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Asunto:[mediosmedios] Enron, racket & Co.
Fecha:Viernes, 18 de Enero, 2002  00:11:53 (-0600)
Autor:Roberto Rodríguez Baños <rrb1 @...........mx>

Queridos Marcela y Horacio, estos dos últimos días he debido pasarlos recluido en casa con uno de esos catarros propios de la temporada, así que como no he ido a la radio a hacer comentario y las yemas de los dedos me picaban, pegeñé lo que sigue. Es para nuestra lista, para el portal, para todo lo que quieren. ¡Vaya! si algún editor quisiera comprarlo, no me opondría. Saludos afectuosos.

 

Bush’Firends

Enron, racket & Co.

Roberto Rodríguez Baños

 

“El viento de Enron es pionero y un líder en el mercado de la generación de energía... diseña y fabrica magnas turbinas comerciales en California, Alemania y España... El viento de Enron también proporciona diseño y la ingeniería de la central eléctrica, el desarrollo del proyecto, el financiamiento, y operaciones y servicios de mantenimiento. Durante las últimas dos décadas, nuestras más de 4.900 unidades vendidas alimentan las turbinas mundiales, que envuelve en una red de 2.100 megavatios.” No era malo el copy, pues el texto el que abre la web de the global leader of wind, como modestamente se autodenominaba el orgulloso corporativo, logra sobrevivir con cierto donaire literario a la mecánica traducción de la internet.

En México 2000, Fin de siglo. Anuario de La Jornada, p 115, la lectura provee más información y menos filing:

La empresa texana Enron, interesada en concesiones eléctricas en México, es autora del Proyecto Fox en la materia. Esta empresa construyó en la India una planta de ciclo combinado que elevó estratosféricamente el precio del fluido y tanto la judicatura de ese país como Human Rigths Watch, (Enron Power Development Corporation, a subsidiary of the Houston-based Enron Corporation, es la referencia en la web de la ONG: RRB) intervinieron para hacer públicas las evidencias de corrupción y sobornos en la autorización del proyecto, adquisición irregular de terrenos, así como destrucción ambiental y ecológica.

En el proyecto vendido a Fox el Estado patrocinaría la producción y la empresa privada vendería el servicio. A tarifas actuales, la CFE tiene 15% de utilidades que anula el fisco  al gravar con 41% el precio de las ventas brutas. Por otra parte, los grupos industriales Vitro y Kimberly Clark se encuentran a la cabeza de los consorcios industriales del país que decidieron construir plantas eléctricas para abastecer sus requerimientos de energía, ya que en 1992 entró en vigor una reforma legal que permite a particulares construir plantas de generación de electricidad para autoconsumo, con la salvedad de vender los excedentes a la CFE. En un proyecto que ya está en marcha, Vitro e Imsa, empresas de Monterrey, contrataron a Enron para la construcción de una planta generadora. 18.11.00.

Enron Corporation registró casi 200 mil millones de dólares de ganancias durante el año pasado; controlaba la cuarta parte de la totalidad de contratos de gas natural y electricidad en Estados Unidos; Los Ángeles Times explica que el corporativo invirtió más de 250 mdd en la intensa promoción que financió para convencer al gobierno de privatizar el comercio energético. Cuadruplicó, a través de sus filiales en California, los costos de la electricidad al usuario y triplicó sus ganancias, afirma Public Citizen, un organismo defensor de los consumidores. Gary Davis, gobernador californiano, les llamó estafadores y piratas. Durante una visita a México en diciembre de 2001, advirtió encarecidamente a Vicente Fox que su presupuesto estuvo a punto de desaparecer en las voraces fauces de la trasnacional y sus filiales, cuyos nexos con el candidato primero, el mandatario electo después y el mandatario ahora, no le eran desconocidos. El  hermetismo presidencial no dejó pasar comentario alguno.

Cuando en 1966 el gobierno estadunidense aprobó que los particulares generen y vendan electricidad, el antecesor de Davis, Cruz Bustamante pretendió, infructuosamente, que el congreso calificara como crimen mayor la aplicación de las exageradas tarifas que obligarían a su sucesor, para buscar salidas al resquebrajamiento de la hacienda pública, a construir una veintena de plantas eléctricas de propiedad estatal. No tuvo éxito. Así, de mayo a mayo, entre 2000 y  2001 la legislatura californiana antaño inmutable, debió aprobar 6 mil millones de dólares adicionales a su presupuesto habitual, para garantizar la posibilidad de pago de la dotación eléctrica a precios de los proveedores del mercado privado. Pese a todo, a finales de ese año la Pacific Gas and Electric, el mayor corporativo de su tipo en California, se declaró en quiebra y heredó a Enron una abrumadora carga de compromisos que estaba descoyuntando la economía regional: “la desregulación ha sido un desastre”, comentaría Douglas Seller, de la Fundación de Derechos de los Contribuyentes y Consumidores.

