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Reflexión de Hoy- Pan y Vi
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Asunto:[MensajesPanyVida] Reflexión de Hoy- Sábado 05-03-08 (El Mes ías tenía que padecer, para así entrar en s u gloria).
Fecha:Sabado, 3 de Mayo, 2008  00:14:34 (-0400)
Autor:Pan y Vida <envios @................org>

El Mesías tenía que padecer, para así entrar en su gloria

Autor: encuentra.com
Fuente: 


Era necesaria la pasión del Hijo de Dios a fin de que la salvación llegara a todos los hombres. Cristo mismo lo había predicho y nosotros no podemos olvidarlo. Pero, en nuestros días y con el fin de no retrasar su progreso, nuestra sociedad sacrifica inocentes y margina a personas, pueblos, ideas, religiones ... ; y luego, quienes quedan abandonados, no procuran obrar de modo distinto. Por eso, se aprecia una diferencia entre las víctimas de hoy y la Víctima-Cristo: la sangre de los oprimidos se halla como a la espera de oprimir a otros, mientras que la «Hostia pura, santa, inmaculada» intercede para salvamos, sin esperar la satisfacción de vernos a nosotros --compañeros en la aflicción- también humillados. Si teníamos la necesidad de ser salvados, sólo él podría hacerlo; sólo él puede introducirnos en la gloria, no los hombres.

Después que Cristo se había mostrado, a través de sus palabras y sus obras, como Dios verdadero y Señor del universo, decía a sus discípulos, a punto ya de subir a Jerusalén: Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, hagan burla de él y lo crucifiquen. Esto que decía estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano la muerte que había de padecer en Jerusalén. Las sagradas Escrituras habían profetizado desde el principio la muerte de Cristo y todo lo que sufriría antes de su muerte; como también lo que había de suceder con su cuerpo, después de muerto; con ello predecían que este Dios, al que tales cosas acontecieron, era impasible e inmortal; y no podríamos tenerlo por Dios, si, al contemplar la realidad de su encarnación, no descubriésemos en ella el motivo justo y verdadero para profesar nuestra fe en ambos extremos, a saber, en su pasión y en su impasibilidad; como también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la pasión: porque era el único modo como podía ser salvado el hombre. Cosas, todas éstas, que sólo las conoce él y aquellos a quienes él se las revela; él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que el Espíritu penetra la profundidad de los misterios divinos.

El Mesías, pues, tenía que padecer, y su pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres sin inteligencia y cortos de entendimiento a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías tenía que padecer para entrar en su gloria. Porque él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese; y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la pasión, y que había de ser atribuida al que nos guiaba a la salvación, como nos enseña !a carta a los Hebreos, cuando dice que él es el que nos guía a la salvación, perfeccionado por medio del sufrimiento.

Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en efecto, San Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador qué brotaría como un torrente del seno del que crea en él. Esto lo dijo del Espíritu Santo, que habían de recibirlos que a él se unieran por la fe, pues aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado; aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz. Por esto el Señor, en la oración que dirige al Padre antes de su pasión, le pide que lo glorifique con aquella gloria que tenía junto a él, antes que el mundo existiese.



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