|
Mostrando mensaje 18
|
|
< Anterior | Siguiente >
|
|
|
| Asunto: | [maraluz] SIGNIFICADO DE LA MEDALLA MILAGROSA | | Fecha: | 28 de Octubre, 2008 01:35:13 (+0200) | | Autor: | mara <norma_casarino @.........ar>
|
MEDALLA MILAGROSA
En el año 1830, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de
Paul, en París, Francia, la Santísima Virgen se apareció en tres oportunidades a
una humilde y piadosa novicia, Sor Catalina Labouré. En las tres oportunidades,
Catalina vio a la Santísima Virgen, recibió mensajes y fue tratada con amorosa y
maternal atención.
PRIMERA APARICIÓN: Relató la vidente de la Santísima Virgen a su confesor que
hacia las 11:30 horas de la noche del 18 de julio, oyó que alguien la llamaba por
su nombre: "Sor Labouré, Sor Labouré ven a la capilla. Allí te espera la
Santísima Virgen"
Quien la llamaba era un niño pequeño y él mismo la condujo hasta la capilla.
Catalina se puso a rezar y después de oír un ruido semejante al roce de un
vestido de seda, vio a la Santísima Virgen sentada al lado del Altar. Catalina
fue hacia Ella, cayó de rodillas apoyando sus manos en las rodillas de la
Santísima Virgen y oyó una voz que le dijo: "Hija mía, Dios quiere encomendarte
una misión... tendrás que sufrir, pero lo soportarás porque lo que vas a hacer
será para Gloria de Dios. Serás contradecida, pero tendrás gracias. No temas".
La Santísima Virgen señaló al pie del Altar y recomendó a Catalina acudir allí
en los momentos de pena a desahogar su corazón pues allí, dijo, serán derramadas
las gracias que grandes y chicos pidan con confianza y sencillez.
SEGUNDA APARICIÓN: Esta es la aparición en que la Santísima Virgen comunica a Su
vidente el mensaje que quiere transmitir. Esta aparición tiene tres momentos
distintos:
Dijo Catalina a su confesor que a la hora de la oración hacia las 5:30 de la
tarde del 27 de Noviembre, oyó nuevamente el ruido semejante al roce de la seda y
vio a la Santísima Virgen.
Primer momento (La Virgen del globo): La Santísima Virgen estaba en pie, sobre
la mitad de un globo aplastando con sus pies a una serpiente. Tenía un vestido
cerrado de seda aurora, mangas lisas; un velo blanco le cubría la cabeza y le
caía por ambos lados. En sus manos, a la altura del pecho, sostenía un globo con
una pequeña cruz en su parte superior. La Santísima Virgen ofrecía ese globo al
Señor, con tono suplicante. Sus dedos tenían anillos con piedras, algunas de las
cuales despedían luz y otras no. La Santísima Virgen bajó la mirada. Y Catalina
oyó: "Este globo que ves, representa al mundo y a cada uno en particular. Los
rayos de luz son el símbolo de las gracias que obtengo para quienes me las piden.
Las piedras que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirme": El globo
desapareció.
Segundo momento (Anverso de la medalla): Cuando el globo desapareció, las manos
de la Santísima Virgen se extendieron resplandecientes de luz hacia la tierra,
los haces de luz, no dejaban ver sus pies. Se formó un cuadro ovalado alrededor
de la Santísima Virgen y en semicírculo, comenzando a la altura de la mano
derecha, pasando sobre la cabeza de la Santísima Virgen y terminando a la altura
de la mano izquierda, se leía:
"OH MARÍA SIN PECADO CONCEBIDA, RUEGA POR NOSOTROS, QUE RECURRIMOS A TI"
Catalina oyó una voz que le dijo: "Haz acuñar una medalla según este modelo, las
personas que la lleven en el cuello recibirán grandes gracias: las gracias serán
abundantes para las personas que la llevaren con confianza".
Tercer momento (El reverso de la Medalla): El cuadro se dio vuelta mostrando la
letra M, coronada con una cruz apoyada sobre una barra y debajo de la letra M,
los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que Catalina distinguió porque uno
estaba coronado de espinas y el otro traspasado por una espada. Alrededor del
monograma había doce estrellas.
TERCERA APARICIÓN: En el curso del mes de diciembre del mismo año, Catalina fue
favorecida con una nueva aparición, similar a la del 27 de Noviembre.
