S. C. – ¿Entonces, se invirtieron los papeles? ¿Una vez más eran
las víctimas quienes se veían atacadas en beneficio de Israel?
Yussef Aschkar:
Sí, claro está. Basándose en esa
doctrina de guerra contra «el terrorismo», Israel volvió a su imagen de víctima
atacada. Los Estados árabes se vieron a su vez a la defensiva, encargados de
garantizar «la seguridad de Israel» como condición previa a toda «negociación de
paz», una eterna letanía concebida no sólo para negarles la paz sino para
favorecer el terrorismo (de Estado) de esta supuesta «guerra contra el
terrorismo».
Lo más grave en ese cambio radical es que EEUU
adoptó la doctrina de guerra de Israel. Al final de la cumbre de Charm
el Cheik, el presidente Clinton y sus asesores volaron
a Israel. Equipos israelo-estadounidenses trabajaron sin descanso durante tres
días para definir los planes de aplicación de esa nueva doctrina.
Un elemento muy significativo es que entre 1996 y
el 11-S de 2001 la cultura del odio y del miedo se expandió en EEUU con la
publicación de miles de libros y artículos sobre el terrorismo. Desde entonces,
el «terrorismo islamista» se convirtió en el nuevo imperio del mal, en tema de
todo el discurso político. La visión de la guerra contra «el terrorismo»,
obligatoriamente generadora de terrorismo, ya había invadido el mundo y se había
elevado a la categoría de carta universal.
S. C. – Entonces, ¿usted piensa que el
punto de arranque de la guerra «contra el terrorismo» no es septiembre de 2001
sino que estaba inscrito de antemano en un «proceso de paz» que resultó ser en
realidad «un proceso de guerra»?
Youssef Aschkar:
Así es. El
supuesto «proceso de paz» que salió de las conversaciones de
Madrid y Oslo no era más que la puesta en
práctica de la doctrina de guerra formulada en 1967-68 por Aba
Eban y adoptada por Israel.
"La paz con EEUU, la guerra contra los
pueblos" [1], es el título de un ensayo sobre esa doctrina de
guerra que presenté durante un coloquio en la Universidad de Burdeos. En ese
trabajo analizaba los principios de la política exterior, léase de la estrategia
global, que dictó Aba Eban desde los años 70. Principios que
Shimon Peres y Yitzhak Rabin retomaron en los
años 90 y presentaron en forma de «doctrina de paz» cuando en realidad seguía
siendo lo que siempre ha sido, una «doctrina de guerra» concebida no sólo con
vista a su aplicación contra los vecinos árabes sino también para ser exportada.
En cuanto al supuesto «terrorismo», Israel siempre calificó a los palestinos de
«terroristas», mucho antes de la adopción oficial de la doctrina de «guerra
contra el terrorismo» en 1996. El 11-S de 2001 no fue más que la llegada de esa
doctrina a un nuevo punto de partida.
S. C. – ¿No habría que hablar entonces de
una guerra colonial?
Yussef Aschkar:
No. No es una
guerra colonial. Es una guerra de destrucción de sociedades, una guerra que
destruye la vida de los pueblos. La ocupación en sí es el mal menor. En una
guerra colonial, el colonizador está interesado en que subsista un pueblo para
explotarlo. Aquí se trata, para el ocupante israelí, de la necesidad de eliminar
a todo un pueblo. ¡Eso es muy diferente de una guerra colonial! Una guerra
colonial implica normalmente la ocupación de la tierra y no –como estamos viendo
en Palestina– la limpieza étnica de un pueblo. No podemos seguir limitándonos a
ver allí una simple ocupación ya que, en Palestina, el ocupante israelí esta
realizando una limpieza étnica. Es urgente denunciar esto y obligar a los
asesinos a poner fin a ese crimen.
S. C. – Durante todos estos años en que el
llamado «proceso de paz» fue tema de los diplomáticos y las cumbres, ¿presagió
usted que Yaser Arafat estaba llevando a su pueblo a un callejón sin salida y
que Israel se estaba aprovechando de ello para consolidar sus propias
conquistas?
Yussef Aschkar:
Sí, estaba
claro. Yaser Arafat era un líder tradicional llamado a hacer frente a una
situación excepcional. Ante una estrategia que, de hecho, minaba los cimientos
mismos de la vida de la sociedad palestina, él hizo una política dirigida sobre
todo a sentar las bases de la Autoridad Palestina más que a la defensa de los
intereses de su pueblo.
