Inicio > Mis eListas > mensajesyreflecionespanyvida > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1851 al 1870 
AsuntoAutor
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
Reflexión de Hoy- Pan y Vi
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Mensajes Pan y Vida.
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 1885     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[MensajesPanyVida] Reflexión de Hoy- Lunes 11-27-07 (Jesús, ac uerdate de mí cuando ...)
Fecha:Domingo, 25 de Noviembre, 2007  20:19:45 (-0500)
Autor:Pan y Vida <envios @................org>

Jesús, acuerdate de mí cuando vengas en tu Reino (Lc 23,35-43)


Autor: + Felipe Bacarreza Rodríguez
Fuente: 

El Evangelio se escribió para demostrar que Jesús es el Cristo, el que fue anunciado por los profetas, y que en la realización de su misión se reveló como el Hijo de Dios. En dos momentos del Evangelio de Lucas se expresa esta ver-dad. Al comenzar su misión, en el momento del bautismo de Jesús en el Jordán, "vino una voz del cielo: 'Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy'" (Lc 3,22). Y más adelante, en el momento de la Transfiguración, "vino una voz desde la nube, que decía: 'Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadlo'" (Lc 9,35).

La predicación de Pablo inmediatamente después de su conversión insiste en esos mismos puntos: "Estuvo algunos días con los discípulos en Damasco, y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas, afirmando que éste es el Hijo de Dios... Confundía a los judíos que vivían en Damasco demostrandoles que éste es el Cristo" (Hech 9,20.22). Jesús es el Cristo y es el Hijo de Dios.

Esta confesión de fe equivale a decir que en él tiene cumplimiento lo anunciado en el Salmo 2. El Salmo comienza constatando: "Los reyes de la tierra se sublevan, los príncipes a una se alían en contra de Yahveh y de su Ungido (su Cristo)". Yahveh sale en defensa de su Cristo, e irritado, dice: "Yo mismo he consagrado a mi rey, en Sión, mi monte santo". A continuación el Salmo cita las palabras del mismo rey, que hace pública la fórmula de su consagración: "Haré público el decreto de Yahveh. Él me ha dicho: 'Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy. Si me lo pides te daré en herencia las naciones, en propiedad la inmensidad de la tierra'" (Sal 2,2.6.7-8). Se habla de un rey, Ungido por el mismo Dios, a quien Dios reconoce como su Hijo, engendrado por él en un "hoy" que es eterno, y a quien dará en posesión toda la tierra. Cuando se confiesa que Jesús es el Cristo y que es el Hijo de Dios, se está diciendo que él es ese rey universal. Este es el misterio que celebramos hoy en el último domingo del año litúrgico. Después de haber seguido a Jesús domingo a domingo y de haber contemplado los distintos aspectos de su misterio, el año litúrgico es coronado hoy con la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

Los cristianos creemos que ese Rey anunciado en el Salmo 2 es Jesús de Nazaret. Pero la forma de vida y la pa-labra de Jesús nos enseñan que él debía adquirir esa condición real rebajandose y asumiendo la condición de siervo, tal como estaba anunciado en los cantos del siervo de Yahveh, que comienzan con estas palabras divinas: "He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi Espíritu sobre él: dictará ley a las naciones" (Is 42,1). Aquí se habla de alguien que es siervo de Dios, pero recibe de Dios el título de "su Elegido".

La forma de siervo fue la que Jesús adoptó, rebajandose hasta el extremo de morir en la cruz. Así lo resume un himno cristológico: "Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de siervo...; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó y le concedió el Nombre sobre todo nombre, de modo que el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre" (Fil 2,6-11). Hoy día nosotros nos unimos a toda lengua y proclamamos con gozo que Jesús es Señor y Rey del Universo.

Según el himno citado, la exaltación de Jesús es sucesiva a su humillación y muerte de Cruz. Por eso el Evangelio de hoy, en que se celebra la realeza de Jesús, lo presenta en el momento de su crucifixión, es decir, el de su máximo oprobio. Los magistrados judíos entienden lo que Je-sús había enseñado y por eso se burlan de él diciendole: "Que se salve a sí mismo, si él es el Cristo (el Ungido) de Dios, el Elegido". Por su parte los soldados romanos, leyendo el letrero que habían puesto sobre su cabeza, le dicen: "Si tú eres rey de los judíos, ¡salvate!". Uno de los malhechores, que habían sido crucificados con él, lo insul-taba: "¿No eres tú el Cristo? Pues, ¡salvate a ti mismo y a nosotros!". Todos estos improperios equivalen a decir: Visto el estado a que estás reducido, no creemos que tú seas el Cristo ni el Elegido ni el rey de los judíos.

En cambio, el otro malhechor, no obstante ver a Jesús reducido a ese estado de humillación y abandono, cree que él es el Cristo y que está destinado a reinar. Por eso le dice: "Jesús, acuerdate de mí cuando vengas en tu Reino". Es una confesión magnífica. Está llena de confianza y respeto. No es muy corriente que alguien en el Evangelio se dirija a Jesús y lo llame por su nombre propio; el buen ladrón lo llama "Jesús", porque son compañeros en el mismo sufrimiento. El dolor aceptado con paciencia concede esta amistad e intimidad con Jesús. Y lo trata con respeto, porque jamás ha visto a alguien tan coherente en su enseñanza. Jesús había enseñado: "Al que te hiera en una mejilla, presentale también la otra" (Lc 6,29); y ahora él practicaba eso sufriendo una muerte injusta sin una palabra de impaciencia ni de recriminación contra sus verdugos. Sólo abrió su boca para disculparlos: "Padre, perdonalos, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34).

El buen ladrón llegó a este reconocimiento de Jesús,  porque conservaba el temor de Dios. En efecto, increpa al otro malhechor, diciendole: "¿Es que no temes a Dios tú que sufres la misma condena?". Y también, porque confiesa su pecado y reconoce que merece la condena: "Nosotros sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido por nuestros hechos". Jesús recompensa la fe en su realeza que expresa este malhechor y, actuando como verdadero rey, le asegura: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso".

+ Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Los Angeles (Chile)





Ve, guarda y comparte lo que te interesa en la red
Crear o visita páginas a las que puedes añadir aquellas cosas interesantes que te encuentras porla web ¿A qué esperas?
es.corank.com

Pan y Vida es una lista católica donde se enviarian diariamente reflexiones, oraciones, que pretenden alimentar su espíritu con elmensje de Nuesro Señor Jesús y su Santísima Madre María. ¡No pierdas la oportunidad de recibirlas en tu correo! Suscríbete y forma parte de nuestra comunidad. www.mensajespanyvida.org Contactenos: administracion@mensajespanyvida.org

¡Suscríbete!
Tu dirección de correo: