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Asunto:Mitologias ¿Jesús y Osiris?
Fecha:Jueves, 12 de Julio, 2001  22:31:12 (+0200)
Autor:Mario Fernández <mariobarcelona @.......com>

¿Jesús y Osiris?
No hay ni un solo exegeta que no haya observado o reconocido que, en la vida de Jesús, hay un vacío oscuro, un período del que no se sabe absolutamente nada. Para los docetas y todos los gnósticos en general, Jesús aparece de forma repentina, sin que se sepa de donde viene. Es asimismo en Cafarnaúm donde fijan su primera aparición. Otros la sitúan en el vado del Jordán llamado Beta-Abara, en el puebo de Betania. En ese período desconocido de la vida de Jesús el rumor público judío incluía su estancia en Egipto, con el fin de estudiar allí la magia.
En efecto, en Israel existía una tradición sólidamente establecida según la cual Egipto era la patria de dicha ciencia, y que no se podía tener mejor maestro que un egipcio. Para todo talmudista sincero, experimentado, uno de los tesoros robados a los egipcios cuando tuvo lugar la salida de Egipto (cf. Éxodo, 12, 35-36) fue precisamente ese conocimiento, y los famosos "vasos de oro y de plata" que los israelitas tomaron sutilmente de las gentes de Egipto la víspera de su partida en masa hacia la Tierra Prometida no eran otra cosa que las claves (los vasos, los secretos) del doble poder mágico (el oro y la plata), todavía representado esotéricamente mediante las dos llaves de oro y plata que figuran en el blasón de los Papas.
Quizá la clave del enigma Crístico se encuentre en Egipto, y no sólo por que se desconoce que pudo hacer Jesús allí, sino por que también pudiera ser que fuera en Egipto donde surgió la propia teología cristiana, y más concretamente en el Serapeum de Alejandría, que se encuentra bajo una esfinge del desierto, donde fueron iniciados los primeros judíos cristianos en los secretos del culto a Serapis-Osiris.
A este respecto, hay investigadores que han encontrado sorprendentes similitudes entre la vida de Jesús y la de otro hombre-dios, Osiris, que como el Maestro de Nazaret murió y resucitó al tercer día marcando el sendero a recorrer por sus fieles. De hecho, los paralelismos entre las creencias egipcias y cristianas son desestabilizadores, hasta el punto de que hay quien se plantea que la vida de Jesús no fue más que un plagio de textos egipcios.
Toda una serie de historiadores, escritores y teólogos que en las últimas dos décadas han prestado especial atención a una idea extremadamente heterodoxa: que la mayor parte de las proezas de Jesús narradas por los evangelistas -canónicos y apócrifos- ya se encontraban ampliamante descritas, y a veces con las mismas palabras, en antiguos papiros e inscripciones religiosas egipcias.
Tal como señala el periodista e investigador español, director de la revista Más Allá de la Ciencia, Javier Sierra, "este tipo de paralelismos vienen siendo interpretados desde dos ángulos bien diferentes entre sí.
Uno de ellos apuesta por que el Jesús histórico se formó en Egipto y que, por tanto, exportó a Palestina aquello que le enseñaron en tierra de faraones. El otro, en cambio, toma partido por la hipótesis extrema de que Jesús nunca existió como tal, que su vida, su pensamiento y sus enseñanzas se copiaron textualmente de fuentes egipcias.
Para los primeros, los evangelios y hasta el Talmud (una serie de escritos hebreos de gran importancia histórica y religiosa compilados a partir del s.III d.C.), demuestran que Jesús pasó parte de su infancia en Egipto. Exactamente desde su fuga de Palestina hasta su reaparicón en el Templo de Jerusalén a los doce años de edad. El Evangelio de Mateo narra, en efecto, la huida de sus padres tras desatarse la feroz persecución de Herodes contra el futuro Mesías, y el Talmud incide en la procedencia egipcia de Jesús y el hecho de que los romanos lo prendieron acusándolo de practicar la hechicería egipcia.
