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| Asunto: | [listareverte] ~ Esas postalitas sevillanas ~ | | Fecha: | Miercoles, 18 de Junio, 2008 08:22:08 (+0000) | | Autor: | Ana Isabel <alucinetotal @.......com>
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La de hoy es una de esas edificantes historias que reflejan bien de qué
va esto. Me la acaba de contar mi compadre Jesús Vigorra, y les va a
encantar. Jesús dirige un programa de libros en Canal Sur llamado El
público lee, que bate récords de audiencia cultural en Andalucía;
programa que, de forma milagrosa, sobrevive sin casarse con nadie,
dando voz a un variopinto registro de autores, hablando de libros que
interesan a todo el mundo y negándose a convertir la literatura en club
cerrado de capullos y cantamañanas. Por eso sigue ahí, para disfrute de
sus seguidores y honra de la cadena andaluza –no todo va a ser
telebasura– que desde hace años lo alberga y apoya. Además, mi compadre
conduce un programa de radio que arrasa entre la gente de infantería,
pues trata sobre los pequeños problemas de la ciudad y sus habitantes,
y a menudo es último recurso de los que no tienen voz ni quien hable
por ellos. Ahí es donde entra nuestra bonita anécdota.
En la Navidad de 2006, un colegio del distrito Cerro Amate de la ciudad
de Sevilla organizó un concurso de postales navideñas para sus alumnos,
bajo la cobertura del Ayuntamiento. Los niños hicieron sus postales
primorosas, el colegio organizó una fiesta para entregar los premios, y
éstos consistieron en una reproducción del futuro cheque que, con cargo
a las arcas municipales, los niños, y sus padres por ellos, cobrarían
como premio. Hasta ahí todo monísimo, como ven. Una iniciativa
simpática, para incentivar la creatividad de las criaturas, y de paso
que el distrito, y el Ayuntamiento, y todo el político o aspirante a
manguta que pasara por allí, pudiera hacerse la foto correspondiente y
salir en los periódicos. Que es de lo que se trataba, claro. La prueba
es lo que vino después. O lo que no vino.
A principios de mayo de 2008 –casi año y medio después– ninguno de los
niños ganadores del concurso había cobrado un euro, ni había indicios
de que lo cobrara nunca. Hasta el punto de que una de las madres, harta
de reclamar en las oficinas del distrito y de que nadie le hiciera
caso, telefoneó al programa de radio de Jesús, contando el monipodio en
plan te voy a decir una cosa, Vigorra de mi alma, escucha. A mi niño le
dijeron que había ganado un premio de doscientos cuarenta euros, y
hasta hoy no los ha visto ni de lejos. Y yo venga a ir al distrito a
preguntar qué pasa con mi criatura, que estaba tan ilusionada, y allí
te puedes imaginar. Nunca hay nadie, y si hay alguien, nunca está para
recibirla a una. Y aquí estamos. Esperando.
A petición mía, Jesús me mandó la grabación de la entrevista que,
después de aquello, le hizo a una representante de la municipalidad
local pidiendo explicaciones sobre el asunto. Acabo de escucharla en el
reproductor del ordenata donde tecleo, y ahora escribo asombrado, pese
a la mucha mili que llevo a cuestas, por el impudor y la desvergüenza
oficiales que se adivinan bajo los balbuceos, los silencios y las
excusas de la prójima en cuestión; a fin de cuentas, ella, peoncito sin
importancia del tinglado municipal responsable de la cosa. Porque
resulta que en esta España donde el dinero se lo funden los
ayuntamientos y los gobiernos autonómicos y los ministerios y el Estado
–o lo que tengamos ahora– en setenta mil chorradas de presunto tufo
cultural, donde todo cristo tira con pólvora del rey, donde el cuñado
de Fulano o el constructor amigo de Mengano trincan por detrás con
ambas manos y donde las facturas, cuando las hay, se arreglan a medida
después de hechos los pagos, la razón por la que a un niño ganador de
un concurso escolar de postales navideñas llevan año y medio sin
pagarle doscientos cuarenta cochinos euros, es la siguiente: para esa
cantidad hace falta que se reúna antes nada menos que el pleno del
Ayuntamiento de Sevilla y apruebe la cosa. Pero como entre diciembre de
2006 y mayo de 2008 hubo elecciones municipales, los presupuestos
quedaron paralizados, hubo que votarlos de nuevo, y el proceso
administrativo para pagar el premio debió empezarse –al menos eso
cuentan– desde el principio. De manera que, si todo ha ido bien, el
niño cobrará más o menos por estas fechas. Teniendo en cuenta, claro,
que hasta que el asunto no salió por la radio nadie era responsable de
nada. El concurso de postales ya ni siquiera se convocó en diciembre de
2007. Silencio administrativo. Calculen cuándo habría cobrado el zagal
si a su madre no se le ocurre piarlas en la radio.
Doscientos cuarenta euros y un colegio en Navidad, oigan. Un pleno de
Ayuntamiento como trámite para que un niño cobre su premio. Dirán
ustedes que no es posible. Que no puede tenerse tan poca vergüenza, ni
en Sevilla ni en ninguna otra parte. Pero ya ven. Se puede.
El Semanal 22 de Junio de 2008
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