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Reflexión de Hoy- Omar Jim
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Reflexión de Hoy- Pan y Vi
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Asunto:[MensajesPanyVida] Reflexión de Hoy- Martes 10-21-08 (¿Dinero ?...¿Para qué quiero dinero?).
Fecha:Lunes, 20 de Octubre, 2008  22:29:10 (-0400)
Autor:Pan y Vida <envios @................org>

¿Dinero?...¿Para qué quiero dinero?

Autor: P. Alberto Ramírez Mozqueda 


La confianza en la Providencia.

 

“Querido Padre Alberto, soy Carlos Daniel, de 20 años, estudiante en mecánica y robótica, empeñado en salir adelante con mi carrera y lleno de ilusiones, pero en días pasados, hojeando una revista católica me encontré con dos frases de la Escritura que me hicieron temer que mi carrera, mis estudios y mi vida no tendrían sentido y que lo mejor sería dejar simplemente correr el tiempo, pues luego de tantos afanes todo termina en la muerte, me refiero a aquella frase del Libro del Eclesiastés: “todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión… ¿Qué provecho saca el hombre con sus trabajos y afanes bajo el sol?”, pero sobre todo, me inquietó aquella parábola de Cristo que narra como un hombre se afanó durante toda su vida, y todo le sonrió cuando pudo lograr una gran cosecha, y luego se dispuso a disfrutar de sus bienes, pero en seguida se le anunció que ese mismo día moriría, dejando al garete todos sus bienes. Padre, ¿es que siempre debemos vivir con el fantasma de la muerte y deberíamos entonces mejor esperar a que ésta llegue, que al fin siempre será vencedora? ¿Deberé sentarme sin ningún afán, sin ninguna ilusión pues todo acabará en desgracia, en muerte y en disolución? ¿Será esto lo que Cristo quiere? ¿Deberé dejar que los que no tienen conciencia se preparen, gocen y disfruten y dominen mientras los que queremos seguir a Cristo nos contentaremos con las migajas que nos dejen los otros?”

Así se expresaba Carlos Daniel, a quien agradezco sus preguntas que nos hacen reflexionar sobre el mensaje evangélico, y sobre la actitud del hombre y del cristiano sobre los bienes materiales, sobre el dinero, sobre la avaricia y sobre la muerte. 

Y así pasaríamos directamente a fijar nuestra mirada en la parábola de Cristo que tanto inquietó a Carlos Daniel. Todo partió de la petición que un día le hizo un hombre a Cristo para que fuera juez en el reparto de una herencia y Cristo se negó tajantemente, alegando su incompetencia y haciendo ver que la fel icidad del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea, ya sabría Cristo lo que significa una herencia en la vida de una familia, donde los hermanos se vuelven poco menos que perros, tratando de adquirir rabiosamente la mejor tajada aún a costa de los otros hermanos, haciendo a un lado la voluntad del que heredó lo que fue el fruto de su trabajo de toda la vida.

Pero a continuación, Cristo relata la parábola a la que hace mención Carlos Daniel y que está descrita por San Lucas en su capítulo 12. Es tan importante que lo mejor será transmitirla íntegra: “Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘Qué haré porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya se lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años: descansa, come bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio!’ Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes? Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”. 

Vale la pena detenernos en la figura del hombre rico que nos presenta Cristo y luego intentar algunas conclusiones: Me parece impresionante la figura del hombre en su profunda y helada soledad, tétrica, horripilante, es un prisionero de sus propiedades y no podrá salir de ellas. Se nota la profunda soledad de aquél hombre que no tenía más riqueza sino sus propios bienes, pero ningún interlocutor, ni Dios que le había dado la vida y las riquezas, ni los hombres sus hermanos que con su trabajo habían amasado su fortuna, porque no creo que él precisamente con sus propias manos hubiera ido labrando su fortuna. En ese texto de pocos renglones se habla muchas veces en primera persona: mis bienes, mi cosecha, mi descanso, mi comodidad. Nadie cercano a él, siempre hablando con sus propios bienes. Él no había caído en la cuenta que los bienes no aseguran la vida, ni la inmortalidad, ni siquiera la felicidad completa. Su pecado no era entonces ser rico, ni preocuparse por su futuro, sino olvidarse de Dios y cerrarse a los demás, a los que debía su fortuna y que no podrían disfrutar sino de un escaso salario y nunca de una casa decente para la propia familia. Nunca se dio cuenta que los bienes y en concreto el dinero, con todo y no ser malo, porque es como la corriente eléctrica que puede tener distintos usos, y sabiendo que lo necesitamos porque al fin y al cabo somos hombres, siempre será fuente de discordia, de opresión, de explotación, de autosuficiencia, de poder, de egoísmo, de guerras y de muerte. 

¿Dónde está el mensaje para Carlos Daniel y para nosotros los cristianos? Habría que escuchar a San Pablo: “Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde está Cristo…pongan su corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra…den muerte, pues, a todo lo malo que hay en ustedes…las pasiones desordenadas, los malos deseos y la avaricia, que es una forma de idolatría. No sigan engañándose unos a otros; despójense del modo de actuar del viejo yo, y revístanse del nuevo yo, el que se va renovando conforme va adquiriendo el conocimiento de Dios, que lo creó a su propia imagen”. De manera que no vamos a caer en un angelismo, diciendo que los bienes son malos y que hay que alejarnos de ellos, y luego estirar la mano para que otros nos sostengan, sino relativizar su servicio, dándoles su justo valor, para no convertirnos en esclavos de ellos, sino en señores que sepan abrir su mano, que puedan con su riqueza crear fuentes de empleo para otros, caminando juntos por la vida, recordando que al fin, cuando los años se nos han cumplido, solo llevaremos en las manos lo que hemos dado a los demás. El resto aquí se queda. 

El cristianismo nunca debe ser entendido como una religión tan absorbida por los bienes del cielo, que ha perdido su capacidad para paladear los bienes de la tierra. No debe ser entendida como una religión en la que el fantasma de la muerte nos hace despreciar los bienes que tenemos entre manos, ni nos impide hacer cálculos sobre nuestro futuro. Un cristiano debe ser una persona que tiene que encontrar sentido a su vida en el más acá, sin perder de vista que nos espera un “más allá”. El cristiano debe aspirar a ser una persona capaz de paladear las realidades que la vida le ofrece. El cristiano es un hombre que confía en la Providencia divina pero al mismo tiempo puede guardar sus provisiones para otros días del camino. 

Carlos Daniel ve redescubriendo tu mundo a manera de Francisco de Asís que supo descubrir en su vida el valor de las estrellas, las flores, el agua, el sol, los pájaros y toda la creación, la vida y la Vida que en ellas se reflejaba. El se abrió a Dios, a la esperanza, a la alegría y a la libertad. Prepárate, busca colocarte, pero para servir, para amar, para compartir, para salvarte.


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