El 2 de diciembre pasado la trasnacional Enron se declaró en quiebra. No pudo seguir ocultando  que como resultado de su desordenada y arbitraria conducta, plagada de todas las formas de corrupción como documenta Human Rigths Watch, pese a su voraz política de precios, arrastraba un déficit de 500 mdd. De esta manera fueron a dar a la basura veinte mil mmd, aunque los miembros del consejo de administración salvaron mil para sus bolsillos con la venta de sus acciones. Quedaron en el aire, sin indemnización de ningún tipo, 20 mil trabajadores activos y dos mil quinientos jubilados, cuya pérdida consolidada supera el millar de mddd. El semanario Time refiere que un memorando de 12 de octubre el despacho Andersen, auditor interno de Enron, ordenó la destrucción de todos los registros que habrían permitido salvar su patrimonio a accionistas y trabajadores defraudados. Andersen está en vísperas de quiebra, pese al despido de importantes socios-administradores y la rotación de otros en la estructura de la empresa.

Enron era la séptima  de las grandes empresas estadunidenses. Un mínimo de cuatro miembros del equipo de George W. Bush proviene de su nómina y otros tantos fueron financieramente apoyados por el corporativo; nombres en esa relación son los de Dick Chenney, vicepresidente; Donald Rumsfeld, secretario de Defensa; Kar Rove, asesor presidencial; Peter Fisher, subsecretario del Tesoro; Thomas White, secretario del Ejército y Robert Zoellick, representante de Comercio quien, con el asesor económico de la Casa Blanca, Lawrence Lindsey, formó parte del cuerpo de consultoría de Enron. Los datos son del Center for Public Integrity, de Washington, DC.

Es de dominio público pues está documentado en los diarios de la época, que Enron viene financiando las campañas políticas de la familia Bush desde la del primer George cuando este decidió dejar la dirección de la CIA para buscar la presidencia, hasta llegar a la de la segunda mitad de 2000 y los oscuros regateos judiciales que dejaron a Al Gore en el camino para llevar al segundo Bush a la Casa Blanca. Según el Center for Responsive Politics, setenta y uno de los cien senadores de la actual legislatura y ciento ochenta y siete de cuatrocientos treinta y cinco representantes también recibieron los dólares de Enron entre 1989 y 2001, lo cual por otra parte es usual en la coyunda de los grandes corporativos trasnacionales con la burocracia de Washington en los tres poderes federales, cuyos integrantes invariablemente recurren a su financiamiento para conservarse en la carrera. Incidentalmente, ahí está la explicación  la campaña que a nivel latinoamericano está siendo promovida para reducir las representaciones legislativas a números de fácil y redituable control en nómina.

Jim Carson y David Brooks, corresponsales de La Jornada en EU, anotan en su acucioso seguimiento del caso: “El desastre  económico de Enron, empresa que se derrumbó por prácticas de contabilidad ficticias, distorsión de informes económicos, y la construcción de actividades económicas que ofrecían la apariencia de un gran negocio cuando en verdad los resultados financieros eran lo contrario, es tal vez el mejor ejemplo de lo que sucedió en el mercado de valores durante los 90: una desconexión entre la actividad productiva real y la imagen ficticia que el valor de las acciones en la Bolsa de Valores registraba”. Así, la certificación de Standard & Poor’s se antoja irrisoria, si se sabe que Paul O’Neill y Donald Evans, secretarios del Tesoro y de Comercio, respectivamente, cabildearon intensamente con Kenneth Lay, director ejecutivo de Enron, semanas, días y horas antes de la quiebra.  Pero además, Bush dio reversa al proyecto de Clinton para ejercer un rígido control sobre la descarada práctica empresarial de ocultar sus ganancias reales en los denominados paraísos fiscales, fundamentalmente el archipiélago Caimán.

Dicen los expertos que las leyes estadunidenses, tan celosas del aliento a la economía de mercado, garantizan la impunidad de los beneficiarios del desplome de Enron, es decir, los miembros del consejo de administración que tan inteligente y provisoriamente manejaron en su favor información tan privilegiada que sólo ellos conocían: la concerniente a la quiebra fraudulenta. Incidentalmente, hasta podrían recibir algún significado reconocimiento por su osado poder de imaginación retributiva.

En México ya están vacías las lujosas oficinas de Enron en el exclusivo complejo empresarial de Santa Fé, por cuanto al Distrito Federal se refiere. Y en Monterrey Jaime Williams, vocero del corporativo, no contesta. Cementos Apasco, Vitro e Imsa, socios locales del gigante con píes de barro, tienen motivos de preocupación.  Quizá no estaría de más que los entusiastas promotores del proyecto energético del presidente Fox, que como sabemos desde noviembre de 2000 concibió  la tan acreditada empresa casi familiar del clan Bush, explicaran a los contribuyentes en qué medida este suceso, mucho más glamoroso que la ruina de la tercermundista Argentina, sí puede afectar los rumbos de la administración.

¿Qué comentaría al respecto el ario autor de comentarios liberales en El Mundo, herr Federico Gonzáles Losantos, como parece tener la osadía de llamarse este con seguridad sincero elector del indesasnable presidente de gobierno?. ¿Ni un euro a la Enron?. Demasiado tarde, caballero.