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Asunto:[hist_uni] ¿Disminuye la pobreza en España? ... NO.
Fecha:Miercoles, 25 de Enero, 2006  01:58:42 (+0100)
Autor:Juan Blanco <juanblancop @.....com>


      Hace un par de días, El País publicó dos artículos imperdibles sobre un tema sociopolítico central: la pobreza en España, la pobreza de... ocho millones de españoles, un 20% de la población, de los cuales 1,7 millones padecen pobreza severa.
 
      ... ... ...  (silencio traumático )  ... ... ...
 
      Ante esta incesante vergüenza nacional, ¿qué decir? ¿Qué exigir a un gobierno teóricamente "socialista" (y tras otra anterior década y media de "socialismo" que sólo parcheó imperceptiblemente tal desastre)? 
 
      Dentro de esta irresponsabilidad política de los dos partidos de gobierno, no se puede dejar de hacer hincapié en lo que señala el secretario de Cáritas: la ligera tendencia descendente de la pobreza se quebró "en la segunda mitad de los 90 y primeros años del este siglo", precisamente de gran auge económico... y absolutamente coincidentes con los gobiernos del PP.
      
      Pero la dejación y el cinismo de unos y otros es desesperante: por lo pronto, y pese a la continuación de la bonanza económica, el equipo Zapatero ¡¡baja los impuestos a los ricos y las empresas!!... Y nadie sale a la calle, nadie grita en los medios, los sindicatos se "decepcionan" en silencio, la vida agacha la cabeza y prosigue, y los votantes socialistas vuelven a desertar en lento y continuo goteo de un partido que por segunda oportunidad histórica vuelve a renunciar defender a sus electores.
 
      Impávido Zapatero: dijiste "no os fallaré", y aquella misma noche muchos sabíamos que, por anticipado, mentías. Sois todos políticos, casta de poder, rostro de piedra, carne de fraude.
 
              Salud y Rabia
               Juan Blanco
   
 
      (copio a continuación los dos artículos aludidos, previo comentario de un blogista)
 

·······························

http://lapizarra.org/?p=623

Pobreza, estatutos e impuestos

BLOG La Pizarra


El Debate de ayer de El País, bajo el encabezado: «¿Disminuye la pobreza en España?». Los dos artículos merecían la pena: el de José Antonio Alonso, «El paraíso, en la otra esquina», y el de Silverio Agea Rodríguez, «Lo que no queremos ver». Las conclusiones resultaban claras: el porcentaje de la población que vive en condiciones de pobreza relativa ha dejado de disminuir desde mediados de la década pasada, es decir, durante todo el último período de bonanza económica; esa pobreza relativa y las desigualdades en el interior de la sociedad española son de las más altas de Europa; y las transferencias sociales que permitirían atemperarlas, de las menores del continente.

Con el panorama descrito, pocas dudas caben de cuál debería ser la primera prioridad de un gobierno de izquierdas en este país. No ha sido así: «José Luis Rodríguez Zapatero anunció a los dirigentes del PSOE una nueva etapa en su mandato para esta segunda parte de la legislatura, centrada en políticas sociales, una vez que se supere la etapa crucial del proceso estatutario». Efectivamente, la primera prioridad, el problema territorial.

¿Se superará con rapidez el proceso estatutario para dejar paso a las políticas sociales? Carod ya declaraba ayer que el Estatuto catalán dista de estar cerrado. Muy optimista hay que ser para no vislumbrar los conflictos territoriales que aguardan a la resolución del catalán: el primero será el alentado por la pareja Ibarretxe-López, el segundo llegará de la mano de Touriño y Quintana, y después… todos los demás. Porque son unas cuantas las reformas estatutarias en marcha y, una vez levantada la veda en Cataluña, nadie querrá quedarse atrás.

Hasta ahora, y pese a las esperanzas que despierta la Ley de Dependencia, casi todo son palabras en el terreno de la política social —y ninguna dedicada específicamente al problema de la pobreza—. Pero en este terreno poco se consigue con palabras; hacen falta fondos públicos, y no los hay, porque España es uno de los países de la Unión Europea con menor recaudación fiscal y, por consiguiente, con menos gasto social.