En el momento mismo en que Yaser Arafat estaba
negociando con Israel la creación de la Autoridad Palestina en una pequeña parte
del territorio palestino, éste estaba sufriendo una parcelación: las creaciones
de colonias iban en aumento y las carreteras destinadas exclusivamente a los
israelíes que circulaban por ese territorio tenían como objetivo hacer que
cualquier autoridad fuera inoperante en cuanto a garantizar la supervivencia de
los palestinos.
S. C. – ¿Cómo entender entonces la sumisión
de numerosos dirigentes árabes a los deseos de Estados Unidos, cuyo objetivo es
debilitarlos para fortalecer la posición de Israel y de los propios Estados
Unidos?
Yussef Aschkar:
La sumisión de
los dirigentes árabes no es nueva. Ellos contaron siempre con una potencia
externa –o con la correlación mundial de fuerzas– para consolidar su propio
poder y, por consiguiente, siempre fueron poco sensibles a las expectativas de
sus pueblos. Carentes de apoyo popular, siempre trataron de conciliar sus
propios intereses con los intereses de los Estados influyentes, considerando su
sumisión hacia esos Estados como una garantía de su propia protección y de la
posibilidad de mantenerse en el poder.
Después de la caída de la URSS, la
sumisión de los dirigentes árabes a EEUU se hizo casi general. Y fue por dos
razones: debido a la falta de alternativa externa y al aumento de las presiones
internas. Fue una especia de huida hacia el frente. Pero esa huida no puede ser
eterna ya que, en el contexto actual, la sumisión ha dejado de ser una
protección verdadera; porque el papel de EEUU en el mundo, y sobre todo en
la región, ha cambiado. Primeramente, EEUU ya no se limita a garantizar la
seguridad de Israel sino que se encarga también de realizar los proyectos de
este último. En segundo lugar, los intereses convencionales de Estados Unidos ya
no son el criterio que permite entender la política de ese país, ya que el poder
de los neoconservadores –que son un Estado dentro del Estado– marcha en el
sentido de intereses extremadamente diferentes, cuando no opuestos.
S. C. – ¿Los dirigentes árabes aliados
de EEUU no se dan cuenta de ese cambio fundamental?
Yussef Aschkar:
Efectivamente,
no se dan cuenta. Siguen presentándose como garantes de la estabilidad mientras
que los proyectos de Israel, con el apoyo de EEUU, no tienen otro objetivo que
desestabilizar la región. Se sienten cada vez más desorientados. Pero sus
dificultades no terminarán hasta que no se den cuenta de que la resistencia es
más útil que la sumisión, y es que la sumisión también resulta más costosa que
la resistencia, cualesquiera que sean los sacrificios que esta última
exige.
S. C. – ¿No es una política sin sentido,
por parte de los dirigentes árabes, hacer como si no supieran lo que todo el
mundo sabe –que Estados Unidos e Israel quieren debilitarlos e impedirles vivir
en paz– y seguir tratando de arreglárselas con ellos?
Yussef Aschkar:
Los dirigentes
árabes son hipócritas. Fingen ignorar ciertas cosas que son evidentes, se niegan
a reconocer que es inútil, incluso peligroso, ceder ante EEUU e Israel. Si
hubiesen albergado ilusiones antes de «Madrid» y
«Oslo», la experiencia de la última década debiera haberles
hecho abrir los ojos. Y la guerra contra Irak, que demostró la naturaleza del
peligro, debería haberlos alarmado. Dicho esto, yo no creo que todo el mundo
sepa lo que verdaderamente está sucediendo en Palestina y en Irak, o lo que se
está preparando contra el Líbano, Siria y otros países del Medio Oriente. La
doctrina de «guerra israelí»– que, repito, consiste en destruir las sociedades y
no sólo en dominarlas– sigue escapando a la comprensión de los responsables
políticos y los politólogos en general.
¿Cuántos dirigentes del mundo saben, o reconocen,
que lo que Israel está haciendo en Palestina –con el pretexto de supuestas
operaciones «de seguridad»– es una limpieza étnica sistemática? ¿Cuántos saben
que la guerra que EEUU impone en Irak destruye metódicamente la vida del
pueblo iraquí, que el Medio Oriente es actualmente un polígono de ensayo del
«caos creador», monstruoso mecanismo del suicidio planetario?
