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5 Junio 2006
La incorporación de Ucrania a la OTAN
Estupidez geopolítica
por Sergei Karaganov - RIAN
NOVOSTI
* Subdirector del Instituto de Europa (Academia de Ciencias de
Rusia).
Al leer las recientes declaraciones de algunos líderes norteamericanos,
representantes de la OTAN, se crea en uno la impresión de que no sólo los
radicales islámicos y de otra índole, sino también las figuras aparentemente
civilizadas, comienzan a distanciarse de la realidad, dejan de comprenderla y se
ponen a actuar de manera irracional en extremo.
El mundo va cambiando
rápidamente. Resulta difícil vaticinar los derroteros de su movimiento y
administrarlo especialmente a las personas y países acostumbrados a llevar la
voz cantante.
Estos últimos diez-doce años se cometieron un sinnúmero de
errores monstruosos que costarán muy caro. Por ejemplo, tres países: Pakistán,
la India y Corea del Norte obtuvieron armas nucleares y ahora ya se están
legitimando en su nuevo papel. De hecho, no han quedado argumentos políticos ni
morales capaces de frenar la proliferación sucesiva excepto bombardeos o dadivas
políticas y económicas. Pero su eficiencia suscita también crecientes dudas. En
lugar de diálogo de las civilizaciones, de prestar apoyo a las fuerzas
modernistas en el Oriente Próximo y Medio, de llenar el vacío de la seguridad en
esta área, se optó por el rumbo de signo casi contrario. Como resultado del
golpe asestado contra Irak fue liquidado el régimen, aunque sumamente
desagradable, pero uno de pocos laicos en la región. El error iraquí levantó una
oleada de odio hacia el Occidente incluso entre aquellos quienes odiaban a
Saddam. El mundo occidental resultó dividido. EEUU perdió el capital moral y
político. Es poco probable que pueda servir de consuelo el éxito limitado en
Afganistán, en que fueron derrotados los talibanes, pero no ha sido creado ni
será creado, con toda probabilidad, un régimen viable. Máxime que la guerra en
Irak y la lucha en torno a Irán viene socavando a ojos vistas la coalición
antiterrorista y antirradical.
No sólo en Oriente Próximo, sino también
en América Latina comenzaron a formarse coaliciones antiyanquis. También en esta
situación, según todos los indicios, algunos políticos occidentales -guiándose
por el refrán: un clavo saca otro clavo- optaron por agravar relaciones con
Rusia y China, para, aunque sea parcialmente, restablecer la solidaridad
atlántica habiendo debilitando de paso a Europa. Tal vez esperan que mediante su
política de amenazas encubiertas y no demasiado encubiertas logren que Moscú
renuncie al tono seguro e independiente que preside su política. Puede ser que
intenten provocarlo, esperando que en respuesta Moscú recurra a la retórica y
acciones insensatas, agravando la tensión internacional, y, además, velar de tal
modo los fracasos que sufre su propia política.
Se está preparando una
nueva vuelta de la extensión de la OTAN. Ya se habla del posible acercamiento
incluso de Australia, Corea del Sur, el Japón y Nueva Zelanda con la OTAN. No
creo que estos países ingresen en la OTAN o se acerquen a ésta. No lo necesitan.
Pero el tufillo de la época de la PATO, la SENTO, la CEATO y otros pactos y
seudopactos esfumados ha vuelto a sentirse.
Se propalan rumores acerca
del emplazamiento en Polonia, junto a las fronteras de Rusia, de los sistemas de
defensa antiaérea contra los misiles terroristas que con toda probabilidad no
podrán alcanzar Polonia.
Al mismo tiempo, a nivel semioficial, en la
Asamblea Parlamentaria de la OTAN se anunciaron los preparativos para el ingreso
en la OTAN de Croacia, Macedonia y hasta Albania que no corresponden a los
criterios algunos de afiliación.
Lo más principal es que Washington y
Kiev hablan en serio de la más pronta extensión de la OTAN en 2008 a Ucrania. Ya
se conocen los planes de una extensión más rápida sin celebrar referéndums
algunos capaces de sepultar la idea de su extensión –si sus resultados no serán
falsificados-, o de conducir a una escisión más profunda aún de la
sociedad.
