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Asunto:[BOLETIN] Shelaj Leja
Fecha: 21 de Junio, 2006  19:30:42 (+0200)
Autor:contacto <contacto @...........com>

Judaicasite

Si no puede ver correctamente este mail , ingrese aqui
http://www.judaicasite.com/mailinglist/shelaj5.htm
 

Perashá de la semana:
Shelaj Lejá
(Cuarto libro de la Torá: Bemidbar/Números 13:1 a 15:41)
Judaicasite.com

Este shabat, en todas las sinagogas del mundo, bendeciremos el nuevo mes hebreo de Tamuz. Rosh Jódesh Tamuz: lunes 26 y martes 27 de junio de 2006

CONTENIDO DEL BOLETIN:
1- Resumen de las Perasha (Porcion Semanal)
2- Sin hilos adheridos
[#] Cómo desuscribirse: ver al final

Horario Encendido de Velas (Viernes 23 de junio, 2006, 27 de sivan, 5766)

Buenos Aires
Jerusalem
Tel Aviv
Haifa
New York
Los Angeles
Miami
Seattle
Acapulco
Amsterdam
Sao Paulo
Santiago, Chile
Caracas
Mexico
Madrid

17.39*
19.08
19.33
19.34
20.13
19.50
19.58
20.53
19.58
21.49
17.12
17.24
18.34
19.59
21.31

* corresponde a 10 minutos antes de la puesta del sol

Esta semana en nuestro sitio de internet!!

Los quiero a todos
"...¿Cuántos puentes construyo el Moré z"l? Fue una persona que jamás guardó resentimiento por algo o por alguien; fue un eterno experto en el arte de construir puentes. Sus puentes de unión entre personas incluían parejas, padres e hijos, socios comerciales, amigos, participantes del Knis; lo llamaban inclusive desde el exterior para que interceda ante una pareja y hacer las paces..."

Ir a texto completo:
http://www.judaicasite.com/index.php3?ini=contenidos/varios/salama3.php3

 

1- RESUMEN DE LA PERASHA

Los Hijos de Israel ante la proximidad de su entrada en La Tierra Prometida, solicitan a Moisés que envíe exploradores para efectuar un reconocimiento del lugar. Ante su interés, Di-s los autoriza a elegir un hombre por cada tribu para enviarlo en esa misión. Antes de la partida, Moisés cambia el nombre de Hoshea por Iehoshúa. Los espías retornan luego de cuarenta días trayendo con ellos enormes frutos de la tierra de Israel, en tanto que diez de ellos, dan un mal informe sobre la Tierra y sobre los pueblos que la habitan, provocando un gran desánimo en toda la congregación. Los otros dos exploradores en cambio, Iehoshúa bin Nun y Caleb ben Iefuné, traen un buen informe y hablan positivamente de la Tierra, alentando a confiar en Di-s y en la promesa divina de que los hijos de Israel la heredarán. Mas la mayor parte del pueblo no los escucha y llora y se lamenta sin consuelo deseando incluso regresar a Egipto. Esta actitud provoca la ira de Di-s Quien decreta que toda la generación adulta que salió de Egipto, con excepción de Iehoshúa y de Caleb (y sus descendientes), deben deambular por el desierto durante cuarenta años pereciendo luego allí, mientras que será la siguiente generación la que ingresará a Eretz Israel, a causa de haber llorado sin motivo y menospreciado la Tierra Prometida dudando de la protección Divina.

Un grupo de entre el pueblo se arrepiente de su actitud y decide proceder a entrar a la Tierra de Israel; Moisés les advierte que no lo hagan pues no cuentan ahora con la protección Divina. No lo escuchan y parten de todos modos, pero son vencidos por pueblos hostiles. El pueblo judío es instruido a través de Moisés sobre las ofrendas que llevarán al Santuario cuando ingresen en la tierra de Israel, sobre la separación de jala de la masa y su donación a los Kohanim (Sacerdotes), las ofrendas por transgresiones no intencionales y sobre la gravedad de blasfemar contra Di-s sin arrepentirse, pecado cuya sanción es la separación espiritual del trasgresor de su pueblo. Se enseñan también las leyes de "tzitzit" (flecos que cada varón de Israel debe colocar en toda prenda de vestir de cuatro puntas), como permanente recuerdo de los preceptos Divinos.

 
 

2- SIN HILOS ADHERIDOS


El trágico episodio de los espías es uno de los sucesos más frustrantes y desconcertantes que registra la Torá. Frustrante porque, como simples testigos, nos sentimos con las manos atadas a medida que la historia dolorosamente se desarrolla, trayendo consigo tal desastrosos resultados cuyos embates continúan persiguiéndonos a través del tiempo. Desconcertante porque es casi inimaginable que una nación que, colectivamente, había presenciado la gloria y el poder del brazo extendido de Hashem cuando la sacó de la esclavitud de Egipto, pudiera cuestionar Su capacidad para instalarla seguramente en la Tierra Prometida. ¿Cómo justificamos su deficiencia en la fe y qué consecuencias tiene hoy día para nosotros?