Y el Gobierno ha tomado ya su decisión: bajar los impuestos, esto es, continuar con la política fiscal del Gobierno de Aznar. Razón tiene el responsable del gabinete económico de CC OO, Miguel Ángel García, al calificar como «decepcionante el proyecto de reforma fiscal presentado el viernes por el Gobierno. Según García, estas propuestas mantienen una estructura similar a las de gobiernos anteriores y, además, transmiten un mensaje perverso de que se pueden conseguir buenos servicios públicos con continuas rebajas en los impuestos directos».

En mi opinión, transmiten un mensaje claro: las políticas sociales continuarán siendo en gran parte buenas palabras, y volvemos a alejarnos del modelo al que Zapatero y Solbes decían querer aproximarse, el de los países nórdicos: una elevada presión fiscal que permite al Estado prestar buenos servicios públicos a los ciudadanos. Servicios que, visto lo visto, difícilmente se prestarán aquí al casi 20% de la población que «vive en riesgo de pobreza», que parece que tendrá que apañárselas con la ración de talante.

 
--------------
 
El País
22 Enero 2006
 
DEBATE: ¿DISMINUYE LA POBREZA EN ESPAÑA?
 
 
Lo que no queremos ver
 
Silverio Agea Rodríguez
Secretario general de CÁRITAS Española

 
 
La reciente publicación del avance de resultados de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha desvelado una cruda realidad: en nuestra sociedad del crecimiento económico, de la riqueza e, incluso, del lujo, la pobreza existe. Y no en pequeña proporción: un 19,9 % de la población española, o sea, al menos ocho millones de personas, viven en condiciones de precariedad. La reacción de muchos puede haber sido de sorpresa: ¿cómo es posible? Y es que no estamos acostumbramos a entender que pobreza no es sinónimo de extrema necesidad y que se dan muchas situaciones personales -casi un 20%- en las que no se pueden satisfacer las necesidades humanas "de una manera digna". Acostumbrados a identificar pobreza con sin techo, o mendicidad, o desamparo total, la encuesta del INE nos dice que hay pobres con techo, y que son muchos.

Pero en Cáritas, que venimos llamando la atención desde hace tiempo sobre estas situaciones, vemos ahora cómo la información obtenida a través de nuestras propias investigaciones sociológicas -los conocidos Informes Foessa- coincide con los datos del propio INE e, incluso, con las estimaciones del Plan Nacional de Acción por la Inclusión Social del Gobierno aprobado el pasado julio. No podemos ocultar, sin embargo, una seria preocupación ante la confirmación de que existe una situación de grave precariedad social que se viene manteniendo desde hace más de una década, casi sin variación. Y resulta alarmante saber que ese indicador persiste sin bajar desde mediados de los años 90, "a pesar del intenso crecimiento económico" de España en la última década. Es especialmente inquietante que se produzca una situación semejante en la España moderna. Durante las décadas de los 70, 80 y primeros 90 se mantenía una tendencia a la baja de la tasa de umbral de pobreza. Pero es precisamente en la segunda mitad de los noventa y primeros años de este siglo, de gran auge económico, cuando esa tendencia se rompe. ¿Qué está pasando con el crecimiento? ¿Por qué no va acompañado de distribución? Si muchas veces se nos pide que "primero crezcamos para luego distribuir", ¿por qué no se ha hecho?

Los datos del INE nos dicen que persisten las situaciones de pobreza que Cáritas desveló en su informe sobre Condiciones de vida de la población pobre en España publicado en 1998 por la Fundación Foessa. Descubríamos entonces lo que ahora se rubrica: que con la actual distribución de renta y de otros bienes se está consolidando un rejuvenecimiento de la pobreza y un sector social de personas a quienes la Unión Europea denomina "trabajadores pobres". O sea, ciudadanos que aun con trabajo "legal" están bajo el umbral de la pobreza. Se trata de algo especialmente grave, pues demuestra que la vulnerabilidad de muchas familias, la precariedad laboral y el riesgo de pobreza están muy vinculadas. Y afecta tanto a trabajadores autóctonos como a inmigrantes. Igualmente, se confirma que las personas de mucha edad, aquellas cuya situación depende de la protección social, siguen siendo un grupo de riesgo, al igual que los preceptores -mayoritariamente mujeres- de los denominados salarios sociales o Rentas Mínimas de Inserción, cuyo nivel de cobertura y protección son muy bajos. Son grandes grupos sociales que indican cómo la distribución de rentas y de otros bienes no ha ido de la mano del crecimiento económico, pues la distribución de la riqueza a través de la remuneración del empleo o de la protección social no se está trasladando a muchas familias.

