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Asunto:[hist_uni] El poder económico de la Iglesia
Fecha:Martes, 5 de Agosto, 2003  19:43:36 (+0200)
Autor:Davius Sanctex <davius_sanctex @.....es>

 

Es fácil exagerrar el papel y la importancia de la Iglesia como entidad económica en la Europa preindustrial. Por gruesos que sean los calificativos empleados, casi siempre se quedan por debajo de la verdad. Baste citar un caso de los más destacados. En torno a 1530 las rentas de los monasterios ingleses eran casi el doble de las rentas de la Corona. La Iglesia siemrpe estaba dispuesta a condenar a quien corría tras el dinero, pero nunca se aplicó a sí misma las recomendaciones predicadas a los demás.

 

Las rentas de la Iglesia se derivaban en parte de la administración de su patrimonio y en parte de continuas transferencias de riqueza a su favor. El grueso del patrimonio eclesiástico se constituyó entre los siglos VIII y XI. Los reyes bárbaros, herederos de los vastos latifundios romanos, disponían de unas reservas de riqueza prácticamente inagotables en forma de tierras, por lo general despobladas, que eran prácticamente incapaces de administrar. Condes y barones se encontraban en una situación similar, y su propensión a hacer donaciones a la Iglesia estaba en proporción directa a su afición al robo y al saqueo. Quienes se aprovecharon sobre todo de estas peculiares circunstancias fueron los monasterios, que amasaron extraordinarias fortunas. El núcleo de las propiedades de la abadía de Lorsch comprendía cerca de la mitad de la superficie de lo que luego sería el Palatinado del Rin. La tierra poseída por la abadía de Saint Germain des Prés en el siglo XI consistía en unos 35-40 kilómetros cuadrados. En los siglos siguientes al XI el proceso continuó aunque a un ritmo mucho más lento, pero acentuándose en épocas calamitosas. Cuando la peste negra devastó la Península Ibérica en 1347-1351, los nobles y los ricos de Castilla se superaron a sí mismos, para congraciarse a la Providencia, en la donación de tierras e inmuebles a la Iglesia. Cuando terminó la epidemia, la dislocación de la riqueza resultó tan grande que en 1351 el rey Pedro I, instigado probablemente por aquellos supervivientes a quienes el precio pagado por la ayuda de la Providencia debió parecerles ex post excesivo, ordenó a la Iglesia que restituyera una parte al menos de las donaciones recibidas.

 

En algunas zonas-muestra del territorio florentino estudiadas por Elio Conti entre 1427 y 1512 la propiedad eclesiástica se desarrolló como indica la tabla,

 

Extensión de la propiedad eclesiástica en algunas zonas-muestra del territorio florentino: siglos XV-XVI

 

Territorio

Extensión del territorio en hecáreas

Porcentaje de la tierra propiedad de la Iglesia en los años

1427

1498

1508-1512

Ancone (Valdisieve)

129

14

13

27

Gaville (Valdarno)

804

10

23

24

Macioli (valles del Mugnone y el Carza)

1.491

7

15

15

Monteceraia (Mugello)

910

2

7

7

Montulivi (Valdipesa)

367

2

24

 

Mosciano (Florencia)

156

9

33

36

Panzano (Valdigreve y Valdipesa)

1.154

19

21

19

Passignano (Valdipesa)

730

46

60

64

Paterno (Florencia)

280

6

31

27

Pulica (Valdipesa)

455

15

26

28

Le Rose (Florencia)

204

23

18

16

Rostolena (Mugello)

1.294

8

6

6

Cada cierto tiempo, sin embargo, la Iglesia atravesó épocas duras, en las que la mala administración o la malicia de los individuos afectaron negativamente a su patrimonio. Antes del siglo XVIII, el más negro de estos períodos fue la época de la Reforma. Es famosa la secularización de los monasterios  ingleses realizada por Enrique VIII en la primera mitad del siglo XVI. En 1530 existían en Inglaterra unos 825 monasterios con unos 9.300 frailes y monjas. La renta neta anual de estos monasterios oscilaba, al parecer, en torno a las 175.000 esterlinas de la época. Los ingresos medios anuales de la Corona llegaban a poco más de la mitad de esa suma. Diez años después no quedaba nada de los monasterios ingleses y sus inmensos patrimonios. No sólo sus tierras fueron inacutadas y vendidas, sino que también se enajenaron los muebles, la plata, las bibliotecas, las joyas y hasta los canalones de los edificios, lo cual provocó el hundimiento de los precios del plomo. Sólo en el Yorkshire los ingresos que la Corona percibió de este expolio fueron los indicados en la tabla,

 

Ingresos de la Corona procedentes de la venta de los bienes monásticos en el Yorkshire

 

Años

Producto de las ventas de muebles, plata, libros, etc., libras esterlinas

Rentas de las tierras incautadas, libras esterlinas

1536

3.102

186

1538-1539

1.639

3.200

1541-1542

158

11.061

1544-1545

149

8.837

 

En Suecia, Gustavo Vasa no se quedó atrás del formidable Enrique VIII. Entre 1500 y 1550 la propiedad eclesiástica en Suecia fue literalmente liquidada en beneficio de la Corona (ver tabla)