La porción de la Torá cierra con el mandamiento de amarrar a las puntas de toda prenda de vestir de cuatro puntas, los hilos del tzitzit. El Rabino Mordejai Gifter (1915-2001 Estados Unidos), decano de la famosa Ieshivá Telz, en Cleveland, Ohio, hace una fascinante observación respecto a la descripción de la Torá de la función del tzitzit. Se nos ordena (Bamidbar/Números 15:39) meditar sobre el tzitzit que nos recuerda del resto de las mitzvot (preceptos), de modo que no nos desviemos en pos de las pasiones de nuestro corazón o por los deseos de nuestros ojos. Rashi, el gran comentarista de la Torá del siglo 12, explica que el corazón y los ojos requieren especial protección dado que están naturalmente inclinados a conducir hacia el pecado. El proceso de pecar, continúa Rashi, primero involucra a los ojos, que detectan el objeto del deseo. El corazón es entonces encendido con un ansia por ese objeto y, juntos, los ojos y el corazón impulsan al cuerpo a la acción.

Pregunta el Rab Gifter: Si la trampa del pecado es primero colocada por los ojos y luego por el corazón, tal como Rashi lo expone, ¿por qué entonces la Torá los nombra en el orden opuesto, declarando que los tzitzit son, en primer lugar, una receta contra el desvío en pos de nuestro corazón y de nuestros ojos?

Clásicamente, comprendemos la posición jerárquica del Hombre, como la última entidad creada, simbolizando el rol dominante de la Humanidad frente al Universo. El "escenario ha sido dispuesto"; todas las materias primas están en orden y el Hombre es lanzado hacia el escenario para hacer rendir esa fuerza en bruto y elevarla poniéndola a su servicio. Sin embargo, en un sentido más metafísico, tal vez la colocación o ubicación del Hombre esté destinada a indicar que toda la creación misma no tiene ninguna realidad, que estaba en un estado totalmente incompleto hasta que el Hombre fuera, por último, creado.

Nosotros los humanos somos, en efecto, peculiares. ¿Ha compartido usted alguna vez un evento o una experiencia con otro y, luego de comparar los apuntes, descubrió que ambos tenían una interpretación radicalmente diferente de lo ocurrido? Usted se sintió iluminado, estimulado y mostró un completo interés en esa experiencia, en tanto que su compañero se quedó "colgado" en las imperfectas minuciosidades y la encontró trivial y aburrida. La realidad es, de hecho, bastante elástica. Toma la forma de cualquier interpretación que deseemos atribuirle. Nuestra actitud y auto concepto dictan la forma en que nos relacionamos a los estímulos externos y qué clase de valor o significado les damos.

En el sentido más alto, el Hombre es socio de Hashem en la creación porque todos y cada uno de nosotros, de acuerdo a nuestras personalidades y composición de carácter únicas, "creamos" nuestro propio mundo en el cual vivimos.

El Rab Gifter explica: Es verdad que los ojos son los primeros en tentar al individuo a pecar; sin embargo, ¡los ojos solamente ven lo que el corazón desea ver! Los tzitzit demandan que reflexionemos sobre nuestros deberes del corazón, que nos cuestionemos y desafiemos nuestros valores y clarifiquemos la forma en que nos vemos a nosotros. El vestir los tzitzit nos ayuda a definirnos identificando la causa grandiosa a la cual adherimos. Así como al gerente de un importante hotel se lo identifica como perteneciente a ese cargo (y se le acuerda un gran sentido de dignidad y honor) por el uniforme y la insignia que usa, el tzitzit sirve para marcarnos como leales siervos del Todopoderoso Creador del universo. Son las vestimentas de la realeza.

De boca de los propios espías se revela la raíz del deterioro que precipitó este desastroso evento. En su informe al pueblo, intercalan una expresión auto denigrante que pareciera estar fuera de consonancia con el tono y el ritmo de la historia. En medio de su descripción de la tierra de Israel como una tierra cuyo clima produce pueblos de proporciones gigantescas, ellos agregan: "Éramos como langostas a nuestros propios ojos y así también a sus ojos" (Bamidbar 13:33). Que los habitantes consideraran a los judíos como insignificantes insectos evocaría ciertamente sentimientos de pavor y pánico. Sin embargo, ¿qué hay con respecto a sus propios sentimientos de inferioridad? ¿Qué esperaban que esta observación fuera a lograr?

La respuesta es clara como el cristal: Los integrantes del pueblo judío no habían perdido su fe en Hashem. ¡Perdieron la fe en sí mismos! Perdieron la correcta y sana perspectiva de lo que su verdadero valor era, de lo que ellos realmente eran. Si hubiesen entendido el inmenso amor que Hashem sentía por ellos, habrían creído en sí mismos como los meritorios beneficiarios del más precioso de todos los regalos, la tierra de Israel. En lugar de verse a sí mismos como gigantes espirituales que, sin esfuerzo, aplastarían a las tribus cananitas, ellos vieron una nación de desesperanzadas y miserables langostas que no merecían el amor derramado sobre ellos.

La verdad es que Hashem nos ama más de lo que nosotros jamás podremos saber. Tal como un padre compasivo, Él desea lo mejor para nosotros. Es nuestra tarea ser Sus hijos. Tenemos que creer en nosotros y reflexionar sobre la noble identidad de la cual los tzitzit sirven como constante recordatorio. En tanto vistamos Su "emblema real" llamándonos con orgullo Sus fieles hijos, entonces seremos Sus hijos y Él hará fluir hacia nosotros Su inagotable amor. Así que ¡el amor de Hashem viene con hilos adheridos!

(Rab L. J. Lowenstein, Yeshiva Atlanta)

 

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SHABAT SHALOM
Hasta la proxima semana !!
Judaicasite
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