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Reflexión de Hoy- Pan y Vi
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Asunto:[MensajesPanyVida] Reflexión de Hoy- Lunes 07-23-07 (María en nuestra vida).
Fecha:Domingo, 22 de Julio, 2007  23:24:14 (-0400)
Autor:Pan y Vida <envios @................org>

María en nuestra vida. 

Autor: el padre Manolo Madueño, sm 

Hoy te invito a un tema  muy importante en la vida cristiana: M A R I A. 
Sí, la Virgen María, la madre de Jesús y nuestra madre. La comunidad cristiana vuelve los ojos todos los años hacia María y es bueno que le dediquemos un rato de reflexión y de atención. ¿Quién es María en nuestra vida? ¿Cómo es nuestra relación con ella? ¿Qué supone María en el camino de mi fe? 



1. Centrando nuestra devoción a la virgen 

La vida cristiana se recibe en una comunidad y se vive de acuerdo a criterios, pautas y modelos que esa comunidad nos va entregando. Todos tenemos recuerdos y experiencias de "devoción a María". Los hemos recibido de nuestros mayores, los hemos contemplado de chicos y, poco a poco, los hemos ido asimilando e incorporando a nuestra vida cristiana... Pero es muy bueno, es muy conveniente pararse a pensar alguna vez cómo es nuestra forma de vivir la fe y tratar de ayudarla a crecer...

En concreto con la Virgen María hay dos grandes estilos de encarar la devoción a Ella. Uno mira a María como la Madre de Dios, como la Santísima Virgen, como la Mediadora de todas las gracias, como la Madre de los cristianos a quien podemos recurrir. Otro prefiere contemplarla como la mujer que vive la primera experiencia cristiana, como la seguidora y discípula de Jesús, como el modelo para nuestra vida concreta...

Por supuesto que no hay ninguna oposición entre ambos estilos. Es más, yo diría que tenemos que utilizar ambos. Pero es bueno tomar postura y elegir cuál nos conviene en cada circunstancia de nuestra vida, cuál se adapta más a nuestro momento especial. 

En esta charla te invito a meternos un poco en el segundo estilo, a descubrir enfoques y perspectivas nuevas que pueden enriquecer nuestra devoción a María...



2. Maria, el camino de la fe.

En María descubrimos con gozo que la fe es una peregrinación, es un camino. Tendemos muchas veces a pensar en la fe como algo sobrenatural y misterioso que algunos privilegiados poseen y que el resto de los mortales vemos con envidia. Como una fuerza sobrehumana concedida a algunos y que el resto nos esforzamos por conseguir sin mucho resultado. Pero no es así. Es cierto que la fe es un don de Dios y un regalo de Dios. Pero no es menos cierto que la fe es también respuesta y responsabilidad humana. Y -desde este segundo punto de vista- la fe tiene todas las características de un camino. La fe es proceso y aprendizaje. Tiene etapas, momentos y crisis. .. Vive alternativas de estímulos y de cansancios, de épocas de plenitud y entusiasmo y épocas de rutina y oscurecimiento. Se comparte con otros y se vive también en soledad. Necesita indicadores y referentes, momentos de descanso y momentos de renovación... 

En María se da este proceso de la fe. María escucha a un Dios que la propone participar en un Plan de Amor para la humanidad. Y María no entiende. Y pregunta. Y dialoga. Y se convence y se entrega. En María la fe es respuesta consciente, libre y comprometida. "Que se realice en mi la Palabra de Dios". Y, desde ese momento, hace de su vida un proyecto de fe y de consagración a la persona y a la obra de su hijo.

A pesar de las limitaciones de su inteligencia, de las dudas y vacilacio-nes que se le van presentando, de las constataciones contrarias a sus expectativas, de los oscuros momentos de soledad y de miedo, de la incomprensión y oposición hacia su hijo... María cree, María se fía, María avanza, María es fiel.
3. Maria, el camino de la esperanza 

María nos descubre las verdaderas dimensiones de la esperanza cristiana. Una esperanza que, a veces, vivimos como simple ilusión, o como evasión de la realidad, como ingenuidad o como resignación ante los males de nuestra mundo y deseo de un futuro mejor... O bien, una esperanza demasiado cargada de vanidad, de orgullo de autosuficiencia... O una esperanza tan débil que no puede superar los cansancios, el pesimismo, la amargura, la tristeza, el desánimo, la frustración...

