de la vivencia de un estado mental, inaccesible a la
medición neurocientífica.
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CLÁSICOS DE LA NEUROFILOSOFÍA --- LISTA DE
LECTURA
1819 Schopenhauer --- El mundo como
voluntad y representación.
Schopenhauer
interpretó la "Crítica de la razón pura" de Kant como "crítica de la
función cerebral".
1936 Edmund Husserl --- La crisis de las
ciencias europeas y la fenomenología trascendental.
Husserl
mostró que filosofía y ciencia dependen del contexto, de nuestro entorno
vital.
1945 Marcel Merleau-Ponty
--- Fenomenología de la percepción.
Aborda la
neurofilosofía -sin utilizar este concepto- en relación al cuerpo y al
cerebro.
1969 William Quine --- Epistemología
naturalizada.
Los
argumentos de este ensayo inspiraron a los neurofilósofos norteamericanos.
1978 Karl Popper, John Eccles --- El yo y su
cerebro.
Excelente diálogo
neurofilosófico entre un filósofo y un investigador del cerebro.
1986 Patricia Churchland ---
Neurofilosofía.
Primera
introducción de la neurofilosofía como programa de investigación.
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BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
- Das Gehirn. Eine Neurophilosophische Bestandaufnahme.
George Northoff. Paderborn; Mentis, 2000.
- Philosophical Foundations of Neuroscience. M. Bennet y P.
Hacker. Blackwell; Oxford, 2003.
- Gesit. Eine Einführung. J. Searle. Suhrkamp;
Frankfurt/Main, 2004.
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