Hay otro fenómeno sobre el que Cáritas debe llamar la atención. Se trata de los hogares bajo el umbral de pobreza con niños y adolescentes a su cargo, de los que siempre se ha dicho que se encontraban en peor situación que el conjunto de hogares pobres. La situación empeoraba en hogares con menores cuyo sustentador principal era un solo adulto y mujer. Los datos del INE alertan sobre el agravamiento de esa tendencia y suponen una acuciante llamada de alerta en un país como España, con uno de los menores niveles de protección familiar de la UE.

Y una última reflexión. Cáritas había observado que las personas bajo el umbral de pobreza cuya situación era "severa o extrema" había descendido. Pero con los datos del INE vemos que el nivel de pobreza severa también ha dejado de descender. Y esto, en unas condiciones económicas como las de España, ¡clama al cielo! A pesar de que estamos hablando de situaciones que afectan a casi un millón y medio de personas, y que es un sector sobre el que es posible incidir positivamente, siguen sin darse los pasos necesarios, como son: afrontar la distribución y las transferencias presupuestarias necesarias, dotar al empleo de integración social de la suficiente relevancia en la negociación colectiva y en los planes de empleo, y dotar a la protección familiar los niveles adecuados.

A la vista de estas reflexiones, deberíamos tomar plena conciencia de cómo factores como la precariedad, la educación, los jóvenes y menores, los hogares sin recursos, las viviendas y barrios deteriorados o sin futuro, se retroalimentan, se recrean y se potencian unos a otros. Por ello, urgen medidas de transferencias y distribución de empleo, de vivienda y de otros bienes. Pero también son imprescindibles iniciativas de desarrollo social y de actuaciones integrales e integradas que hagan frente a estas situaciones en toda su complejidad. Son imprescindibles políticas de promoción y desarrollo social si queremos hacer frente a la agresividad y a la ruptura de la cohesión social que la precariedad, la exclusión y la marginalidad generan.

Para Cáritas, sin embargo, la responsabilidad en la lucha contra la pobreza no se limita sólo a los poderes públicos y a los representantes políticos. Los obstáculos a los que se enfrentan las personas pobres para vivir con plenitud su dignidad humana son una cuestión que atañe al conjunto de la sociedad civil. Y como Cáritas no quiere limitar su voz a la mera denuncia de las injusticias, una y otra vez insiste en convocar a cada ciudadano a la tarea inaplazable de combatir la desigualdad, tanto la exclusión que se oculta en los entresijos de nuestra sociedad de consumo como la que se ve continuamente alimentada en regiones enteras del planeta por el avance salvaje de la globalización económica. Por todo eso, el aldabonazo que el informe del INE acaba de dar a nuestras conciencias debería actuar como reactivo para poner en marcha cambios personales en nuestros estilos de vida, un paso imprescindible si deseamos transformar las estructuras sociales y conseguir que otro mundo sea posible.
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DEBATE: ¿DISMINUYE LA POBREZA EN ESPAÑA?
 
 
El paraíso, en la otra esquina
 
José Antonio Alonso
Catedrático de Economía y director del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI)


 
Para muchos fue una sorpresa los resultados del último Informe Foessa, en el que se dejaba constancia de la existencia de algo más de dos millones de hogares (ocho millones y medio de personas) en condiciones de pobreza en España. Bajo esa caracterización se encontraban los hogares que no llegaban a percibir por persona la mitad de la renta media disponible española. Aproximadamente 1,7 millones de esas personas padecían pobreza severa, por no alcanzar el 25% de la media nacional. Acostumbrados a identificar la pobreza con las situaciones de extrema carencia que registra la ONU en los países en desarrollo, podía sorprender la magnitud de esas cifras ¿era posible que en España viviesen ocho millones de personas en esas condiciones?

Claramente no. El concepto que utiliza Naciones Unidas es el de pobreza absoluta: es decir, aquella población que no tiene capacidad de gasto suficiente como para atender necesidades vitales que se consideran básicas. El Banco Mundial estimó ese umbral, en su versión más extrema, en un dólar diario. En esas condiciones se encuentran cerca de un 1.100.000 personas. Es claro que en España, como en buena parte del mundo desarrollado, no existe como hecho sociológico este fenómeno. Los datos antes referidos hacen alusión a un concepto de pobreza relativa, relacionado más con la distribución del ingreso (y la desigualdad, por tanto) que con la dimensión absoluta del ingreso percibido. Por ello, la línea de pobreza se expresa en función del ingreso medio (o mediano) existente en un país.