S. C. – ¿No resulta más fácil la
destrucción del pueblo palestino e iraquí para Israel y Estados Unidos si
Estados como Egipto, Jordania y Arabia Saudita tienen compromisos con
ellos?
Yussef Aschkar:
Los Estados
árabes están, efectivamente, participando en esa destrucción en la medida en que
aceptan ese estado de cosas mientras que siguen dando la imagen de que algún día
habrá una forma de paz, o algún tipo de Estado palestino. Ningún dirigente árabe
ha afirmado nunca que una limpieza étnica está ocurriendo en Palestina desde
1948.
S. C. – Entonces, según usted, ¿la
extensión de la guerra que estamos viendo estaba programada desde hace mucho y
podía haber sido denunciada, contrarrestada por esos Estados?
Yussef Aschkar:
Yo trabajé
sobre el tema desde 1996 hasta 2001. Llegué a la conclusión de que las
autoridades de EEUU estaban esperando que pasara algo grande. No hacían nada
para impedirlo, pero lo estaban preparando todo para poder explotarlo cuando
sucediera. De eso hablo en el libro que estaba en imprenta cuando tuvieron lugar
los atentados del 11-S.
S. C. – En 1990, cuando Bush padre,
queriendo convencer al mundo de que su llamada guerra del Golfo era justa, dejó
entrever que esta permitiría también, después del derrocamiento de Sadam Husein,
instaurar un «nuevo orden mundial» y alcanzar la paz en Palestina, ¿presagiaba
usted que no eran más que palabras huecas y que después de la aprobación de esa
lógica de guerra nadie podría pararla y que los países árabes que participaran
en ella irían al desastre?
Yussef Aschkar:
Los Estados
árabes estaban obligados a unirse a aquel complot. Por otro lado, en aquel
momento EEUU no mostró todas sus cartas. Habló de una guerra para obligar
Irak a retirarse de Kuwait. No habló de sanciones. Pero aquella no se hizo para
que las cosas se quedaran en ese nivel, sino para que fuera seguida de sanciones
y de nuevas guerras. Sanciones que, desde 1990 hasta 2001, mataron cerca de un
millón de niños iraquíes y dejaron secuelas físicas y síquicas en cuatro o cinco
millones de niños. Se trata de toda una sociedad que fue destruida y que quedó
muy dañada.
S. C. – En ese contexto, ¿la
desestabilización del Líbano y Siria, a la que dio lugar el asesinato de Hariri,
favorecía los intereses de quienes tienen como objetivo la continuación de la
guerra contra otros pueblos?
Yussef Aschkar:
Lo que está
sucediendo en Siria y Líbano tiene mucho que ver con lo que sucede en Irak. En
Irak se están aplicando dos estrategias: la estrategia oficial estadounidense,
que es quizás una estrategia imperial de dominación y de control de los
recursos, y otra más que es la de una pandilla de monstruos, los llamados
neoconservadores, que imponen sus propios proyectos al Pentágono y al
Departamento de Estado. Esa pandilla (Richard Perle,
Paul Wolfowitz, Douglas J. Feith, entre otros)
tiene su propio plan. Es la que aconsejó la destrucción no sólo del Estado sino
de toda la sociedad iraquí. Toda la red que controlan los neoconservadores
escapa al control de los generales del Pentágono, escapa también al mando
militar estadounidense. Esta red se ha infiltrado en todas las autoridades
superiores de EEUU, se ha infiltrado también en la sociedad, en los medios
estadounidenses, en las sectas religiosas. Es un Estado dentro del
Estado.
Eso se ha visto claramente en el escándalo sobre
las torturas cometidas en la prisión de Abu Ghraib. La general
que estaba al mando de las prisiones se asombró un día, al salir de su oficina:
«Pero, ¿quién es esa gente que anda por los pasillos?» Su escolta le contestó:
«Son los que hacen los interrogatorios.» Aquella general, responsable de las
prisiones, no sabía nada de aquello.
S. C. – ¿Eso quiere decir que, donde los
neoconservadores estiman haber alcanzado sus objetivos, se trata a veces de una
derrota para las tropas del ejército de EEUU?
