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Asunto:Re: [historiaviva] Asociación de Recreación Histórica de los Tercios Españoles
Fecha:Jueves, 8 de Febrero, 2007  14:40:16 (+0100)
Autor:Yeyo Balbás <yeyobalbas @.....es>

Rocroi…
   
  La historiografía moderna siempre tiende a ver determinados hechos como los
responsables de los cambios de la historia, sin embargo, objetivamente hablando,
Rocroi no fue una derrota especialmente importante, no contó con tantas bajas
como para justificarlo y no trajo consigo ningún cambio significativo en el
transcurso la guerra. Tampoco fue la primera derrota que sufrieron los Tercios, y
aunque bien es cierto que como unidades militares demostraron ser muy superiores
a sus enemigos, no es menos cierto que esta diferencia se fue reduciendo a lo
largo de 150 años. El título “De Pavía a Rocroi” de Julio Albi hace referencia a
esta evolución sucedida entre dos batallas famosas, no tanto en la orgánica y
funcionamiento de los tercios españoles, como en la de sus enemigos.
   
  Personalmente, y sin ser un experto, la principal diferencia que veo entre la
situación de mediados del XVI y cien años más tarde, y que convertía a los
tercios en temibles eran dos factores. Por un lado, su carácter permanente y
profesional, algo que no contaban inicialmente franceses, ingleses y rebeldes
holandeses, cuyas tropas se disolvían en invierno para ser reclutadas de nuevo en
primavera. Por otro, un predominio en el uso de las armas de fuego portátiles:
aunque parezca increíble, estos países comenzaron a emplear arcabuceros y
espingarderos con treinta años de retraso con respecto a España, incluso después
de batallas como Ceriñola, Bicoca o Pavía, donde habían demostrado su gran
efectividad.
   
  Un punto importante, además, es un hecho que destaca René Quatrefagues y no es
otro que, durante el Medievo, la supuesta incapacidad militar del pueblo llano
había sido considerada uno de los fundamentos del orden social. Sin embargo, en
los reinos cristianos ibéricos, siempre faltos de hombres en su constante guerra
contra los musulmanes, la infantería poseyó una tradicional importancia. Esto, en
un punto de inflexión en el arte de la guerra en el cual el guerrero
aristocrático deja paso al soldado, fue algo fundamental.
   
  Respecto a las causas económicas, Geoffrey Parker en su “El Ejército de
Flandes y el Camino Español” destaca dos cuestiones. Por un lado, que, en contra
del tópico, la monarquía española empleó sus recursos con más efectividad que los
otros. Lo que ocurre es que literalmente se desangró en una guerra que no podía
ganar y que él considera una obcecación fruto del orgullo personal. De entrada,
la balanza de pagos española era extraordinariamente deficitaria, y gran parte de
la culpa la tuvo una política castellana orientada al ganado ovino y a la
exportación de la lana de la Mesta, negocio que, en sí mismo, era ruinoso, pues
consistía en exportar ese producto para traer a cambio esa misma materia prima
transformada en paños, algo que arruinó a la incipiente industria textil
segoviana y salmantina, además de sumir a los puertos del Cantábrico en una grave
crisis.
   
  Durante la Guerra de los Cien años, España se vió forzada además a comprar
infinidad de productos industriales a sus enemigos, en un intercambio comercial
que sólo beneficiaba a éstos. Es importante tener en cuenta, tal y como apuntan
Alcalá-Zamora y Queipo de Llano en su “España, Flandes y el Mar del Norte”, que
este es un período clave en la historia europea, donde se da un deslazamiento del
centro económico y demográfico (y, por tanto, político) del continente, pasando
del ámbito mediterráneo al nórdico Así, todas las guerras imperiales estaban, en
gran medida, destinadas a evitar esto. No hay que olvidar tampoco las fuerte
vinculación que todo ello tiene con la Reforma protestante.
   