 

Distribución (%) de la propiedad de la tierra en Suecia entre 1500 y 1700

 

Propiedad de la tierra

1500

1560

1700

               Corona

5

28

36

               Iglesia

21

-

-

               Nobleza

22

22

33

               Campesinos

52

50

31

 

Lo que la Reforma hizo en estas áreas, en Lombardía lo hicieron la mala administración, el nepotismo y la política de los duques. De hecho, en Lombardía la ruina del patrimonio eclesiástico comenzó bastante antes que en los países de la Reforma. El deterioro empezó a advertirse ya en la segunda mitad del siglo XIV, y se acentuó progresivametne en el curso del XV y la primera mitad del XVI.  Hacia 1555, en el Estado de Milán, la Iglesia sólo poseía aproximadamente el 15 por 100 de las tierras. No sabemos con precisión cuánto poseía siglo y medio antes, pero todo hace pensar que el patrimonio era mucho más vasto. Lombardía no era un caso único. En el Piacentino, a finales del siglo XVI a la Iglesia sólo le quedaba un 9 por 100 de la propiedad de la tierra. En los territorios de la República de Venecia las cosas funcionaron de otra manera y el desarrollo de la propiedad eclesiástica en los siglos XVI y XVII inquietó de continuo a la clase dirigente veneciana. En Toscana, el gran duque exponía al cardenal de Florencia en 1592 que “hay gente asaz y el territorio es angosto y los eclesiásticos poseen gran parte de él” y que por culpa de la institución de las manos muertas “en sesenta o setenta años las monjas se lo habrán tragado todo”. Al año siguiente, en Pistoya, consideron que las entidades eclesiásticas poseían “los cuatro quintos y aún más de los bienes de su ciudad y comarca”, los ciudadanos solicitaron que no se les permitiera extender más sus propiedades inmobiliarias.

 

También en el Ravenado la propiedad eclesiástica continúo incrementándose. En 1569 el clero poseía cerca del 27 por 100 de las tierras inscritas en el catastro; en 1612-1614, el 30; en 1659, el 35, y en 1731, el 36 por 100.

 

Como se ha dicho ya, los ingresos corrientes de la Iglesia no procedían sólo de las rentas de sus patrimonios, sino también de continuas transferencias de renta. Dichas transferencias eran en parte voluntarias (caridades, ofrendas, etc.) y en parte también forzosas (diezmos). La Reforma incidió también decididamente sobre esta fuente. En Ginebra, por ejemplo, sólo en el año 1544, la comunidad se apropió de 14.000 florines de diezmos papales, de los cuales se emplearon 4.000 para pastores protestantes y 1.500 para el hospital.

 

Es fácil, y en cierto sentido está justificado, hablar de la Iglesia. Pero tampoco se puede negar que, económicamente hablando, la Iglesia o, después de la Reforma, las Iglesias eran una abstracción. La realidad estaba representada por un vasto número de unidades económicas con disponibilidades muy diversas tanto en cantidad como en calidad. Estaban el papado, obispados y monasterios, cuya condición económica absoluta y relativa podía compararse en todos los aspectos con la de la más rica nobleza. Pero también había parroquias rurales y comunidades religiosas que compartían la suerte de las clases más humildes y más pobres. La distribución de la riqueza en el interior de la Iglesia reflejaba la desigual distribución de la riqueza en la totalidad de la sociedad, y hubo períodos borrascosos en los cuales la riqueza se trasvasó de un segmento de la Iglesia a otro. Elio Conti ha puesto en claro, para el territorio florentino en los siglos XI y XII, la ruinad del bajo y medio clero rural y el enriquecimiento de los monasterios. En el siglo XVII, en el distrito de Ravena, según Giorgio Porisini, del enorme patrimonio de tierras de la Iglesia, el 70 por 100 pertenecía a las cuatro abadías de Ravena, mientras que el 30 por 100 restante estaba repartido entre multitud de parroquias, capítulos, catedrales y otro clero secular. En el ducado de Urbino, tres abadías que representaban sólo el 9 por 100 de los propietarios eclesiásticos, controlaban cerca del 70 por 100 de la propiedad eclesiástica. En la región nordeste de París, en 1639, las propiedades de la mayoría de las 35 parroquias existentes valían entre 140 y 200 libras tornesas, mientras que una sola tenía propiedades valoradas en cerca de 20.000 libras.

 

La demanda efectiva global de la Iglesia era, por consiguiente, la suma de una amplia gama de especiales demandas del tipo más diverso. La demanda de las unidades más pobres se orientaba sobre todo a alimentación y vestuario y repetía el tipo de demanda de las unidades familiares más humildes. La demanda de obispos, cardenales y monasterios era paralela, en cambio, a la estructura de la demanda de las capas laicas acomodadas. Una de las razones de que los temas de gran parte de los cuadros que admiramos en los museas sean crucifixiones, martirios de santos, juicios universales y cosas por el estilo, es que ciertos obispados y ciertos monasterios poseían rentas suficientes para toda clase de consumo suntuario. En el vértice de esta imponente construcción la demanda de la corte papal poseía todas las características del clásico tipo de la demanda de una corte principesca.