Yussef Aschkar:
Así es. Porque
se están aplicando dos planes. Está el plan oficial de un ejército de ocupación
que se puede retirar, que puede aumentar sus fuerzas, que puede verse
arrinconado, y el plan de los neoconservadores que imponen su propia estrategia
al ejército de EEUU, que disponen de 45 000 mercenarios y que
tienen más influencia que el mismo ejército de EEUU. Estos neoconservadores
están satisfechos y ven realizada su misión en Irak porque piensan que
alcanzaron todos los objetivos de la guerra que se habían trazado para ellos y
sus milicias: llevar la sociedad iraquí en su conjunto a una situación sin
salida definitiva y cambiar una dictadura central por un montón de comunidades
religiosas totalitarias, que estarán en conflicto permanente. Así que se sienten
listos para lanzarse a desestabilizar el Líbano,
Siria e Irán.
S. C. – Sin embargo, ciertos analistas
piensan que EEUU no puede sostener dos guerras a la vez, que no puede
meterse en otro lugar con su ejército inmovilizado en Irak?
Yussef Aschkar:
A los
neoconservadores no les importa nada de eso. Su objetivo es destruir la sociedad
iraquí y nada pudo sacarlos de ahí. Ya encontrarán otra manera de emprenderla
contra Siria o Irán. Es muy grave lo que está
pasando. Usted me puede decir: «¡Pero eso es una pesadilla! ¡Usted se imagina
todo eso!» Yo le diría que investiguemos para verificar si lo que estoy diciendo
es cierto o no.
S. C. – ¿Una investigación sobre qué
precisamente?
Yussef Aschkar:
¡Sobre los
neoconservadores que dominan el Pentágono y que han dado lugar a tantos
desastres humanitarios! ¡Sobre lo que realmente sucedió el 11-S de 2001! ¡Sobre
quién dirige en realidad la guerra en Irak! ¿La dirige Bush o la dirigen estos
monstruos que, en el Pentágono, utilizan mercenarios en la realización de
operaciones secretas en el Medio Oriente?
S. C. – ¿Piensa usted que los fiscales que
investigan el asesinato de Hariri, por ejemplo, no llegarán a
la verdad?
Yussef Aschkar:
La resistencia
es la que debería realizar esa investigación. Yo lanzo un llamado a la creación
de una «resistencia investigativa». Antes del 11-S, era imposible investigar y
frenar a los neoconservadores, pues sus nombres no eran conocidos. En este
momento no hay quien los pare porque la máquina ya está en marcha, pero por lo
menos podemos investigar sobre sus crímenes y denunciarlos por sus
nombres.
EL PAPEL DE FRANCIA
S. C. – El Estado francés se opuso claramente a la intervención de Bush
y Blair contra Irak. ¿Le sorprendió a usted el reciente realineamiento de
Francia?
Yussef Aschkar:
La posición de
Francia en cuanto a Irak suscitó gran esperanza en el Medio
Oriente cuando ésta se opuso a las locuras de los neoconservadores
estadounidenses. Al separarse de la posición de EEUU, Francia llevaba todas las
de ganar en el plano interno, europeo y mundial.
Desgraciadamente, su posición cambió desde junio de
2004. En aquel momento, se produjeron cuatro hechos decisivos: la cumbre
transatlántica entre Europa y EEUU, la cumbre de la OTAN en Estambul, el G8
en Evian, el famoso encuentro en las Naciones Unidas. En esos cuatro
encuentros, EEUU logró imponer su lógica de guerra. Chirac y su equipo no
han presentado ninguna visión vinculada a los intereses propios de Francia, de
Europa y del mundo. Francia retrocedió para ceder el lugar a la simple búsqueda
de una «reconciliación» con EEUU.
Fue Francia la que se encargó de preparar
la resolución 1559. Se hizo la ilusión de que
se convertía en un «socio» en el plano regional y en protagonista en la escena
libanesa cuando en realidad, después de haberse sometido, Francia no es ya más
que un simple peón en el juego de los neoconservadores, cuyo plan es evidente:
manipular para desestabilizar, no sólo a Siria e
Irán sino también al Líbano, en primer
lugar.
Los dirigentes franceses cedieron ante la visión
neoconservadora. Cometieron un error de juicio. Si no hubiesen escogido el
oportunismo, habrían podido resistir y ganar mucho más. En 2003, Francia fue la
ganadora en Londres cuando Dominique de Villepin, en su discurso sobre la
situación mundial, presentó una visión que partía de una voluntad política
verdadera y se oponía a los monstruos del Pentágono, mientras que hoy Francia
sale perdiendo en todos los aspectos.
