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Asunto:[mediosmedios] OPINIÓN Y ANÁLISIS
Fecha:Lunes, 3 de Junio, 2002  10:17:12 (-0500)
Autor:Roberto Rodríguez Baños <roberrb1 @...........mx>

ASTILLERO

Julio Hernández López

JAMES D. RICKARDS FUE un día de agosto del año pasado a una agencia de automóviles en Portland, Oregon, a comprar un vehículo. Días después regresó para adquirir otro, pues no recordaba tener ninguno. Y así volvió en cinco ocasiones más, hasta convertirse en el comprador estrella, con siete unidades en un mes, según lo publicado en The Oregonian. Gastó casi un cuarto de millón de dólares en hacerse de esos vehículos en la Hillsboro Chrysler Plymouth Jeep Warehouse. Sin embargo, el fiscal general, Ardi Myers, decidió anular las operaciones y multó con 120 mil dólares a la empresa vendedora. Es que... el señor Rickards tenía el mal de Alzheimer.

AFORTUNADAMENTE, EL FISCAL GENERAL de aquella localidad estadunidense no tenía ese mal ni era secretario de la contraloría de algún gobierno, pues, de otra manera, en lugar de andar castigando injusticias se la pasaría sumando compras o realizando despropósitos numéricos sin darse cuenta. Por desgracia, según una voz muy autorizada del gobierno mexicano, ni más ni menos que la del secretario de Hacienda, en México podría estarse dando el extraordinario caso de que sufriera de esa forma de demencia quien funge como comisionado oficial para vigilar la rectitud de los procedimientos y las operaciones gubernamentales presentes y pasadas.

DE NO SUFRIR ESA enfermedad progresiva, degenerativa del cerebro, que ocasiona deterioro de memoria, pensamiento y conducta, el secretario Francisco Barrio Terrazas sería simplemente un mentiroso. Tales son las dos opciones ofrecidas por Francisco Gil para negar que el pensamiento político del presidente Fox funcione con criterios de tianguista, como había hecho ver el contralor Barrio, al revelar que su jefe había clasificado en diciembre del año pasado al proceso llamado Pemexgate como "lingotes de oro" que no iba a cambalachear o catafixiar por "cacahuates" disfrazados de reforma fiscal.

MENTIRA O DEMENCIA. ENGAÑO U olvido. Falsedad consciente y voluntaria o atrofias cerebrales y degeneraciones neuronales. Diagnóstico en familia: el priísta-salinista-zedillista Gil, arremetiendo contra el panista Barrio para salvar el honor de un presidente que ha sido denunciado por su propia gente como hábil abarrotero que no canjea unos pinchurrientos espejitos fiscales por el oro molido del escándalo mediático Pemex-PRI. Mentira o demencia, pero no sólo en el caso del contralor que, como se ha dicho aquí una y otra vez, demerita cotidianamente la alta investidura de su función mediante sus maniobras politiqueras chihuahuenses y su vocación declarativa desbordada. Cacique chihuahuense y prematuro precandidato presidencial, Barrio utiliza la maquinaria del gobierno federal para favorecer sus proyectos políticos en la entidad que gobernó y pretende recuperar, y además se desfonda en relatos y atrevimientos como los hechos la semana pasada en una reunión relacionada con el turismo. Mentira o demencia, pues, como signo del régimen, como distintivo general: ha mentido el Presidente en el caso Cuba, y también lo ha hecho reiteradamente su canciller-tutor, y se miente diariamente al decir una cosa mientras se hace otra. Un gabinete de todos contra todos porque no hay salud ni memoria políticas. El sexenio Alzheimer, o el sexenio de la mentira, si se quiere extrapolar la tesis Gil.

