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Asunto:Mito de Acteón
Fecha:Miercoles, 18 de Octubre, 2000  16:50:35 (-0300)
Autor:Marina Ivnisky <ivnisky @.......ar>

De acuerdo a lo expresado en tesalia.com Acteón era hijo de Aristeo y de
Autónoe. Era un gran cazador, virtud que obtuvo de las enseñanzas de Quirón,
pero tuvo una muerte temprana. Ártemis lo metamorfoseó en ciervo y luego fue
despedazado por sus propios perros. Parece ser que este hecho ocurrió como
castigo a que Acteón vio bañarse desnuda a la diosa por accidente mientras
intentaba descansar en los bosques de su jornada de caza. Parece ser, según
esta versión, que Artemisa lo transformó arrojándole un poco de agua del
bello riachuelo mientras le decía: "Intenta, si puedes, decir que me has
visto desnuda". También es posible que intentara tener relaciones amorosas
con ella o con algunas de las miembros de su séquito. Se apunta, asimismo,
que se jactó de ser mejor cazador que Ártemis, algo que ésta no toleraba de
ningún modo.
Por último, existe la versión que dice que Zeus pidió a su hija Ártemis que
lo matara en castigo por haber deseado conquistar a Hera, esposa de Zeus.
Sea como fuere la causa de su muerte, sus desconsolados perros se vieron
terriblemente perdidos a causa de su fallecimiento y Quirón tuvo que
construir una estatua que lo representara para calmarlos, resultando de una
gran belleza.

Además el texto clásico sobre la muerte de Acteón dice:
"(...) Huye el héroe, hijo de Autónoe [Acteón] y en su propia carrera se
sorprende de ser tan veloz. Cuando vio sus cuernos y su hocico reflejados en
el agua, quiso decir: "¡pobre de mí!", pero la voz no salió de su boca.
Emitió un gemido: eso fue todo lo que pudo decir, y las lágrimas cayeron por
un rostro que ya no era el suyo; sólo su mente permaneció como antes. ¿Qué
hacer? ¿Volver a casa, al palacio del rey, o permanecer escondido en el
bosque?: el pudor le impide lo primero, el miedo lo segundo. Mientras
dudaba, los perros le vieron. Melampo e Ignóbates, de fino olfato, fueron
los primeros en dar la señal con sus ladridos: Ignóbates de Cnoso, Melampo
de raza espartana. Después, más veloces que la rápida brisa, salieron
corriendo todos los demás. (...) La manada entera le persigue por rocas,
peñascos y riscos inaccesibles, allí por donde el camino es difícil y allí
por donde no existe el camino, ansiosa por capturar a la presa. Él huye por
los mismos lugares por los que tantas veces ha sido perseguidor, huye, ¡ay!,
de sus propios criados. Querría gritar: "¡soy Acteón!, ¿no reconoceis a
vuestro amo?", pero le faltan las palabras, y el aire retumba con los
ladridos.
La primera herida se la hizo en la espalda Melanquetes, luego Terodamante, y
luego Orestíforo, que se aferró a su hombro: habían salido más tarde que los
demás pero habían atajado por un monte. Mientras éstos retienen a su amo, el
resto de la manada se le echa encima y le clava los dientes por todo el
cuerpo. Ya ni siquiera queda sitio para más heridas. Él gime, y su quejido,
aunque no es el de un hombre, tampoco es el que podría emitir un ciervo;
llena con sus tristes lamentos las conocidas cumbres, y postrado de
rodillas, suplicante, dirige alrededor su muda mirada, como si implorara,
como si pidiera ayuda con los brazos tendidos.
Pero sus compañeros, que no lo saben, azuzan con los gritos habituales a la
veloz manada, y mientras tanto buscan a Acteón con la mirada, llaman a
Acteón una y otra vez, como si estuviera asuente (él vuelve la cabeza al oír
su nombre), y se lamentan de que no esté allí, y, de que, por pereza, se
pierda el espectáculo de la muerte de la presa. Y él querría no estar allí,
pero está, y querría poder ver, y no sentir, las heridas que le hacen sus
perros. Éstos le rodean por todas partes, y hundiendo el hocico en sus
carnes, destrozan bajo la falsa figura de ciervo a su amo. Y dicen que la
cólera de Diana [ Ártemis ], la diosa de la aljaba, no quedó satisfecha
hasta que las numerosas heridas acabaron con su vida".

Espero que sea útil.