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Asunto:[mediosmedios] Del inefable Bush
Fecha:Domingo, 2 de Junio, 2002  10:37:59 (-0500)
Autor:Roberto Rodríguez Baños <roberrb1 @...........mx>

No sea tonto, respete la inteligencia de las personas capaces de pensar", le dijo el líder

Rechaza Fidel Castro el plan de reformas en Cuba lanzado por Bush

Ratifica la vigencia del modelo socialista en la isla, incluso al precio del bloqueo estadunidense

Ningún dirigente revolucionario es sobornable, y eso lo saben las compañías extranjeras, dijo

GERARDO ARREOLA CORRESPONSAL

La Habana, 1º de junio. El presidente Fidel Castro rechazó este sábado con sarcasmos y duras descalificaciones el plan de reformas en Cuba lanzado hace dos semanas por el mandatario de Estados Unidos, George W. Bush, y ratificó la vigencia del modelo socialista en la isla, aun con el riesgo de afrontar el bloqueo económico que aplica Washington.

"El bloqueo criminal que nos promete endurecer multiplica el honor y la gloria de nuestro pueblo, contra el cual se estrellarán sus planes genocidas", dijo el gobernante cubano ante una multitud que él mismo calculó en más de 400 mil personas.

En el mitin, que concluyó bajo un fuerte aguacero, el mandatario sólo habló en respuesta a Bush, a quien llamó repetidamente "señor W", y omitió referirse a la crítica situación económica nacional, que ha precipitado un aumento general de precios en el mercado paralelo en dólares.

En la plaza principal de Holguín, capital de la oriental provincia del mismo nombre, Castro terminó la lectura de su discurso con el uniforme militar oscurecido, el cabello encogido y la lluvia co-rriendo sobre su rostro.

La televisión gubernamental, que transmitió en vivo la concentración, mostró tomas de grupos que se movían a refugiarse del agua, pero la mayor parte de la gente aguardó hasta el final del discurso.

"No sea tonto, señor W. Respete la inteligencia de las personas capaces de pensar", dijo el líder cubano. "Deje de buscar frases de ocasión para sus discursos. Respete y respétese a sí mismo".

Bush había anunciado el pasado 20 de mayo, primero en Washington y luego en Miami, ante el liderazgo en pleno del exilio radical anticastrista, que levantaría el bloqueo a Cuba si el gobierno de Castro aplicaba algunas reformas políticas y económicas.

Analistas estiman que casi nada puede cambiar en el conflicto bi-lateral en los próximos cinco me-ses, por la necesidad de Bush de cortejar al anticastrismo de Miami con vistas a las elecciones de no-viembre, en las que se disputarán, entre otros cargos populares, la gubernatura de Florida, a cuya re-lección aspira Jeb Bush, hermano del mandatario.

Repudio a bloqueo y mentiras

Esta fue la primera referencia pú-blica de Castro al discurso de Bush, pero aún no se ha manifestado sobre la visita y las demandas de reformas formuladas hace tres semanas por el ex presidente de-mócrata Jimmy Carter, quien pihlg03-091342-dió a la vez al Congreso estadunidense que levante el bloqueo an-tes de esperar cambios en Cuba.

La concentración popular de hoy fue convocada como "acto de protesta y repudio contra el bloqueo, las amenazas, las calumnias y las mentiras del presidente Bush" y sigue a la encabezada por Castro hace una semana, que se-gún informes oficiales reunió a 300 mil personas en la provincia central de Sancti Spiritus, en mo-vilizaciones que envían el mensaje tácito de respaldo reiterado a las autoridades.

La Tribuna Abierta de la Revolución, como se llama a los mítines sabatinos de apoyo al gobierno, reunió esta vez a pobladores de las provincias de Holguín y las vecinas Granma y Las Tunas, y empezó a las 7:30 de la mañana, una hora antes de lo acostumbrado, al parecer para evitar la lluvia.

Castro, que nació hace 75 años en la localidad de Birán, a 54 kilómetros del lugar donde hoy hablaba, aceleró la lectura de su mensaje cuando notó que las nubes comenzaban a ennegrecerse. Pero el aguacero lo sorprendió antes de concluir y le provocó algunas interrupciones.

El líder cubano evocó la desigualdad social que atestiguó en su adolescencia en esa zona oriental, tradicionalmente la más pobre del país y en contraste citó estadísticas de resultados de la política social de su gobierno en la región.

"Eso no es tiranía, como lo califica el señor W. Es justicia, igualdad real entre los seres humanos, conocimiento y cultura generalizada, sin la cual no hay, ni puede haber ni habrá, verdadera independencia, libertad y democracia en ningún lugar de la Tierra", se-ñaló el gobernante.