MIENTRAS, EL PRESIDENTE FOX ha dicho en Colima que "la ley no es y no será nunca moneda de cambio" (paradójica e irónicamente se celebró una reunión sobre honestidad y transparencia en el ejercicio del gobierno precisamente donde el poder estatal se funda en el control de la universidad pública y en el uso de los recursos de esas instituciones para la sujeción política, la represión a disidentes y la cobertura complicitaria de unos a otros en negocios compartidos). Ah, además, por cierto, para que nadie ande diciendo quién sabe qué, el Presidente también se vio motivado a decir en ese emblemático lugar, con mucha enjundia, que su gobierno trabaja "con las manos limpias y no tiene nada qué esconder". ¿Alguien había sugerido lo contrario?, pregunta esta columna cacahuatera.

Adolfo Gilly

Una carta del secretario de Gobernación

Al regreso de la recepción a Ericka Zamora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM -el Aula Magna desbordada, el público muy alegre-, encontré en mi casa una carta del licenciado Santiago Creel Miranda, fechada ese mismo 31 de mayo de 2002, contestación a la que el 20 de mayo le había dirigido en La Jornada. Siendo la mía carta abierta, me parece obligado publicar en estas páginas la respuesta del secretario de Gobernación. Dice así:

Sr. Adolfo Gilly

Presente

No hay mejor forma de contestar a su carta publicada en el periódico La Jornada el 20 de mayo, y a su aclaración del día siguiente, que con la resolución emitida recientemente por el Poder Judicial de la Federación.

En esta ocasión, la decisión correspondió a los Tribunales. En otros casos, la responsabilidad ha recaído en el Poder Ejecutivo.

Lo fundamental, en un Estado de Derecho, es que se encuentre siempre una salida institucional a los problemas de la justicia.

Ahora que hemos construido un gobierno democrático, nuestro deber es probar, en los hechos, que las instituciones tienen la capacidad de solucionar las demandas de la gente.

Nuestra tarea es seguir haciendo camino con el resto de las instituciones del país.

Reciba usted un cordial saludo.

Santiago Creel Miranda

El Secretario del Despacho

Un funcionario de Gobernación se comunicó conmigo esa noche pa- ra asegurar que la carta estaba ya en mis manos. Por su intermedio agradecí su mensaje al licenciado Santiago Creel.

El escrito, como el lector ha podido comprobar, es escueto en sus términos y preciso en cada uno de sus cinco breves párrafos. Tres veces menciona a las instituciones el secretario de Gobernación en su atenta carta. En lo que a mí toca sólo me atrevo aquí a formular tres deseos, como en los cuentos de hadas de la infancia o como en la noche de San Lorenzo, cuando el cielo se puebla de estrellas fugaces:

Que las instituciones, por el camino que sea, encuentren la vía rápida para poner en libertad de inmediato a los zapatistas todavía encarcelados y a todos los presos políticos del país.

Que, por las mismas vías institucionales, se detenga ya el acoso militar y paramilitar a las comunidades indígenas y campesinas de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y otras regiones del país.

Que esas instituciones, por todos los medios legales a su alcance, protejan y aseguren la integridad física y la vida de Bárbara Zamora, Pilar Noriega y todos los abogados defensores de los presos políticos y los derechos humanos, hoy bajo la amenaza de los ilegales poderes a los cuales desafían.

Sin embargo, tanto las instituciones como el cielo de las estrellas fugaces están habitualmente lejos del común de la gente. Para que las estrellas oigan nuestros deseos o para que las instituciones se muevan hacia un acto de justicia es necesario, es indispensable, siempre, la movilización, la organización independiente y la acción de muchas personas solidarias como las que lograron, por fin, la libertad de Ericka Zamora y Efrén Cortez

Javier Oliva Posadas

Algunas diferencias entre gobernar y administrar

A raíz de la gira de trabajo por Europa del Presidente de la República, Vicente Fox Quesada, así como por el cumplimiento de 18 meses en la responsabilidad del Poder Ejecutivo, nuevamente se han retomado las críticas a su estilo de comunicar, a la conformación del gabinete y a la forma de hacer política.