Los pequeños cálculos convencionales no bastan en
estas situaciones excepcionales. Para decirlo claramente, Chirac aceptó degradar
la imagen de Francia en el plano moral y, en el plano ético y funcional, aceptó
que se le diera a Francia el trabajo sucio de desestabilizar la región, sobre
todo el Líbano, y de engañar a los libaneses sobre su futuro.
Me gustaría plantear aquí varias preguntas a
Chirac. ¿Qué proyecto tiene él para esta región? ¿Qué control puede ejercer
sobre el proyecto estadounidense preestablecido? ¿Cree él que Francia y Europa
saldrán ganadoras asociándose a ese proyecto de desestabilización, léase de
incendiar la región?
S. C. – Para usted, ¿Francia está
totalmente del lado de la política antiárabe de Bush y de
Blair?
Yussef Aschkar:
Francia
abandonó su posición de fuerza, renunció a su especial papel que consistía en
abrir una nueva vía, para ella y para Europa, junto al Tercer Mundo. Este último
es su socio natural en el espíritu de una asociación de complementarización con
rostro humano. Para ser creíble, ese espíritu tenía que manifestarse, no sólo en
las nuevas relaciones intraeuropeas sino también con respecto al Tercer Mundo,
sobre todo en cuanto al Tercer Mundo. Desgraciadamente, Francia no sólo decidió
alinearse junto a EEUU sino también sumarse a la doctrina de guerra de los
neoconservadores. Esa posición le costó retroceder y aislarse. Ese aislamiento
se refleja en tres niveles: el de Chirac en Francia, el de Francia en Europa y
el de Europa en el mundo. Se evaporó una gran esperanza, lo que deja al mundo a
la merced de un nuevo orden del miedo y el odio.
EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
S. C. – ¿Están los ciudadanos del mundo en
manos de dirigentes irresponsables que ya no controlan nada?
Yussef Aschkar:
Los dirigentes
políticos no se reducen a eso, aunque sí dan prueba generalmente de
irresponsabilidad, de oportunismo y de que son mentirosos. El fondo del problema
es otro. Se trata de saber quién tiene el verdadero poder. En el «nuevo
orden mundial», ese verdadero poder está desplazándose de la autoridad
territorial de los Estados hacia la autoridad incontrolada de los nuevos amos.
No estoy designando a las multinacionales, las instancias financieras y el
proceso de privatización económica. Los nuevos amos son de otro orden: están
vinculados al monstruoso equipo de neoconservadores que actúan por todo el mundo
gracias a sus redes y milicias. El aspecto económico está sometido al proyecto
de ellos. La privatización no es más que una simple medida económica. Es
principalmente una ideología que consiste en privatizar y monopolizar lo
fundamental del espacio público, sobre todo político y de seguridad, para
manipular los demás sectores. Se trata de un monstruoso golpe de Estado
planetario.
Los dirigentes políticos se ven cada día más
vencidos y manipulados. Su problema no es tanto la incompetencia personal o la
falta de habilidades «técnicas» como la falta de visión o de valor moral, son
tan cobardes como ignorantes, que no saben, o no se atreven, a reconocer la
nueva realidad.
Nuestras autoridades no quieren afrontar ese
desafío, sobre todo en la medida en que no están sometidas a presiones populares
que podrían obligarlas a cambiar de orientación. Nuestra tarea es entonces
provocar una toma de conciencia popular que las obligue a cambiar de política.
Esa presión popular tendría que ser más fuerte y más convincente que la que
Estados Unidos ejerce actualmente sobre nuestras autoridades.
EN EL LÍBANO
S. C. – ¿En el Líbano, sospecha el pueblo que
quizás está siendo –desde el asesinato de Hariri– objeto de
maniobras, no interárabes sino occidentales?