María nos muestra el camino de la esperanza cristiana. En María la esperanza no es evasión de la realidad, ingenuidad de adolescente, sueño idealista... Es la profunda convicción de la presencia y la actuación de Dios en la vida y en la historia. Es la certidumbre de un Dios fuerte y fiel a su alianza que no puede fallar. Es la actitud humilde y confiada del que sabe que Dios puede hacer brotar vida de la muerte, aunque no sepamos cómo ni cuándo, y aún cuando esté en juego nuestra propia vida.

Es la esperanza de Belén y la esperanza de Caná. La esperanza de la huida y el exilio y la esperanza de los largos años de Nazaret. La esperanza al pie de la cruz y la esperanza con su hijo muerto entre sus brazos. La esperanza de la Resurrección y la esperanza de Pentecostés. En María la esperanza es madurez, es silencio, es paciencia, es dinamismo, es fecundidad, es fortaleza.

Necesitamos que María sea, hoy, nuestra Maestra de fe y de esperanza. Para vivir todas las facetas y las exigencias de estas dos virtudes fundamentales. Nuestra Maestra de lucidez y de sabiduría. Nuestra maestra para discernir los llamados de Dios en "los signos de los tiempos". Nuestra maestra de silencio y de oración. Nuestra Maestra para hacernos gustar toda la belleza y la profundidad de la Palabra de Dios. Nuestra maestra de fortaleza y de paciencia, de alegría y de serenidad. Nuestra maestra de fidelidad y de docilidad al Espíritu de Dios. Nuestra maestra en la lucha y en la prueba, en el fracaso y en la soledad, en la aceptación de la muerte y en la esperanza de la Vida. Nuestra maestra de los crite-rios, las actitudes y los sentimientos de Jesús. Nuestra maestra de confianza en el Padre y de aceptación de sus caminos. Nuestra Maestra de entusiasmo y de dinamismo, de coraje y de acción...



4. Maria, el camino del amor 

El amor... Esa palabra tan pronunciada y tan mentirosa. Tan sublime y tan ambigua. La palabra que define el sentimiento más hermoso que Dios -como reflejo de sí mismo- ha confiado al corazón humano y, al mismo tiempo, utilizada para describir lo más contrario a ese regalo de Dios : el egoísmo, la posesividad, el instinto, el afán de dominio...


La vida de María es una vida de amor. Todo en ella se explica por el amor y no se explicaría sin el amor. En María comprendemos sin esfuerzo cómo el amor puede unificar una vida y llevarla a cimas insospechadas de maduración y de fecundidad. En María entendemos que el amor puede ser el valor supremo de una existencia, la opción radical de una vida, la motivación explicativa de una existencia llena de sentido...


Desde la serena madurez y la contagiosa ternura de María podamos asomarnos al misterio del amor. Y descubrir que el verdadero amor no es ambiguo, que el auténtico amor no se queda en los estadios iniciales de la pasión, el sentimiento o las formas sutiles del egocentrismo... El amor es donación consciente y libre de toda la vida. El amor es decisión firme de entrega al ser querido. El amor es olvido progresivo de sí mismo y recuerdo permanente de la persona amada. El amor es posesión gozosa de la propia vida y servicio alegre a los demás. El amor es compromiso de fidelidad más allá de tiempos y espacios, de presencias o ausencias... En María y meditando su vida de amor comprendemos cómo el amor puede ser al mismo tiempo tierno y fuerte, expresivo y profundo, silencioso y elocuente, flexible y enérgico, sereno y vivaz, paciente y dinámico, humilde y digno, libre y esclavo...


Todas las actitudes concretas que van encarnando y explicitando la gran exigencia central del amor tienen en María su ejemplo perfecto y atractivo. En María el amor es atención a todos y cuidado de cada uno, presencia y acompañamiento, servicio humilde, comprensión y aceptación del otro, diálogo franco y escucha respetuosa, sacrifico y renuncia, confianza y estímulo, trabajo y fiesta, paciencia y fortaleza, respuesta pronta y fidelidad mantenida, donación y reserva, dolorosa entrega de la vida que se da y gozosa acogida de la vida que se recibe...

Bueno, querido amigo, querida amiga, de nuestras charlas sobre la fe...Me he olvidado un poco de que estábamos conversando y me he entusias-mado hablando de María. ¿ Me entendés, verdad ? María provoca en nosotros esa alegría contagiosa y esa paz serena. Pero creo que todo lo compartido más arriba no son sólo palabras bonitas. Son intuiciones válidas sobre la vida de María y son desafíos para nuestra propia vida. ¿ Nos animamos a intentar vivir como Ella ?





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