Es evidente que en los meses y años por venir, como sucedió a Mitterrand, De Gaulle, Clinton, Felipe González, Perón, el ejercicio del poder desgasta prestigios y posterga el cumplimiento de las promesas. Debe entenderse que esto es natural, inherente a la práctica política. México y Fox no son ni serán la excepción. No obstante, es necesario precisar que en el entorno del Presidente no se observan equilibrios (no contrapesos) a las visiones gerenciales y de marketing (que no comunicación política), lo cual sí hace una diferencia respecto de los casos citados.

Me explico: gobernar será siempre un acto de afectación y beneficio de los intereses y grupos en contienda. No se puede gobernar esperando los resultados de la siguiente encuesta de aceptación. La gobernación, señala Yehezkel Dror (La capacidad de gobernar, FCE, 1996), no ha cambiado en esencia respecto al proceso decisional. Es decir, acopio de información, reconocimiento de los antecedentes, consideración de los ámbitos de influencia, dinámica social, elementos y factores externos, pero sobre todo la aceptación de que cualquier acto y determinación tienen consecuencias: incluso las decisiones que no se toman (que es en sí una forma de decidir) parecen no estar ponderadas en la gestión de Fox.

Bajo esas consideraciones, la gobernación (o, como está de moda, la gobernabilidad) es una tarea primordial y fundamental de la estructura política y administrativa del Estado. De ninguna forma puede ser conferida a partidos políticos, medios de comunicación ni a la sociedad o a la economía. Es desde las evaluaciones a las políticas públicas a instrumentar que el gobierno de la República tiene el deber de preservar y ampliar los procesos que sustentan la convivencia y la paz social.

La visión sustentada en criterios gerenciales se diluye por la sencilla razón de que la política y la gobernación no son susceptibles de ser cuantificadas. Los resultados, en todo caso, se perciben por el grado de estabilidad, consistencia y duración de los pactos y acuerdos. Administrar con una visión y proyecto político es el eje con el que cualquier gobierno y régimen político puede alcanzar la mayor parte de sus objetivos.

Estamos por concluir el primer tercio de la administración foxista. Hasta el momento, comunicar y administrar han sido las prioridades, pero sin una sustancia que las distinga o precise respecto de cuáles, por qué y cómo habrán de alcanzarse las metas. Desestimar el quehacer político puede ser atractivo y hasta lógico en una dinámica donde no hay tiempo y todo urge (¿según quién?). Martín Heidegger expresó: "Rigor en la meditación, meticulosidad en el decir, frugalidad en las palabras" a propósito de la comunicación de nuestros objetivos.

El gobierno de Vicente Fox requiere de un estudio y reconocimiento de las características, origen, funcionamiento y reglas del sistema político. Si se considera que un sistema político es el diseño de reglas en la lucha por el poder para dar estabilidad a las confrontaciones, la ruptura o su simple desconocimiento no habrán de construir las nuevas normas. Articular la gobernación desde y para el poder político es una de las principales tareas de cualquier gobierno.

Distinguir entre gobernar y administrar permite a su vez concluir que ambas actividades son siempre complementarias y nunca excluyentes. Incluso en el sector privado es frecuente escuchar la expresión "las políticas de empresa". De allí que descansar en la mera visión efectista y coyuntural impida sumar aliados y comunicar con claridad. Recordemos que vivimos en la era de la exactitud.

javieroliva@avantel.net

Víctor Quintana

¡Ah, Chihuagua!

Ninguna de las desafortunadas declaraciones de Vicente Fox ha caído tan mal en el norte del país como la de que "pagaremos la deuda de agua con Estados Unidos". Se ve que el Presidente ni se ha informado ni ha sentido la tristeza de ver secos hasta los arroyos que siempre llevaban agua, requemados los sufridos pastizales, partida la tierra, las vacas muriéndose y la gente dejando los sedientos pueblos.

