La Humanidad no acaba de ponerse de acuerdo sobre que modelo socio-económico es
el más conveniente para su desarrollo.
Veamos si la biocibernética nos puede ayudar... Como es sabido, la vida ha
evolucionado durante tres mil quinientos millones de años, basándose en unas
propiedades básicas:
1.- La capacidad de los organismos de generar copias fidedignas de sí mismos
mediante los ácidos ADN y ARN. Si nos vamos a las sociedades humanas podemos ver
que grupos han sido capaces de conservarse durante miles de años: El Egipto
faraónico, hijo del Nilo; el pueblo judío, constante hacia un libro sagrado, la
Biblia; la Iglesia Católica mediante la fe en unos dogmas y unos valores que en
sus orígenes fueron motivo de escándalo para los conceptos de “virtud” del
Imperio Romano.
2.- Hay otra propiedad biológica que se opone al conservadurismo, el azar del
cambio. Mediante la recombinación del material genético o la acción violenta de
la mutación, los seres vivos logran la supervivencia de sus genes cuando
modificaciones de su hábitat hacen inadecuadas sus características. Como
ejemplos de sociedades cambiantes yo citaría a Estados Unidos, la España
actual... Decía Giuseppe di Lampedusa, en su novela “El Gatopardo” que “algo
tiene que cambiar para que todo siga igual”.
3.- La agresividad interespecífica (hacia miembros de otras especies) y la
intraespecífica (de unos miembros contra otros de su propio grupo). Mecanismo
clave de la evolución que lleva a la supervivencia del más apto. Decía
Nietzsche en “Así habló Zaratustra” que no son las buenas causas las que
santifican la guerra, sino la guerra la que santifica las buenas causas. En la
IIª Guerra Mundial se inventó la penicilina, para la recuperación de los soldados
heridos. El conflicto causó sesenta millones de muertos, el antibiótico ha
salvado y salva a cientos, millares de millones de personas.
4.- El amor materno, la solidaridad hacia los miembros más débiles del grupo,
la simbiosis entre organismos diferentes... Estas propiedades que se desarrollan
en la Naturaleza nos enseñan que la violencia y el egocentrismo no son
suficientes por sí mismos para sobrevivir. En 1933 subió al poder en Alemania,
el nacionalsocialismo, su ideología se basaba en la confrontación contra una
serie de enemigos reales o supuestos de la raza aria: judíos, comunistas,
homosexuales, burguesías parlamentarias... En 1945, doce años después, todos
estos grupos daban jaque mate al nazismo. Si hoy la sociedad abierta es más
fuerte y respetuosa hacia las minorías, es gracias a que los fascismos nos
demostraron por reducción al absurdo, que la soberbia es una mala estrategia de
supervivencia.
Jaime Peñarroya
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