En Ucrania buscan a engrosar la Alianza Noratlántica quienes no
están seguros de sus fuerzas ni de la viabilidad del Estado ucraniano, quienes
tienen miedo a una Rusia más competitiva y quisieran convertir su Estado en un
eslabón de la cadena político-militar uniéndolo a EEUU.
Los motivos
occidentales no están muy claros, pero algunos de ellos pueden
apreciarse.
Entre ellos figura el deseo de atar más aún la Ucrania
vacilante e inestable al sistema occidental. Seguramente, en EEUU hay quienes en
vísperas de las elecciones buscan ganarse los votos de los electores oriundos de
Europa Oriental. Se cifran esperanzas en crear una nueva plaza de armas política
pronorteamericana en Europa, además de Polonia. Máxime que la de Polonia
funciona mal. Varsovia resultó casi en aislamiento político en la Gran Europa.
Pero los tradicionalistas de Varsovia sueñan con restablecer su dominio sobre
Ucrania perdido siglos atrás.
Sin embargo, al parecer, existen razones
más estúpidas o simplemente la incomprensión de los resultados que para Ucrania
tendría la extensión de la OTAN. Entre Rusia y Ucrania no existe la frontera
demarcada. Dicen que en algunos lugares ya están cavando zanjas. Pero si van a
demarcar ahora la frontera real (hoy esta existe solamente en papel y, además,
alimenta a los aduaneros corruptos en los puestos), será imposible evitar
enormes problemas. Es poco probable que Ucrania, como miembro de la OTAN, no
tenga fronteras reales en Oriente. Intentarán demarcarla por tierra. Entonces
surgirán centenares de problemas. Cada colina se considerará como estratégica y
como histórico cualquier barranco. No es difícil imaginarse con qué podrá
concluir ese tira y afloje. Es muy probable que concluya con los sucesos
lamentables, incluso sangrientos. Millones de personas que trabajan ahora al
otro lado de la frontera, podrán perder este trabajo, se verán separadas
millones de familias. Surgirán decenas, centenares de conflictos y el síndrome
de la nación dividida por ambas partes que hasta hoy se lograba evitar de grado
o por fuerza. La situación podrá desarrollarse según el guión yugoslavo menos
virulento, pero nadie podría plantearlo a ciencia cierta.
¿Lo
comprenderán aquellos que abogan por la extensión de la OTAN a Ucrania? Algunos,
si. Pero estoy seguro de que la mayoría simplemente pasa por alto este problema
o ha olvidado las enseñanzas de la historia reciente.
Naturalmente, Rusia
no es Serbia. Rusia resistirá esta prueba, aunque se debilitará por un tiempo y
se verá obligada a integrarse en las alianzas antioccidentales. Y en Moscú serán
muchos los que perderán la ilusión de seguir haciendo el papel de potencia statu
quo. Un daño inconmensurablemente mayor será causado a Ucrania. Perderá su
consocio de vital importancia, aunque no siempre muy cómodo, pero que jamás
jugaba contra ella.
Espero que Rusia evite confrontación. Pero habrá de
oponer resistencia dura y a veces, tal vez, desproporcionada.
Sin
embargo, lo principal es que el nuevo “arco de inestabilidad” artificialmente
creado a lo largo de la frontera ruso-ucraniana sepultará la idea de alianza de
las potencias mundiales frente a las nuevas amenazas y resucitará la rivalidad
de bloques, sea en otra forma casi convertida en autentica farsa. Quienes desean
seguir practicando este juego no son pocos. Pero los perdedores serán casi todos
y sólo ganarán aquellos quienes buscan desestabilizar el mundo, ansían obtener
las armas de destrucción masiva, o sea, los terroristas y radicales de todo
pelaje.
Es decir, precisamente aquellos contra quienes la comunidad de
los países desarrollados y civilizados luchan oficialmente.
Procede
señalar que si parte de esa comunidad accederá a la extensión superpeligrosa e
insensata de la OTAN a Ucrania, perderá el derecho a esos epítetos tan sublimes.
Quisiera fallar en mis recelos y sigo confiando en el racionalismo y el instinto
de conservación de la que se titula civilización europea.
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