Yussef Aschkar:
Los libaneses
están muy inquietos por su porvenir. Pero la manipulación cotidiana que ejercen
redes de saboteadores que actúan secretamente a menudo les impide ver las cosas
con claridad. Gran parte del pueblo libanés está consciente, creo yo, de esas
maniobras criminales, pero no está unida ni preparada para dar una respuesta
eficaz a esas manipulaciones mientras que los manipuladores, por su parte,
logran explotar todas las debilidades de la politiquería tradicional en Líbano y
logran utilizar también el tema confesional para dividir a la gente. El
comunitarismo, en el cual se apoyan los manipuladores, les quita a los
ciudadanos sus referencias comunes y racionales, tanto más cuanto que es
meticulosa la preparación de los planes de quienes desestabilizan la
sociedad.
Tenemos por delante un gran trabajo de
concientización si queremos evitar que la situación empeore y se vuelva
irreversible. El tiempo apremia.
S. C. – ¿Es posible que servicios secretos
occidentales hayan financiado a los ejecutores del atentado contra Hariri? ¿Cuál
sería su objetivo? ¿Hacer estallar la sociedad libanesa?
Yussef Aschkar:
No hay duda de que la infiltración no es solamente
un arma fundamental sino una estrategia. Es la especialidad de los servicios
secretos. La capacidad de esos servicios para crear situaciones increíbles y
explotarlas plenamente no tiene igual. El estallido de la sociedad libanesa
forma parte de su plan principal. En cuanto al calendario, este sigue siendo
oscuro. Nuestra tarea inmediata es actuar a tiempo para hacer fracasar su
terrible plan.
S. C. – ¿Entonces, está usted muy inquieto por
el futuro?
Yussef Aschkar:
Si seguimos por ese camino, sería muy grave. Todos
los vecinos directos de Israel, toda esta región que Israel considera como un
«espacio vital», están bajo su amenaza directa, sujetos a la
desestabilización.
En el contexto estratégico y geopolítico del
«Gran Medio Oriente y del África del Norte», el juego es
israelo-estadounidense. Las presiones se ejercen en todos los frentes y en todas
direcciones. Se ejercen de manera muy evidente sobre Irán y Siria mientras que
están enmascaradas en el caso del Líbano, cosa que deja al Líbano suspendido,
entre los que se hacen ilusiones sobre la democracia, la libertad y la
prosperidad –carnada envenenada que ofrecen israelíes y estadounidenses– y
quienes no se hacen la menor ilusión en cuanto a las intenciones de
éstos.
El Líbano es al mismo tiempo el
país más amenazado y el más vulnerable. Los cristianos libaneses, parte de los
cuales se imaginan que representan una garantía que pone al Líbano a salvo de la
amenaza israelí, son en realidad el blanco prioritario en los proyectos de
Israel.
EUROPA Y EL ISLAM
S. C - ¿Le sorprende ver que en Occidente –bajo
la influencia de los propagandistas del «choque de
civilizaciones» que tienen su tribuna en los grandes medios de
difusión– la gente haya aceptado ampliamente la idea de que las personas de
confesión musulmana son «fanáticos» y «terroristas»?
Yussef Aschkar:
Los servicios de propaganda de los neoconservadores
manipulan muy bien los hechos y los medios de difusión. Por esa vía logran,
desgraciadamente, engañar a la mayoría de la gente y desorientar incluso a los
progresistas. Actúan para desacreditar a los musulmanes, por un lado manipulando
y financiando mercenarios que ejecuten atentados terroristas que son atribuidos
a la resistencia, y por el otro desencadenando un proceso de fanatización. Este
último método consiste en crear situaciones de conflicto mediante provocaciones
de carácter religioso que desorientan, provocan manifestaciones y desacreditan
el Islam [2].
Inducidos al error por esas provocaciones
constantes, los progresistas se ven desorientados: como humanistas no pueden
defender la violencia y como laicos no pueden tolerar el fanatismo. Los
progresistas que no están concientes de la manipulación instrumentada por los
neoconservadores se ven entonces envueltos en falsos debates.
En realidad, los atentados que causan numerosas
víctimas son teleguiados por esa pandilla del Pentágono que, mediante sus redes,
crea y financia organizaciones fantasmas que siembran el terror entre ambas
partes en nombre de ambas partes.
Hay que señalar aquí que la ideología de los
neoconservadores, tal y como la estamos viendo desplegarse en el terreno, es la
única y la primera ideología de la Historia que busca producir opositores más
que simpatizantes, dejando en manos de los opositores la función de conseguirle
los simpatizantes.