De hecho, varios de los milagros atribuidos a Jesús eran propios de los magos egipcios.
Para los defensores de un punto de vista más radical, esta interpretación se queda corta. Para ellos, no es que Jesús fuera un mago adoctrinado en Egipto, sino que toda su vida está calcada de textos y enseñanzas acuñadas junto al Nilo.
Uno de los principales defensores de esta tesis es el teólogo, psicólogo y lingüista español Llogari Pujol. Este erudito catalán y ex-sacerdote descubrió los paralelismos entre la figura de Jesús y ciertos credos egipcios hace más de dos décadas.
Tras abandonar los hábitos y casarse con una historiadora alsaciana, Claude-Brigitte Carcenac, ambos compartieron desde entonces su apasionada investigación.
En 1987, Claude-Brigitte publicó parte de sus averiguaciones en una versión reducida de su propia tesis doctoral, que tituló Jesús, 3.000 años antes de Cristo.
En ella se expone que el cristianismo nació como tal en Alejandría, influido por los muchos judíos que antes del siglo I se habían adscrito al culto del dios Serapis, una forma helenizada de Osiris, y que mezclaba creencias griegas con egipcias.
Según Pujol, "el nacimiento del cristianismo yo situaría en el momento en que los judíos se dan cuenta de que les han destruido el Templo de Jerusalén y deciden construir un nuevo culto".
Y si bien eso ocurrió hacia el 70 d.C., lo cierto es que no existe ningún documento anterior a esa fecha que hable de Jesús o de los cristianos. Antes del 125 d.C., fecha en la que está datado un papiro egipcio con el primer fragmento conocido de la Pasión de Jesús según el Evangelio de Juan, no hay ningún documento, auténtico claro, que demuestre la existencia de cristianos.
Las tesis de Pujol van aún más lejos. Tanto él como su esposa sostienen, además, que los libros del Nuevo Testamento se escribieron íntegramente en Egipto, copiando a discreción fuentes egipcias.
Estos serían los paralelismos principales entre Jesús y Osiris, y entre los evangelios y los textos egipcios antiguos:
Paralelismos: Jesús - Osiris... Evangelios - Textos egipcios
El escritor griego Plutarco, que vivió entre el 50 y el 125 d.C., narra cómo al dios Osiris lo mataron un viernes y resucitó al tercer día...
Plutarco se limitó a recoger una tradición ancestral cuyas raices se anclan en los primeros momentos de la civilización egipcia. Incluso en los célebres Textos de las Pirámides, escritos sobre los muros de varios de estos monumentos de la V Dinastía (2465-2323 a.C.), se cita específicamente el tercer día como el momento en que el cuerpo del faraón, transformado en Osiris, revive antes de emprender su viaje a las estrellas.
Osiris como Jesús fueron asesinados por mediación de personas muy cercanas que les traicionaron (Set, hermano del dios egipcio, y Judas fueron los artífices del crimen). Y también fueron sendas mujeres -Isis y María Magdalena, respectivamente- quienes descubrieron su vuelta a la vida. Hasta el apelativo chrestos (del griego "bondadoso" o "amable") fue aplicado a ambos personajes.
Osiris y Jesús comparten incluso el símbolo de la cruz. En el caso del dios egipcio, el ankh o cruz ansada es sinónimo de vida, mientras que para los seguidores de Jesús su instrumento de tortura se convirtió, paradójicamente, en señal de resistencia a la muerte absoluta.
En el cuento de Satmi, escrito en Egipto más de mil años antes de que Mateo escribiese su Evangelio, se narra la historia del nacimiento de un tal Senosiris (literalmente Hijo del dios Osiris). Su madre, Mahituaskhit ( llena de larguezas. ¿llena de Gracia?) lo concibió de forma muy similar a como el propio Mateo describe el nacimiento de Jesús, anunciado a José por un ángel del Señor, que en el relato egipcio se llama Satmi.
Esta historia fue recogida en 1911 por el genial egiptólogo francés Gastón Maspero en su obra Les contes populaires de l´Egipte ancienne.


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