|
En primer lugar agradecerle a Juan sus comentarios
y su visión sobre el tema.
Desde que en 1897 Émile
Durkheim publicara el primer estudio completamente científico y
rigurosa sobre el tema titulado como no El Suicidio se han escrito
miles de páginas sobre el tema. Hoy el suicidio se ha convertido en la gran
paradoja de la psiquiatría moderna, y, en su afán por encontrar una prevención,
los científicos se devanan los sesos intentando hallar una pista que resuelva
este gran problema de la salud mundial. Dibujan gráficos
que relacionan esta muerte voluntaria con la edad, la raza, el estado civil, la
religión, la situación económica y laboral, el estado mental, el clima y la zona
geográfica donde se realiza el suicidio, el fenómeno de imitación o la
influencia que ejerce el tener los instrumentos a mano para quitarse la
vida. Buscando otras relaciones, se ha encontrado que el aumento del índice
de suicidios en Inglaterra coincide con la época de mayor crisis económica y
desempleo en Europa. En Nueva York se ha comprobado que hay muchos más suicidios
entre la población blanca que entre la negra. También se sabe que la tasa de
suicidio aumenta con la edad; que es más alta en el campo que en las ciudades, y
que el matrimonio parece prevenir el suicidio, por lo menos en España, y sobre
todo en los hombres.
En cuanto al suicidio de
islamistas, creo que hay algo del llamado "efecto Werther". En 1774,
Johann Wolfgang von Goethe publicó la novela romántica The sorrows of Young
Werther (Los sufrimientos del joven Werther) en la que un joven inteligente y
apenado acaba pegándose un tiro. El libro fue muy leído en Europa y se le achacó
el haber impulsado a los jóvenes sensibles al suicidio. Las autoridades de
Leipzig prohibieron su venta, las de Copenhague impidieron su publicación y las
de Milán compraron y destruyeron todas las copias por miedo a que se produjese
una oleada de suicidios imitadores. En Viena, los anuncios sensacionalistas de
suicidios cometidos en el metro que aparecieron en la Prensa, entre 1984 y 1987,
despertaron este «efecto Werther» en un gran número de suicidas.
Hoy se
da por demostrado que hay una relación significativa entre la aparición
de los suicidios en los medios de comunicación y un incremento temporal
de las tasas de suicidio, especialmente en adolescentes. Unos científicos del
departamento de Psiquiatría de la Universidad Columbia de Nueva York no
desaprovecharon una excelente oportunidad que se les presentó para demostrarlo.
Fue durante el otoño-invierno de 1984-1985, cuando pasaron cuatro películas por
televisión en las que el tema del suicidio era el protagonista. Los
telefilmes fueron profusamente anunciados durante las semanas anteriores a su
emisión. Las metas eran conseguir que el público en general se enterara del
problema del suicidio entre los jóvenes; estimular el debate abierto sobre este
tema; y quitar de la cabeza la idea del suicidio a los jóvenes. Se siguió
muy de cerca la tasa de suicidios durante las dos semanas anteriores a las
emisiones y durante las dos semanas siguientes, para ver la influencia de las
películas y de los programas educativos de prevención del suicidio que les
acompañaron. Pero la sorpresa fue descubrir que ocurrió el efecto opuesto al
deseado: se disparó el número de intentos de suicidio y el de suicidios
consumados, algunos de ellos imitando el método que se seguía en la pantalla
(aunque es imposible determinar si fue debido al programa preventivo o al
telefilm en sí mismo).
De acuerdo con este último efecto Werther parece
que lo que cabe esperar es que cuanto más se hable de los suicidios de
islamistas y de sus razones, más gente entre ellos más muchachos islamistas
estarán expuestos a la idea y posiblemente un número significativo de ellos
considerará seriamente la posibilidad del suicidio como "acto de heroicidad"
ante los conocidos.
Davius S.
|