Explicación de lo anterior. Esta ideología se
esfuerza por producir opositores empujándolos al fanatismo para suscitar y
alimentar todos los fanatismos del mundo, incluyendo el fanatismo musulmán y
árabe, lo cual permitirá dar una imagen muy negativa de los musulmanes y acabará
produciendo –ese es su objetivo– reacciones hostiles hacia éstos. Incluso los
laicos convencidos, de ambas partes, se verán llevados sin darse cuenta a poner
en tela de juicio su laicismo y a ver en «el Otro» una contraparte insoportable.
Es lo que está pasando actualmente y lo que está en camino de desestabilizar
Europa, de causar una ruptura entre las dos riberas del
Mediterráneo, de sabotear y arruinar los proyectos de
asociación mediterránea de Barcelona.
Si esa ruptura empeora, se oirán voces, también en
Europa, que llamarán a unirse a la doctrina de los neoconservadores vinculada a
la «guerra contra el terrorismo» y al «fanatismo musulmán». La ideología
neoconservadora habrá cumplido entonces su misión: al haber contribuido a
provocar el desarrollo del fanatismo entre los musulmanes, habrá suscitado como
respuesta –en Europa– la aparición de simpatizantes de sus propias tesis sobre
el «choque de civilizaciones». Europa, hasta entonces renuente, se alineará
entonces junto a la ideología de los neoconservadores. Esas maniobras escapan a
la comprensión de los progresistas y de los políticos en general.
UN FUTURO POSIBLE
S. C. – ¿Qué medios de acción podrían cambiar
aún ese trágico rumbo?
Yussef Aschkar:
Todo tiene que partir de una toma de conciencia de
las realidades que esconde cuidadosamente ese tinglado de mentiras que busca
manipular el espíritu crítico de toda la humanidad. Sólo una «investigación
planetaria» podría responder a esa amenaza planetaria y revelar las maniobras
que la sustentan. Esa toma de conciencia tendría que producirse a dos niveles:
el de los Estados y el de la ciudadanía. Es urgente emprender esa «investigación
planetaria» que debe convertirse en la acción prioritaria de la resistencia y
también en el elemento unificador de esa resistencia. Todos los que resisten y
todos los militantes del mundo tienen que unirse, tienen que oponerse
prioritariamente a esta nueva guerra planetaria, independientemente de las
causas precisas que defiendan y de las desgracias que estén sufriendo y contra
las que luchan, porque esa guerra empeora todos los males de cada uno y hace aún
más difícil la lucha de los pueblos que se enfrentan a la ocupación.
«Axis for Peace» se constituyó con ese espíritu en noviembre de
2005, durante el coloquio de Bruselas. Los participantes que
militan por causas diferentes se dieron cuenta del espíritu unificador de ese
coloquio. Tenemos que hacer de la lucha contra esa guerra la prioridad de
prioridades porque sirve a nuestra causa común y sirve también para alertar a
los gobiernos sobre el alcance de esa guerra que los afectará tarde o temprano.
Hasta tanto no se entienda la existencia de esa amenaza y las fuerzas populares
la consideren una prioridad, los gobiernos seguirán yendo en direcciones que no
conducen al enfrentamiento de esa amenaza excepcional.
S. C. – ¿No le parece que el panorama que usted
nos describe es profundamente deprimente para los pueblos del Medio Oriente,
incluso para todos nosotros?
Yussef Aschkar:
Claro que sí. Seguiré siendo extremadamente
pesimista si las cosas no cambian de forma radical porque se trata, en el Medio
Oriente, de una amenaza existencial de cuya existencia no tiene conciencia la
opinión; pero se trata también de una amenaza planetaria ante la cual ni los
pueblos del mundo ni los Estados –específicamente las grandes potencias– están
lo suficientemente alertas. El optimismo o el pesimismo dependerán, sin embargo,
de nuestra acción futura. Todo dependerá de que se actúe a tiempo y de que la
resistencia pueda unificarse y concentrar sus esfuerzos en el blanco adecuado ya
que la unión de las fuerzas, de todas y todos los que se impliquen en la acción,
es superior en términos humanos a las fuerzas de los monstruos del Pentágono,
sea cual sea la enormidad de los medios materiales y logísticos de este
último.
[1] «Faire la paix avec les
États, faire la guerre contre les peuples», por Yussef Aschkar,
Red Voltaire, 19 junio 2003.
[2] Esta entrevista fue realizada antes del escándalo de las
caricaturas danesas.
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