Con un permanente contraste entre su país y otros, el mandatario dijo que "ningún alto líder revolucionario cubano tiene un dólar en ningún banco, ni cuentas personales en divisas dentro o fuera de Cuba, ni testaferros que las tengan en su nombre".

Agregó: "Ninguno es sobornable. Eso lo conocen muy bien los cientos de empresas extranjeras que tienen negocios en Cuba".

"Ninguno", dijo el mandatario cubano sobre los altos dirigentes políticos de la isla, "es millonario como el señor presidente de Estados Unidos, cuyo sueldo de sólo un mes es casi el doble del de todos los miembros del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros de Cuba en un año".

EL AMERICA FIRST DE GEORGE W. BUSH

El trabajo del presidente estadunidense George W. Bush, aquél por el cual le pagan los contribuyentes, sin distinción de partidos o de votantes y no votantes, consiste en administrar y dirigir los asuntos del Estado con la guía permanente de los intereses de Estados Unidos, país que, entre otras cosas, aspira a ejercer sin discusión la hegemonía mundial.

Por lo tanto, sería lógico que el inquilino de la Casa Blanca "pensara globalmente para actuar localmente", como corresponde a una fase de la economía y la política en la que lo mundial determina lo local y se borra cada vez más la frontera entre lo "externo" y lo "interno". Sin embargo, no sucede así: George W. Bush piensa localmente y actúa globalmente. Ve el mundo pensando en Texas o Florida y, por consiguiente, pese a toda su responsabilidad mundial, dedica lo esencial de su tiempo a luchar por aumentar los votos de su partido, el Republicano.

Por ejemplo, para inclinar en esa dirección el sufragio de cinco estados agrícolas subvencionó con decenas de miles de millones de dólares la agricultura, incluso el sector maicero, aunque las organizaciones campesinas no se lo hayan pedido.

El resultado, por supuesto, será funesto para los campesinos canadienses o mexicanos, y violatorio de las resoluciones del Tratado de Libre Comercio norteamericano (TLC) o de lo que defiende Washington (para los demás) como norma de la Organización Mundial del Comercio, es decir, la eliminación del dumping y de los subsidios estatales a los productos en cualquier nación.

Igualmente, las medidas proteccionistas adoptadas en el caso del acero (que lesionan los intereses de los países asiáticos, de Europa, de Brasil y México, por ejemplo) tuvieron como única motivación favorecer localmente a los candidatos republicanos en las zonas siderúrgicas.

Sería erróneo, en consecuencia, considerar que el pragmatismo politiquero de George W. Bush responde a un cambio de enfoque teórico que lo habría llevado a cabalgar, como otras veces hizo su partido, el caballo rengo del aislacionismo y del proteccionismo. George W. Bush es ahora, fundamentalmente y hasta las elecciones, el principal cazador de votos de su partido y no el presidente de todos los estadunidenses, aunque le paguen para que haga otra cosa.

Las consecuencias negativas de su política provinciana y sectaria en el campo de las relaciones internacionales no le preocupan demasiado, antes que nada por sus conocidas limitaciones culturales, pero también por su fundamentalismo, por su idea de que la voluntad divina le respalda y porque cree firmemente que America First quiere decir Republican Party First y, por qué no, Oil Lobby First o Bush Family First. Este sesgo de su campaña electoral desde la presidencia se aprecia claramente en su discurso ante la ultraderecha cubana de Miami, destinado con toda evidencia a hacer relegir a su hermano Jeb Bush como gobernador y pagar así el apoyo decisivo que éste le dio en la organización del proceso electoral en Florida y en la suspensión del recuento de los sufragios en ese estado para evitar el triunfo de los demócratas.

Por supuesto, también en este caso, las relaciones con los pueblos latinoamericanos o las consideraciones humanitarias en lo que respecta al pueblo cubano interesaron muy poco al gran elector republicano.

Es evidente que la subestimación del resto del mundo, que el menosprecio a todos los países a los que ve simplemente como el paisaje donde actúa Estados Unidos, y esta visión localista, provinciana, son sumamente peligrosos a escala mundial y provocan constantemente tensiones políticas con los demás gobiernos (por subordinados o aliados que sean) y graves daños en una economía que es mundial, porque existe entre todas las regiones una interrelación sin precedentes.

Sería bueno que alguien le explicase a George W. Bush que para calentar un rincón de su casa no es buena política quemar diversas salas de la misma. Sería igualmente útil considerar que el localismo ciego que impera en los círculos áulicos de la primera potencia económica y militar mundial no sólo la excluye como un modelo de democracia, sino que también debe ser tomado en cuenta en todos los cálculos para no tener que pagar los platos rotos del autismo de un gigante.