También durante la oración de la tarde. Catalina recibió nuevamente la orden
dada por la Santísima Virgen de hacer acuñar una medalla, según el modelo que se
le había mostrado el 27 de Noviembre, y que se le mostró nuevamente en esta
aparición. Quiso la Santísima Virgen que su vidente tuviera muy claros los
simbolismos de su aparición, por eso insistió de una manera especial que el globo
que ella tiene en sus manos, representa al mundo entero y cada persona en
particular; en que los rayos de luz que arrojan las piedras de sus anillos, son
las gracias que Ella consigue para las personas que se las piden, que las piedras
que no arrojan rayos, son las gracias que dejan de pedirle; que el Altar es el
lugar a donde deben recurrir grandes y chicos, con confianza y sencillez, a
desahogar sus penas.
Después de vencer Catalina todos los obstáculos y contradicciones que le había
anunciado la Santísima Virgen, en el año 1832, las autoridades eclesiásticas
aprobaron la acuñación de la medalla. Una vez acuñada, se difundió rápidamente.
Fueron tantos y tan abundantes los milagros obtenidos a través de ella, que se
la llamó, la MEDALLA que cura, la MEDALLA que salva, la MEDALLA que obra
milagros, y finalmente la MEDALLA MILAGROSA.
SÚPLICA A LA MEDALLA MILAGROSA
Se reza a las 5 de la tarde del 27 de Noviembre, Fiesta de la Medalla Milagrosa,
y en las necesidades urgentes, cualquier día, a esa hora.
Oh Virgen Inmaculada, sabemos que siempre y en todas partes estás dispuesta a
escuchar las oraciones de tus hijos desterrados en este valle de lágrimas, pero
sabemos también, que tienes días y horas en los que te complaces en esparcir más
abundantemente los tesoros de tus gracias. Y bien, oh María, henos aquí postrados
delante de Ti, justamente en este día y hora bendita, por Ti elegida para la
manifestación de tu Medalla. Venimos a Ti, llenos de inmensa gratitud y de
ilimitada confianza en esta hora por Ti tan querida, para agradecerte el gran don
que nos has hecho dándonos tu imagen, a fin que sea para nosotros testimonio de
afecto y prenda de protección. Te prometemos, que según tu deseo, la santa
Medalla será el signo de tu presencia junto a nosotros, será nuestro libro en el
cual aprenderemos a conocer, según tu consejo, cuánto nos has amado, y lo que
debemos hacer para que no sean inútiles tantos sacrificios tuyos y de Tu Divino
Hijo. Sí, Tu Corazón traspasado, representado en la Medalla, se apoyará siempre
sobre el nuestro y lo hará palpitar al unísono con el tuyo. Lo encenderá de amor
a Jesús y lo fortificará para llevar cada día la cruz detrás de Él.
Ésta es tu hora, oh María, la hora de tu bondad inagotable, de tu misericordia
triunfante, la hora en la cual hiciste brotar, por medio de tu Medalla, aquel
torrente de gracias y de prodigios que inundó la tierra. Haz, oh Madre, que esta
hora que te recuerda la dulce conmoción de Tu Corazón, que te movió a venirnos a
visitar y a traernos el remedio de tantos males, haz que esta hora sea también
nuestra hora, la hora de nuestra sincera conversión, y la hora en que sean
escuchados plenamente nuestros votos.
Tú, que has prometido justamente en esta hora afortunada, que grandes serían las
gracias para quienes las pidiesen con confianza: vuelve benigna tu mirada a
nuestras súplicas.
Nosotros te confesamos no merecer tus gracias, pero, a quién recurriremos oh
María, sino a Ti, que eres nuestra Madre, en cuyas manos Dios ha puesto todas sus
gracias? Ten entonces piedad de nosotros. Te lo pedimos por tu Inmaculada
Concepción, y por el amor que te movió a darnos tu preciosa Medalla. Oh
Consoladora de los afligidos, que ya te enterneciste por nuestras miserias, mira
los males que nos oprimen.
Haz que tu Medalla derrame sobre nosotros y sobre todos nuestros seres queridos
tus benéficos rayos: cure a nuestros enfermos, dé la paz a nuestras familias, nos
libre de todo peligro. Lleve tu Medalla alivio al que sufre, consuelo al que
llora, luz y fuerza a todos. Especialmente te pedimos por la conversión de los
pecadores, particularmente de aquéllos que nos son más queridos. Recuerda que por
ellos has sufrido, has rogado y has llorado. Sálvanos, oh Refugio de los
pecadores, a fin de que después de haberte todos amado, invocado y servido en la
tierra, podamos ir a agradecerte y alabarte eternamente en el Cielo. Amén
|