Habrá quien piense que ese modo de determinar la pobreza resta severidad al fenómeno en el caso de los países desarrollados. No obstante, conviene recordar que la percepción de la pobreza -como señaló Adam Smith- está asociada a las carencias de quien la padece respecto a su entorno social de referencia, que le impide acceder a las condiciones de lo que se considera una vida digna. Es ese criterio relativo, de posición comparada, el que fundamenta el concepto de justicia que la ciudadanía reclama del orden social e institucional vigente.

La UE viene realizando un esfuerzo notable por dotar de una medida comparable de pobreza relativa (denominada riesgo de pobreza) al conjunto de los países miembros. En este caso, el umbral que se suele adoptar es el 60% de la renta mediana del país en cuestión. Pues bien, cerca del 16% de la población comunitaria vive en riesgo de pobreza, lo que supone un total de 72 millones de personas. Los países que presentan registros más bajos, con tasas cercanas al 10%, son algunas economías anteriormente socialistas (como República Checa, Hungría o Eslovenia) y ciertos países nórdicos (como Finlandia o Suecia). En el otro extremo, con tasas del 21%, se encuentran Eslovaquia, Irlanda y Grecia. En la escala inmediatamente anterior a ese extremo superior, se encuentra España, con una tasa (19%), superior a la media comunitaria.

Este nivel de pobreza es conforme con los niveles de desigualdad que rigen en la distribución de la renta en España. Tanto si se acude a la relación entre el 20% más rico y el 20% más pobre (el primero tiene 5,3 veces la renta del segundo) como si se apela a un indicador tradicional de la desigualdad, el índice Gini (32%), se observa que España se encuentra en el grupo de países con mayor desigualdad de la UE, con tasas superiores a la media comunitaria.

La morfología de la población con riesgo de pobreza presenta algunos rasgos fácilmente interpretables. El riesgo de pobreza es mayor en los segmentos de población que se encuentran fuera de la edad laboral (menores de 16 años y mayores de 65); en los hogares monoparentales con hijos o en parejas con abundante descendencia; en las mujeres, especialmente las mayores de 65 años; en la población sin estudios o con sólo estudios primarios; y en las personas activas que se encuentran desempleadas.

¿Qué factores están detrás de estos resultados? Cuatro emergen como principales elementos explicativos. En primer lugar, la existencia de un mercado laboral altamente segmentado, que permite la existencia de sectores con desempleo crónico o con condiciones altamente inestables de empleo. Llama la atención, por ejemplo, la elevada proporción de jóvenes, menores de 25 años, que pertenecen al colectivo de pobres.

Un segundo factor tiene que ver con la diferenciación salarial, en función de niveles de formación de las personas, que deriva de los nuevos modos de competencia en un mercado más abierto. Lo que sitúa a las poblaciones no formadas en condiciones altamente vulnerables. No es extraño que la población sin estudios, o sólo con estudios primarios, tenga una tasa de pobreza cerca de 10 puntos porcentuales por encima de la media.

Un tercer factor está asociado a la debilidad de la política social española. Los datos son manifiestos: el nivel de pobreza en España antes de las transferencias sociales (sin contar las pensiones) se situaría en el 22%. Las transferencias sociales apenas logran reducir la tasa de pobreza al 19% (es decir tres puntos porcentuales). En el caso comunitario promedio esa reducción es de casi nueve puntos porcentuales (del 25% al 16%); y en países con potente política social, como Suecia, ese impacto llega a 18 puntos porcentuales. Es esta misma debilidad la que explica el incremento de los niveles de pobreza en las mujeres mayores de 65 años, en los hogares monoparentales o con muchos hijos y en los segmentos de población en edad no activa.

Por último, un factor adicional que no cabe olvidar es el relacionado con el fenómeno migratorio. Está debidamente probado que la inmigración tiende a ampliar el arco de la distribución de la renta, al dilatar la gama de empleos en condiciones precarias. Aunque las estadísticas no lo capten todavía, constituye un fenómeno que, sin duda, está operando también en nuestro país. En suma, la realidad española está muy alejada de la propia de un país subdesarrollado, pero todavía para demasiadas personas el bienestar constituye un paraíso distante. Del crecimiento económico con empleo de calidad, por un lado, y de una política social más activa, por el otro, depende que se mejoren los niveles de cohesión social y se sitúe a España en un puesto más confortable en la escala internacional de la equidad.

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