Se necesita estar muy cerca de la Casa Blanca y muy lejos del navegar de los agricultores y de los ganaderos norteños para declarar, muy quitado de la pena, que les pagaremos el agua a los agricultores gringos.

Y es que Chihuahua tiene sus venas abiertas desde 1944. Al estado le toca aportar, a través del río Conchos, El aventurero del desierto, como lo llamó Fernando Jordán, 55 por ciento de los 432 millones de metros cúbicos de agua que México debe entregar anualmente a Estados Unidos, según el tratado de ese año. Coahuila aporta 24 por ciento y Tamaulipas, el estado donde más llueve de la cuenca del Bravo, únicamente 21 por ciento. Con el agua que Chihuahua aporta se garantizaría 80 por ciento del consumo anual de la zona urbana de la entidad... y sin embargo se va para el otro lado.

Pero siempre que se ha podido, se ha pagado. Y, ahora, contra todo lo que digan Bush y Davidow y los rancheros texanos, el estado va llegando al colmo de su sed.

Las presas chihuahuenses se encuentran a 23 por ciento de su capacidad. Los escurrimientos de los ríos y de los arroyos de la cuenca del Bravo registran de 1993 a la fecha una captación 71 por ciento menor de la que se registró históricamente entre 1944 y 1992. En el Conchos el promedio de lluvia al año de 1994 a 2000 fue de apenas 267 milímetros cúbicos, 23 por ciento debajo de los promedios históricos.

La agricultura y la ganadería del estado están en situación de emergencia, por más que los tecnicismos del gobierno federal se nieguen a reconocerlo. El hato ganadero, que llegaba a 2 millones de cabezas de bovinos en 1990, se ha reducido a menos de la mitad: a 870 mil. Las hectáreas cultivadas en la zona de temporal disminuirán este año una tercera parte. Las de riego de agua rodada se reducirán por mitad. Y las de riego por bombeo si no se reducen más es porque hay que buscar el agua hasta a mil pies de profundidad.

La postura sumisa del Presidente no tiene en cuenta que la carencia de agua que por acá se sufre es causada, en parte, por nuestros mismos acreedores. El 60 por ciento de las lluvias del norte de México depende de los ciclones que se forman en el océano, mismos que los estadunidenses bombardean para desviar o diluir. Por otro lado, la sequía de estas latitudes es consecuencia evidente del sobrecalentamiento global, mismo que Bush no se compromete a detener al negarse a ratificar el protocolo de Kyoto.

No sólo eso. Tala de bosques, sobrepastoreo, agricultura intensiva, sobrexplotación de los mantos, técnicas inadecuadas de riego, saturación de agroquímicos, todo ha llevado a que 90 por ciento de los suelos de Chihuahua se encuentren gravemente degenerados, según los especialistas. El desierto se está vengando de los largos años de furia productivista. Ahora no sólo recupera su espacio: se apodera de tierras antes fértiles o arboladas.

Por eso, ante el problema binacional del pago de agua, lo que menos esperaban los chihuahuenses de su Presidente eran sumisión o descuido. Los tratados se cumplen, pero deben reconsiderarse las condiciones que hacen posible su cumplimiento y no son los caprichos de la naturaleza los que hacen que no llueva.

Hay un compromiso claro y público del gobierno federal por pagar. Pero no hay ningún compromiso con productores agropecuarios y usuarios del agua potable por poner en marcha un programa muy inmediato y operativo de protección de bosques, de conservación de suelos, de recarga de mantos, de regeneración de pastizales, de recuperación de espejos de agua.

Entre la docilidad a Washington del gobierno federal y los desplantes sin soluciones concretas del gobierno del estado, las y los chihuahuenses se tendrán que aprestar a librar la más dura de sus batallas: la sed.

Artículos publicados en el diario La Jornada, México, DF, México, 03.06.06