  Los avances tecnológicos también habían cambiado radicalmente las normas de la
guerra. Los castillos medievales habían sido sustituidos por un nuevo sistema de
fortificación con murallas más anchas y de menor altura, reforzadas mediante
baluartes, que se mostró casi inexpugnable. La guerra se transformó así en una
interminable sucesión de asedios, en los que una ciudad bien defendida podía
arruinar a todo un ejército por puro desgaste, creándose una intrincada red de
guarniciones que obligaba a desplazar cada vez más y más tropas, en unas guerras
de desgaste en las que las grandes batallas campales no eran tan decisivas como
lo fueron siglos anteriores o lo serían siglos después.
   
  Respecto a la pérdida del dominio marítimo a raíz del desastre de 1588, ha que
tener en cuenta que España estaba obligada a funcionar en tres ámbitos muy
distintos, que obligaban al uso de embarcaciones diferentes. Por un lado, el
mediterráneo, donde la nave de guerra era la galera. Por otro el Cantábrico y el
Atlántico y las colonias americanas, donde se impuso el galeón, como una
auténtica “fortaleza flotante” que se mostró inexpugnable, pues por esta época
aun la artillería no era tan decisiva y los tercios demostraban su oficio en los
abordajes. Sin embargo, en el Canal de la Mancha y en torno a las Islas
Británicas, es decir, en los accesos al nuevo “mar interior” europeo, este tipo
de embarcaciones eran bastante inútiles, pues su relación entre manga y eslora
(anchura y longitud), diseñada para poder abarcar grandes cargas, unido a su
aparejo redondo, los hacía extremadamente lentos y requerían de mucho calado.
Para unas embarcaciones de una velocidad media de 4
 nudos (4 millas naúticas a la hora, siendo esta unidad de unos 1.850 metros),
las corrientes del Canal de la Mancha podían hacer que, si tenían que avanzar en
contra con viento desfavorable, el buque se pudiera permanecer literalmente
inmóvil.
   
  En otras palabras, que ni los galeones eran útiles para trasladar tropas a los
Países Bajos, sin arriesgarse a caer en manos de ingleses y holandeses, ni las
galeras eran muy efectivas en caso de mal tiempo, debido a su escaso puntal. De
esta forma, el transporte de tropas a Flandes sólo se podía lograr desde Italia a
través del corredor borgoñés, conocido como “el Camino Español”. Y así, “poner
una pica en Flandes” se fue convirtiendo en una labor cada vez más difícil para
una economía exhausta.
   
  Bueno, basta de rollos…
   
  Yeyo
   
   
  

albertocarnicero@... escribió:
  Buenas

saliendome a terreno que no controlo, sí puedo decir que en Rocroi la 
figura del Tercio precisamente demostró que seguía siendo muy valida 
para defender una posicion mediante infantería armada de fusilería y 
picas. El problema es económico, se necesitaba mucho tiempo para 
entrenar a piqueros que se muevan bien en cuadro y aguanten una carga 
sin cagarse encima, sumado a una imparable mejora del alcance de la 
artillería y tendencia al crecimiento de poblacion que dió a Francia 
levas numerosas a los que se les entregaban cada vez mejores 
mosquetes, disminuyendo el valor del soldado individual.

Otra cosa es que las Españas nunca fueron muy buenas en otra arma: la 
propagandística. Arma que sí usaron a conciencia tanto holandeses 
como ingleses y franceses.

Lo de la decadencia militar de España también es discutible. Es más 
preciso decir que se perdió toda la influencia en centroeuropa pero la 
presencia militar de España en el Atlantico, manteniendo un imperio 
cohesionado por otros 150 años (no un grupo de cantones o misiones 
economicas como hicieron otros paises) o librando una guerra de 
desgaste contra Berbería (un libro por ahi dice que es la guerra mas 
larga que haya sostenido España) implican una armada efectiva (no digo 
eficiente) que lo sostenga y un control de costas que lo proteja y una 
red interior de acuartelamientos que disuada a una posible invasión.
Y no será por que no le intentaran atacar unos y otros, logrando un 
mas que mediocre control de Haití y Jamaica. Tardará Inglaterra unos 
cuantos años más en arrebatar el control de Baleares, Gibraltar etc y 
siempre aprovechando una de nuestras cíclicas guerras civiles





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